El azar y la Fanta de naranja



Nunca hubieran podido imaginar que sus destinos fueran a cruzarse en ningún punto. No hubieran podido, principalmente, porque ni se conocían  ni siquiera se adivinaban,
en una ostentación intuitiva de esas que invaden a las personas de vez en cuando.

EL
 jamás de los jamases hubiera viajado a España de no haber sido por el vodka. Salió disparado de Rusia, como un spútnik, tras birlarles la recaudación de la semana de los garitos que gestionaban en un suburbio muy del extrarradio del Moscú, a los hampones para los que trabajaba. Su afición a la bebida nacional y a las mujeres le hacía gastar bastante mas de lo que ganaba como cobrador de la mafia local, que juró no cejar hasta hacerle devolver el último rublo, vivo o muerto. Su embotamiento crónico por culpa del vodka le llevó a  incrustarse, como el oxido, entre los ejes de un camión que supuso-no sabemos porqué- regresaba a Serbia, cuando el destino final era Francia. Lo expresaba bien claro en la visera con letras mayúsculas: VIVE LA FRANCE. Una vez entre los gavachos escuchaba atónito hablar francés a los que creía serbios sin terminar de comprender a que se debía el snobismo de expresarse todos, sin excepción, en la lengua de Sarkozy . “Desde que falleció el mariscal, vagan sin rumbo como Rusia sin Stalin”, pensaban mientras se sorprendía de que incluso a las ciudades les hubieran puesto nombre francés. Estaba en Belgrado y todo el mundo empeñado en que era Paris, hasta habían copiado aquella torre tan fea de hierro. “Asqueroso capitalismo. Asqueroso y contagioso, como todo lo malo”, mascullaba entre dientes, mientras escupía al suelo con repugnancia.
 ELLA
Tenía un problema con las goteras del tejado. Cada vez que llovía se le inundaba la buhardilla de la vivienda. No daba abasto a poner barreños en el suelo.  “Dichoso norte, muy verde y muy exuberante, pero todo son problemas por culpa de la lluvia”.Había contratado los servicios de una empresa de reparaciones, pero la policía se presentó  a detenerlos justo cuando terminaban de colocar los andamios: eran una banda de ladrones que haciéndose pasar por albañiles, desvalijaban las casas. “Ya me extrañaba a mi que tuvieran las manos tan cuidadas, incluso algunos con la manicura hecha y todo, como las mujeres. Metro sexuales, creo que se llaman”.
Tras el disgusto se decidió por un albañil vecino-mas vale lo malo conocido- que nada mas aposentar el trasero sobre la cubierta se dejó deslizar por ella, lo mismo que un niño por un tobogán. Decimos que se dejó- a no ser que fuera de esa gente que se conforma ante lo inevitable y, encima, aprovecha para divertirse- puesto que emprendió el viaje gritando: yuuupiiiiii.. Cuando años mas tarde pudo volver a hablar dijo que había regresado a la infancia por un momento. Desde el borde del tejado salió catapultado y aterrizó de cabeza sobre el asfalto de la carretera. No se mató, extrañamente, aunque no pudo nunca mas regresar a la albañilería dado que-por efecto del golpe-olvidó todo lo que sabía hasta ese momento, que tampoco era mucho.
Superada la conmoción por el suceso, ella contrató a otro albañil tan, tan obeso que se atascó en la claraboya de acceso y hubo que avisar a los bomberos para que lo excarcelaran, todo lo cual terminó por descolocar las pocas tejas que quedaban en su sitio, aparte de hacer añicos la claraboya y todas las ripias del perímetro del accidente. Agobiada por las malas experiencias y segura de que el tejado tenía un maleficio, decidió esperar  hasta encontrar un ahuyentador de malos espíritus, solvente, que le hiciera un barrido general a toda la casa.
Hasta el invierno quedaba tiempo.

