La invasión



Por fin halló lo que buscaba. Un ático lo suficientemente elevado para sentirse a salvo. Con esa manía que les había entrado a los ayuntamientos de no autorizar alturas superiores a cuatro pisos, tenía dificultades para encontrar la vivienda adecuada. Los árboles que bordeaban las calles y los parques, servían de trampolín a todo tipo de insectos, que desde las ramas mas altas, volaban o saltaban según la habilidad que tuvieran, hasta los alféizares de sus ventanas.
Y ella no soportaba a los bichos.
Estaba cansada de decirlo por activa y por pasiva.
__Que no son fobias, ni manías; que son destructivos, que son mortíferos. La gente lo desconoce. Ya lo comprobaran algún día y espero que las consecuencias no sean tan apocalípticas como creo que serán.
Sabía muy bien que los dichosos bichos llevaban aquí desde el principio de los tiempos y mientras diferentes especies de humanos e incluso los dinosaurios se habían extinguido, esta raza de depredadores supo adaptarse, efectuando todas las mutaciones necesarias para sobrevivir en circunstancias que a otros seres vivos les resultarían letales de necesidad. Eran capaces, incluso, de permanecer milenios en estado de vida latente.
__Si serán listos.
Algún funcionario muy mal educado le había recomendado visitar al psiquiatra, cuando ella comenzó su cruzada anti-insectos por todos los consistorios de la zona, protestando porque no fumigaban y en su defecto, no construían con la suficiente altura que permitiera a los vecinos informados y avispados como ella ponerse a salvo de la intrusión de los odiados bichos venenosos y arteros.
Nunca le habían gustado, pero su aversión absoluta sobrevino cuando su marido, cazador de fieras en África, sucumbió victima de la picadura de un insecto raro contra el cual no hubo antídoto ni en el continente negro ni en éste. Según los expertos de la clínica suiza en la que murió era un ejemplar procedente del Paleozoico tardío que se consideraba extinguido, pero que había permanecido vivo en un ignoto valle tanzano. Lo que no consiguieron elefantes, rinocerontes ni leones lo logró una insignificante criatura de unas pulgadas de tamaño.
__De unas pulgadas, ¡narices!__decía a los médicos__era mayor que la palma de mi mano.
__Es imposible.
__Eso es lo que ustedes creen. Lo cierto es que esos bichos son muy listos. Son listísimos. Parece que ocupan un nicho ecológico en el cual su pequeño tamaño les es ventajoso. Pero, no se fíen, es una estrategia. Si ven la oportunidad crecen y crecen lo suficiente para acabar con todas las criaturas y quedar como reyes del mundo. Si lo sabré yo…

Una vez viuda y convencida al cien por cien de que su antipatía era absolutamente razonable y razonada, comenzó a salir a la calle enteramente cubierta. Con guantes, aunque fuera agosto y un salacot con una redecilla incorporada anudada en el cogote, que le tapaba el rostro. No le quedaba un resquicio. Le daba igual ser el hazme reír de los vecinos, que en los pueblos pequeños ya se sabe: infiernos grandes; ni que algún improvisado rapsoda, bastante redicho, le hubiera hecho una coplillas:

Doña Juana Vera Puerto
La enemiga del insecto
Se defiende del asedio
De los bichos que la cercan
Como ejército Templario,
Refugiada en su morada
Cual Jerusalén sitiada


Tuvo que cambiar de lugar de residencia y no por los ripios, sino porque los pisos no eran lo suficientemente altos. En otro pueblo costero, al que su alcalde quería convertir en el Benidorm del norte, pudo comprar ¡por fin!, la casa de sus sueños en el piso 22 de una torre sin terrazas, ni balcones. Solamente ventanas donde poder colocar su tela mosquitera. Allí se mudó con su salacot, su redecilla, sus guantes y el arsenal de caza heredado de su marido, bien provista además, de repelente de insectos.

