Faulkner, el dueño de la gasolinera, se disponía a cerrar; el mes estaba resultando muy poco productivo; hacía mas de veinte días que nadie se había extraviado- aparte de seis muchachos en una furgoneta, músicos parece ser, a los que indicó el desvío sin mas porque eran demasiados- ni un solo cliente, nadie a quien poner en el buen camino. Por lo menos en lo que el y la señora Peel consideraban el buen camino. Tampoco se vendía mucho combustible; la autopista había dado al traste con el negocio de la gasolinera. De continuar así habría que echar el cierre y buscar nuevos aires.
Pero esa noche había visto una estrella errante y eso era un buen presagio. Por eso y porque no tenía sueño, decidió esperar un poco mas.
Laura vio también la estrella errante cuando se bajó del coche para leer mejor las señalizaciones: se había hecho de noche por aquella carretera de cuidado firme, pese al poco tránsito, tirada a regla, en la que solo había visto este cruce de caminos, que no era precisamente el que andaba buscando. O lo había dejado atrás o aun no había llegado, lo cual le parecía raro porque llevaba conduciendo por aquella línea recta mas de una hora. ¡Mas de una hora! ¡que barbaridad!.Solamente se había cruzado con un par de coches en todo ese tiempo. Verdaderamente, habiendo autopista para que conducir por el medio de la nada. A este paso no llegaría esa noche a la cantera. Estaba agotada. Había atravesado dos estados y ya necesitaba descanso con urgencia, sin embargo, pasar la noche dentro del auto en aquel erial no le parecía agradable ni aconsejable, además le habían contado no se que historias sobre viajeros solitarios que desaparecían en la ruta cincuenta sin dejar rastro. Aunque estaba convencida que había sido idea del capataz de la cantera para amedrentarla. Seguro que la esperaban varias bromas pesadas hasta que les demostrara que era capaz de hacer su trabajo como cualquiera de ellos. Puro machismo. Eso era, ni mas ni menos.
Se metió en el coche, dudó unos segundos y decidió conducir un rato mas. Su abuela decía que ver una estrella fugaz era un buen presagio. Pues vamos a comprobarlo, pensó Laura.
Pocas millas mas adelante y tras la única curva del camino, bendijo sorprendida a su abuela, una mujer enjuta, medio india, medio bruja también, que se había quedado pasmada esa misma mañana-cuando Laura pasó a despedirse-de que su nieta, aquella chica delgaducha y bajita, fuera a conducir una excavadora en una cantera.
__Hay que joderse muchacha, lo mismo que un hombre, quien lo diría.
Pues si, quien lo diría. Delante de sus ojos había aparecido de sopetón una gasolinera con tienda y todo.
__Hay que joderse abuela. Lo mismo hasta tienen donde dormir.
El dueño parecía estarla aguardando. Tal vez la abuela haya hecho magia y me haya puesto delante un sitio para descansar por arte de birle birloque.
__Buenas noches, me he perdido.
__Me lo imaginaba. Fíjese que iba a cerrar y no se porqué me dije: espera un poco, quizá llegue alguien.
__Que suerte he tenido. Verá voy a la cantera Springsteen. No he visto ninguna señal.
__Solo hay una y es difícil de ver y mas de noche. Será mejor que espere a mañana para continuar viaje.
__¿Puedo dormir aquí?.
__Aquí no pero en casa de la señora Peel, si que puede. La avisaré. Mañana ella le conducirá al desvío para la cantera. Le serviré un café por cuenta de la casa mientras llamo a Emma. Póngase cómoda.
Transcurridos unos diez minutos una camioneta Chevrolet de los años cincuenta, de un rechamante color rojo, aparcó delante del bar. Una mujer octogenaria, de aspecto jovial y saludable, entró saludando alegremente al dueño. Este hizo las presentaciones.
__Vivo a pocos minutos de aquí. Complemento mi pensión alquilando habitaciones a viajeros que desean descansar una noche. Ahora con la autopista el negocio está siendo ruinoso. Voy a poner una granja de pollos y venderlos al restaurante de la cantera. Lo digo en serio__aclaró al escuchar la risa de Faulkner.
__Puede dejar su coche aquí. Mañana Emma la acerca. Tienen que volver por aquí para coger el desvío.
__Si no le importa a la señora prefiero llevármelo. Tengo dentro el equipaje, además del contrato y mas papeleo que no quisiera extraviar.
__Puede llevarse el equipaje y los papeles….
__Déjelo señor Faulkner, que se traiga el auto, lo que sobra en mi casa es sitio para aparcar. Calma.
En efecto, sobraba sitio. La casa era la típica construcción americana de madera precedida por un porche con su mecedora y su balaustrada blanca y rodeada de una inmensidad de terreno yermo. Los faros de ambos coches la iluminaron por completo en la oscuridad. Al lado había un invernadero cuyas plantas daban la impresión de estar exuberantes, en contraste con el exterior. La vieja seguro que las cuida bien.
La señora Peel le ofreció algo de cenar.
__Prefiero ducharme, si es posible, y acostarme.
__Puedo prepararle un sándwich. Se lo subiré mientras se baña. No es bueno acostarse con el estómago vacío, no se duerme bien.
Cuando regresó de la ducha, un bocadillo de jamón cocido y queso estaba esperando sobre la mesa con un humeante tazón de leche y unas galletitas caseras de mantequilla, idénticas a las que preparaba su abuela, la bruja. Le dio confianza que tantas cosas se la recordaran.
