El cuento de Antonio


Hace ya tiempo, mi amigo Antonio Abad Díaz Ortega, me descubrió el barrio inglés de Riotinto. Me contó historias de sus andanzas de niño por allí con los amigos, de la explotación minera, de las diferencias entre ingleses y españoles…Mas adelante, me refirió muchas mas cosas sobre su vida: me habló de cómo “el refugio”, se convirtió en su tabla de salvación, cuando el destino le dio una oportunidad que él entendió sería la última.
Entre todos los materiales que fue reciclando para construir la casa, sin tener idea de albañilería ni mucho menos de carpintería, estaban las tablas de pino rija de las caballerizas de Bellavista.
De todo ello surgió este cuento que lleva tiempo escrito, que anduvo un poco traspapelado y que ahora por fin, le llega el turno de publicarse. Tuvo varios títulos pero he optado por el mas simple: El cuento de Antonio.

Casas victorianas del Barrio Inglés.

Una vez terminado el trabajo, se tendió sobre la cama y lo contempló. Había quedado perfecto. Se dio cuenta que estaba exhausto; cuando se enfrascaba en la tarea no se acordaba ni de comer, pero había merecido la pena. ¡Que habilidad tenía para trabajar la madera; ni que hubiese nacido en una carpintería!. Se sintió contento consigo mismo. Su refugio significaba mucho para él. Construyendo la casa, consiguió dar de nuevo sentido a su vida. Además, aquellas tablas de pino rija de las caballerizas del Barrio Inglés de Riotinto, que fueron en otro tiempo involuntarios e impasibles testigos de amores y desamores con sus trágicas consecuencias, protegían ahora como cálidos escudos, las paredes del hogar donde encontró, por fin, la paz que tanto buscó. Se habían convertido en algo positivo, como predijera a gritos aquel día ya muy lejano, en el que un suceso terrible, conmocionó sus primeros años de adolescencia y le hizo desear con todas sus fuerzas expulsar a los ingleses de su querida tierra.
Transcurridos algunos años, los británicos se fueron; pero las imágenes de aquella tarde permanecieron imborrables. Tumbado sobre el colchón contemplando el techo de madera, volvieron a su memoria. Estaba seguro de que los desgraciados protagonistas de aquella locura, también ahora, habrían encontrado la paz. Mientras los ojos, de nuevo, se llenaban de lágrimas se vio con sus amigos una tarde cualquiera, camino del Barrio Inglés.


A pesar de que Bellavista tenía, incluso, garitas con guardias Antonio y los chicos del pueblo, se colaban a menudo para disfrutar, desde que eran muy niños, de los columpios y toboganes del parque infantil. En su barrio sólo podían jugar al futbol en la polvorienta calle que lo atravesaba o entretenerse robando fruta en los huertos cercanos.
Ahora en plena edad del pavo, preferían la compañía de las chicas que ya habían comenzado a hacerles cosquillas en el estómago. Todos y cada uno tenían novia en el Barrio Inglés. Las primeras veces que se acercaron a Bellavista, les acompañaba alguna amiguita del pueblo, pero en este momento, eso era imposible, ya que no podían encontrarse cara a cara dos novias, inglesa y española, sin que ocurriera una tragedia. En el presente, las incursiones en el recinto eran sólo para hombres.
__Que las chicas son muy liantas y gritonas y enseguida se agarran de los pelos.
En plena efervescencia del amor muchos se habían “tatuado” en el brazo, frotando con fuerza contra la piel el fósforo de una cerilla, la inicial del nombre de su novia preferida, convirtiéndolo en una dolorosa cicatriz que duraba, generalmente, mucho mas que el amor y que provocaba a menudo contundentes escenas de celos, cuando alguna de las chicas visiblemente herida en su amor propio, descubría en el brazo de su novio una inicial que no se correspondía con la suya. Los reproches terminaban a menudo con un enrabietado empujón o un sonoro cachete de: ¡ahí te quedas, idiota!.

Los roneos dentro del Barrio se interrumpían bruscamente cuando una madre, o varias, descubrían a los chicos. Entonces tenía lugar la misma escena decenas de veces repetida, como un ritual. Las inglesas avisaban a los guardias, quienes con toda la rapidez y destreza de la que eran capaces perseguían a los muchachos por el recinto hasta lograr atrapar por lo menos a uno, el cual se llevaba en representación de todos, el bofetón de escarmiento, que jamás produjo el efecto deseado. Volvían en cuanto tenían ocasión.

