La fundación, capitulo II



Según afirma la Crónica  Lisboense- desechada durante siglos por estar escrita en un mal latín, pero absolutamente veraz-estos hechos sucedían a menudo en esa corte y en otras muchas; incluso en moradas de mas baja categoría, episodios de esta índole u otros parecidos eran moneda corriente, aunque estos no los recoja la Crónica ya que carecen de importancia para el hecho que nos ocupa.. Eran años muy difíciles. Las diferentes monarquías europeas se estaban asentando y los bastardos sólo traían problemas si se les dejaba crecer. Bien lo iban a saber, por desgracia, la reina Adolorida y el infante Alfonso, desde cuya corte partimos para este relato. Pero por suerte existen los adelantados; esa gente preclara que, aprendiendo del presente, sabe prever el futuro y tomar medidas a tiempo aunque sean dolorosas.
Mas vale muerte callada que desventura publicada, dice el docto refranero popular; o que llore el hijo que no el padre, pudiéramos decir mas bien, ya que en la historia que referiré a ustedes, atentos lectores, nadie mandó nunca matar a los hijos. Si murieron mas tarde fue porque así lo decidió el azar o las circunstancias, no la corte en ningún caso. Además, lo que en principio fue simple salvaguarda de la paz dinástica,  costando buenos dineros a las arcas reales,  se convirtió con los siglos en un negocio rentabilísimo que aun perdura y que vuestras avispadas mentes asociarán  enseguida con casos conocidos en las monarquías mundiales, aunque algunos pensaran por ello, que es puro oportunismo por mi parte que no teniendo nada mejor que contar echo mano de una conspiración mundial que solo a mi me consta.
Deben creerme sin dudarlo; yo soy tan de fiar como la Crónica Lisboense, dado que como ella, me desenvuelvo mal con el latín y esto constituye en la escala de la credibilidad histórica, el mejor y el mas ponderado de los avales.


En la corte de un reino cualquiera de los que había en España
Año del señor de 779





El invierno estaba siendo mas crudo de lo normal. La nieve había llegado acompañando a la corte, con intenciones de permanecer también en la pequeña villa, que lucía por ella blanca e inmaculada; pero bajo el prestado manto continuaba igual de inhóspita, sucia y mostrenca. Todo era muy reciente y aun no había tenido tiempo para adaptarse a los nuevos y señoriales vientos. Ni los monarcas para hacer reformas, a todas luces necesarias.
 En palacio ardía buen fuego en cada una de las habitaciones pero así y todo el frío se colaba por cada rendija. De vez en cuando, el viento se entretenía en abrir un ventanal y entonces una corriente gélida invadía la estancia, apagando hachones y velas, como si una legión de almas de otro mundo, mas cohibidas que amenazantes, se hubieran transportado a este, con orden de dejar ateridas a la reina Adolorida y a sus damas.
__Son los ángeles__suspiraba una dama de nombre Gumersinda, que aun no se había maleado en la corte.
__Son demonios__opinaba Teodomira, que ya había sido lanceada en varias plazas.
__Vendrán como mucho del purgatorio__opinaba doña García mientras cerraba__ Con esta cola de hielo es imposible que vengan del infierno.
La dueña García no era muy dada a creer en seres celestiales. Por nada en particular, era descreída, sin mas.
__Además ¿para que se iba a molestar el señor diablo?, con Maragato ya tenemos suficiente representante del averno.
__¡Doña García!__ reprendió la reina__que es mi hermanastro.
__Es un morángano de mierda, mi señora. Un bastardo. Un asesino. Mi señor rey, Alfonso, sucumbió a los encantos de Sisalda la esclava  mora- puedo entenderlo porque era bastante mas guapa que mi señora reina Emersinda y mucho mas larga, también_ pero nunca debió de criar a su hijo en la Corte. Ese bastardo jamás debió crecer en la casa de su padre. Por su ambición y sus malas artes hemos tenido que salir huyendo de la anterior corte y venir a vivir a este pueblo infame. Claro que tus hermanos tampoco salieron mejores. No se si fue el diablo u otro ser aun mas depravado quien indujo a Froilan a asesinar a Venanciano. ¡Casta de matarifes!. Menos mal que los niños, vuestros sobrinos, están en Galicia con los buenos frailes. Aquí no aprenderían nada bueno.¿Por cierto, cuando regresa el rey?.
__Cuando el tiempo lo permita y el lo tenga a bien.
__¡Ay Señor, Señor, cuanto viaje y cuantas ausencias y que largas!…
__Doña, ¡déjalo ya!__ordenó la reina__y no afiles mas la lengua o cualquier día te cortará la boca en dos mitades.
La dueña hizo ademán de cerrarse la boca con llave y guardó silencio.

Era casi la hora de la cena. La reina y sus damas se disponían a recoger sus labores. Adolorida se dirigía a ver como se encontraba su hija la infanta Matilda postrada en el lecho, invadida como cada invierno por las  flemas,  y agravada por el frío de la huida, cuando unos gritos desgarrados avanzaron por el largo pasillo del lóbrego y todavía bastante sucio, palacio real.
__¿Quien gime así?__preguntó Adolorida.
La puerta se abrió con violencia lo que propició otro apagón con la corriente. Una de las damas de la reina que acababa de dar a luz apenas hacía unas horas se precipitó de rodillas ante ella. El rubio cabello le caía sobre el rostro y sudoroso como estaba por los esfuerzos del reciente parto, se amalgamaba con las lágrimas formando un amasijo impropio en una dama como ella. Cuando volvieron a arder las antorchas y la reina contempló el aspecto de la joven, puso cara de repugnancia.
__Señora no está. Me lo han quitado. No está mi hijo, señora. Me lo han robado mientras yo me quedé adormecida. No está. Señora, piedad. Como los anteriores. Ya no lo podré soportar.
__Te está bien empleado por puta—se dijo para si doña García.
__Vamos a ver Griselda. Alguien lo habrá cogido por algún motivo. Tiene que estar en palacio. No perdamos la calma. Doña García ordena que atranquen la puertas, que nadie pueda salir y que se presente el jefe de la guardia. ¡Rápido!. Vamos a ver, mujer, haz memoria, ¿Quién había contigo? A lo mejor se llevó al niño un momento para que lo viera su padre, por ejemplo…
__Eso si supiera quien es__apostilló  doña García regresando acompañada
 de Sisebuto el jefe de la guardia personal de la reina. Adolorida iba a decir algo pero la dueña se adelantó.__Conocer al padre lo mismo facilitaba las cosas. Podría habérselo llevado él o su familia.
__Pudiera ayudar, si__apostilló Sisebuto que tenía aspecto de oso.
__Tú callado__ordenó la dueña, doña García
Griselda miró a la reina. Era un poco embustera la muchacha.
__No lo se mi reina. No se quien es el padre. Uno de los emisarios del reino vecino que vinieron meses ha a entrevistarse con mi señor el rey Sirgo, me tomó por la fuerza.
__Pero si eran frailes. No blasfemes insensata.
__No lo hago doña García. Fue así, lo juro.
__Con alguien mas yacerías. Es mucha puntería quedar preñada a la primera. Las otras tres veces te pasó lo mismo. Es un castigo de Dios que tus hijos desaparezcan.
Griselda gimió a pleno pulmón, con mas rabia contra la dueña que pena por la pérdida.
__Veamos Sisebuto, registra personalmente el palacio de arriba abajo. Que nadie entre ni salga hasta que aparezca el niño. Acabamos de llegar, la otra corte no era segura, pero esta… En La Pobla  habían desaparecido veinte si no llevo mal la cuenta. Son demasiados. No puede ser que se evaporen. Alguien tiene que saber algo. Tiene que haber un culpable.
__No si haberlo, haylo.
__¿Que quieres decir dueña?
__Nada mi reina.