Durmió bien. Por la mañana, el olor a café reciente invadía la casa. La mesa estaba dispuesta en la cocina para el desayuno. Tras las consabidas preguntas de cómo había dormido y que tal la cena, se sentaron a desayunar.
__Tiene que decirme cuanto le debo por todo.
__Son diez dólares.
__Me parece poco. Demasiado poco.
__Solo le cobro los gastos de la lavandería. Hoy en día podría dejar el alquiler de camas ya que apenas hay viajeros, pero me gusta la compañía de vez en cuando. Estoy encantada con usted.
__Muchas gracias, señora. Esta todo buenísimo.¿Le gustan las plantas por lo que veo?__preguntó Laura señalando el invernadero y queriendo parecer amable.
__Me encantan, me hacen compañía y además, vendo las flores a los hoteles de la ciudad.
__Yo en casa tengo cactus. Me parecen muy curiosas esas plantas y tienen pocas necesidades.
__Tengo algunos ejemplares raros. Se los mostraré encantada.
Laura dudó, quería llega a la cantera de una vez.
__Ya está muy cerca. Apenas una hora. Luego le indicaré el camino y llegará sin mas problemas.
El invernadero estaba realmente exuberante. El verdor y la humedad le trajeron a la mente los bosques de su infancia. Se estaba bien allí. Un olor dulzón lo impregnaba todo. Le recordó el aroma de los membrillos maduros en la alacena de su abuela. Otra vez su abuela; era increíble que la recordara en tantas cosas. Sintió que la estaba acompañando y sonrió agradecida. Sin embargo, la memoria asociada juega, a veces, malas pasadas.
Su anfitriona le mostró plantas que jamás había visto y que le parecieron mas curiosas aun, que los cactus. La señora Peel la tomó del brazo con suavidad y la encaminó hacia una realmente chocante. La flor o lo que fuera aquello era lo mismo que un saxofón gigantesco. Pendía graciosamente de una rama y mostraba un atrayente moteado carmesí sobre su color amarillo oro que la hacía destacar entre el follaje.
__Si, no anda desencaminada, el señor Faulkner la apoda el saxo de Goliat. Párese delante y mire dentro. Verá que sorpresa.
__¿No será peligrosa, verdad?.
__¿Cuando ha visto usted una flor peligrosa?.
La flor levantó una especie de tapa cuando Laura se acercó, para permitirle aspirar su aroma. La señora Peel se rió al comprobar el sobresalto de la joven.
__Como verá es una flor muy bien educada. Agáchese mas, huela, huela. Huele a miel.
Laura metió la cabeza dentro del tubo para percibir mejor el aroma. Antes de que pudiera darse cuenta los estambres, convertidos en tentáculos, la rodearon por el cuello y tiraron de ella hacia dentro. La planta la succionó en menos de un segundo, pese a la resistencia que opuso. Laura sumergió por completo la cabeza en un caldo viscoso. Se notó encajada dentro de un tubo poderoso en el que era imposible darse la vuelta. Trató de gritar, pero no pudo. La boca se le llenaba de una salsa gelatinosa, dulzona y caliente que solo le permitía emitir borboteos y sonidos guturales.
Que asco, pensó. Golpeó con los puños contra las paredes. Se hizo daño. Aunque eran traslucidas estaban duras como piedras. Recordó el frágil tallo y trató de sacudirse a fin de lograr que se desprendiera. No pudo moverse. Daba la impresión que la planta se había adaptado a su cuerpo y la había aprisionado por completo. Vio, de reojo, acercarse a la señora Peel. Por fin, gracias a Dios.
La vieja se puso en cuclillas con la cabeza a la altura de la de Laura.
__Cuanto mas te agites, mas tardarás en morir. Es mejor que te serenes y permitas que ella te vaya digiriendo. Será bastante rápido, teniendo en cuenta que lleva semanas sin comer; ya te dije que no pasan viajeros por aquí. En otros tiempos tenia varias docenas. Pero esos eran otros tiempos, de seguir así, esta morirá también de hambre. Solo come carne humana. Habrás percibido que se ahorma como un guante a tu cuerpo. Han desarrollado una adaptación de siglos. Son unas plantas sorprendentes. Notarás como sus encimas te van disolviendo poco a poco, vivirás una nueva experiencia que pocos afortunados han tenido.
La vieja se incorporó.
__Claro que no podrás contarlo y entonces no te servirá de nada. ¡Que pena!, ¿verdad?.Te zampará en un par de días. Será mejor para ti que procures dejar el cerebro en blanco; cuanto menos pienses, menos te torturarás. Te lo hago notar, porque me has caído bien, ya lo sabes. Relájate y disfruta. Adiós Laura, ha sido un placer.
Cuando ya estaba junto a la puerta, regresó sobre sus pasos hasta la planta. Volvió a ponerse en cuclillas. Laura pensó que todo era una broma de mal gusto y que la señora Peel la liberaría en cualquier momento.
__Voy perdiendo facultades y sin ellas, los modales brillan por su ausencia. Olvidé presentarlas. La flor se llama Estrella Errante. Tu comida se llama Laura__le dijo a la flor.__¡Buen provecho!.
Faulkner descolgó el teléfono. Era, como se imaginaba, la señora Peel.
__Puede venir cuando quiera. El coche es viejo, ya lo ha visto ayer. En la cartera lleva cien dólares y en la guantera un sobre con quinientos mas. La ropa es toda usada. La maleta de plástico. No ha sido muy rentable. A ver cuando me envía algo mas provechoso.
