La granja

Capítulo III


Experimental 2007-Viorel Sánchez

  Era físicamente atractivo. Bastante alto, rubio, con los ojos verdes y las facciones delicadas, un poco femeninas, lo que había provocado que en el colegio alguna vez le hubieran llamado “marica”. Era tímido y  tenía ese aspecto desvalido que gusta tanto a las mujeres. Sin embargo, nunca había tenido novia.
   A la asistente social una treintañera pelirroja,  fogosa y  exuberante, le gustó en cuanto le puso la vista encima.
  __Hay que ver qué cosa más mona. Con esa carita de no haber roto un plato…
   Aunque estaba casada se fue a por él descaradamente. No le resultó difícil llevárselo al huerto. El se dejó seducir encantado. No había tenido novia, pero si relaciones intimas, naturalmente, desde que un conocido le llevó de putas en un permiso de la mili.
Años atrás, cuando estaba en el instituto, algunos compañeros tenían planeado estrenarse en el viaje de estudios. El no se atrevió, lo que corroboró la fama de homosexual que le habían adjudicado sin ningún fundamento.
   Las mujeres que traía su padre a casa, siempre le habían dado miedo. Le parecían locas, tan pintadas y con la ropa tan ceñida, como si no fueran capaces de aprenderse su propia talla y  aquellos pelos estropajosos de colores imposibles… En su imaginación, las veía como criaturas amorfas provenientes de otros mundos, que habían sido transportadas a la Tierra  y abandonadas  en medio del monte; allí las recogía su padre, y ellas para aprovechar la oportunidad,  adquirían aspecto femenino a toda prisa. El resultado no podía ser más desafortunado. Eran como caricaturas grotescas. Además, se oían en la habitación unos ruidos muy extraños, como gruñidos de animales. Alguna vez que se paró a escuchar en el pasillo, salió corriendo aterrado y se metió debajo de la cama. Sonaba lo mismo que el cerdo cuando lo arrastraban desde la pocilga para matarlo.
   __ ¿Son extraterrestres, Luisa?
   __Son putas.
   __ ¿Las ha traído una nave?
   __La guerra en Europa fue quien las trajo.
   __ ¿Qué es la guerra?
   __Un monstruo que destruye todo lo que encuentra a su paso y transforma a las personas en monstruos también.
   Desde entonces, siempre asoció la palabra puta con lo paranormal. Un mundo de aparecidas y de monstruos. “Ir de putas” era para él como atravesar una puerta hacia otra dimensión. No sabías que podría salir a recibirte.
   Por eso, le costó tanto decidirse. Su amigo tuvo que arrastrarle prácticamente. Sin embargo, pese a sus recelos, todo salió bien. La chica que le correspondió era jovencita, incluso guapa, estaba limpia y no tenía cara de loca. Iba pintada, pero sin exagerar. Tampoco hacía aquellos ruidos tan desagradables. Todo lo contrario. Era callada y cariñosa. Tenía los pechos como dos manzanas, las piernas largas y los muslos suaves. Le gustó la experiencia. Así que, repitió todas las veces  que tuvo ocasión, olvidando para siempre la connotación mitad asco y mitad miedo, que había tenido hasta ahora el oficio de esas mujeres a las que siguió frecuentando a partir de ese día. Le parecía lo natural.  En realidad, era lo que había visto siempre y nunca se detuvo a pensar si estaba bien o no.
   De sus tiempos de mili,  conservó también la costumbre de hacer pesas y gimnasia. Estaba hecho un autentico cachas. Era pura fibra.

   Marta, la pelirroja, lo invitó a una casita que tenía en el campo.
   Se llevó una sorpresa con él.
   __Vaya, vaya, pero que viciosillo. Si las mosquitas muertas sois los peores…
    Según Marta, tenían una relación abierta, aunque sería más exacto decir que ella y su marido  tenían una relación abierta.  El no se veía con nadie más, ni se le había pasado por la cabeza. Tampoco había vuelto a acudir a ningún club. Con Marta tenía suficiente. La compartía con total naturalidad y sin ningún atisbo de celos ni cosa parecida…. solamente se acostaba con ella; no sentía amor, ni  un poco de afecto siquiera. Lo que hiciera luego le traía sin cuidado.
  Más de una vez, Jesús, el marido los vio irse juntos.
   __Tu marido nos está mirando…
   __Tranquilo, piensa que eres homosexual.