La vida transcurrió bastante tranquila. Alguna mariposa atraída por la luz y poco mas.
Pero un nefasto día al levantar la persiana….
__¡Oh cielos!__
Los vio.
Estaban ahí. Habían mutado una vez mas y claro, nos habían invadido.
__Oh Dios mío…Dios mío.
Tuvo que sentarse porque le zumbaban los oídos y sentía que todo daba vueltas, lo mismo que si estuviera metida en la lavadora.
__ Se lo llevo diciendo por activa y por pasiva pero nadie me cree y ha sucedido. Ha sucedido Señor, Señor. Ahí están ¿ y ahora que?. Se habrán comido media ciudad.

Era cierto, en medio del parque había dos enormes escarabajos: uno totalmente negro, y el otro con el abdomen multicolor.
__Son las pinturas de guerra, como los indios.
Los bichos medirían por lo menos dos metros de alto. La zona estaba acordonada. Creyó ver algún policía.
__Están locos. No deben acercarse a ellos. ¡Ay Dios mío, que mala me he puesto!. Me va a dar algo. Hace años que lo vengo advirtiendo.
Sintió que le faltaba el resuello. Pensó que su fin estaba cerca. Entonces recordó algo.
__No me han creído, no me han querido creer. Virgen de las Picaduras, ruega por nosotros, Santa María de los Sarpullidos, ora pro nobis __Iba de habitación en habitación repitiendo la letanía, a la manera de un cura ahuyentando los malos espíritus.
Hacía un momento se había acordado, pero ahora no sabía que andaba buscando. Cuando ya casi estaba desfallecida cayó en la cuenta:
El rifle de caza de su marido.
__Espero que funcione. Lleva tanto tiempo guardado. Voy a poner remedio a esto, ya que nadie parece hacer nada.
Sobrevino un problema porque no podía abrir la ventana. Bajo ningún concepto. Ella veía dos bichos en el parque, pero sabe Dios cuantos mas habría y donde. Lo mismo sobre el tejado de la casa. Si así fuera, pronto éste se vendría abajo. No podría resistir el peso y si aterrizaban a pares como en el parque, mucho peor.
Posiblemente no tuviera ni tiempo suficiente. Por eso debía actuar ya. Cargó la munición.
Se separó un poco de la ventana por si la hería algún cristal. Lo peor era que en esa posición no veía el blanco .
Pensó un momento. Decidió abrir. Total, ya estaban ahí. Era cuestión de tiempo que sucumbiera la población, ella también, faltaría mas. Ella la primera.
Le sorprendía la pasividad de las autoridades. La ciudad debería estar tomada por el ejercito, los bomberos, protección civil, todos, deberían estar actuando todos. Porque, seguramente, los bichos habrían llegado al amanecer y a aquellas horas, si los gobernantes fueran como tenían que ser, ya no quedaría uno vivo.

Abrió por fin la ventana, sin quitar la tela mosquitera. Se aproximó a ella y calculó el ángulo. Retrocedió un poco, levantó el arma imitando la acción de cazar y desde la altura del hombro, sin apoyar, disparó. El proyectil pasó medio metro sobre la cabeza del insecto e impactó en una vidriera lateral de la parroquia de San Francisco. Un estruendo de cristales siguió al del disparo.
__Me alegro. Debería haberle dado al santo, por protector de bichos.
Se dispuso a utilizar el otro cartucho.
__Cuidado, cuidado alguien dispara. A cubierto, pónganse a cubierto__comenzó a gritar un policía local que estaba de servicio en la zona, tratando de evitar que nadie se acercara a las esculturas que habían colocado en el parque, porque estaban recién pintadas y ya unos artistas urbanos habían hecho por la noche, un graffiti sobre una de ellas.
__Pero donde nos ponemos, ¿Desde donde disparan?
En ese momento sonó otro tiro que, este si, se llevó por delante la antena derecha del coleóptero.
__Disparan desde la torre verde.