A nuestro Antonio, aparte de Ann, rubita, tímida y menuda, le gustaba algo mas de los ingleses: los caballos y las caballerizas, en cuya tarima con cámara de aire, resonaban los cascos como una sinfonía en el mejor auditorio del mundo.
__Me gustaría tener una casa hecha toda de tablas__pensaba mientras deslizaba la mano por el suelo con delicadeza, disfrutando del tacto cálido de la madera pulida por las herraduras de los caballos.
Cuando no estaba su novia, iba derecho a las caballerizas y se pasaba la tarde acariciando y hablando a su favorito: un precioso pura sangre, a quien los dueños habían bautizado como Lonely Star, porque tenia una mancha blanca, como una estrella, en medio de la frente. El animal disfrutaba de las caricias encantado, alargando el cuello para recibirlas. Antonio comprendió temprano que los caballos son menos ariscos que las mujeres, aunque a primera vista no lo parezca.
__Eres lo mejor del barrio. Tu y Ann.__le decía besándole el hocico, mientras el caballo bajaba la cabeza dócilmente agradeciendo el afecto del muchacho.
Una de esas tardes, se vio sorprendido por un hombre joven que entró para ensillar a Lonely y a otro caballo. No tenía aspecto inglés. Era alto, moreno y como hubiera dicho su hermana “ para morirse de guapo”.
__No huyas, hombre, que no voy a hacerte nada__ le dijo con acento andaluz__Ya te había visto antes por aquí. ¿Te gustan los caballos, verdad?. Tienes muy buen gusto. Este ejemplar es un pura sangre excepcional. Si por mi fuera te dejaría montarlo.
__¿Para quien lo ensilla?
__Para una rubia muy guapa, ya verás
__¿Y el otro?
El español se rió, mientras se le iluminaban los ojos__El otro es para mi.
Estuvieron conversando mientras el recién llegado preparaba los caballos. Le contó de muy buena gana, que era de Sevilla y que trabajaba en la explotación minera.
__Soy ingeniero. Ahora ya quedan pocos ingleses y nosotros los vamos sustituyendo.
__¿Vives aquí en el Barrio?
__Eso es, vivo aquí en Bellavista.
El andaluz, revisó los cascos del caballo, comprobando las herraduras para acto seguido, colocar el sudadero, dejando libre la crin sobre la cruz. A continuación, puso la montura, dejo caer la cincha con cuidado para no golpear al animal y la apretó con suavidad. Luego, cogió la cabezada con la mano derecha y acercó el filete a la boca del caballo.
Antonio lo observaba con atención. Nunca antes había podido presenciar como se apareja un caballo. Estaba emocionado.
El joven, seguía con la tarea sin dejar de hablar con el chico.
Una vez colocado el filete, subió la cabezada metiendo las orejas. Para finalizar, abrochó el ahogadero y después la muserola. Cuando terminó, repitió la operación con el otro caballo.
Al poco rato, entró la rubia con traje de amazona, sonrió a ambos, subió a lomos de Lonely ayudada por el joven y salio al paso. El español montó el otro caballo, se tocó el ala del sombrero mirando a Antonio, le guiñó un ojo y se fue detrás.
__Bueno, por lo menos no me han reñido.
Después, regresó al parque con los otros.

Algunas veces Ann se escapaba de la vigilancia materna, y se acercaba a las caballerizas, donde sabía que esperaba Antonio. Esas tardes eran inolvidables. Sentados sobre las tablas del suelo y recostados en una de las columnas de ladrillo rojo que bordeaban el amplio pasillo, cogidos de la mano, se contaban sus secretos; soñaban juntos con futuras vidas sin prohibiciones, sin barrios separados, sin diferencias…Estando con ella, Antonio se veía capaz de las mayores proezas.
__Cuando sea mayor, pienso luchar con todas mis fuerzas para que todos seamos iguales.
Casi siempre, eran interrumpidos por los gritos de los ingleses que ya habían descubierto a sus amigos y los andaban persiguiendo como tantas y tantas veces.
La última, los guardas con la ayuda de varios residentes acorralaron a los chicos por sorpresa y les dieron una soberana paliza.
Tardaron meses en volver.