__¿Que quiere que haga, si no pasa nadie?. Me acercaré por la tarde.
__Hasta entonces. Tráigame un cartón de tabaco. No lo olvide.
__Descuide.
Un lugar para leer historias inventadas o no, de las que nunca soy protagonista. Aunque, a veces, me gustaría...
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La fundación, capítulo VI y último
Los tiempos pintaban mal para las monarquías.
La noticia del encarcelamiento de la familia real francesa causó inquietud en la Fundación. Por años surtieron de consortes a la Monarquía de la flor de
lis con bastante buena fortuna. Durante el reinado de Luis XVI, la fertilidad
de las pupilas enviadas por la
Fundación se había convertido en un problema dado que la
consorte del Delfín, María Antonieta, no lograba quedarse encinta, mientras sus
cuñadas y primas parían sin parar. La madre de la delfina, la emperatriz María
Teresa, lo tomó como una afrenta personal por parte de la Fundación puesta ahora
al servicio del Borbón que no perdonó jamás a la monarquía austriaca la
pretensión del trono de España, que solo a el le pertenecía.
__Bastardos__les llamó la
emperatriz con toda propiedad__solo quieran hacer de menos a mi niña.
__No comprendo por que protesta.
Nosotros no tenemos culpa de que su hija sea presuntamente estéril.
__No es eso. Parece ser que el
delfín no consuma.
__Razón de mas. Estos franceses no
traen mas que problemas. Y encima la casa de Austria piensa que se trata de una
conspiración. Dichosa guerra.
Por fin la delfina se quedó
encinta, para alivio de todos. Sin embargo la
revolución echó por tierra el gozo de la dinastía.
El Consejo nunca entendió por que
los revolucionarios franceses se empeñaron en prender y ajusticiar a los reyes.
No había ninguna necesidad. Luis XVI y María Antonieta habían sido unos
monarcas con muchos defectos, frívolos y dilapidadores en unos años difíciles
para el país, es mas que cierto, pero, con haberlos destronado y enviado al
exilio hubiera sido suficiente. Para poder
llevarlos a la guillotina, los revolucionarios tuvieron que acusarlos de lo
único de lo que no eran culpables: de traición a Francia.
Robespierre probó años mas tarde la
misma medicina que había obligado a recibir a la familia real.
__Quien a hierro mata…__fue la aguda
observación de la presidenta de la
Fundación en ese momento.
Una vez que Luis XVI de Francia y
su esposa austriaca fueran guillotinados, los contratiempos parecieron cebarse
con la Fundación. Los consortes suministrados a otras cortes no
daban los buenos resultados que cabía esperar dado el esmero con el que eran
instruidos. Como los matrimonios se concertaban entre diferentes casas
reinantes, un mal resultado era tomado como una afrenta personal de la Fundación a la corte
afectada e incluso a los padres de ambos cónyuges, que culpaban al Consejo de
errar a propósito para fastidiar o para provocar un conflicto y reclamaban los
dineros pagados, que en algunos casos no hubo mas remedio que devolver, con el
consiguiente perjuicio para las arcas de los naturales.
Andaban muy nerviosas y preocupadas
las diferentes monarquías. Por cualquier nimiedad el pueblo podía amotinarse
como habían hecho los franceses; no debían de proporcionarles excusas para
ello. Se habían tornado excesivamente susceptibles las casas reinantes en aquel
momento delicado. Escuchaban la palabra revolución y salían bufando como el
demonio ante la cruz.
En esos años tan particulares de
revueltas e ilustración, la
Fundación estaba presidida por una mujer. Una culta y erudita
dama hija bastarda de Carlos III. No era lo acostumbrado. Había habido graves
disensiones dentro del Consejo, pero al final se acordó que siendo la mejor
candidata, poco importaba el sexo. No fue la mejor época de la Fundación a nivel
compromisos institucionales, por las circunstancias que atravesaban los reinos
en Europa, pero fue la mas decisiva, dada la determinación que hubo que tomar.
Eran tiempos de cambios. En el
mundo se sucedían los acontecimientos significativos. La revolución había
triunfado nada menos que en Francia ¿quién lo hubiera pensado? Y al otro lado
del mar océano una nueva nación acababa de nacer: Los Estados Unidos de America
habían conseguido la independencia de Gran Bretaña, tras una larga guerra en la
que había participado España ayudando a los rebeldes, como debía ser, dada la
enemistad crónica con Inglaterra. Había surgido una nación joven con nuevas
ideas y aires renovados de democracia, libertad e igualdad. Muy diferente de los
estados de la vieja Europa.
La presidenta se hallaba
despachando con su secretario. La
Fundación andaba otra vez con apuros económicos. Habían
tratado de remediar el mal comportamiento de los pupilos, echando mano de los
criados en el exilio, fiándose de los informes de los diferentes Consejos
formados por el mundo. El resultado fue bastante peor. La conducta de los
jóvenes era una autentica anarquía. No eran ni tan siquiera cultos, ni menos
aun educados. Parecían gañanes. Había que remediar aquello con prontitud. Estaba
resultando muy difícil controlar a los pupilos exiliados, para lograr tener una
instrucción uniforme que sirviera a un fin concreto: la buena marcha de la Fundación. A medida que pasaban
los años, se iba haciendo muy complicado, casi imposible, traerlos de nuevo al
redil.
__Así no vamos a ninguna parte. Esto
es el caos. Es indispensable la unidad, la cohesión. No se puede actuar de modo
independiente. ¿Cómo hacer que lo comprendan?.
__Va a ser difícil, señora. Como
buenos españoles prefieren ser cabeza de ratón que cola de león. Necesitaríamos
un milagro.
