La niña mendiga


Escuché que mi padre me llamaba con insistencia. Bajé corriendo las escaleras, alarmada.
__¿Que es lo que pasa?
__Hay una niña en la puerta. Dice que tiene hambre. ¿Puedes hacerle un bocadillo?. Con este frío, la pobre.
Me dirigí a la cocina y le preparé un sándwich de jamón y queso, que era lo que tenía a mano es esos momentos. Cuando fui a llevárselo me extrañó que no hubiera nadie. Ni la niña, ni mi padre.  Miré en el jardín. Tampoco había nadie. Salí a la calle y comprobé, perpleja, que estaba desierta. Con el bocata en la mano, caminé hasta la esquina. No se veía un alma en ninguna dirección.
Regresé a la casa un poco confusa. Al entrar llamé:
__Papá, Papá. ¿Dónde estás?
Como no hubo respuesta, me dirigí a su despacho y allí estaba, desplomado sobre la mesa de su escritorio. Le había dado un infarto.
Mientras le acompañaba en la ambulancia y ya casi al final de nuestra calle, descubrí a una niña descalza caminando por la acera con aspecto de mendiga, que se volvió hacia nosotros. ¿Será esta la que vio mi padre?. Al cruzarse nuestras miradas hizo una mueca, como un amago de sonrisa, y noté con espanto que su cara se transformaba en una calavera. Vi su boca sin labios, dos agujeros donde estaba su nariz y sus cuencas vacías. Retiré la vista horrorizada. Cuando volví a mirar ya no estaba.
Mi padre falleció esa misma noche. Jamás me olvidé de  aquella visión, aunque no lo comenté con nadie.
Es que no podía. No sabía como hacerlo.

 Unos años después, cuando ya no me acordaba de la visión de la niña (no es que lo hubiera olvidado, me refiero a que no lo tenía continuamente presente), me dirigía una mañana hacia el lavabo de señoras en mi trabajo y me encuentro a una compañera llorando a moco tendido.
__¿Que te pasa. No te encuentras bien?
No me respondió. Simplemente me miraba, con la cara chorreando agua como si le hubieran tirado un barreño y estrujando el pañuelo que estaba empapado.
__Pero, vamos a ver. ¿Qué te ocurre?. No será tan grave.¿Problemas con algún compañero?...
__Es….que…no….puedo…no…puedo…
Estaba medio histérica. La tomé del brazo.__Mira vamos a mi despacho y allí me lo cuentas con calma. Esto se va a llenar de chicas dentro de un momento.
Pensé que,  algún compañero se había insinuado o propasado, y la muchacha no sabía como quitárselo de encima sin tener problemas. Son asuntos difíciles de manejar y menos para alguien que, me figuré por la edad, tendría un contrato temporal.
Le acerqué una tila de la máquina. Se serenó un poco y comenzó a relatar lo sucedido.
__Esta mañana temprano, me llamo mi vecina por el patio de luces__. Se sonó con estruendo. Yo la miraba atentamente.
__Me contó que había una niña en la puerta que pedía un bocadillo….y que no tenía nada a mano. ¿Puedes darle tú algo?, me dijo.
Pegué un bote en la silla y noté que me ponía pálida. Una latigazo de frío me recorrió de la nuca hasta los pies, lo mismo que si me hubieran acercado una barra de hielo a la espalda.
Ella titubeó.
__Continúa.
__Le preparé un bocata de mortadela con aceitunas ¿sabes? De la que me gusta.
Se volvió a sonar.
__Y cuando salí para dárselo, no había nadie. La puerta de la casa de mi vecina estaba entreabierta. Llamé y no me contestó, entré y la encontré desplomada en la cocina. Llamé al 112 y avisé a su familia. Cuando venía para el trabajo la vi desde el autobús.
__A la niña
__No te lo vas a creer…
__Juraría que si.
__Era una niña descalza que iba como flotando. Se volvió a mirarme, yo le hice una seña y ella se sonrió. Entonces….__Comenzó a llorar de nuevo. Yo saqué una caja de kleenex, porque su pañuelo ya no existía, el llanto lo había reconvertido en pasta de papel.
__Entonces…vas a pensar que estoy loca. Por favor no se lo cuentes a nadie.
Negué con la cabeza.
Entonces…la cara de la niña de transformó en una calavera….Oh Dios mío, que horror…
__¿Sabes como está tu vecina?
__Murió__me dijo entre suspiros__su hija me acaba de llamar. Murió. Yo he visto la muerte, la he visto…
__Cálmate__le dije mientras la abrazaba. Sabía perfectamente como se sentía.
Llame a la psicóloga de la empresa, porque la chica necesitaba, desde luego, un poco de ayuda y no estaba en condiciones tampoco de volver a casa sola. No les conté que yo había tenido la misma visión hacía unos años. ¿Para que?. Tengo un puesto de responsabilidad, no me conviene que me tomen por una persona influenciable por leyendas urbanas de aparecidos pre y post mortem. Podrían dudar de mi equilibrio emocional y esto está lleno de trepas.
 El asunto quedó entre la muchacha y una amiga, la psicóloga y yo. Ese día, hablando entre nosotras, convinimos en que nunca se sabe lo que uno puede percibir cuando está en trance de muerte.
La amiga, avispada, nos hizo notar que fue la chica y no la anciana la que vio como la cara de la niña se transformaba.
__Es que acababa de ver a su vecina casi muerta. La imaginación y los nervios le jugaron una mala pasada__argumentó la psicóloga. Teoría simple y poco original ( siempre se culpa a los nervios, pobres, de todo lo anormal que nos sucede; son el comodín de  los diagnósticos cuando no  se sabe que decir).  Estoy segura que pensaba, como yo, que es mejor no comentar según que cosas.
La vida continuó.