Era ya julio y una calurosa tarde, cuando los muchachos decidieron colarse de nuevo en el Barrio Ingles. Costó convencer a Antonio para que los acompañase. Ann y su familia habían regresado a Inglaterra y el aliciente era para él, inexistente. No habían podido, ni siquiera, despedirse. Ella le dejó un escueta nota a una amiga, para que se la hiciera llegar: “Nos vamos. Adiós…Espero que…podamos volver a vernos. Adiós…”
No, no quería volver a Bellavista.
__Vas a las caballerizas
__¿Para que?, probablemente la rubia ya se ha llevado a Lonely.
__A lo mejor no y el hombre te deja montarlo.
__Si, seguro…
__Bueno, pues te vienes al parque, no seas pesado.
De muy mala gana y por no regañar con los amigos, acabó uniéndose a la expedición. Todos iban alegres haciendo planes animadamente, menos Antonio que los seguía rezagado y cabizbajo. Cuando se estaban aproximando al lugar por el que entraban al Barrio, un coche conduciendo por la izquierda y levantando una nube de polvo casi los arrolla sin ningún miramiento.
__¡Eh cuidao mister!. Que prisa lleva este hombre.
Una vez dentro Antonio, melancólico por la ausencia de Ann, fue directo a las caballerizas. No tenía ganas de ver a sus amigos con sus novias. Como había imaginado, no estaba su caballo, ni el otro tampoco.
__Ya han salido otra vez.
Se sentó sobre el suelo de pino y se quedó esperando sin saber a quien. En el fondo tenía la secreta esperanza de que Ann entrara por la puerta en cualquier momento.
__”Hola, me he escapado y he regresado para estar contigo….”__ Una lágrima limpia dibujó una línea irregular en su cara polvorienta.
El sonido de un trote que se acercaba le devolvió a la realidad. Se puso de pie secándose las lágrimas. De pronto apareció Lonely jadeante, resoplando nervioso. Antonio se le acercó despacio, llamándolo con suavidad. El pura sangre se dejó abrazar. Estaba sudoroso. El chico le acariciaba el cuello y el hocico, mientras se preguntaba que habría sucedido, cuando irrumpió el otro caballo con el jinete inclinado hacia adelante sujetándose con toda la fuerza de que era capaz. Tenía una mancha de sangre que se extendía por la chaqueta y el pantalón, tiñéndolos de rojo. A Antonio, aturdido, le vino a la memoria aquella vez que derramó el tintero sobre la libreta nueva. Una perseverante ola azul lo fue invadiendo todo sin remedio echando a perder el cuaderno. Lo mismo sucedía ahora, sólo que el color era diferente.
Cuando el caballo se detuvo, el español vio al muchacho y le dijo: __a-yu-da…
Trató de desmontar y cayó al suelo, perdiendo el conocimiento. Su pie derecho se quedo enganchado en el estribo. Antonio creyó que estaba muerto; iba a acercarse cuando escuchó un motor, el chirrido de unos frenos y en segundos vio al inglés que casi los atropella, entrar con un rifle en la mano. Se dirigió a Lonely y le disparó entre los ojos. El pura sangre cayó muerto en el acto. El estruendo encabritó al otro caballo que salio a galope por la puerta de enfrente, hacia el patio interior, arrastrando al jinete moribundo. El británico les siguió, disparando sin parar.
El chico cerró los ojos y huyó de las caballerizas, tropezando primero con el cuerpo de Lonely y luego, con los ingleses que se acercaban a toda prisa para ver que había pasado.
Nadie reparó en él.
Corriendo pasó por delante del parque donde sus amigos se habían escondido, apresuradamente, detrás de unos arbustos, asustados al oír los disparos creyendo que iban dirigidos contra ellos.
No escuchó como lo llamaban.
Siguió por una de tantas calles paralelas. Atravesó un jardín. Continuó por otra calle. Se encontró de frente con los guardas, que ni lo miraron y salió del Barrio por la puerta principal. Era la primera vez que la traspasaba. No paró de correr hasta llegar a su casa. Su madre, extrañada, lo vio entrar por la puerta y dirigirse al patio. Allí abrazado a su perra, rompió a llorar desconsoladamente.
No consiguió que le dijera que había sucedido. Se enteró mas tarde por las otras madres, cuando el suceso recorrió el pueblo con la brisa vespertina.
__¿Pero tú lo has visto Antonio?...¿Estabas allí..?. Dime que te ha pasado…

Ya era noche cerrada cuando sus amigos se acercaron hasta la casa para verlo. Seguía en el patio trasero llorando. La madre les dijo que no había querido ni cenar.
Los niños le rodearon en silencio. Después de un rato grande uno de los muchachos le dijo:
__¿Sabes?. Vinieron muchos policías ¡con traje y corbata con este calor! y después de mucho trajín, se llevaron detenido al inglés que disparaba. Algunas mujeres lloraban mucho. Al hombre joven lo llevaron al hospital, pero creo que murió y el mister por poco se carga al otro caballo….A la rubia la encontraron muerta también…Mi madre dice que es una tragedia griega. No se que querrá decir eso…
Antonio seguía llorando con la cabeza sobre las rodillas. Los chicos se miraron y decidieron marcharse.
__Bueno, hasta mañana, tú…
Cuando ya se iban levantó la cabeza y dijo a voz en grito:
__¡Un día me llevaré las tablas de las caballerizas para hacer con ellas algo bueno!.
Los muchachos le miraron y se encogieron de hombros.
__Este tío es mas raro….dice cada cosa.
__Es que está triste, ya se le pasará. El caballo era amigo suyo….y el español también.
Jamás olvidó aquella tarde. Quedó grabada en su memoria para siempre. Tardó muchos años en poder acercarse a un caballo, sin que se le hiciera un nudo en la garganta. Aunque ya no quedaban ingleses, al hacerse mayor se fue de Riotinto.