__Confiemos.
No tenían ni la mas remota idea de
lo iba a ser el milagro americano. ¿Cómo la iban a tener?. Jamás se les hubiera
pasado por la cabeza que la solución a la cada vez mas atronadora anarquía, iba
a venir del otro lado del mar, de la mano del embajador de un tal George
Washington, primer presidente de la nueva nación, que había surgido con ganas
de comerse el mundo.
El Consejo pasó días con sus noches
reunido deliberando, tratando de dar con la mejor solución; procurando
conservar la mente fría y no errar al tomar la vía que conduciría a la probable
salida para la sociedad, que había
permanecido durante siglos funcionando tal y como se pensó en el principio.
Pero, los tiempos cambian y no siempre a mejor.
Al final se decidió vender, siempre
y cuando la oferta colmara las expectativas aconsejables. No iban a vender a cualquier precio. La duda ofendía.
Aquella tarde, la ilustrada presidenta
y su secretario, amante y mano derecha, esperaban al americano-portador de una
oferta que “no iban a poder rechazar”- con curiosidad y escepticismo y mataban
el tiempo platicando acerca de él y sobre todo, acerca de los malos resultados de los últimos
casorios. Para la presidenta constituía un ejercicio de auto convicción. No le
agradaba tener que ser precisamente ella, quien enajenara la Fundación.
__Esta gente de la nueva nación son
ingleses en realidad ¿no?.
__Bueno, son de origen ingles, pero
ya han nacido en las colonias. Son americanos.
__Son de familia inglesa, súbditos
de Jorge III, educados en la monarquía. ¿Por qué esos aires republicanos?.
__Están de moda las revoluciones.
Ellos piensan que la república es el
mejor sistema.
__Entonces ¿Por qué esta oferta?
__Misterios que el tendrá a bien
explicarnos.
__¿Como van nuestros últimos
envíos?
__De mal en peor.
__Explícate.
__El consorte enviado a Polonia,
tiene el mismo problema que en su día tuvo el delfín de Francia: no consuma. No
hay manera.
__Algo de culpa tendrá la esposa.
No sabrá estimularlo convenientemente.
__Ten en cuenta que es casi una
niña.¿Que va a saber?.
__¿Y la que enviamos a Hungría?.
__Esa es todo lo contrario. Le puso
los cuernos al marido hasta con el mismo rey, su suegro. Han ordenado
decapitarla.
__Que moda tan absurda de cortar
cabezas. ¿Y el de Rusia?
__Se pasa el día en los fumaderos
de opio y es adicto a otras sustancias que, por lo visto, le hacen entrar en una
especie de trance, parecido al éxtasis de los santos. Está medio idiotizado.
Dice que se le aparece San Pedro lanzando anatemas contra el papa. Su suegro ha
ordenado encarcelarlo por blasfemo. Acabará mal.
__¿Y el de Turquía?.
__Ha salido ladrón.
__¿No lo habrán decapitado?
__No. Le han cortado las manos.
__¡Por Dios!.
La puerta se abrió y el ujier
anunció al señor embajador de los Estados Unidos de America: Excelentísimo
señor John McIntire.
Un hombre joven, alto y con
impecable aspecto avanzó resuelto por el salón. Cuando llegó estrechó la mano
de la presidenta con energía, haciendo a la vez, una ligera inclinación de
cabeza. Reminiscencias del reciente pasado monárquico.
Una vez que tomaron asiento, el
americano fue directo al grano.
__Como ya les habrán informado, mi
gobierno está muy interesado en adquirir los derechos de explotación de la Fundación que usted
preside.
__Hombre, explotación no me parece
el término adecuado. Son seres humanos, no son bestias de carga.
__Perdón, señora, no ha sido mi
intención faltar al respeto, es un modo gráfico de exponer las cosas. Nosotros
hemos creado una sociedad transnacional para hacernos con el control de las
distintas fundaciones que, como la suya, se ocupan de recoger e instruir a los
hijos naturales de diferentes monarcas. Se que tras las revueltas y guerras que
asolaron Europa, estos pupilos de varias nacionalidades se hallan esparcidos
por el mundo con poco orden. Nosotros tratamos de agruparlos de nuevo en un
territorio que ofrezca garantías de estabilidad. Hemos pensado en Gran Bretaña…
La presidenta iba a objetar algo, pero
el embajador la detuvo con una sonrisa y un gesto de la mano; cortés pero
tajante.
__En un lugar de la campiña inglesa
iremos reagrupando a los diferentes naturales dispersos por el mundo. Los que
permanecen en sus países de origen les dejaremos, de momento, en su sitio. Ustedes,
por ejemplo, son necesarios aquí. Nuestra intención es distribuir por el mundo
una elite preparada y capaz para asumir cualquier roll importante en el futuro,
no solo como consortes sino como dirigentes al frente de los estados, los
gobiernos y las finanzas, siempre al servicio, claro está, de los ideales
americanos.
__Me gustaría conocer esos ideales.
__Están muy claros, señora.
Libertad, igualdad y democracia.
__Algo parecido proclamaban los
revolucionarios franceses y ya sabemos como terminó la monarquía.
__Le confesaré un secreto. Volverá
la corte a Francia. Estamos trabajando en ello. Le doy mi palabra. Tenemos
puestas mucha esperanzas en un pupilo corso.
__Me inquieta tanta perfección. ¿No
se les irá de las manos?
__Puede ser que alguno sienta la
tentación de ir por libre, ocurre siempre, pero la organización no vacilará. El
castigo será ejemplar. Como ya han hecho ustedes en el pasado.