Adolorida despidió a sus damas. Cuando se quedaron  a solas mientras las jóvenes acompañaban y trataban de consolar a la reciente madre, la reina que podía ser un poco ingenua pero que no era tonta, preguntó a doña García.
__¿Son hijos del rey?.
__Puede__Respondió García sin sorprenderse por la pregunta.
__¿Son o no son?
__Si. Pero puede acontecer como en el caso de hoy, que las damas tengan mas amantes y no haya seguridad.
La reina obvió la observación.
__¿Todos los desaparecidos son hijos del rey?
__Si. Pero…
__¿El ordena que desaparezcan?.
__No
__¿Y bien?
__Siempre sospechamos de Venanciano y una vez muerto, de Froilan, pero una vez asesinado también,  comenzamos a sospechar de Maragato. Sin embargo, debo decir para no sentirme tan vil como ellos, que no son los culpables de las desapariciones. Al menos no directamente.
__¿Mueren los pobres niños?__ Preguntó Adolorida con un hilo de voz.
__No mi reina. Puedo juraros que los niños son entregados a alguien y ese alguien los mantiene con vida. Es mas, puedo juraros que los niños son instruidos como si fueran hijos de rey.
__Que es lo que son en realidad.
__Son hijos de puta.
__¡Doña García!
__Perdón señora.
La reina Adolorida se sentó al lado del fuego. La dueña, aunque se temió lo peor, permaneció de pie.
__Estoy esperando que me cuentes.
__¿El que mi reina?.
__No te hagas la tonta. Todo cuanto sepas de los nacimientos y las desapariciones.¿Quien se lleva a los niños y adonde?. Has dicho que puedes jurar que son bien atendidos. ¿Qué sabes?. ¡Habla, rápido!.
__Solo se que alguien se encarga de llevarse a los bastardos y sacarlos de palacio. Alguien que cuenta con autonomía para moverse a su antojo y con poder para disponer en nombre de la corte. Os juro por mi pobre madre que no se de quien se trata. Creo que, en principio, los niños son entregados a un fraile. Este los lleva a su destino el cual ignoro, pero me consta que los niños y niñas son educados y tratados como nobles.
__O sea, que el rey está al tanto. Mejor haría fornicando solo conmigo, como por otra parte es su obligación y dejando en paz a mis damas.
__Es que ellas son muy putas, mi reina.
__¿Que pueden hacer si el rey las requiere?. Negarse les traería muchas complicaciones. No culpemos a quien solamente intenta sobrevivir.
__Sois muy generosa mi reina.
__Soy realista, aunque todos me tengáis por tonta. Así que según tu es imposible recuperar a los recién nacidos una vez que son sacados de palacio y esto ¿se hace desde ahora o ya se hacia en tiempos?.
__Veréis__doña García se sentó; el relato iba para largo y ella con el frío y la huida no tenía piernas para tanto__ cuando crecieron vuestros hermanos pusieron el grito en el cielo, porque en buena ley dinástica Maragato, el bastardo, era anterior a ellos y por tanto tenía mas derechos. Intrigaron con vuestro padre, lloraron, suplicaron, aunque mi señor el rey les hizo recordar que la monarquía es electiva y por tanto cualquiera de los tres podría ser elegido rey. Vos señor podéis imponer a quien queráis. No es tan sencillo. El trono hay que ganárselo. Desde ese día los tres varones no se dieron tregua ni cuando dormían. Lo hacían con el puñal en una mano y la espada en la otra. Ni siquiera los hermanos de padre y madre se respetaron, como ya sabemos. Las disputas, los insultos y las peleas, con sangre incluso, se convirtieron en habituales. La corte andaba soliviantada y dividida, tanto que los partidarios de unos y otros se enzarzaban a golpes o a lanzazos por menos de nada: una mirada aviesa era motivo para sacar a relucir los aceros y para que alguno terminara sus días con las tripas fuera. Menos mal que vos estabais en la casa de vuestro marido. El día a día en la corte era una tortura.
Aconsejado por este proceder, vuestro padre, mi señor rey, ordenó sacar de palacio a todos los bastardos tuvieran la edad que tuvieran. Así de expeditivo. Mejor prevenir que lamentar. Todos, excepto Maragato, que fue el primero de los hijos varones y era, además, su ojito derecho, mas por ser hijo de Sisalda que por méritos del muchacho.  Eso trajo algún que otro problema y acabó con la vida  de varios de ellos al resistirse al exilio unos y tratar de regresar a casa otros. Las criaturas, ya creciditas, murieron ensartados por los guerreros encargados de su custodia o perdidos por los montes, donde fueron devorados por lobos y osos. Esta dinastía es proclive a dejarse devorar por fieras, como sabéis vos, mi reina, mejor que yo.
Para evitar repetir estas desgracias, se tomó la decisión de llevárselos nada mas nacer. Y punto. Se constituyó una especie de fundo para darles asilo, con amas de cría y todo lo necesario. Es todo lo que se. Creo que está bien nutrido. Creo también, que no es el único que existe. Otras monarquías del país, acabaron por imitar la sabia decisión de vuestro padre.
Mientras, en palacio, como fuimos viendo, los infantes intentaron ganarse el trono a su manera: cuando vuestro padre y el suyo agonizaba, el segundo mató al primero, facilitando las cosas para que el moro, el primogénito en realidad, sólo tuviera que liquidar al asesino que era quien pugnaba con el por el trono, ayudado por los secuaces de Venanciano; y no mataron a sus hijos porque vos anduvisteis a tiempo. Cuando el Consejo eligió a vuestro marido como rey, el bastardo expulsado de la corte, juró acabar con todos en cuanto hubiera ocasión y nada mas la hubo, no le tembló la mano para intentar mataros a vos y todas nosotras que, desamparadas por la ausencia del rey,  tuvimos que partir a uña de caballo y llegar a este lugar infernal, donde eso si, estamos protegidas por una turba de matones, los mas desarrapados y zafios que he visto en mi vida. Espero que sean tan eficaces como necios.
__De momento han repelido a Maragato y sus huestes y parece que los han diezmado.
__Recemos para que regrese el rey y tome las medidas oportunas.
__Si, dueña. Recemos también por los niños robados. Para que alcancen su destino.
__Espero que no sea caer sobre la corte. No me fío un pelo de esos bastardos__ esto último lo pensó solamente para no incomodar la reina.