Ha pasado el tiempo.
Hace dos semanas mi hijo tuvo un accidente esquiando: se golpeó contra un árbol y entró en coma. Yo repasé la memoria de ese día y los anteriores a ver si había visto una niña en algún sitio. No recordaba ninguna.
Esa tarde, mientras nos dirigíamos al hospital yo no levanté la vista del salpicadero. No quería mirar a la calle y ver a la niña. Cuando esperábamos en Urgencias, me senté de espaldas a la puerta y no alcé los ojos del suelo. No quería verla. Le dije a mi marido que hiciera lo mismo.
__Si aparece una niña, no la mires. Por favor no la mires…Te lo ruego.
El me abrazó. Creyó que me había trastornado con  el accidente de nuestro hijo. Así estuve varios días, obsesionada con la dichosa niña. Comenzaron a preocuparse por mi salud mental. Sin embargo, yo sabia perfectamente de lo que estaba hablando.
Hasta que caí en la cuenta.
La ve primero el que va a morir. Luego llama a la persona que tiene próxima, como si pidiera ayuda anticipada: ven, que voy a morir. Posiblemente la muerte se manifiesta de ese modo para que no mueras solo. Tal vez es así de considerada. Sea como sea, esa es la correlación de los hechos.
O sea, que si no hay aviso, no hay niña.
Respiré hondo. Eso me tranquilizó.
Esta mañana estoy feliz. Mi hijo se ha despertado. Lo peor ya pasó, ahora sólo hay que pensar en la recuperación. Me estoy poniendo guapa. Quiero que me vea con buen aspecto.
Oí como mi marido se impacientaba.
__María, María, haz el favor de bajar.¿Me oyes?... María, que lenta eres…
__Ahora voy, vete sacando el coche.
Al poco sentí abrirse la puerta de nuevo.
__Ya está llamando otra vez. Que pesado, por Dios.
__María…
__Que ya estoy, ahora bajo impaciente.
__ María, aquí hay una niña que dice que tiene hambre, podías venir y prepararle un bocadillo antes de salir para el hospital….date prisa, mujer.



FIN

6 comentarios:

El Topillo dijo...

Un cuento muy apropiado para las fechas en las que estamos.

En la línea de los relatos de Charles Dickens, se puede dislumbrar los temores más comunes de los mortales.

Un bravo.

Maria Jose Mallo dijo...

Me ha salido un poco Dickens si, pero no por la Navidad porque hace meses que está escrito. Es un pelin raro, como todo lo mio.
Muchas gracias por el bravo. Un abrazo.

Nieves dijo...

Hola Maria Jose, felicidades por tu relato, sencillamente me ha encantado, me ha mantenido en suspense hasta que he terminado de leer la última palabra de la última linea del relato, que me he leido de un tirón.

Me gusta mucho como consigues mantener el interés del lector hasta el final. Aunque disiento un poco de El Topillo respecto a ser un relato dickensiano, yo personalmente esperaba por el titulo leer algú relato de corte navideño y me he encontrado con un auténtico relato de suspense en toda regla. ¡Enhorabuena de nuevo! Y un besin como decis por alli (suena muy tierno y simpático),

Maria Jose Mallo dijo...

Muchas gracias Nieves.
Yo es que no se escribir cuentos navideños agradables y tiernos. Si pongo un niño ya ves lo que ocurre...
El toque Dickens que dice el topillo es porque afloro los temores de la gente, aunque yo me veo mas Poe.
Muchos besinos, guapina.

Pep dijo...

Hola, Mª José...
Sé que hace mucho que no te visito, pero las circunstancias mandan. Pero no, no me había olvidado de mi amiga asturiana. Lo siento...

Veoq ue sigue sen tu línea: buenso relatos y muy bien escritos. Sigue así siempre.

Prometo pasarme más a menudo.
Un beso

Maria Jose Mallo dijo...

Hola Pep, ya te había echado de menos, también en tu Blog.
Muchas gracias por ser un crítico tan amable, que me ayuda a seguir...Por cierto, cuando tengas tiempo pásate por mi nuevo Blog de historia "Reinos y reinas de la Edad Media" a ver que te parece.
Me alegro de tu vuelta. Un besin.