__Aun no hemos hablado de dinero.
Sería conveniente conocer la oferta para no perder el tiempo.
El americano sacó un sobre del
bolsillo interior de su levita y se lo extendió al amante secretario que
previamente había alargado el brazo. Este se lo paso a la presidenta sin
mirarlo. Cuando ella lo examinó puso los ojos en blanco y por un momento
imaginó estar viendo visiones. Tantos ceros a la derecha la habían mareado. El
secretario se alarmó. Pensó que le estaba dando un vahído a su amada. Ella le
devolvió el papel sin decir ni una palabra. Se había quedado muda de la
impresión.
__¿En efectivo?__preguntó cuando
pudo hablar.
__Naturalmente.
__Hecho. Solo una curiosidad.
__Dígame.
__¿Y si no sale bien?
__Saldrá bien, señora, confíe en
nuestra capacidad de organización.
__¿Sabrán manejarlos?. Son
descendientes de reyes.
__Yo también.
__¿Ah si?. ¿De un rey ingles,
supongo?
__No lo se. Ya conoce las normas.
El americano pidió permiso para
hacer entrar a su ayudante; mientras este se acercaba con un baúl lleno de doblones
de oro, él extendió ante la presidenta el documento de venta listo para la
firma. Ella puso sobre la mesa los poderes otorgados por el Consejo para la
sanción, mas los estatutos y el documento original de constitución de la Fundación. Mientras
ambos comprobaban los documentos, el secretario y tres funcionarios mas
contaban el dinero. Cuando todo hubo concluido la presidenta acompañó al yankee
hasta la puerta. En la despedida él volvió a inclinar cortésmente la cabeza.
Cuando ya se alejaba por el largo
corredor, la bastarda del tercer Carlos preguntó de nuevo:
__¿Seguro que podrán?.
__Yes, we can__respondió el americano
con energía.
__¿No estas contenta?__quiso saber
el secretario al observar el ceño fruncido de la presidenta.
__No lo se. Creo que se les irá de
las manos. Tengo el convencimiento de que tras estas buenas intenciones se
solapan deseos de dominar el mundo.
__ No debe preocuparte, si sucede nosotros
ya no lo veremos, ni siquiera nuestros nietos.
__Por suerte, porque no creo que me
gustara el mundo en esa época. No creo que me gustara en absoluto.
FIN
La fundación, capitulo V
Tras una larga reconquista, España
consiguió al fin la unidad nacional cuando expulsó al ultimo rey nazarí. La
pareja real del momento llamados los católicos, estaban jubilosos. Mientras
duró el avance y el cerco a Granada se detuvo la llegada de ilegítimos a la Fundación que ya para
entonces abarcaba toda la península, Portugal incluido, y constituía casi una
nación dentro de la nación que acababa de nacer.
Tras la contienda, las arcas de Castilla quedaron esquilmadas y
la reina que era la administradora, acordó con sus asesores de economía
restringir gastos a toda costa- aunque el reparto de los bienes y tierras de
los nazaríes proporcionó un respiro a la maltrecha hacienda- pero así y todo
había que restar de donde se pudiera. El banquero lombardo que era su principal
asesor hizo la propuesta: dejemos de financiar la
FVI. Que se las arreglen como todo el
mundo.
__Hay algún medio hermano del rey y
creo que mío también.. Y recuerdo que durante el pleito con la Beltraneja la Fundación estuvo de mi
parte. Incluso recuerdo que aportó dineros para armamento.
__¿Y que?. Vos lo habéis dicho.
Tienen dinero, que se las arreglen. Ni un maravedí mas.
El lombardo era bastardo de un
príncipe veneciano. No hay nada peor que la cuña de la misma madera. Así se
hizo por tanto. La FVI
dejó de percibir ayuda real. El Consejo se reunió como solía pero esta vez para
un asunto doloroso, algo que no ocurría desde el alzamiento del pretendiente de
la marca.
La comisión rectora puso el grito
en el cielo y se presentó ante la reina. El lombardo sugirió a Isabel que no
los recibiera. Que noten que ya no tienen predicamento. La católica, era de
otro parecer y accedió a la audiencia. El portavoz de la embajada, primo de la
monarca aunque no de modo oficial, como es de suponer, hizo valer el documento
de fundación sancionado, entre otros, por uno de los ancestros de la reina,
pero Isabel no cejó ni un ápice. Era muy
terca, parecía mas aragonesa que Fernando y cuando se trataba de dineros era también
muy roñosa. Sabedores de que se había quedado sin alhajas para financiar la
expedición a la India
por el oeste, que un italiano visionario se había empeñado en llevar a cabo,
los dirigentes de la
Fundación le obsequiaron una tiara de esmeraldas, que formara
parte de la dote de una de las hijas bastardas de Alfonso XI de Castilla.
Recibiola la reina con mucho agrado, pero no cedió. Lo había dicho su asesor
económico: ni un maravedí. Y ella era muy obediente cuando se trataba de negar
dineros.
__¿Que esperáis?__preguntó Isabel
al ver que los naturales no se retiraban.
__Nada señora, nada__respondieron
resignados comprendiendo que no volverían a ver la joya.
Así fue como desde 1492, con
reticencias y regateos al principio, y con absoluta naturalidad mas tarde, la Fundación comenzó a
cobrar por cada pupilo suministrado como consorte a las diferentes cortes
europeas. Aquella tacañería de la reina católica se convirtió en un negocio de
lo mas productivo. La
Fundación siempre había tenido a los hados de su parte y en
los peores momentos la fatalidad se trocaba en bonanza.