   Su vida entre Marta y el trabajo era totalmente plácida. Sin embargo pronto algo comenzó a enturbiar su tranquilidad.
   __Ya me parecía a mi demasiada calma.
   Cuando unos años antes, se fue al servicio militar, su jefe contrató otro ayudante temporalmente. Pero el recién llegado era un chico listo y vio la oportunidad. Conquistó a la hija del jefe, que tenía entonces diecisiete años y la embarazó para más seguridad. Los casaron rápidamente. Así que cuando Félix regresó el yerno ocupaba su puesto de vendedor.
   __Tú te ocuparás de la contabilidad y de hacer las compras, yo ya estoy mayor, iré delegando en ti. Juanito será el vendedor y le echaré una mano de vez en cuando. Tiene mucho que aprender. 

    Marta comenzó a la vez que él, a tener problemas en el trabajo. Ella con una compañera dispuesta a progresar, que se acostaba con el jefe, un hombre mayor, de físico bastante desagradable.
   __Me entran ganas de arrastrarla por los pelos.
   Félix, porque el yerno del suyo era un trepa y un prepotente, que se esforzó en hacerle la vida primero difícil y luego imposible.
   __Quéjate a don Antonio__le aconsejaba Marta.
   Pero él no quería en modo alguno disgustar al hombre que había sido lo más aproximado a un padre que tuvo jamás. Hacía ya un tiempo que había vuelto a soñar con el camino. Era señal de alarma inequívoca. Desde la boda, dejó por decisión propia, de comer en la casa y ahora, el marido de Teresita, insinuaba que podrían necesitar la buhardilla para cuando el hijo se fuera haciendo mayor y quisiera vivir su vida.
   __Queda mucho tiempo todavía__ decía la suegra, visiblemente aturdida por la falta de tacto de su yerno. Miraba a su hija buscando complicidad, pero ésta que nunca tuvo carácter, no osaba rechistar cuando hablaba el marido.
   La atmosfera era a veces asfixiante y Félix sufría al ver como don Antonio y doña Gloria, ya mayores y bastante achacosos,  estaban siendo arrinconados por el marido de la hija, sin miramientos.
   A veces sentía deseos de coger al yerno por la solapa del remilgado traje y golpearle la cabeza contra la pared. Pero, era evidente que no podía hacer algo así.

   Marta se lo propuso una noche después de hacer el amor, mientras permanecían abrazados como a ella le gustaba.
   __Aquella compañera de la que te hablé, me está machacando viva. No tengo ganas de seguir aguantando, voy a dar en loca. 
   Se incorporó para sentarse en frente de Félix.                                 
    __Sabes lo que he pensado?
   __No__ dijo mientras le oprimía un pecho con suavidad.
  __Deja de hacerme eso__ le dio un manotazo__. Tenemos que hablar en serio. Voy a explicarte lo que tengo planeado__ Se levantó y se puso una bata, para volver a sentarse en la cama.__ Escucha, en esta provincia la población mayor de setenta años es del sesenta por ciento. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?
   __¿Que hay pocos jóvenes?
  __Jaa, muy gracioso. Esta gente mayor necesita cuidados, no todas las familias pueden hacerse cargo y no hay suficientes geriátricos, por lo cual  se esta comenzando a utilizar la asistencia en el propio domicilio. Pero, ¿qué sucede?
Félix  negó con la cabeza
   __¡Hombres, siempre tan poco prácticos!. Pues, que no hay gente preparada. Ahí entramos nosotros.
   __ ¿Nosotros?
   __Si, tú, yo y mi amiga Lourdes. Voy a pedir la excedencia y crear una empresa de asistencia a domicilio. Conozco el negocio. Atenderemos abuelitos en sus casas. La empresa no necesita apenas infraestructura. Con una oficina pequeña es suficiente. Yo recibiré los encargos y distribuiré al personal según las necesidades. Lourdes es enfermera, se ocuparía de los casos que necesiten gente diplomada. Algunos los atendería ella y si tenemos varios a la vez echaríamos mano de otra gente que ya tenemos contactada. Tú tendrás que hacer un cursillo de auxiliar de geriatría para cubrir el expediente.
   __Oye, espera, espera, yo no hago más cursos…
   __Es muy simple. Sólo son unas 60 horas. Aprendes lo básico: vigilancia de constantes vitales, higiene del paciente, movilización, cosas así. Necesitaremos algún hombre para casos de abuelos que haya que mover…¿comprendes?
   __Si lo comprendo, pero yo no puedo pedir excedencia. En mi caso sería dejar un trabajo fijo por una aventura.
   __Claro que puedes pedir la excedencia. Aunque sólo sea un año. Después ya veremos.
   __A mi no me interesa el “ya veremos”.
   __ Lo hemos estudiado y creo que haremos negocio. Vamos, seguro.
   __Además, yo pierdo mi casa si dejo la mueblería…
   __La pierdes igual. ¿No te anda insinuando la marcha el yernísimo? Te dejo para vivir el apartamento de mi madre. Se ha muerto la inquilina. No te cobro renta, pagas los gastos y ya.
   Marta tenía solución para todo.
   __Pero está en tu mismo edificio.
   __¿Y qué?
   __¿Oye, a Jesús no le mosquea nuestra amistad?
   __No, ya te dije que cree….
   __Vale, no me lo repitas. Pensaré lo que me has propuesto, pero no se….