 Continuará...

La fundación




El presidente de la Transnacional era un hombre optimista; en consecuencia, el sesgo que acababa de tomar la conducta personal de las dos pupilas enviadas por la Fundación para consortes de sendos herederos de monarquías del Norte ( a quienes costaba encontrar pareja adecuada, tal vez por la vida tan frívola que llevaban últimamente los herederos y herederas ), le hizo vislumbrar el filón que la nueva situación les ponía delante de las narices. ¿Al fin y al cabo, cuál era el objeto de su organización?. Sustituir el estado por las finanzas. ¿Cómo lo habían conseguido? Manipulando donde y cuando conviniera; eternizando en el poder dictaduras o monarquías sangrientas para el pueblo pero fructíferas para sus intereses, haciendo que se abrieran al mundo viejos estados autárquicos y se integraran en las finanzas mundialistas, convirtiendo los poderes estatales de antiguos países marxistas en mafias agradecidas a sus leyes, financiando golpes de estado, asesinando presidentes, promoviendo revoluciones, etc, etc. Hasta el momento, las monarquías habían sido intocables, pese a dirigir la Transnacional un estadounidense o quizá por ello, nunca se sabe, pero en este momento de globalización extrema estas instituciones estaban demasiado caducas; ya no tenían sentido; eran como trasnochadas taifas perdidas en un universo uniforme y uniformado. Esto, que en el principio del cambio, las hizo indispensables para preservar la identidad de cada estado, las convertía con el devenir de los años y de los acontecimientos, en anacrónicas e inútiles.
Ellos ya se habían encargado de hacer que entraran en la modernidad tratando de corregir- es un decir- la endogamia típica de la realeza, buscando consorte adecuada entre los protegidos que integraban la FVI, organización antiquísima que había ido evolucionando desde su nacimiento en el siglo octavo y que ellos controlaban por completo desde finales del dieciocho. Ahora el destino se lo había servido en bandeja. Desprestigiar las instituciones monárquicas iba a ser el siguiente paso. Hasta este momento, algunas testas coronadas, con patrimonios importantísimos desde luego, habían formado parte de la Transnacional- solicitando apoyo incluso para librarse de consortes problemáticos que habían hecho peligrar seriamente la institución-y otros habían asistido como oyentes, sin voz ni voto, a las reuniones. Pero en este punto, una morena neurótica  bastarda del marido de su suegra y una pelirroja regordeta y ordinaria descendiente de reyes vikingos, habían levantado el banderín para la carrera cuesta abajo de toda la institución a nivel mundial. Lo que podría haber sido un grave problema terminó por transformarse en el punto de partida de la mejor de las soluciones.

A fin de que no se nos tache de ignorantes o de hipócritas, debemos reconocer para que conste, que jamás las monarquías habían cumplido la misión de ejemplaridad que fue su fundamento. Nada mas lejos de la realidad en todos y cada uno de los periodos históricos. Si acaso algún rey elevado a los altares en el siglo XIII, mas por su tenaz obediencia a Roma que por otros méritos.  Como todos conocemos, a través de los siglos, los reyes han asesinado, violado, matado de hambre a sus vasallos, robado, saqueado, traicionado y apostatado sin que se les cayera el cetro de las manos, y los súbditos en su inmensa mayoría, les continuaron adorando como si fuera irrefutable que se hallaran investidos de poder divino y esto les hiciera, en consecuencia, dueños absolutos de vidas y haciendas, otorgándoles patente para hacer su santa voluntad, casi siempre contraria a los intereses del pueblo, hasta que el paso de los siglos les fue encaminando a lo que son ahora- no todas, por desgracia para sus súbditos-: Monarquías Parlamentarias, habiendo perdido por el camino la mayor parte de sus privilegios y prerrogativas y habiendo contribuido muchas de ellas, motu proprio o porque a la fuerza ahorcan, a la llegada de nuevos aires de libertad a sus reinos.
Tras haberlos jodido por los siglos, fueron al final, los redentores. Y todos tan contentos.
Haré aquí un inciso para aclarar algo apuntado mas arriba: Dirán ustedes que como una organización tan importante y seria casa a una hija bastarda del príncipe consorte con el hijo legitimo de dicho príncipe. Verán, el joven es hijo de la reina, pero no tiene por que ser hijo  del marido de la reina ¿captan el matiz?. La Transnacional es en efecto muy seria para que se le pase por alto algo así.
Y si, la reina puede ser algo, bastante o muy ligera de conducta (observen que he obviado, con elegancia, el termino puta, demasiado vulgar para estas esferas) y el príncipe consorte no digamos, pero los descendientes y sus cónyuges, mientras no ciñan corona mas les vale observar una conducta adecuada por no decir ejemplar, dado que carecen de la inmunidad que proporciona la jefatura del estado y nadie esta obligado, por ello, a mirar para otro lado. De ellos hacia arriba, sin embargo, es aconsejable, por no decir preceptivo, hacer la vista gorda.
Privilegios que aun conserva la institución, tolerados con benevolencia por los diferentes Parlamentos y de los que se va a aprovechar la Transnacional.