Pero todo cambia, incluso la
suerte, y lo peor estaba por llegar.
Tras la unidad nacional primero, y
mas tarde, la grandeza del imperio logrado por Carlos I y Felipe II, la
ineptitud de los últimos Felipes, o mejor de los validos de estos reyes, trajo
la ruina a la hacienda y al país. Para mas colmo el rey actual, Carlos II,
enfermizo, raquítico y de corta inteligencia, fruto de la consanguinidad de la
dinastía, va a fallecer sin hijos, lo que hará extinguir la rama española de
los Austrias, sin remedio.
España va a dividirse por ello, en
una sangrienta guerra de sucesión entre los partidarios de los dos aspirantes
al trono: Felipe de Anjou y Carlos de Habsburgo. Ambos eran nietos de infantas
españolas, hijas de Felipe IV y Felipe de Anjou era además hijo de María
Teresa la hermana mayor de Carlos II, el
ultimo Austria. Carlos de Habsburgo era hijo del emperador Leopoldo, primo de
Carlos II. Temiendo un nuevo eje España-Austria como en el reinado del primer
Carlos, las potencias europeas fuerzan el nombramiento como Príncipe de
Asturias de un tercer candidato: José Fernando, hijo del Elector de Baviera.
Pero el joven fallece prematuramente, y Carlos II presionado por Francia, hace
testamento reconociendo como heredero a
Felipe de Anjou que en principio es bien recibido por el pueblo. Pero el
intervencionismo y la prepotencia de Luis XIV da origen a una alianza
internacional que reconoce al Archiduque Carlos como sucesor y desata una
guerra europea en suelo español a la que se suma una guerra civil entre la
corona de Aragón mas el papa de Roma, partidarios de Carlos, y la corona de
Castilla con el clero nacional, partidarios de Felipe.
Como es de suponer los naturales,
tanto españoles como de otras nacionalidades, se ven involucrados en el
conflicto. En España los bastardos se dividen, pese a los esfuerzos del
Consejo, entre los dos aspirantes. A
estas alturas, nadie sabe ya de que corte procede, así se da el caso de
aragoneses apoyando a Castilla y viceversa. La fundación asiste impotente al
enfrentamiento.
Un gran número de naturales fallecen
en las múltiples batallas, quedando sus familias desasistidas y muchas de ellas
aisladas en los territorios perdedores. La victoria de Felipe V aumenta los
contratiempos y los sinsabores para la Fundación. El rey toma
represalias contra la parte no afecta, retirando privilegios y reconocimientos
y encarcelando a dirigentes y significados, leales a la corona de Aragón. Muchos,
huyen precipitadamente de España hacia
Italia y el norte de África, intentando a duras penas, mantener el contacto
entre ellos. La Fundación
dentro de España queda reducida a menos de la mitad de sus efectivos, porque
ocurre también, que una parte importante de naturales había sido destinada a
repoblar Gibraltar y tras la contienda y en virtud del Tratado de Utrecht, el
territorio pasa a manos de Inglaterra.
Los naturales trataron de huir
hacia España pero la mayor parte fueron detenidos, obligados a regresar y a adoptar la
nacionalidad inglesa a cambio de mantener sus negocios y poder continuar con su
vida habitual. De lo contrario les esperaba la expropiación de sus bienes y la
cárcel.
El nuevo rey se incauta de todos
las posesiones de la
Fundación en los territorios rebeldes y obliga a la institución
a pagar un canon a las arcas reales por
las ganancias que proporcionan sus bodas concertadas, ordenando además, investigar a fondo los negocios de los
naturales, una vez que fue sabedor de sus pingües beneficios.
Constituyó un duro golpe para la Fundación. Su rector de aquel
momento falleció repentinamente de un ataque al corazón debido a los numerosos
disgustos. No obstante los naturales eran disciplinados, como ya sabemos, y
pusieron de inmediato manos a la obra para intentar reagruparse y establecer
comunicación con las diferentes facciones dispersas por los alrededores, allende
el Mediterráneo. Fue una labor intensa y complicada, por esa causa, aun no lo habían conseguido cuando llegó la
oferta. Pero no adelantemos acontecimientos.
Tras unos años de paz, y en vista
de la política desarrollista y de las transformaciones, para mejor, en el ejercito
y en la administración que se venían dando, comprobado en fin, el buen cariz que
tomaba el reinado de la nueva dinastía, el Consejo decidió solicitar audiencia
al rey para interceder a favor de sus
camaradas dispersos por el mundo, dado que la Fundación mantenía,
además, buenas relaciones con la corte
francesa suministrando consortes para
príncipes e incluso funcionarios de alta gama. Tal vez por esto último
el primer Borbón les recibió, no de muy buen grado, todo debe decirse.
No llegaron a ningún acuerdo.
Felipe V no iba a perdonar infidelidades ni desafectos.
__Messieurs, todo el mundo debe
atenerse a las consecuencias de sus actos. No hay excepciones.
__Majestad, señor, permitidme que
os muestre el documento de fundación de nuestra institución. Esta sancionado
por reyes de todos los reinos del momento, año 800 de nuestro Señor. Los
pupilos cuentan con el reconocimiento de su procedencia regia; están amparados por sanción real. Gozan de ese
privilegio.
Fue una osadía reclamar privilegios
ante un monarca absoluto, tan absoluto como era, además, el quinto de los Felipes.
El rey alargó la mano de mala gana
para alcanzar el documento que ni se molestó en leer, rompiéndolo en tantos
trozos como fue capaz dada la dureza del pergamino.