Décadas después, uno de aquellos niños, ahora casado con la novia del pueblo, calvo y con sobrepeso, llegó a la casa de Antonio en Huelva. Venía con el diario en la mano.
__Mira tú, lo que dice el periódico: van a derruir las caballerizas del Barrio Inglés. ¿No querías llevarte las tablas?. Es que no se me ha olvidado aquello que dijiste. Estabas tan convencido…
Antonio leyó la noticia y pronunció otra de aquellas frases que siempre habían sido incomprensibles y misteriosas para su amigo, justito de neuronas.
__ Un día de pronto, todo encaja como las piezas de un mecano.
El amigo asintió sin entender. Lo quería muchísimo, pero seguía pensando que era un tipo muy raro; y aunque cada vez que le traía una noticia esperaba dócilmente la respuesta, no sabía muy bien para que, si jamás las comprendía.
__Acompáñame anda…vamos a ver que se puede hacer.
Juntos, como cuando eran niños, se dirigieron de nuevo al Barrio Inglés. Esta vez entraron por la puerta principal. Hasta ese día, Antonio, no había vuelto a pisar Bellavista.

Doña Urraca, la Asturiana

Restos de la Torre de Soto de Aller, donde nació doña Urraca.







Era hija de Alfonso VII el Emperador y de una joven oriunda de Aller, llamada doña Gontrodo.
Parece ser que el encuentro entre ambos se produjo hacia el año 1132, poco antes de la sublevación del conde Gonzalo Peláez . El motivo fue la asistencia de don Alfonso a la Curia Regia celebrada en Oviedo con ocasión del pleito que sostenían los padres de doña Gontrodo con el monasterio de San Pedro de Eslonza, por la propiedad de otro monasterio: el de San Juan de Verbio.
Según la Chrónica Adefonsi Imperatori, los padres de la joven fueron don Pedro Didaz o Díaz y doña María Ordoniz. Don Pedro, descendía por línea directa de Alfonso I y pertenecía a una de las familias mas influyentes en Asturias en el siglo XII. Es probable que fuera hermano de Jimena Díaz, la que fue esposa del Cid.

Pues bien, el Emperador se prendó de la hija de don Pedro (“se aficionó tiernamente de la doncella”) y se olvidó por completo de su esposa doña Berenguela. Tuvieron un tórrido romance veraniego (“ los verdes prados de Corigos fueron testigos de su cortejo y colchones para su pasión”) y naturalmente doña Gontrodo quedó embarazada. Ni que decir tiene que el famoso pleito fue ganado por don Pedro y doña María.
El retoño fue una niña: Urraca.
Alfonso VII, que era hijo de doña Urraca I de León y Castilla, la reina guerrera, y de su primer marido Raimundo de Borgoña, quiso llamar a su primogénita igual que su madre. El Emperador tuvo siempre especial afecto a la infanta, quien fue apartada de la familia materna y educada en palacio por su tía doña Sancha, conviviendo con sus hermanos Sancho y Fernando, nacidos varios años después.

Cuando aún era niña , Alfonso concertó su boda con García Ramirez, el Restaurador, rey de Navarra y nieto del Cid, para asegurar la paz entre ambos reinos. El matrimonio se celebró unos años mas tarde en León con gran brillantez, asistiendo invitados de todos los reinos cristianos peninsulares y una nutrida representación de la nobleza astur. La novia recibió como dote varios territorios sitos en el interior del reino de Navarra.

Su reinado dicen que fue solitario y triste, pues su marido se hallaba ocupado siempre en empresas guerreras contra Aragón y contra las plazas musulmanas de Almería y Córdoba. Volviendo de una de estas incursiones recibe un golpe a consecuencia del cual, fallece cerca de Estella. Había tenido dos hijas con doña Urraca: Margarita y Sancha.
Una vez viuda, regresa a Asturias donde su madre doña Gontrodo vive retirada, favorecida por varias donaciones del Emperador, dedicada a fines religiosos. Alfonso VII quiso que conservara el titulo de reina de modo efectivo sobre el territorio asturiano. El statu quo, se mantuvo también durante el reinado de su hermano Fernando.

Doña Urraca gobernaba asesorada por un consejo de eclesiásticos y nobles y disponía de una cancillería propia, aunque los diplomas que expedía dicho organismo, necesitaban ser confirmados por la Curia Regia y sellados por la Cancillería real.
En el año 1161, la Asturiana, se casa con el caballero palentino Alvaro Roderici. Esta unión parece ser que da origen al apellido Alvarez de las Asturias.

Un año después de su matrimonio protagonizaron un intento de secesión claramente reflejado en un documento de Otero de las Dueñas que está fechado así: "cuando la reina doña Urraca y don Alvaro Roderici quisieron que el rey Fernando II perdiese Asturias".
Tras el intento fallido probablemente fue desterrada a Palencia. A partir de ese momento es su hermano don Fernando el que aparece en todos los documentos como rey de Asturias.
Tuvo dos hijos fruto de su segundo matrimonio: Pedro y Fernando.
Sus últimos años son un misterio. Hay quien dice que fallece en Palencia al año siguiente de su destierro. Otros en cambio sostienen que siguió con su marido hasta que enviudó en 1179 y luego se hizo monja con su madre en Santa María de la Vega muriendo en 1189. Lo que parece claro es que está enterrada en la catedral de Palencia, ya que hay constancia escrita al menos desde el siglo XIV.