El vicepresidente no era tan optimista como el señor Rainfalling. Se llevaba la mano al corazón. Otra metedura de pata mas y el no lo resistiría. La nuera de la reina, madre del futuro rey,  pillada en la cama con un príncipe hindú, fotos incluidas, oscuro de piel además y la pelirroja nuera de rey, posando desnuda en Play Boy, mostrando sus excesos con absoluta desvergüenza; claro que en la época de las fotos aun era soltera pero ¿como se pudo pasar por alto una cosa así?. ¡Oh, my God!. Luego esa escoria de periodistas buscando tres pies al gato: que si consume drogas, que si hacía streepteese de joven en un local cerca de su colegio, con los chicos metiéndole dinero por el tanga ¡mon Dieu! que bochorno. ¿Cómo hemos podido pasar por alto algo así? y una vez sabido ¿por que no se compraron esas fotos antes de que se publicaran o se interceptó al propietario?…por Dios bendito…George. ¿Cómo hemos caído tan bajo?. ¿Qué ineficacia es esta?. Nos hundimos.
__ No sufras, tal vez todo esto sea en beneficio de la Fundación. Los senderos que el Señor nos muestra son, a veces, sinuosos. Pero sabemos que El nos lleva de su mano.
Rainfalling, adoptó ademán y entonación de profeta. Había sido actor en la universidad.
__ Tal vez desacreditar las diferentes monarquías sea el camino de ahora en adelante.
__ No comprendo para que.
__ Para que desaparezcan.
 __Y ¿Por quien las vamos a sustituir?
__ Por jefes de estado de los nuestros, claro está.
__ Sigo sin comprender. Las monarquías ya son de los nuestros…
__ Si, pero son peligrosas.
George Rainfalling encendió un habano; tenía que reconocer que en la isla se seguían elaborando  los mejores puros del mundo. Miró por la ventana con melancolía. La mirada viajó hasta la La Havana; entró por el Malecón, llegó a Jaimanitas, alcanzó el Punto Cero y tropezó con la de Castro. El presidente de la Transnacional dio un respingo. Era uno de sus mayores fracasos. Carraspeó, observo el humo del cigarro y regresó a Washington y a las monarquías. El vicepresidente guardó el habano para otro momento en el que hubiera algo que celebrar y volvió a preguntar.
__¿Por qué son peligrosas?
__Representan las últimas utopías. Continúan fieles a si mismas con sus peculiaridades y su boato, ajenas por completo a la uniformidad que las rodea.  Los pueblos pueden tratar de dar marcha atrás y agarrase a ellas en un momento dado  como formula para recuperar su idiosincrasia. Los pueblos son volubles y se rebelan, no lo olvides. Ahora están muy acojonados por la falta de dinero y la perdida paulatina de sus avances sociales, pero tiempo al tiempo.
Rainfalling hizo una larga pausa.
__Son peligrosas, te lo digo yo.
El presidente tomó asiento con estudiada naturalidad en el Chesterfield de su despacho, saboreó el habano y prosiguió con la disertación sobre las monarquías y los pueblos, ajeno por completo al desasosiego que su elaborada manera de exponer los hechos causaba a John Oldriver, su vicepresidente.
__ Tal vez ahora mismo no es el momento John, pero cuando la sociedad pierda por completo  los privilegios de los que goza injustamente, se terminen por fin las vacas gordas y los gobiernos elegidos por los ciudadanos entre los candidatos mas obsequiosos, sean sustituidos por otros de tecnócratas cicateros impuestos por nosotros, cuando de verdad les apretemos las tuercas, cuando estén al borde de la asfixia…, entonces si, habrá llegado la hora de actuar con contundencia contra la institución, curándonos en salud. En momentos de duros sacrificios como los que les esperan,  los pueblos se sentirán defraudados y se volverán contra las monarquías si comienzan a aflorar trapos sucios y conductas poco ejemplares. No les perdonarán ni una.  Ya hay protestas por parte de quienes piensan que tienen muchos privilegios. Debemos continuar  haciendo lo de siempre, solo que procurando equivocarnos para no errar. He ahí el nuevo horizonte. ¿Me copias, John?.
__ Si, te copio, pero olvidas algo. Las monarquías son listas, en general. Conocen muy bien a los pueblos, saben rectificar y reconquistar la voluntad de sus súbditos. Es lo que vienen haciendo desde siempre. Es algo que bordan, sobre todo algunas…
__ Sabremos adelantarnos. No les dejaremos asidero. Los escándalos serán tantos y tan abrumadores que no habrá vuelta atrás. Cuando los pueblos quieran darse cuenta del complot, será tarde, como siempre, y habrán perdido definitivamente la partida.


Para seguir contando la historia y que se comprenda, debo hacer una digresión precisamente en este punto y referirles algo que hasta ahora permanecía ignorado por la humanidad, siendo desprestigiada, machaconamente,  la fuente de referencia por muy digna y fiable que fuera, que lo era,  y por muchos avales intelectuales e institucionales con los que contara, miles, como ocurre siempre que se quiere ocultar un hecho al mundo. Investigadores de la Universidad de Hollywood dieron con la clave hace decenios, es por esa razón que fueron borrados como institución académica, los docentes dispersados, los mas rebeldes desaparecidos, el campus sembrado de sal y ocupadas las colinas, como ya se sabe, por productoras de cine al servicio de la Transnacional.
Lo dejó sentenciado Cervantes: Cosas veredes, amigo Sancho.
Uno de dichos investigadores, tal vez el mas tesonero, fue, casualmente, uno de mis tíos bisabuelos o tatarabuelos- no lo tengo claro-esfumado sin dejar rastro en el mar de los Sargazos una mañana que salio a pescar barracudas desde el puerto de Oceanside en California. No extrañó a la familia esa divergencia dado que mi lejano familiar era un hombre muy peculiar cuando iniciaba una ruta. Influenciado por los grandes descubrimientos de la época (principios del XIX) y siendo aun muy joven se fue de la casa paterna con destino África para descubrir, por fin, el nacimiento del Nilo, ya que lo descubierto por Livingstone eran en realidad las fuentes del Congo. Tres años mas tarde fue recogido por un mercante noruego, en Ushuaia. Como habiendo comenzado viaje en Zanzíbar, terminó en Argentina buscando el Nilo, constituyó siempre un misterio familiar. El carguero lo desembarcó en Lisboa y yo sospecho que fue durante su estancia en esta ciudad cuando descubrió, o alguien le puso en contacto, con la Crónica Lisboense, a la que volveremos mas adelante ya que constituye el punto de partida de la investigación que nos ocupa. En el siguiente viaje se fue al ártico canadiense a investigar el pueblo inuit para tratar de zanjar la leyenda negra que pesaba sobre ellos al ser llamados despectiva y equivocadamente por los europeos: esquimales ( devoradores de carne cruda). No sabemos si llegó a su destino, pero lo cierto es que regresó a casa desde la isla de Pascua en el Pacifico sur, un año después. Mi bisabuela opinaba que esto era debido a un problema crónico de desorientación porque desde niño confundía la diestra con la siniestra, el septentrión con el meridión y occidente con oriente  y como a nadie se le ocurrió corregirlo, así continuó toda la vida. Por ello, todo el mundo dio por bueno que saliendo a navegar  por la costa del Pacifico se perdiera realmente en el triangulo de las Bermudas.