__¡Majestad!, el documento…
__Je l´ai passé dans le cul.
Menos mal que era una copia. Los
naturales no eran tan ingenuos como para presentarle el original.
__El rey solo rinde cuentas ante
Dios. No lo olvidéis. Y ahora, fuera de mi vista.
__Muy ordinario para ser francés
¿no crees?.
__Si y para ser rey, también.
Fue el comentario de los embajadores al retirarse, una vez
hubieron abandonado el salón de audiencias a toda prisa.
Continuará...
La fundación, capítulo IV
Natural de Rey crecía y prosperaba;
su población aumentaba y la vida transcurría en paz. Muchos naturales hubieran
sido buenos reyes de haber podido subir al trono; mejores que algunos de sus
hermanos de padre. Varias familias eran desplazadas cada año a repoblar diferentes
marcas, cada vez mas al sur.
A veces terminaban pereciendo en alguna incursión musulmana, otras eran
ellos los que hacían retroceder a los lugareños, aunque tenían ordenes precisas
de llevar la vida en armonía con todos: moros o cristianos. Eran casos
puntuales en los que no quedaba otra que aniquilar o sucumbir. Todo lo demás marchaba
según lo dispuesto en las normas de la Fundación.
Pero siempre surgen contratiempos. Por
mucho celo que se ponga, si hay algo o alguien susceptible de salirse de lo establecido,
se saldrá. Las normas están para no cumplirlas. Es inherente a la naturaleza
humana.
Los naturales de rey supieron
siempre que eran bastardos. Ocultarlo con tantas obviedades alrededor hubiera
sido imposible, pero no se les informaba, como parece prudente, sobre su corte de procedencia a fin de evitar
curiosidades malsanas, reclamaciones al
trono u otras zarandajas. Sin embargo los que fueron sacados de la corte del
primer Alfonso, ya creciditos, conocían de sobra su procedencia y aunque el prior
les había advertido y el conde amenazado seriamente sobre la tentación de
hablar mas de la cuenta, no pudieron resistirse a contar a sus nietos lo que
habían ocultado a los hijos: la corte de origen. El residir en estos momentos,
lejos de la villa original hizo que se sintieran a salvo, para cometer una imprudencia
tan temeraria como esa. Y sucedió que uno de aquellos nietos se creyó con mas
derechos a ocupar el trono que el actual Alfonso que acababa de proclamarse
emperador. Echó cuentas y comprobó que su abuelo debería haber sido rey antes
que el abuelo del tal Alfonso y se juramentó remediar tamaño desvío en la
dinastía.
Los habitantes de la población
fronteriza donde residía este aspirante, fuera del reino de Alfonso, por
cierto, se dividieron en dos mitades cuasi simétricas. Los que estuvieron de
acuerdo se dividieron en otras dos: Una de las partes procuraría alianzas con
otros naturales de las marcas e incluso con otros reinos, moros mejor que
cristianos, no fuera ser que estos se mosquearan con la pretensión, y la otra
mitad proporcionaría armamento e intendencia para el ejercito que esperaban
formar. La parte no afecta al alzamiento, se las ingenió para informar a la
villa matriz de lo que se empezaba a preparar, pese a la vigilancia a la que se
les sometió rayana en el acoso mas explícito. En principio, no se les perdía de
vista ni cuando iban al corral a hacer las necesidades; mas tarde y ante la
persistencia en no avenirse a razones, se les ajustició sin miramientos, por
traidores a la causa justa de la reclamación dinástica. No se respetaron
mujeres, ni niños, ni ancianos. Se decapitó hasta los perros, porque
sospecharon que había sido un perro adiestrado quien viajó hasta Natural con el
recado atado al cuello en una bolsa de cuero.
Nada mas leer el papel, el actual prior
y su consejo de ancianos tomaron, por unanimidad, la determinación de caer sobre los insurgentes
y hacer un escarmiento. Porque, si el emperador o cualquiera de los reinos
vecinos se enteraban de las pretensiones del bastardo, capaces eran, de llevar
a cabo una razzia contra la villa y provocar una escabechina. Que había en
aquellos tiempos monarcas muy feroces por los alrededores. Menos mal que los
levantiscos habían tenido la prudencia de no solicitar ayuda de ningún reino
cristiano.
El emperador, siempre con la corte
itinerante por todo el vasto reino,
tardó en apercibirse. Cuando lo hizo, por una indiscreción que un miembro del Consejo cometió en una
casa de lenocinio que solía visitar, el asunto ya estaba zanjado. Enfadose
Alfonso, menudo era- tenía el mismo carácter que su madre- y pidió airadamente explicaciones
al Consejo; el presidente le hizo notar que la rebelión era un asunto interno.
Exclusivamente. Los estatutos prohibían claramente,
bajo pena de muerte, cualquier tipo de reclamación, fuera contra quien fuera. Y ellos ya lo habían
resuelto. Además, no constaba en parte alguna que la reivindicación se dirigiera
contra su trono, dado que como era fácil comprobar, se había producido fuera de
su reino, casi en tierra de nadie.
__Si, pero habéis hecho componendas
a mis espaldas con mis enemigos.
__No ha habido componenda alguna.
Nadie ha pedido auxilio a ningún reino.
__Quiero que se haga un
escarmiento.
__Ya se ha hecho, majestad.
El emperador amenazó con una razzia
contra la villa.