 Continuará...

La granja

Capítulo II



 Viorel Sánchez: Proyecto collage 2010

 Se sintió enseguida a gusto en su nueva morada.  Le pareció una suerte que lo hubieran echado de la suya. La buhardilla era un poco baja de techo, pero muy luminosa y amplia. Desde la solana se veía buena parte de la ciudad con las estribaciones de la cordillera al fondo. Además estaba limpia como una patena. Todo relucía. Colocó su escasa ropa en el armario con luna de la habitación y las cuatro cajas de libros en la estantería de la salita. Ese era todo su equipaje, además de un montón de recuerdos desagradables.
   No tenía que pagar alquiler y tanto la mujer de su jefe como éste, le cogieron pronto cariño y prácticamente, le obligaron a comer y a cenar con ellos.
   __Es absurdo que te pongas a cocinar, si aquí hay comida para todos.
    El aceptó solamente comer en la casa.
   __La cena me la preparo yo. No debo abusar.
   Eran un matrimonio mayor con una hija de doce años.
   __Llegó cuando ya no la esperábamos__ decía doña Gloria mirando embelesada a la niña, que era clavada a su padre.
   Félix le cogió cariño a Teresita; Fue  como su hermana menor. La  ayudaba con los deberes y le compraba golosinas. Algunos domingos la llevaba al cine, cuando ponían una película tolerada. Ella lo adoraba.
   ¡Se encontraba tan bien en la casa! Olía a comida, a ropa planchada y a suelos de madera fregados con lejía. El era uno más. En esa época comenzó a sentir algo parecido a la felicidad.
   Dejó de tener el sueño del camino y la mula y cuando soplaba el viento, ya no le temía. Incluso comenzó a gustarle. Se arrebujaba  debajo de las suaves y perfumadas sábanas pensando:
   __Aquí no hay fantasmas, ni puertas a otra dimensión que aprovechen la furia del cielo para abrirse.
   Poco a poco sus antiguos temores se iban alejando. Su pasado reciente se iba adentrando en una bruma cada vez más densa, que como una húmeda cortina, separaba sus mundos: el anterior y el presente.