Retomando el hilo, sucede que algunas de las pertenencias de mi tío terminaron en la casa de mis abuelos- posiblemente traídas por él en sus visitas vacacionales- en cuyo desván hallé una tarde estos informes, cuando andaba buscando otra cosa, como suele suceder casi siempre. Iba a dejarlos en su sitio de nuevo, pero me llamó la atención el membrete de la Hollywood University. Pensé que se trataba de un guión cinematográfico, pero mi sorpresa fue en aumento a medida que leía.
No daba crédito.
¡Hollywood había sido en origen una universidad!; las colinas fueron en otros tiempos, el asiento de importantes centros de investigación en todos los campos del saber, donde convivían docentes y estudiantes de todas las nacionalidades conocidas. En aquellos años gloriosos para la institución, se estaban produciendo de continuo hallazgos inimaginables, incluso para los mismos investigadores, quienes se topaban muchas veces con hechos o consecuencias que ni estaban previstas ni se les había ocurrido que fueran posibles. De ese modo, junto con los laureles académicos, comenzaron los conflictos con las administraciones, los grupos de poder y las sociedades mas o menos secretas. El cenit de los hallazgos y los problemas lo constituyó el descubrimiento de la FVI.
Desde luego lo hallado era infinitamente mas interesante que un guión. Debo hacerles saber que soy muy aficionada a la  historia. Por ello, comprobé punto por punto cada fecha, cada personaje, cada batalla y cada dato histórico. Coincidían con una precisión milimétrica, pero lo mas fascinante era la historia paralela y desconocida que se narraba, pareada con la historia conocida. Algo increíble e inquietante.
El informe completo es farragoso al estar escrito con lenguaje académico, a veces poco inteligible y ser, además, muy minucioso y pormenorizado. Su lectura completa me ocupó años. Así que me he permitido hacer una sinopsis, para facilitar su lectura y darlo a conocer al mundo.
Hela aquí:

Informe de la Universidad de Hollywood sobre el nacimiento, desarrollo y globalización de la FVI ( Fundación Vástagos Ilegítimos) traducido, resumido y comentado por una servidora.


Continuará cada semana.

La última cena (Cuento de Navidad)

Raul Sampietro Martínez, La última cena
Abrió los ojos al sentir que alguien la tocaba. No lo vio con nitidez; era un médico. ¿Era un médico?. ¿Dónde estaba?. Intentó hablar pero no llegó a discernir si lo logró. Tenía la lengua pastosa y torpe, como pegada al paladar. El probable médico le hurgó en los ojos. ¿Qué buscará ahí dentro? Cuando se quedó sola miró alrededor con atención procurando conservar la calma. Si, estaba en un hospital, posiblemente en una UCI. Tenía varios aparatos conectados, un catéter en el brazo y algo metido por la nariz que la molestaba bastante. Uno de los artefactos pitaba a intervalos precisos. Estaba rodeada de tecnología por todas partes, pero no se acordaba de como había llegado hasta allí, ni porqué. Trató de hacer memoria; no recordaba haber conducido por lo cual descartaba el accidente de tráfico. Además no parecía tener traumatismos. Comprendió- tenía el cerebro a ralentí- que hacía un rato no había articulado palabra porque el facultativo, o enfermero, o lo que fuera, no le respondió. Claro que los médicos cuando les preguntas algo suelen hacer como que no te han oído. Como si tu salud sólo les importara a ellos. Buscó en algún recodo de la memoria noticia de las horas previas al ingreso en este sitio. Tiene que haber algo en alguna parte. ¿Qué había estado haciendo?. ¿Por qué acabó en un hospital? ¿Era de día o de noche? Desistió. Estaba muy cansada, se notaba extremadamente débil. Percibía su cuerpo como una carcasa vacía. Cerró los ojos. Así estaba cómoda. Durmió.

 Fuera era madrugada de Navidad y en el hospital también. Había espumillón dorado con bolas de colores en el control de cada planta y pegatinas del portal de Belén con pastorcillos y todo en las puertas acristaladas profusamente ribeteadas de escarcha, mas un árbol enorme en el hall, lleno de luces y de orondos papa noeles de blancas barbas y trajes colorados. Un poco excesivo pensaría Elvira si pudiera verlo.

 La noche de nochebuena no había sido demasiado movida en urgencias. Algún coma etílico- anda una copita mas, que es Nochebuena-; algún traumatismo y/o herida inciso contusa por peleas familiares- juntarse familias enteras en un espacio reducido puede ser peligroso-; alguna intoxicación- porque le gente le da al langostino aunque tenga alergia al marisco, que una noche es una noche, hasta que se les hincha la cara como un balón de futbol-; algún accidente de tráfico por no respetar los semáforos- no pares que no viene nadie y llegamos tarde-, y dos extraños envenenamientos por arsénico: una señora de mediana edad que no tenía aspecto de suicida, y un africano de raza no blanca, como se dice ahora tan eufemísticamente para no herir sensibilidades, que tampoco tenía pinta ni edad para haber querido quitarse de en medio.
Según la documentación que portaba, Elvira residía en un barrio bien de la ciudad, pero el taxista aseguró haberla recogido en uno que antes era de medio pelo en la periferia, pero que ahora, al contar con almacenes y salas de cine cerradas había sido invadido por los sin papeles, habiendo devenido, por ello, en marginal y cuyas señas anotó en un papel a la policía. Ella lo llamó, o eso creía, pero cuando la recogió estaba a gatas por el suelo incapaz de tenerse en pie y con fuertes dolores abdominales. No pudo cobrar la carrera, porque cuando llegaron al hospital la señora estaba inconsciente.
No se preocupe cuando todo se haya resuelto ya le pagará.
No, si no me importa.

 Elvira Moran había ingresado sobre las diez de la noche con síntomas de haber sido envenenada con arsénico. ¿Suicidio? No lo creo. Porque no estaba en su casa, no iba a suicidarse en la calle en el otro extremo de la ciudad, pudiendo morirse en su cama tan ricamente. Además va arreglada y vestida como si hubiera estado cenando con alguien. Ese alguien pudo haberla envenenado. ¿Dónde estuvo?¿Con el africano? Cuando pueda hablar nos lo dirá, si lo tiene a bien.
El muchacho llegó por su pie un poco mas tarde; tras el ingreso en urgencias perdió el conocimiento. Después del correspondiente lavado de estómago una vez comprobada la intoxicación, pasó a planta, no preciso UCI. Era un tipo robusto. Sin embargo no había podido decir ninguna cosa coherente. Desvariaba bastante; además o hablaba en su lengua nativa o acababa de inventarse un idioma. Era imposible el entendimiento. Ni que decir tiene que no llevaba ningún tipo de documentación. Tenía los bolsillos tan limpios como el estómago en este momento.
 Elvira vivía sola. Su hijo arquitecto estaba en un país de los Emiratos árabes trabajando en la construcción de un complejo hotelero sobre una plataforma en medio del mar. Excentricidades de nuevos ricos. Ella no había querido desplazarse hasta allí porque no le daba la gana de ir tapada hasta los pies y con un velo en la cabeza como cuando era niña para ir a misa en la iglesia de Franco. Aquellos tiempos de desigualdades ya habían terminado hacia mucho, por suerte para todos.
Cuando los jeques y las jequesas vienen a Europa visten como quieren. Pues que vayan aprendiendo.
Cenaré sola tan ricamente.
Pero no, puede que no hubiera cenado sola.
El hijo no tenía ni idea de lo que había decidido hacer su madre esa noche. Habían discutido y ella ya no estaba en casa cuando el llamó, con eso de la diferencia horaria, ya sabe. La llamé al móvil pero lo tenía apagado. Iré para allá en el próximo avión.
Si no quiere no hace falta. En el hospital dicen que se pondrá bien. Salvo algún imponderable…¿Usted sabe si tiene algún pariente o algún amigo o amiga en este barrio o por la zona?
Que yo conozca no. Sus amigas viven todas en el centro como ella.
Y parientes por allí que yo sepa, pues tampoco.
¿Y algún novio?
¿Qué dice?
¿Qué si tiene algún novio por esa zona o aledaños?
Que va, mi madre no tiene novio.
Ya. ¿Y de donde venía a esas horas y con una buena dosis de arsénico en el cuerpo?
Usted sabrá, que para eso es policía.