EL

Mientras tanto decidió irse a Croacia, harto como estaba de escuchar a los serbios hablar francés y volvió a incrustarse en otros ejes de otro camión. Una vez pasada la frontera y detenido el vehiculo, salió de su escondite y tras caminar un buen trecho encogido por efecto del anquilosamiento del viaje, se dirigió a comer a un restaurante cercano. Tardó en discernir cual de las dos lenguas que hablaba la gente alrededor era el autentico croata. Se decidió por el que hablaban entre si los empleados; en principio le sonó a japonés, pero ellos no eran orientales, eran altos, la mayoría rubios y de ojos claros. Se convenció de que estos eran los croatas y el resto deben de ser italianos del norte. Comió un guiso con pescado llamado marmitako- que le seguía sonando a japonés-regado con un vino apodado chacolí y rematado con una botella de vodka. No le aceptaron los rublos-euros, euros, le decían. “Que mal vais sin Tito; muy mal sin el mariscal”, les gritaba en ruso, hasta que apareció una extraña policía que por lo menos vestían de rojo. Uno de los italianos se ofreció a pagar la cuenta y a llevarle si es que quería ir a Galicia. “Galitzia ¿dirigirse a Polonia?. Pues oye, lo mismo era buena cosa. La mafia no le buscaría tan cerca de casa”. Galitzia, Galitzia, dijo asintiendo con la cabeza. Unos kilómetros mas allá, el gallego le apeó del coche por las malas, después de que le hubiera vomitado encima todo lo comido y lo bebido.
“Cerdo, mas que cerdo, desagradecido, cabrón, hijo de la gran puta”…El pobre ruso quedó tirado en la cuneta asombrado del mal carácter de los italianos, hasta que se quedó dormido como un bendito. Le despertó el frío. Se había hecho de noche. Tras ponerse en pie, caminó por la carretera varios kilometras sin que ningún automovilista se detuviera para recogerlo, lo cual no era de extrañar, debido a su aspecto,  mas que sospechoso. Por fin llegó un pueblo. En la primera casa que halló, se acomodó entre las jambas de la puerta, se arropó con el felpudo y volvió a quedarse dormido.

ELLA

Abrió por la mañana y se lo encontró acurrucado como un bebe abandonado a su puerta. Esto va a ser el destino se dijo, proclive como era a creer en enviados y en aparecidos.
¿Sabes de albañilería?, le preguntó. El asintió pensando que le ofrecía algo de comer y sorprendiéndose de hallarse en Italia. “Porque estábamos en Croacia y nos íbamos a Polonia”, reflexionó mentalmente mientras sacudía la cabeza para terminar de despertarse.
Ella le dio el desayuno, caritativa como era, y luego le encaminó al tejado. “Todo tuyo”, le dijo y mientras le señalaba el cobertizo, añadió: “Allí tienes todo el material”.
El ruso pensó que la tarea consistía en quitar las tejas y volver a ponerlas otra vez donde estaban. Los europeos del sur son muy raros. Transcurrida una hora, muerto de sed, bajó por donde había subido y se dirigió a la cocina. Fue fácil de hallar: sólo había que seguir el olor a comida. Allí estaba ella con sus orondas caderas-que el contempló con gusto- trajinado sobre la mesa de mármol.
 Vodka
¿Eh?
Vodka.
Ah, no tengo.
Biski.
¿El que? ¿Whisky?
Yaa.
No tengo. Solo tengo Fanta de naranja .
Vodka
Noo, Fanta de naranja.
Biski.
Fanta de naranja.
VODKA, dijo el acercándose.
FANTADENARANJA, respondió ella, poniéndole el bote a la altura de la boca.
El, le quitó la lata de la mano y la tomó con decisión por la cintura.
Ella, apenas pudo gritar por la sorpresa.
“A la mierda la Fanta”, dijo el, en ruso naturalmente, mientras arrugaba el bote como un acordeón.
MMMMMMMM, respondió ella.

EL FORENSE

El policía no daba crédito.
¿Diez?
Si, diez
Que crueldad.
No lo crea, antes del tercero ya estaba muerta.
Mas a mi favor. Una crueldad innecesaria.
Es mas bien un despilfarro inútil, replicó el forense. Cuando le introdujo el tercer bote de Fanta ya estaba ahogada, la pobre mujer. Los otros siete son un derroche total.
Esto es obra de un africano, seguro. Vienen del desierto con tanta sed, que en cuanto ven bebida se vuelven locos. Piensan que todo el monte es orégano.
Malgastar asi la Fanta. Como si la regalaran…