   Los muebleros como se les conocía en la ciudad, eran buena gente, se notaba enseguida. Su ahora jefe, don Antonio, era un hombre afable y sumamente educado. Conservaba cierta amistad con su padre, que Félix después de conocerle no comprendía muy bien.
   __Conozco a tu padre desde hace años. Durante la guerra me salvó la vida. Me llevó herido por el monte muchos kilómetros, con grave riesgo para él, hasta un caserío donde me atendieron y me curaron. Si no fuera por Tamargo no estaría aquí ahora. El nunca le dio importancia, pero a mí no se me olvida.
   A Félix le parecía imposible que su padre hubiera tenido un gesto generoso con nadie. Recordó lo que siempre le decía Luisa:”la guerra le cambió”. Sería eso. El ya lo conoció cambiado.
   Años atrás, unos cuantos antes de nacer Teresita, habían sufrido una tragedia: Teresa la hermana menor de don Antonio había desaparecido sin dejar rastro. El entonces capitán de la guardia civil, amigo de la casa, se desvivió por encontrarla haciendo venir incluso, efectivos de otros cuarteles. Rastrearon el municipio y la zona fronteriza a ambos lados, con ayuda de algunos vecinos de caseríos diseminados por el campo. La búsqueda duró semanas. No quedó resquicio donde no miraran. Cada río y cada monte. Cada pueblo casa por casa. Los sembrados, los pozos, las acequias. Todo.
   Se repartieron retratos por la comarca. Se interrogó a todo el mundo. La esposa del capitán acompañaba a diario a misa a doña Gloria, para implorar ayuda divina.
   Fue inútil.
   __No se preocupe Antonio, el caso seguirá abierto hasta que demos con ella.
   Jamás apareció. Pero, desde entonces era un hombre reverenciado en la casa. Cada año el día de Santa Teresa, acudía a comer al hogar de los muebleros, a pesar de residir en otra provincia, con su mujer y su hija.
   A Félix no le cayó bien desde el principio. Quizá porque no le gustaban las autoridades o quizá porque el primer día, cuando su jefe les presentó: “Es el hijo de los Tamargo…”, adivinó un gesto de burla en el rostro del capitán.
   __Ah, el hijo de Tamargo. Je, je.
   __Otro que piensa que soy marica.
   Se inventó una excusa para no estar presente el día de la próxima visita
    __Aprovecho la jornada para ver a mis viejos.
   A don Antonio le extrañó, pero no insistió. Sin embargo no era del todo mentira. Teniendo en cuenta que resultaba imprescindible ausentarse y como le sobraba dinero,( era de pocos gastos), se acercó a la casa familiar y le ofreció al padre algo de ayuda económica para que  pudieran vivir con cierta dignidad. La madre no se asomó ni a saludar. No había ni señal de ella por la casa.
   __¿Quién te ha pedido nada?__ contestó el viejo, que salió a recibirle apuntándole con un rifle__ ¿Y quién te ha dado permiso para entrar? Vete por donde viniste. Ya te dije que no hacía falta que volvieras. Si apareces por aquí otra vez, te disparo sin más. Diré que te confundí con un ladrón.
   A pesar de todo, visitó la tienda en la que compraban provisiones, pagó la deuda que tenían acumulada y le dijo al tendero que les siguiera dando lo necesario.
   __Yo pasaré cada mes a pagar.
   A partir de ahí, nunca volvieron a verse.
   Tiempo después,  un hombre que había trabajado mucho tiempo en la casa como pastor, se acercó cierto día a la mueblería a hablar con él.
   __He pasado por la casa. Todo está en un estado lamentable, sucio y lleno de basura. Tu madre, según el viejo, no sale de la habitación. Hace años que nadie la ve. Deberías tomar cartas en el asunto…
   Lo comentó con su nueva familia cuando regresó a casa. Gloria le aconsejó:
   __Vete a la asistenta social, le cuentas como son tus relaciones con ellos y que ella se haga cargo. Lo mejor sería trasladar a tu madre a una residencia y con tu padre, veremos lo que se puede hacer. Yo te acompañaré…

   La asistencia social se ocupó del asunto. Como había predicho Gloria, a la madre la trasladaron a un geriátrico. Presentaba un estado lamentable. Estaba pálida, sucia y desnutrida. El pelo, ralo y greñudo, le llegaba a la cintura. Parecía un cadáver desenterrado.
   Al padre fue imposible hacerle abandonar la casa.
   __Yo moriré aquí, cabrones, en mi mansión. Donde debo estar.
    Félix ya había advertido de la hostilidad del viejo, así que, les acompañaron un par de agentes locales. Costó que dejara entrar a nadie en la vivienda. Cuando, después de venir la ambulancia a recoger a la vieja, se disponían a abandonar la finca, el hombre les despidió disparando al aire.
   __Fuera de mis tierras, hijos de puta.
   __Acabará mal__ le dijo uno de los agentes a Félix, que esperaba en el coche.

   Mientras vivió su madre, solamente unos meses, la visitó a menudo. Un día, ella le acarició la mano cuando la apoyó en su brazo para despedirse.
  __Demasiado tarde__ pensó él. No obstante le dio un beso de refilón en la frente, mientras se iba. Fue algo mecánico. La primera vez que la besaba. Y la única.
   No lo pudo ver, pero a ella se le cayeron las lágrimas.
   Tiempo después de morir la madre, el tendero avisó a Félix.
   __Tu padre hace más de una semana que no aparece por aquí.
   Cuando llegó la policía, lo encontraron muerto en el comedor. Caído de espaldas, sin rastro aparente de violencia.
   __Posiblemente le dio un síncope. La autopsia lo dirá.
   Efectivamente eso fue lo que dijo y que hacía siete días que había palmado. Unos cuantos antes, Félix había vuelto a tener el sueño.



 Continuará...

La granja

Este fue mi primer relato extenso. Está escrito en 2009 y publicado en este Blog en 2010. Dudé en publicarlo porque pensé que me había excedido en el retrato de varios psicópatas y que la realidad no podía ser tan sórdida. Luego unos hechos, que no desvelo para no hacer spoiler, pero que asociareis inmediatamente con la acción, me demostraron que la realidad puede superar a la ficción con creces.

Publiqué el relato en la revista para la que colaboraba en aquel momento Mujeres y Protagonistas, habiendo solicitado previamente opinión a la directora que le encantó la historia y dio el visto bueno.