El extraño caso de mi suegra Carmen


Mi suegra es un caso raro de no envejecimiento. Ella nunca quiso cumplir años y juraba tener 60 desde hacía lo menos diez, con lo cual se iba a dar el caso de que los hijos, en poco tiempo, serían mas viejos que la madre. Lo cierto es que su edad se ha detenido ahí ( físicamente está igual que cuando yo la conocí) y no sabemos si se debe a un fenómeno raro, producto quizá, del cambio climático, a quien echamos la culpa de todo, o a que cierto día que no regresaba y después de buscarla por todos los sitios, cuando ya estábamos a punto de llamar a la policía apareció tan tranquila y nos contó con el mayor desparpajo, que la había abducido un OVNI. “No, no me miréis con esa cara, ya sabía que no me ibais a creer”.
Mientras los mayores sentíamos ganas de estrangularla, los nietos la cosieron a preguntas sobre los supuestos extraterrestres. Ella dijo siempre lo mismo:
__Descendió un rayo luminoso y de pronto me vi en una extraña nave con unos seres altísimos que irradiaban una luz que los hacía transparentes. Uno se acercó y me observó durante mucho rato.
__¿ No les tenias miedo abuela?.
__No, sentía mucha paz. Ese ser que os cuento, después de observarme, me tocó con uno de sus dedos
__¿Con cual?.
__Con el índice, y me dijo: “serás eternamente joven”…

Su hijo mayor, mi marido, es médico y se preocupó bastante por su salud mental.
__Esto puede ser un principio de Parkinson o algún otro deterioro neurológico.
__Lo que le pasa a tu madre es que no quiere envejecer y ha cogido una neura, de mucho cuidado…
Ella no quiso de ninguna manera acudir a consulta alguna, con lo cual todos nos convertimos en observadores, atentos a la mas minima alteración en la conducta diaria. No le perdíamos detalle. Nunca hizo nada raro. Estaba como una rosa y perfectamente cuerda, (si exceptuamos lo del OVNI). Siguió con sus costumbres de siempre, pero eso si, el pelo no le siguió blanqueando, no surgió ninguna arruga nueva y mientra sus contemporáneas iban a menos, ella parecía cada vez mas joven. Tuvo que cambiar de amigas y menos mal que era viuda, porque de lo contrario, cambiaría también de marido.
La gente se asombraba :“¿ esta mujer no envejece?”. Llegaron a ponerse tan pesados que tuvimos que decir que se había hecho varios lifting. Pero, no sólo era el aspecto, estaba cada día, mas ágil y activa. En eso, no sólo no envejeció, es que pareció rejuvenecer. Hacía footing, iba a clase de bailes de salón, viajaba… Un día nos dijo que había vuelto a encontrar el amor. Como, a estas alturas, ya no nos sorprendía nada, esperábamos cualquier cosa, así que no nos asombró lo mas mínimo el novio que trajo a casa: un tío de unos cincuenta en la línea George Clooney, que a las mujeres de la familia nos puso los dientes larguísimos.
__Oye Carmen, ¿por donde se te apareció el OVNI?__, le preguntábamos las nueras.
__Menos cachondeo nenas, y nos se os ocurra coquetear con mi chico, que he visto como lo miráis. Que estáis casadas, no lo olvidéis.
Bueno. Nos queda la esperanza de que, una vez viudas, nos abduzcan los marcianos….

Excepto a los hijos, a toda la familia nos hizo mucha gracia el rejuvenecimiento de Carmen. Tampoco le dimos mas importancia. Hay mucha gente que llega a una edad y parece que el reloj biológico se le detiene. Bueno, pues eso es lo que le pasó a mi suegra, por suerte para ella. Que se debe a un proceso hormonal, enzimático o neurológico o lo que sea , que mas da; lo importante es que estaba como una chiquilla, rejuvenecida, feliz y además, enamorada.
Ella, ajena a todo, continuó su relación con Clooney, mientras sus dos retoños, pero sobre todo Luis, mi marido, se devanaban la sesera tratando de comprender que extraño fenómeno paracientífico o quizá paranormal estaba sufriendo su madre. Leía todas las revistas médicas habidas y por haber, entró en contacto con universidades y laboratorios…No tenía tiempo ni para dormir, ni para nada.
Llegó a una conclusión el mismo día que ella me llamó para decirme que se iba a Suecia con un hombre que había conocido en IBiza.
__¿Y Clooney?__Le pregunté.
__Ese era un egoísta, que sólo quería disfrutar él.
No pregunté a que clase de disfrute se refería, aunque me lo imaginaba.

