El renglón torcido

 Capítulo IV




Casimiro no obtuvo ninguna información relevante en Santirso, nada que los viejos no le hubieran dicho ya. Pedro hijo era un pedazo de crápula, con líos de faldas y deudas de juego y de todo tipo. Su mujer, la maestra, había amenazado con dejarle muchas veces, pero parece ser que, hasta la fecha, no había encontrado el momento. Los vecinos hablaban sin tapujos de peleas continuas por celos de ella, totalmente justificados, con amenazas de abandono que nunca cumplió, porque aunque algunas veces se había ido de casa por un tiempo, siempre regresaba como si tal cosa y le seguía fiel como un perrito. “Mamá que se ha puesto enferma” explicaba al vecindario sin que nadie le preguntara.
   __Tantas veces se ha puesto enferma la buena señora que es imposible que no se haya muerto ya__ le contó una vecina, mientras otra se moría por añadir__ Él no se inmuta, nunca la ha ido a buscar. Yo creo que si no volviera, mejor. Es un adicto al sexo.
   __ ¡No me diga!
   __Si le digo y al juego y quizá a las drogas…
   __No a las drogas, no__ terció la otra.
   __ ¿Por qué no, vamos a ver?
   __Porque para la coca hace falta pasta que yo lo sé y el no tiene. Se lo gasta todo en timbas y mujeres.
   __Hay otras drogas más baratas como el taxis, ese. Son unas pastillas que se compran en las discotecas__ añadió como explicación para todos.
   __Bueno, muchas gracias__ cortó Casimiro, antes de que la conversación se eternizara en divagaciones.
   En la cafetería donde desayunaba cada día, le contaron de muy buen grado, que Pedro, el marquesito, había tenido algunos problemas por conducir borracho y por montar peleas en los bares por el mismo motivo y muchos otros con maridos o novios o padres o hermanos, porque no tenía remilgos en abordar a una mujer que le gustara, aunque fuera menor o estuviera acompañada en ese momento.
   __O sea, que sería más propio que le pegaran un tiro a él, pero a las niñas no veo el porqué__ informó Casimiro.
­­   __Necesitaría conocer al cardenal__ afirmó Aníbal en ese punto.
   __ ¿Al cardenal? ¿Para qué?
   __Me gustaría echarle un vistazo.
   __Sale de caza cada amanecer.
   __ ¿De caza?
   __Si. Siempre ha sido cazador y es a lo que se dedica mayormente al amanecer cada vez que viene por aquí. En el Vaticano no creo que tenga mucha ocasión de pegar tiros.
   __ Allí las piezas se cobran de otro modo…
   __ ¿Que se caza aquí?
   __Ahora mismo liebres.
   __ ¿Quién podría prestarme una escopeta?
   __Hay una en la casa, de mi difunto. No sé cómo estará. Voy a por ella.
   Aníbal dedicó buena parte de la tarde en poner a punto la escopeta, mientras pensaba para sí o en voz alta con la abuela, adonde podría estar el bueno de Indalecio. Hablando de todo un poco, la abuela se había enterado de que Elisa y Sofía la hija del marqués, su media hermana en realidad, tenían cierta relación.
   __ ¿Ah sí? Pensaba que ni se hablarían.
   __Eso creía yo también, pero me dijo Elisa abuela que algunas veces las había visto hablar en la plaza y que cuando le preguntaba a su niña como era que hablaba con la marquesita, ésta le respondía que era una envidiosa y una acomplejada. ¿Y entonces por qué le hablas?__ insistía mi prima__ porque me da la gana. Que no me conteste si no quiere.
   __ ¿Envidiosa y acomplejada, por qué?
   __No lo sé. Elisa no suelta prenda. No quiere dar ninguna explicación acerca de esa opinión tan radical que tiene, bueno que tenía, de su media hermana. Y ¿Sabes otra cosa?
   Aníbal negó persistentemente con la cabeza.
   __Creo que doña Sofía tiene aprecio por Elisa. En realidad es su nieta también…
   __Todo son misterios__ terció Casimiro que acababa de regresar de tomar un café en el bar del pueblo.
   __ ¿Por qué lo dices?
   __Porque en el bar si preguntas alguna cosa acerca del crimen o de alguien relacionado con la violación de ¿cómo se llamaba?...
   __La Irene.
   __Esa, la Irene, todo el mundo levanta el vuelo. Es como decir las palabras mágicas y luego viene el camarero y te mira de aquella manera intimidatoria, como un portero de discoteca,  que me entraron ganas de darle una patada en los huevos…
   __ ¿Preguntaste por la violación y la gente se mosqueó?__ inquirió García, recién llegado de la siesta.
   __Si.
   __ ¿Qué preguntaste exactamente?
   __Pregunté si alguien había visto al novio disparar al violador, teniendo en cuenta que era de mañana, según consta en el informe que usted leyó inspector, y el pueblo madruga…
   __No, no hubo testigos__ intervino García__ pero piensa que el muchacho confesó, porque además el disparo se hizo con su escopeta, aunque debo decir que hay ciertas contradicciones entre la primera declaración y lo que refirió más tarde en el juicio…
   __ ¿Cómo se te ocurrió hacer esa pregunta?__ quiso saber Aníbal.
   __Porque estuve mirando las fotos que llenan las paredes, para ver si pillo algo, del enigma de la bruja, ya me entendéis…y vi los cazadores y las escopetas y tuve una asociación de ideas, creo…Entonces toda la parroquia salió por patas y me quedé como estaba. Quise saber también quien de todos era el cardenal.
   __El más alto__ respondieron Aníbal y García a dúo.
   __También pregunté si el novio homicida estaba en la foto.
   __ ¿Y?
   __Y nada, nadie me respondió a ninguna de las dos preguntas.