Doña Juana se había sentado un momento por dos motivos. Para cargar de nuevo el arma y para reponerse un poco, porque el efecto acción- reacción le había hecho tambalearse y le bailaban las piernas.
Olvidó donde había dejado la munición. Después de un rato, la vio sobre la mesa camilla.
Una vez repuestas el arma y ella, volvió a la carga. Le extrañó que el bicho no se hubiera movido del sitio. En el fondo esperaba que se hubiera largado. Es mas, antes de sentarse tuvo la precaución de cerrar la ventana y vigilaba de soslayo por si el susodicho arremetiera contra ella. Pero no, ni se había inmutado.
__Estará esperando a que vuelva a abrir y entonces me atacará. Es igual. Moriré por la causa. Al final tendrán que darme la razón y seré la mártir de la invasión.
Cuando sonó el tercer disparo ya la policía había tomado posiciones para ver desde donde provenían los tiros.
__Es el último piso. Alguien con salacot. Parece que hay un único tirador.
__Miren a ver quien vive en el ático.
Descubrieron con sorpresa que en el piso 22 de la torre verde vivía una anciana de 80 años, que mira por donde, odiaba a los bichos.
__¿Vive sola?
__Si señor, vive sola.
__¿No hay nadie con ella?.
__No señor. Bueno, no creo…
__¿De donde habrá sacado el rifle?__se preguntó el inspector para si, pero en voz alta.
__Su marido era cazador de leones en África.
El inspector procesó la información que había recopilado rápidamente y se hizo una composición de lugar.
La señora estaba obsesionada con los insectos. Su vida entera estaba encaminada a defenderse de ellos. Tenía un rifle y llevada de su manía había confundido las esculturas con insectos gigantes.
__Grandioso. Tenía que haber aceptado prejubilarme cuando me lo propusieron.Tráigame un megáfono.
En ese momento otro disparo seccionó la antena que le quedaba al escarabajo negro.

El inspector armado de paciencia, subió al último piso de la torre enfrentada a la verde. Era mas baja y el nivel terminaba en el 18.
__Señora, escuche, le habla la policía. Deje de disparar ¿me oye?, deje de disparar. Los insectos sólo son esculturas. No son de verdad ¿me escucha señora?.
Doña Juana le había oído perfectamente desde el principio. Pero ya había sacado sus conclusiones.
__Les han cambiado el cerebro. Sabe Dios con que artimaña están haciéndoles creer que son de mentira. Cuando se descuiden un ejército de bichos se habrá apoderado del mundo. ¡ Que ignorantes!
__Señora, vamos a subir a su casa. Por favor entregue el arma. Señora ¿me…
Un disparo rompió la cornisa por encima de la ventana donde se hallaba el inspector. Cuando cambiaba de blanco el primer tiro siempre iba un poco desviado, por suerte.
El siguiente destrozó el ventanal.

La viuda volvió a sentarse. Con cada disparo, las piernas le temblaban mas. Le llevó un buen rato recordar de nuevo, donde había puesto la munición.
El inspector se fijó en ello.
__Hay una larga pausa hasta los dos siguientes. Podemos actuar.
Avisó al GEO.
Mientras acudieron y tomaron posiciones, sonaron otros dos disparos. El primero, desviado, volvió a impactar en la iglesia de San Francisco en otra de las vidrieras. El segundo le dio entre los ojos al escarabajo de los graffitis.
__Va mejorando la puntería__comentó el inspector.