 Pues no, no sabía. Estaba tan perdido como un taxi en medio del Sahara. Había habido dos envenenamientos pero no podía establecer ninguna relación entre las victimas. Entre otras razones porque no hablaban. Decidió darse una vuelta por el lugar donde el taxista recogió a Elvira. Era un parque descuidado en el extrarradio, sin rastro de césped, con árboles escuálidos, papeleras arrancadas y bancos llenos de excrementos de paloma. Ella esperaba donde la parada de autobús, había relatado el conductor. Lógicamente no había un alma por allí a aquellas horas. Cruzó la calle; enfrente la zona era peatonal. Vestigio de otras épocas mas boyantes. Había bazares de Oriente, una librería de viejo, una pequeña frutería, una antigua sala de cine atrancada a cal y canto, un locutorio que ya había cerrado y enfrente un antiguo convento de monjas bastante ruinoso, aunque habitado porque se veía luz. En la asquerosa vidriera del locutorio, sobre montones de pegatinas, había un anuncio escrito a mano con rotulador rojo y sujeto al cristal con celo, por las esquinas:
Cena de Nochebuena gratis en el convento como cada año.
A las siete y media.
Sopa de pollo, pollo guisado con patatas fritas y turrón. 
Es solo para indigentes. Abstenerse listillos, que no está el horno para bollos. 
Se quedó parado frente al portón del cenobio. Iba a llamar, no sabía muy bien para que, cuando se abrió una de las hojas y apareció una monja portando una bolsa de basura.
Buenas noches hermana, ¿mucha gente en la cena?
Bastante. Aun nos queda un poco de sopa, si gusta.
Gracias. Verá, soy policía, me gustaría hablar con usted.

 ¡Bingo!. Elvira había estado ayudando a servir el condumio. Ella y sor Clementina se conocían desde el colegio. Aunque era evidente que habían tenido vidas muy diferentes seguían conservando una buena amistad. Se fue temprano porque iba a cenar con una amiga a su casa. Tomó un caldito para entonarse, mientras yo llamaba un taxi. Luego salió para esperar donde para el bus. Esta calle es peatonal como habrá visto. Si le daré caldo para que lo analicen. El pollo se terminó. Tiré los huesos a la basura. Ah, va a rescatar la bolsa. ¿Turrón?. Si también me queda algo. Mientras va a por la bolsa le prepararé las cosas. Ah, que no toque nada. Bien vale, usted tiene guantes para no contaminar. Perfecto.
¿El muchacho negro?. Si posiblemente estuvo aquí. Cada año son diferentes este es un barrio con mucho inmigrante sin papeles. No duran demasiado por la zona. Desde hace unos años nadie repite cada Nochebuena. Antes venían indigentes del barrio y todos nos conocíamos. Ahora siempre son desconocidos. ¿Qué que fue de los indigentes de siempre? Habrán muerto, supongo. La calle mata mucho, sabe usted. Deberían detenerla. Que me prepare para acompañarle al hospital a ver si reconozco al chico. Supongo que luego me traerá de vuelta. Perfecto. ¿Podré ver a Elvira? Deberían avisar a su hijo. ¡Que eficiente es usted!.

 La hermana Clementina creyó, solo creyó, reconocer al muchacho. Es que son todos muy parecidos. Se acercó para verlo mejor y entonces si, le reconoció porque tenía dos pequeñas cicatrices en la nariz de haber llevado metido un arete o algo así en su tribu. No hablaba español, apenas hacía una semana que había llegado, me lo dijo el otro joven que le acompañaba ¿por cierto, ahora que caigo, por que se han envenenado? Nosotras hemos cenado lo mismo y estamos tan saludables. Elvira también tomó un caldito. Si, hemos cenado lo mismo que ellos. Todo, todo lo mismo. Este joven creo que en su pueblo era un príncipe. No comprendo para que ha venido. El otro chico me contó que era de Uganda. Si, este. El otro era congoleño.
 Acababa de llegar el interprete; un antiguo misionero al que las tropas de Idi Amin cortaran las manos décadas atrás; afirmó que no hablaba una lengua inventada, aunque tampoco swahili, pero eso si, era una lengua bantú, sin duda. Si la hermana afirma que es ugandés seguro que habla luganda. Vamos a ver. Va a ser complicado, puede ser una especie de dialecto del luganda…En fin…haré lo que pueda. Si, ya se que nadie me pide mas.

 Señor comisario…ah perdone, subinspector, acabo de recordar algo. Esta memoria mía…No se si tendrá algún interés. Nosotras no probamos el turrón. Yo soy diabética perdida y la hermana Angustias es celiaca de nacimiento. Los dulces ni tocarlos. Ya le dije que los comercios de la zona nos dan la comida. Tiene que ser pollo, o conejo, o cordero con un poco de suerte. Nunca cerdo. Por los musulmanes, ya sabe. ¿Qué, el turrón?También nos dan algo de vino barato, fruta y pan. Ah, si, el turrón. A veces nos dan pescado ¿sabe? Un poco de merluza incluso. Entonces ponemos tres platos. ¿Qué? Ah, si hombre, el turrón. Para eso hemos tenido suerte. Nos lo regala la confitería Bailén. El dueño es muy generoso. Hace por lo menos diez años que nos lo envía. El mismo lo empaqueta y nos lo trae al convento en persona. Tan ocupado como está en estas fechas y sin embargo nunca falla. Es un caballero. De misa y comunión diarias. Siempre refunfuña que hay demasiados vagos en este país y demasiados negros y moros, que el gobierno nunca debió consentir que vinieran, que había que ametrallarlos cuando llegan en pateras…ay Señor, Señor; que deberían meterlos en un avión y tirarlos al mar como en Argentina- no se a que se refiere-pero es sólo palabrería de viejo gruñón que trabajó mucho desde niño. Luego ya ve. Se desvive por ellos. Es un santo cascarrabias. ¿Qué? si, el sabe que nosotras no probamos el turrón bajo ningún concepto. Precisamente nos manda uno sin azúcar ni gluten para que podamos comerlo sin problemas. Ya le digo que es un hombre muy generoso y considerado.. Si, todo el mundo come y si sobra se lo regalo para llevar. El dueño nos trae mas para Nochevieja. ¿El muchacho? si, comió turrón para probarlo, pero parece ser que no le gustó mucho. Solo lo probó y Elvira ahora que recuerdo, cogió un cachito de turrón blando para el camino. Si, hoy tienen abierto. Abren por la tarde. Si, vive justo encima. ¿Qué? que no me mueva de aquí, que vendrá alguien ahora para llevarme a casa. ¿Y usted? Va a la confitería.¿le gusta el turrón verdad?. . .Pero, no hace falta que le moleste tan temprano, comprenda que es una falta de consideración. Hay turrón de sobra. Bueno, pues si se empeña…Salude a don Adolfo de mi parte. Déle un abrazo…Que rápido desaparece este hombre. Si hay turrón de sobra. No son horas para ir a molestar.