Hacía tiempo que Carmen se había distanciado de la familia. Yo culpaba a Luis, que con su afición de encontrar una explicación médica, no la dejaba en paz. Así que cansada de que todo el mundo la viera como a un bicho raro, había decidido vivir su vida lejos de todos nosotros, lo cual yo lamentaba, porque siempre la quise de verdad.
El mismo día de la llamada de Carmen, su hijo me dijo a la hora de comer:
__Tengo la explicación: Telomerasa
__¿Que?
__La explicación a lo de mi madre: la enzima de la telomerasa. Se acaba de descubrir. Verás: es una enzima que hace que las células se dividan sin límites, convirtiéndolas en inmortales. Pero tienen un problema, la célula que produzca telomerasa, generará cáncer. Así que mi madre puede morir de cáncer en cualquier momento.
__Tu madre está como una rosa. Además hace unos diez años de lo del OVNI. Ya tendría que estar muerta.
__No todos los procesos avanzan igual. Llámala, tu que sabes siempre donde está y que regrese que hay que tomar medidas.
__Se ha ido a Escandinavia.
__¿Que?
__Lo que oyes. Mira yo creo que debes de dejarla en paz. Que disfrute el momento y después ya veremos…
__Tu eres una inconsciente lo mismo que ella, por eso os lleváis tan bien. Voy a explicarte el proceso. Todas las células adultas se multiplican, pero para protegerse del cáncer llegan hasta un límite preestablecido (80 divisiones) y se mueren. La telomerasa interfiere con este proceso y las células no son capaces de mantener este registro. Entonces lo que hay que hacer es interferir a su vez con la telomerasa, para que no extienda la vida de las células. ¿Lo estás entendiendo?
__Claro, tonta no soy…
Luis hizo un movimiento con la cabeza, que preferí pasar por alto.
__ Un laboratorio ha desarrollado una vacuna que enseña al sistema inmunológico a atacar a la telomerasa. Tenemos que localizar a mamá y ponerle la vacuna. Ya me he puesto en contacto con los laboratorios.
__Es que tu madre ya te digo, se fue a Suecia con un ligue
__¿Como con un ligue y Clooney?. Bueno, si no da señales de vida, nos pondremos en contacto con la Embajada en Estocolmo y la localizaremos.

La Embajada no tenía ninguna noticia de que Carmen estuviera en Suecia. En el aeropuerto de Ibiza no constaba que hubiera tomado ningún vuelo, en aquellos días, ni nunca. En el de Palma, tampoco. Ni aparecía en las imágenes de las cámaras de seguridad, ni ninguna compañía aérea la contaba entre sus viajeros. No la pudimos localizar en ningún país del Norte de Europa. Ni en ningún otro sitio.
Luis se desesperaba.
Estuvimos cinco años sin saber nada de ella. Un día mi hijo Marcos, su favorito, enfermó de bronquitis con principio de neumonía. Tenía una fiebre altísima. Al poco de salir mi marido para la consulta, llamaron a la puerta. Me quedé muda. Era Carmen, tan joven y tan guapa…no representaba mas de cuarenta. Según mis cálculos tendría en ese momento cerca de 75. Nos abrazamos.
__¿Donde has estado?. Tu hijo quiere verte, tiene una explicación para lo tuyo…
__Luego hablaremos. He venido para ver a Marcos. Le he traído el tocinillo de cielo que le hacía siempre cuando estaba enfermo.
__Pero ¿Cómo lo has sabido?.
No me respondió, ya se había encaminado a la habitación del nieto.

Cuando, después de la visita, nos sentamos en la cocina a tomar café, le conté las conclusiones de Luis. Ella se rió.
__Mira, es posible que realmente sea la telomerasa, pero esta gente ha aprendido a usar esa enzima o cualquier otra, para prolongar la vida y poder viajar de galaxia en galaxia. ¿Sabes cuantos años se tarda en hacer un viaje intergaláctico?, por lo menos 80 y otros tantos en regresar. Si esta gente no conociera el secreto de la eterna juventud, sería imposible. ¿Comprendes?
__Entonces ¿es cierto lo del OVNI?.
__¿Todavía lo dudas?. Mira esta gente hace siglos que anda por aquí. Cuando llegan a un planeta, buscan determinadas personas para convertirlas en inmortales y que sean la memoria viva de ese mundo. Somos un compendio de información viviente de los planetas que van conociendo. Como una enciclopedia. He visto gente que convivió con Jesucristo. Somos muchos de distintas épocas y de distintas partes. Así cada uno conoce a la perfección su área geográfica y recuerda cada cosa de relevancia que sucedió. Hay personas de todos los campos: medicina, ingeniería, deporte, arte…y amas de casa como yo. Tiene que haber de todo. Cada punto de vista interesa.
No me lo podía creer. __¿Sería cierto como afirma Luis que el cáncer la ha invadido y ya tiene mal el cerebro?. Pero su aspecto es fantástico y no parece que haya ningún problema.
__¿No me crees verdad?__me preguntó como si leyera mis pensamientos.__Es natural yo tampoco lo creería, si le hubiera pasado a otra. Tengo que irme. Posiblemente tardaremos en volver a vernos. Es mejor que no le digas nada a Luis, sólo te serviría para problemas.
__Pero ¿a donde vas?.
__A donde ellos decidan.
__¿A que ellos te refieres?.
__A esos que tu sabes de sobra.
__¿Eres feliz Carmen?
__Al principio si, ahora ya no lo se. Tengo un poco de miedo. Vivir eternamente es cansado y no he hecho mas que empezar…
Volvimos a abrazarnos. Cuando ya se iba me dijo:
__Se me olvidaba. Antes de acompañarlos a su mundo, nos llevan a todos después de un tiempo, he pactado con ellos que me dejen cuidaros a cada uno de vosotros, nietos incluidos, cuando estéis en trance de muerte. Una vez que os hayáis ido todos, yo también me iré. Mientras tanto, no te preocupes y procura ser feliz tu también.