Hubo otro largo parón mientras doña Juana buscaba de nuevo los cartuchos. Los del GEO se dispusieron a subir hasta su piso. Cuando estaban casi arriba sonó otro tiro.
Desviado de nuevo, como en cada cambio, seccionó la copa de un cedro del parque; el siguiente hizo blanco en la cabeza, esta vez del escarabajo negro.
__¡Ahora!
Los hombres del GEO echaron abajo la puerta e irrumpieron en la vivienda como una horda de invasores en una aldea medieval. Se llevaron por delante la consola, rompieron el espejo, empujaron con tanta violencia la puerta del salón que los cristales se hicieron añicos, saltaron sobre el sofá, tiraron al suelo la mesa camilla…y encañonaron a doña Juana.
La pobre señora aun estaba sentada en el sillón. Cada vez las piernas le flaqueaban mas y tenía mayores dificultades para encontrar la dichosa munición que, juguetona, cambiaba de sitio continuamente.
__Quieta, quieta.__(Advertencia inútil, porque la anciana ni se había movido). __Suelte el arma, suéltela.
__Oh Dios mío. Un ejercito de hormigas. Vienen a por mi.
Uno de los invasores le arrebató el arma.
__Ya está bajo control. Repito, está bajo control
__Vamos señora levántese. ¡Levántese!.
__Son hormigas de repetición__exclamó la pobre viuda, que ya no sabía ni lo que decía.
__No puede, está temblando, temblando__Dijo otro asaltante mas comprensivo, pero igual de reiterativo.
__Traigan una silla de ruedas. Tráiganla.

El inspector llegó con la silla. Entre todos sentaron a doña Juana en ella, mientras repetía una especie de sentencia dirigida a cada uno de los asaltantes.
__Me comeréis, pero otros vendrán y acabaran con vosotras__decía mientras señalaba con el dedo de una en una, a quienes creía hormigas.
__Y a usted también le comerán __le dijo al inspector__Ahora le utilizan pero cuando ya no lo necesiten, prepárese.
Cuando salían, casi en la puerta, al ver el retrato de su esposo, que se había descolgado con la invasión, tuvo un flash back y recordó que era francés.
__Pierre, has vuelto a sucumbir…
Entonces, irguió el tronco, levantó la cabeza y en un último acto de insumisión ante los invasores y como homenaje a su difunto, comenzó a cantar a todo pulmón, marcando el compás con ambos brazos:


"Allons enfants de la Patrie,
Le jour de gloire est arrivé!
Contre nous de la tyrannie…."

__Que bien hubiera hecho prejubilándome. Ahora estaría pescando carpas tan a gusto__pensaba el inspector a la vez que empujaba la silla de doña Juana camino del ascensor , mientras en todo el edificio resonaba La Marsellesa y las hormigas iban delante de la viuda en fila india, abriendo la marcha.

4 comentarios:

FRAN dijo...

Muy bueno Maria José, la verdad es que estoy sorprendido de la sublime mezcla de drama y humor que haces, la verdad es que me hace pensar en que todo lo dramático también tiene su lado humorístico.
Ha sido un placer poder leer otro de tus inmejorables relatos.
Un abrazo.

Maria Jose Mallo dijo...

Muchas gracias Fran.
La verdad es que yo soy de las que siempre veo algo positivo en todas las situaciones, por muy oscuras que se presenten, Porque pienso que el sentido del humor es indispensable para vivir en este mundo tan complicado.
Celebro mucho que te haya gustado y que te ayude a descubrir el lado amable de los dramas.
Un abrazo muy fuerte.

Pep dijo...

Buenas tardes, amiga. Vaya cambio de registro el tuyo. No había sido testigo de tu vis tragicómica, pero me gusta. Por mucho que lo disfraces de comedia, la vida de esta mujer es una tragedia.
Pobre, unas veran insectos gigantes, otras sapos y culebras. La conjunción de ancianidad y soledad son muy malas.

Maria Jose Mallo dijo...

Hola Pep,
Me alegro que te guste el cambio.
Pues si la vida de cualquiera a partir de una edad y estando solo es complicada, sobre todo si a causa de esto, se desarrolla una fobia. La gente se rie y comentan: bah, esta loca, pero en el fondo hay mucha soledad, sufrimiento e incomprension.
Yo,no se si se nota, pero tengo debilidad por las ancianas. Estoy escribiendo un crimen en un geriátrico que promete.
Muchas gracias por estar ahi, Pep, y un abrazo.