El espía alemán


Del libro "El Eco del Bosque"
La ensenada de Artedo

Jugaban al güa en la plaza y recogieron las canicas a toda prisa cuando sintieron bajar por la pendiente el destartalado autobús de línea.
   —Que viene el Luarca, recoge, recoge, venga.
   Se apoyaron en fila india contra la pared de la iglesia, para ver descender a los viajeros. Esa era otra de sus distracciones. El Luarca hacía dos visitas al pueblo: una por la mañana y la última, bien entrada la tarde. En época de escuela, siempre llegaban tarde a la clase matinal, porque no se despegaban de la plaza, hasta que se iba el autobús.
   Eran la lista de viajeros en carne y hueso. Si alguien quería saber si fulano o mengano se había ido de viaje preguntaba a cualquiera de los tres. Daban la información como si fuera el parte de guerra, con todo lujo de detalles, número de viajeros, cestos o maletas y hasta la ropa que llevaban puesta.
Esa tarde el autocar les trajo una sorpresa. Regresaron todos los viajeros que se habían ido por la mañana mas un desconocido. Un hombre de mediana edad, alto, rubio, enjuto, con gafas y cara de  despiste. Los tres se le colocaron al lado inmediatamente y lo examinaron sin ningún pudor de arriba abajo. El extraño se dejó examinar y luego les preguntó:
   —¿Queda muy lejjjos la fonda?.
   Ellos negaron con la cabeza al unísono.
   —¿Querrrreis enseñarrrme el camino?.
   Asintieron todos a la vez y se colocaron delante haciendo una seña con la cabeza para que los siguiera.
   Al llegar el viajero les entregó unas pesetas como propina.__ Grrrasias__les dijo.
   —Es usted extranjero —Afirmó el más hablador de los tres.
   —Si, he venido a conoserrr la costa.

   No se habló de otra cosa esos días en el pueblo. El recién llegado causó tanta curiosidad entre los mayores como en los chicos. El dueño de la fonda informó orgulloso y encantado de la vida, a los convecinos con los tres chiquillos en primera fila.
   —Es alemán. Me dijo Paco, el chofer del Luarca, que hay otros dos en San Esteban.
   Luego bajando mucho la voz, tanto que casi no se oyó, sentenció: espías, son espías alemanes.
   Los chicos abrieron mucho los ojos. Espías, espías en Cudillero. Tenemos que investigar.
   Esa tarde se reunieron en la vieja barca varada  y medio podrida, del abuelo del menor de los tres  a tratar el asunto.
    — Es que hay una guerra en Europa.
   —¿Que es Europa?
   —Unos países de por ahí afuera.
   —¿Nosotros no somos de  Europa?
   —No.
   —¿De dónde somos?
   —De España, pareces tonto.
   —¿Va a volver la guerra aquí otra vez?
   —No, si nosotros controlamos al espía.
   —¿Que tenemos que hacer?
   —No perderlo de vista.
   Se escupieron las manos antes de estrecharlas. Era su manera de sellar un pacto. Fueron en busca del espía a toda prisa. En ese momento no se hallaba en el pueblo, se enteraron  en la taberna del puerto, donde se reunían los hombres.
   —Marchó temprano.
   —¿En qué? —preguntó el chico mayor muy sorprendido; ellos no lo habían visto coger el Luarca.
   —Lo llevo Ramón en el coche de punto a San Esteban.
   —¿Para encontrarse con los otros?
   —No lo sé. Ramón solo dijo que lo llevó a San Esteban.
   —Vaya una manera de investigar. Lo lleva de viaje y ni siquiera vigila para ver que hace. Puede haber cogido el tren.
   —¿Y a vosotros que os importa lo que haga o deje de hacer?. Venga, fuera de aquí ahora mismo —Dijo el fondista, molesto porque unos mocosos le dieran lecciones de cómo espiar.
   Así no iban a enterarse de nada. Tenían que seguirlo ellos. Esperaron pacientemente a que regresara el autocar. Llegó, con retraso como siempre pero el alemán no volvió. Ni con Ramón tampoco.
   —Menudo fastidio y ahora ¿Qué hacemos?
   Volvieron a la taberna. Nadie sabía nada. En cuanto Pedro, el dueño, los vio los echo de allí a patadas.
   A la tarde siguiente el teutón regresó en el coche de línea.
   —Menos mal —dijeron a la vez.

    El mediano de los tres comentó el asunto mientras cenaban, con su hermano mayor que ya iba a la mar.
   —Ese hombre anda mirando y anotando los calados de las playas. Sobre todo el de Artedo.
   —¿Para qué?
   —Posiblemente para que entre algún barco a cargar gasolina o níquel de Navia o a desembarcar heridos o yo que sé. Pero para algo de eso, seguro.
   —¿Y por qué no entran aquí en Cudillero?
   —Tu estas tonto. No ves que España es neutral. No pueden hacer eso. No pueden dejarse ver por los puertos.
   —Ah —contestó el niño sin entender nada.
   Corrió a contárselo a los otros.