Después que se marchó, me sentí fatal. Mientras estaba con el nieto, debía haber llamado a Luis y decirle lo que estaba ocurriendo, pero en ese momento, no se me pasó por la imaginación.
Cuando regresó mi marido, Marcos le contó la visita de la abuela. Yo debería de haberlo negado y argumentar que todo era consecuencia de la fiebre. Pero no pude y como vaticinó Carmen, su hijo y yo tuvimos graves problemas de convivencia que terminaron con nuestra separación, cuando la situación entre nosotros se hizo insoportable para mi, ya que Luis me culpaba de la mas que posible muerte de su madre.
__Si no fueras tan crédula, mi madre estaría vacunada y la telomerasa controlada y todo volvería a la normalidad. Pero la señora que escribe cuentos que nadie lee, prefiere creer en OVNIS..
__Piensa por un momento que es verdad.
__¿Como nadie en su sano juicio va a creer una cosa así, mujer, excepto tú?.
__Piensa que la vacuna no le hace efecto, porque lleva muchos años así y el cáncer no ha aparecido, entonces ¿qué?.
__Si la vacuna no le hiciera efecto, habría que estudiar el tipo de alteración que no se sabe por que circunstancias, sufre mi madre.
__O sea, que la encerrarías en algún sitio para estudiarla como si fuera un alienígena.
__¡Y dale con los marcianos!.
Pensé que fuera lo que fuese lo que le había ocurrido a Carmen, hice bien en ponerme de su parte, aunque me costara un buen disgusto.
Mi cuñado pensaba igual que Luis. No podía soportar que en el barrio la gente murmurara sobre la desaparición de su madre. Había todo tipo de comentarios.
“Que se había ido con un jovencito y los hijos no querían saber nada de ella”
“Que se había muerto por esos mundos abandonada por la familia”.
“Que la habíamos recluido en un psiquiátrico…”
Un día no pudo mas y se largó con su familia fuera de España.
Me hicieron sentir totalmente culpable. Sufrí una terrible depresión, que aún arrastro y la vida no volvió a ser la misma para ninguno de nosotros.

Con los años mi ex marido falleció de cáncer.¡Que paradoja!. El día que fui a visitarlo al hospital, casi obligada por mis hijos, lo encontré consumido pero con cara de total felicidad.
__Es la morfina__me comentó la enfermera.
Cuando me reconoció, tardó un rato, me cogió la mano y me dijo, con un hilo de voz apenas audible:
__Ha estado mi madre cuidándome por las noches. Está como siempre.
Después de una larga pausa continuó__No se ha muerto.
Luego, me miró y me dijo:
__Per-do-na-me…
Pregunté a las enfermeras. Parecían reacias a contarme nada. Tras mucho insistir una me comentó que había permanecido con él una mujer que suponían sería su esposa, aunque había mucha diferencia de edad. Ella no tendría mas de cuarenta…
Saqué una foto de mi suegra hecha el día que la vi por última vez. ¡Si, es esa!, dijeron con mucha extrañeza por que yo tuviera una foto de la que, suponían, era la mujer de mi ex.
__¡Carmen!. Después de tantos años estaba igual.
Cuando mi cuñado, que vivía aún en el extranjero, regresó para el entierro de Luis, le comenté lo de Carmen en el hospital. Pensé que le alegraría saberlo. Me equivoqué.
__Mira, no quiero volver a oírte hablar de mi madre. Si hubieras hecho lo que debías aquel día, la vida para todos hubiera sido de otra manera.

Unos años mas tarde, Víctor regresó a España, ya jubilado. Le acompañaba su mujer y la hija pequeña, veinteañera. Lo supe por mis hijos a los que llamó su prima.
No hace falta decir que no mantuvimos ningún contacto. Un día mi hija llegó con la noticia de que Eva, mi sobrina, había sufrido un accidente de moto.
__Está en coma, mamá.
Yo rezaba por ella, pero no se me ocurrió presentarme en el hospital, porque ya sabía lo que me esperaba.
Una mañana, llamaron a la puerta. Era Víctor, mi cuñado.
__Me gustaría hablar contigo.
__Mira, si no vienes en son de paz, no tenemos nada que decirnos…
__Es sobre mi madre__Yo hice ademán de cerrar la puerta__Tenias razón.
__Pasa.
Me contó que cuando estaba en la habitación con la niña, alguien le tocó en el hombro y al volverse vio a su madre, exactamente igual que hace treinta años. Le dijo que se fuera a casa a descansar que ella cuidaría a Eva, quien por cierto se despertó y está mejorando. Me dijo, también, que vendría a cuidar de cada uno de nosotros y me recriminó haber sido tan injustos contigo, me hizo ver que te habíamos culpabilizado sin motivo y te habíamos arruinado la vida.
__¿Te dijo algo de cómo se entera cuando alguno de la familia enferma?
__Siempre pensamos que tú la avisabas, pero ella me contó que “ellos” se lo hacen saber y la transportan desde donde se encuentra, que por cierto, se negó a revelarme cual es ese sitio. Mira, hace noches que no duermo. Porque si el motivo de su eterna juventud son las dichosas enzimas, tenía que haberse muerto de cáncer y esta mas saludable que yo, con diferencia. Pero lo del OVNI, cuesta creerlo, de verdad. Sin embargo ahí sigue, igual que entonces. Por favor, quiero que nos perdones, porque ya no aguanto mas, estoy a punto de volverme loco.
Les perdoné,¿ para que guardar rencor?. Eso no hace mas que añadir amarguras. Comenzamos a relacionarnos de nuevo, pero no demasiado, por que ya nada podía ser como antes.