   Aníbal llamó a Isabel aquella noche un poco antes de lo acostumbrado. “Tiene remordimientos” pensó García. En realidad quería pedirle que le buscara varias cosas por Internet. La primera, información sobre el autismo y el síndrome de Asperger: características, conductas, costumbres, tratamientos, etc.
   __Una vez que lo hayas leído todo y hayas entrado en situación, hazme un resumen claro y piensa que harías si fueras autista y tuvieras mucho miedo de algo o de alguien.
   __Supongo que haría lo mismo que si no lo fuera.
   __No, piensa que tienes muchas dificultades de comunicación y que no tienes amigos y en este caso ni casi familia. Piensa, dale a esa cabecita.
   __Oye ¿hay alguna chica guapa en el pueblo?
   __ ¿Cómo quieres que lo sepa? Si no tengo tiempo para nada, si casi no duermo dándole vueltas a la cabeza.
   __ ¿Y la prima Elisa?
   __ ¿Cuál de todas?
   __La madre, ¿cuál va a ser? No te salgas por la tangente o pensaré mal.
   __Es un poco vulgar ¿no?
   __O sea, que la has mirado.
   __ ¿Cómo no la voy a mirar si he tenido que hablar con ella? Por favor Isabel búscame esa información que es muy importante y déjate de celos absurdos.
   __Iré el sábado por la mañana no lo olvides. Pobre de ti como pille alguna cosa entre tú y la puta esa…
   __Isabel…
   __Vale, te buscaré la info. Me pongo ahora. Dime algo guarro, anda…
   __Mujer que no estoy solo…
   __Que cortado eres cuando quieres. Sal al corral y dime algo guarro o no hay autismo que valga. Ya sabes que tengo el clítoris en el oído…
   __ ¿Por qué no esperamos al sábado?
   __ ¡ANIBAL!
   __Vale, vale ¿Qué quieres que te diga?
   __ Aníbal ¡por Dios!... ¿Has entrado en situación? ¿Cómo estas…?
   __Bien, estoy bien, creo….
   __ ¿Ya estas a puntito para meterte dentro? Dime algo, tío…
   __Isabel, ¿por qué no lo…?
   __ ¿Estás  preparado para invadirme con ese pene poderoso ardiendo de semen que adoro sentir entre mis piernas que están…¿Cómo están mis piernas?
   __Húmedas y sensuales y ardientes y…
   __ ¿Con quién hablas?
   __Isabel, está aquí tu abuela, te paso con ella. Es Isabel abuela, hable con ella un rato. Alto, háblele alto, que hoy está un poco sorda… No sé que se le ha metido en el oído.






 Continuará...

2 comentarios:

Luisa Méndez dijo...

Ferte la historia, ¿eh? Y muy inquietante. ¿Forma parte de una novela? Intriga no le falta.
Enhorabuena, María José.

Maria José Mallo dijo...

Gracias Luisa. Son relatos que escribo exclusivamente para el Blog. Esta en concreto forma parte de la saga de mis detectives Anibal y Casimiro, de los que hay otras historias publicadas. Gustan mucho y a mi me mantienen la mente ágil.

Aprovecho para desearte felices fiestas y que el año próximo venga colmado de todo lo mejor.