   —Dice mi padre que en Artedo hay una sima. Que de repente la profundidad es enorme. Que es peligroso bañarse en la playa cuando la bajamar, porque entras caminado mucho rato y el agua no te cubre, pero de repente ¡pum!, la sima, y te ahogas.
   —¿Vendrá un barco con alemanes heridos?
   —Tal vez. Tenemos que procurar no perderlo de vista.
   Al día siguiente por la tarde, el espía subió al coche de Ramón y se fue. Los chicos ya le habían aleccionado para que vigilara si se encontraba con los otros dos o si tomaba el tren para Oviedo.
   —Vale, no os preocupéis que os lo contaré todo.
   Pero el taxi regresó al poco rato. No había tenido tiempo de llegar a San Esteban.
   —¿A dónde lo llevaste?.
   —A la playa de Artedo. Tengo que volver a recogerlo a las seis.
   —Vamos a decir en casa que nos vamos al río a pescar, cogemos un bocadillo y nos llegamos a Artedo.
   La madre del mayor puso muchos impedimentos.
   —No vas al río que te ahogas
   —Pero si el agua nos da por la rodilla.
   —Hay una zona mas profunda
   —No vamos a llegar hasta allí, mama. Esta muy lejos. Venga, déjame ir de una vez. Te prometo que no va a pasar nada. Venga, mujer…
   —Bueno. Pero como te ahogues, ni se te ocurra volver, porque te mato.
   —Que cosas tan raras dice tu madre.
   Caminaron en dirección al puerto, allí torcieron a la izquierda para coger una senda muy empinada, que cortaba la montaña y terminaba en al carretera general. Desde allí hasta Artedo eran cuatro kilómetros.
   —Tengo hambre —decía el menor— ¿Por qué no nos sentamos y comemos el bocadillo?
   —Aquí no come nadie hasta que lleguemos, mas te vale metértelo en la cabeza.

   Después de una hora larga llegaron al pueblo. Bajaron hacía la playa y cuando estaban a medio camino, vieron al alemán venir hacia ellos fumando tranquilamente, con los prismáticos en bandolera y una bolsa en la mano. Esperaron agachados para ver que hacía.
   Cuando llegó más o menos a la mitad de la playa, se sentó sobre un peñasco que sobresalía en las dunas de piedra, sacó algunos aparatos de la bolsa, que colocó con cuidado a su lado sobre la grava, cogió los prismáticos y se puso a otear el horizonte.
   Los chicos descendieron el empinadísimo camino rápidamente y se parapetaron tras las piedras. Estaban en la misma horizontal que el espía.
Transcurrió el tiempo. El teutón miraba el reloj y luego el horizonte. Los chicos hacían lo mismo. El pequeño se aburrió y sacó el bocadillo. El sol ya estaba bajando hacia el mar para pasar la noche.
   De pronto algo brillo en frente de donde estaba el hombre. Algo lejano emergía y brillaba bajo el adormilado sol.
   —Parece un tubo.
   En ese momento, el mar se agitó y un enorme pez gris apareció en la superficie.
   —Socorro, socorro —Comenzó a gritar el más pequeño, mientras intentó echar a correr. El mayor lo sujetó por las piernas y le hizo caer. Luego le taparon la boca.
   —Cállate. Cállate, ya.
   —¿Qué es eso?
   —Un submarino, ¿no lo ves?
   El sumergible hizo varias señales luminosas. El alemán respondió y  al poco rato el U-Boot  se sumergió. El espía recogió sus cosas y se dispuso a subir hacia el pueblo, por donde estaban los chicos. Estos se habían dejado caer al otro lado de la duna de piedras desapareciendo por completo del campo de visión del espía.

   Cuando regresaron era ya de noche cerrada. La madre del mayor, le había estado buscando en las casas de los otros. Las dos madres restantes se unieron a la búsqueda. Cuando le echó la vista encima, se saco la alpargata de esparto y se dirigió hacia el con no muy buenas intenciones.
   —No me pegues, que no me he ahogado
   —Te voy a dar yo a ti guasa. Espérame ahí.
   Los tres recibieron algunos alpargatazos y quedaron castigados el resto de la semana.
   Se juramentaron no decir nada del submarino, en represalia.

    A la noche siguiente, hubo mucho revuelo en el puerto. Varios bidones de gasolina estaban alineados detrás de la lonja de pescado y algunos barcos de pequeño porte preparados para hacerse a la mar.
   —¿Donde vais? —preguntó el mediano a su hermano.
   —Vamos a  Artedo a llevar gasolina a un submarino alemán nodriza.
   —¿Que es nodriza?
   —Como una vaca lechera. Oye, vete a casa que estás castigado, y no cuentes esto por ahí.
   Al chico le pillaba de camino la casa del mayor.
   —¿Te ha pegado tu madre?
   —Un poco, si
   —Me ha dicho mi hermano que eso que vimos es una vaca lechera alemana y ellos van a llevarle gasolina.
   —Joer, un submarino nodriza, que pasada.
   A la mañana siguiente, el alemán se iba con su escaso equipaje en el Luarca.   El mayor lo vio desde al ventana.
   —Alemaaaan.
   El espía se volvió y lo saludó con la mano. Cuando se disponía a subir, se dio la vuelta y entregó algo a un hombre mientras le señalaba al chico en la ventana.
   Eran los prismáticos. Se los había regalado.

   Durante meses siguió el suministro de combustible y víveres. El U-Boot emergía en la ensenada de Artedo  tranquilamente durante el día para que la tripulación descansara y recargar aire y baterías.
   —¿Como son los alemanes? —preguntaba el pequeño a su hermano
   —¿Ya no te acuerdas del espía? Son como él, altos y rubios.
   —¿Siempre viene el mismo submarino?
  —A cargar gasolina y aceite, sí. Luego hay otro que viene a cargar níquel y además,  hay otros cuatro lobos grises que vienen a resguardarse.
   —¿No son vacas lecheras?
   —No, esos son lobos grises.

   Estaban durmiendo, cuando se empezaron a escuchar voces y carreras a toda prisa en dirección al puerto.
   El mayor llegó el primero.
   Un marinero contaba lo sucedido.
  —Fue un “mosquito” ingles. Apareció de repente, el submarino se sumergió a toda prisa, pero seguro que lo alcanzó. Soltaba bombas a diestro y siniestro. Al explotar levantaban columnas de agua tan altas como la torre de la iglesia. Salimos de allí a toda máquina. Creímos que nos iba a perseguir. Se metió para el pueblo y luego, dio la vuelta y se largó. Mañana  por la mañana volveremos para ver si hay supervivientes, que no creo.
 Los chicos esperaban en el puerto junto con más gente el regreso de los barcos de auxilio. No encontraron nada.

   Los lobos grises no volvieron a aparecer por allí. Llegaron noticias de que casi toda la flota de submarinos del Atlántico había sido hundida por los ingleses.
   También se dijo, que al capitán del U-Boot nodriza, le había sido concedida la cruz de hierro.
   Cuando el mayor de los tres muchachos, ya adolescente, fue por primera vez a la mar, precisamente a pescar palometa en la ensenada de Artedo, justo en borde de la sima perfectamente reconocible porque el mar cambia de color, comenzó a gritar acodado en la borda:
   —Capitán, te han dado la cruz de hierro. Capitaaaan……
  —Cállate de una vez —le reprendía el patrón— no busques problemas. Olvida esa historia.

   El U-boot sigue allí hundido, con su capitán y toda la tripulación.

Se aparece como un fantasma a los submarinistas, en la profundidad de la sima, cuando afloja la resaca.

U-Boot alemán