__No os lo aconsejo, majestad.
Tened en cuenta que residen en ella multitud de descendientes de varios reyes
de los alrededores. Caer sobre ellos sería considerado una provocación y mas
teniendo en cuenta que todo está ya resuelto y que, como ya os hice notar no
consta que…
__Voy a suprimir los dineros que
doy a la organización.
__Como gustéis señor.
__¡Quitaros de mi vista!.
Menos mal que andaba contento el
emperador aquellos días por el nacimiento de su primera hija, una bastarda por
cierto, a la que llamó Urraca como su madre. En vista de ello- tenía prisa por
trasladarse a Asturias para conocerla- dio por zanjado el asunto con los
naturales, pero no consintió, en
represalia, que la niña fuera entregada a la Fundación que se habría
honrado y mucho, con la nueva vástaga del emperador. En consecuencia, Urraca la
asturiana, se educó en León con sus tías, como una infanta mas.
El choque entre naturales había
sido peor que aquel contra los moros en el origen de todo. Las tropas reunidas
contra el pretendiente multiplicaban por diez
a las de este, que aunque disciplinadas y valientes terminaron por ser exterminadas
sin que persistiera rastro alguno para
la posteridad, ya que los cadáveres recogidos del campo de batalla , fueron apilados
por orden de la superioridad, en varias piras e incinerados. Ni las cenizas
permanecieron dado que, tras la cremación, se desató una tempestad de viento y
lluvia que borró cualquier rastro de las hogueras. Las familias de los
sublevados fueron pasadas a cuchillo por los propios naturales. Iba en ello la
supervivencia de toda la población. Estaban destinados a casarse entre ellos o
con gente distinguida de las villas cercanas, o como comenzaba a suceder ahora,
con algún príncipe o princesa extranjeros, pero jamás se les debería volver a
ocurrir pretender el trono de sus ancestros.
Y jamás se les ocurrió. Por lo
menos en España.
Con los siglos llegó a Paris un
pupilo corso que se coronó emperador tras invadir y asolar media Europa. La
tenaz resistencia de la pérfida Albión y el levantamiento popular en España
fueron definitivos para detener a aquel militar bajito y codicioso que instaló,
incluso, a uno de sus hermanos en el
trono de España, arrebatándoselo a su legitimo rey. Se saltó a la torera las
normas de la Fundación
que lo había encumbrado. Lo pagó caro. No obstante con los siglos bastantes
pupilos mas se salieron de las directrices del Consejo, y éste en algunos
casos, fue impotente para castigar la desobediencia.
Pero en ese tiempo la Fundación ya estaba en
otras manos.
Se sucedieron los lustros con
profusión de guerras entre cristianos, entre moros y entre unos y otros como había
acontecido siempre. Los naturales supieron estar en su sitio. Lo cierto es que
eran poseedores de una disciplina y un temple envidiables, incluso por sus
hermanos reinantes, algunos de los cuales se interesaron por contar con un
determinado medio hermano, de probada inteligencia, como asesor. Era una
situación nueva no contemplada en los estatutos. Hubo graves deliberaciones
entre los consejeros y al fin se decidió otorgar el permiso, puesto que
encumbrar a uno de los pupilos hasta el Consejo privado del rey era un reconocimiento
y un honor para la Fundación ;
además el evangelio sugiere ayudar al prójimo, cuanto mas a un hermano y cuanto
mas si es el rey.
Hubo otra petición por parte de la
reina para contar entre sus damas con alguna natural. Reuniose de nuevo el
Consejo. Este acuerdo fue mas difícil de tomar. Sabedores eran, por propia
experiencia, de lo que solía ocurrir entre las damas y el rey. Era el pecado
original de la Fundación. Talmente
como mentar la soga en casa del ahorcado.
Tras extensísimas y acaloradas
discusiones se acordó denegar el permiso.
Protestó la reina. Secúndola el rey
y el Consejo se reunió de nuevo. Ante la insistencia se llegó a un acuerdo
puntual: permitir por esta vez, el envío de dos damas a palacio. Se eligieron
con sumo cuidado. Primero, que no fueran parientes cercanas de la dinastía, por
si acaso, evitando así la consanguinidad; segundo, que fueran virtuosas y
disciplinadas y tercero, que no fueran excesivamente agraciadas. Eran cultas y
bien educadas, pero un poco feuchas.
No hubiera sido necesaria tanta
precaución. No ocurrió nada anormal; todas fueron tratadas con una delicadeza
exquisita. Era la corte de Fernando III de Castilla y León, mas tarde santo y
de su primera esposa la virtuosa reina Beatriz de Suabia. La vida en palacio
fue dichosa para las pupilas, que terminaron por casarse con altos dignatarios
de la corte. Algunos de sus hijos continuaron ocupando cargos de importancia en
los consejos de sucesivos monarcas. Una de las hijas, de vocación religiosa,
fundó varios conventos y terminó elevada a los altares. Fue la primera santa de
la Fundación ,
aunque no la única. Constituyó aquella una grata experiencia, que no sería la
última. Muchos naturales brillaron en las Cortes de sus medio hermanos y
algunos casaron, incluso, con sobrinas lejanas. Muchos fueron requeridos para
desposarse con segundones y segundonas de otras monarquías. Se fue terminando
así con la costumbre de hacer profesar a las hermanas o hermanos de reyes, si
no encontraban consorte adecuado. Ahora existía un amplísimo plantel de
candidatos y candidatas de todas edades y condiciónes, instruidos en la
disciplina y el deber sobre todo lo demás, para hacer honor a su procedencia
real.
Pero, siempre ocurren
contratiempos. La felicidad nunca es eterna. Algo que sabían bien los naturales.
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