Ha pasado mucho tiempo. Hoy encontré unas notas que había tomado para escribir un cuento sobre el caso de mi suegra. Comenzaba así: “mi suegra es un caso raro de no envejecimiento”…Había dejado por completo de escribir, sin embargo desde hace unos días vuelvo a sentir la necesidad de hacerlo. Ya se han muerto Víctor y mi cuñada. Carmen vino a cuidarlos como prometió. Es agradable volver a tener madre cuando ya eres viejo. Supongo que la próxima en morir seré yo. Lo supongo y lo deseo. No quiero que mueran antes ni mis hijos ni mis sobrinos.
Voy a continuar la historia del no envejecimiento de mi suegra; cuando ya no escriba mas, es que habrá llegado mi hora. No me asusta, de verdad. Además tengo muchas ganas de volver a ver a Carmen…

Egilona



Fue la esposa de don Rodrigo, el último rey visigodo de Toledo. Egilona nació y murió en Sevilla (659-718).

Cuando muere Witiza (hay quien dice que asesinado por Rodrigo), sus partidarios nombran rey a su hijo Agila de 10 años. Pero el resto de la nobleza visigoda, temerosa de que el niño sea manipulado por sus parientes, se reúne en el Aula Regia y elige rey a don Rodrigo, duque de la Bética. ( Como se ve la monarquía era entonces electiva). El otro bando se levanta en armas y se inicia una nueva guerra.
Entre tanto don Rodrigo casado con Egilona, dama bellísima, a la ponía los cuernos constantemente, se encapricha de la hija del conde don Julián, Florinda, a la que su padre gobernador de Ceuta, había enviado a Toledo para que se educara en la corte.
Ceuta pertenecía al imperio Bizantino, pero mantenía excelentes relaciones con la monarquía visigoda para contener el avance arabe.

Don Rodrigo acosa a la joven Florinda, quien no le hizo ningún caso, hasta que un día el rey desesperado, “abusa torpemente de su honestidad”. O sea, que la viola.
Don Julián monta en cólera, no es para menos, y propicia la invasión musulmana de la Península, poniendo sus barcos a disposición del gobernador Muza, para cruzar el Estrecho.
Egilona estaba al corriente de los hechos, pero no pudo darle su merecido, ya que aunque exigió venganza, los acontecimientos se precipitaron y el rey muere en la batalla de Guadalete. Supongo que previamente a la invasión, la reina habría tenido tiempo de cantarle las cuarenta y darle con la corona en los morros o tirársela a la cabeza o lo que hicieran en aquellos años las reinas con sus consortes machistas.
Tras la muerte del rey, Egilona se refugia en Magacela, reinando sobre una fiel corte.
Su intención era llegar a Asturias, pero el rápido avance no le dio ocasión.

"….No cures llorar mi muerte,
No cures llorar tu estado
Procúrate de esconder
Allá en lo mas apartado,
Vete luego a las montañas
De aquel reino asturiano….
"

Resiste valientemente el empuje musulmán hasta que se ve obligada a entregar las llaves del castillo al emir Abb al Aziz Ibn Muza, quien se enamora de ella y le propone matrimonio, tratando de atraer con ello, además, a la nobleza visigoda. Egilona acepta tras prometerle el emir que respetará sus creencias religiosas. Se casan en el 712.
Abb al Aziz cumplió su promesa y cesaron las persecuciones a los cristianos. Este modo de proceder despertó las sospechas de algunos árabes fanáticos que le fueron con el cuento al califa Soleimán, insinuando que, probablemente, el emir planeara convertirse al cristianismo.
El califa envió a Sevilla a cinco oficiales dispuestos a acabar con la vida de Abb al Aziz. Se enteró Egilona por una confidencia y rogó a su marido esconderse hasta poder reunir un ejercito y hacer frente a los descontentos y persecutores. El emir no quiso hacer caso del peligro y los sicarios le decapitan, enviando su cabeza al sultán cubierta de sal. Sólo hacía dos años que se había casado con Egilona.