Tras tantos miedos, este relato sirvió para que mucha gente se fijara en mi como escritora, me siguieran para verme crecer y me otorgaran oportunidades, aunque este mundo es muy difícil.

La granja tiene los fallos lógicos del principiante, las metáforas son, a veces, un poco forzadas y el lenguaje es un pelin rebuscado al principio. Luego me voy soltando y creo que el conjunto resulta bien en  general. Alguna editorial me propuso publicar, pero yo francamente no me sentía preparada en aquel momento para iniciar una carrera literaria. ( Buscaré la carta del editor y la publicaré aquí al final del relato).

Utilizo para ilustrar los capítulos las mismas imágenes que puse en el Blog: los cuadros de mi amigo Viorel Sánchez, que le van como anillo al dedo.


Son nueve capítulos. Ya sabéis uno cada miércoles.



 Capitulo I

 
La familia, Viorel Sánchez, 2008

Desde que le asaltara la duda, se repetía el mismo sueño: veía un largo y rectilíneo camino de tierra encajado entre dos hileras de árboles iguales. Aparecía primero, un trecho de senda a lo lejos, que se iba aproximando, como si se desenrollara un tapiz. Quienquiera que fuera el constructor de los sueños, estaba preparando el decorado. Luego, éste cobraba vida; los árboles se movían con la brisa y un bulto borroso aparecía en el fondo, avanzando. Poco a poco se iba dibujando hasta convertirse en un hombre conduciendo por el ramal a una mula cargada con dos fardos, uno a cada lado, que se balanceaban rítmicamente con el movimiento del animal.
   Las primeras veces, una vez visualizados con claridad los figurantes, despertaba. Pero esta vez pudo ver algo más: A medida que el hombre iba desapareciendo por la izquierda, como en una secuencia cinematográfica, la mula pasaba a ocupar el primer plano, antes de perderse también. Entonces comprobó que los fardos del animal llevaban algo que se movía, que se agitaba dentro. Despertó sudando con sobresalto, como cada vez que se repetía el sueño.
   __Tienen que tener relación. Desde que empecé a sospechar, tengo esta misma visión. Algo quiere decir ese camino y ese hombre con la dichosa mula. Cada día estoy más seguro.
   Se levantó; total, ya no iba a poder dormir. Fue a la cocina y puso la cafetera. Mientras se hacía el café miró hacia fuera, igual que siempre. Era demasiado temprano y no había gente aún por la calle. Comenzaban a encenderse luces en las ventanas. Dentro de poco amanecería. Las nocturnas ráfagas de viento habían barrido las hojas del suelo. Los barrenderos sólo tenían que recogerlas en la esquina donde estaban amontonadas.
   __No se quejarán, tienen el trabajo hecho.

   No le gustaba el viento. Cuando vivía en la casa de sus padres los fuertes vientos del invierno le aterraban. Parecía que la casa, aunque sólida, iba a salir volando en cualquier momento. Además, siempre arreciaban por la noche. La luz se iba y cada aullido, cada golpe y cada crujido, se le antojaban fantasmas arrastrando cadenas que venían a buscarle aprovechando el fragor y la oscuridad. Sacudió la cabeza para alejar los recuerdos.
   Hoy era el día en el que se iba para el campo. Marta no estaba para poder despedirse. Había tenido que ir por unos días a la capital para resolver papeleo. Se sentó y recostó la cabeza en la azulejada pared. No pudo evitar, tampoco puso interés en impedirlo, recordar lo que fue su vida y soñar lo que podía haber sido si hubiese nacido en otra familia. Últimamente lo hacía con mucha frecuencia. Su existencia no había sido feliz; pocas veces había sido feliz, o casi feliz, y esto era algo que con cuarenta años le parecía bastante injusto.

   ¿Por qué sus padres le habrían tenido tan poco cariño?. Nunca le hicieron caricias y no recordaba haber recibido un beso de su madre ni siquiera de niño. Como no lo conocía, no lo había echado de menos hasta que vio a otras mujeres esperar a sus hijos a la salida del colegio. Miraba con estupor como los niños corrían y se colgaban del cuello de las madres. A él nunca fue la suya a recogerlo; se iba a casa solo cada día. Todos los días.
   Comenzó a sentirse diferente y totalmente desgraciado.
   Cuando llovía, caminaba bajo los aleros y esperaba, guarecido bajo el último, que escampara para recorrer el trecho sin casas hasta la suya. Si no dejaba de llover, corría campo a través a toda la velocidad de que era capaz. Sin embargo, la lluvia lo dejaba remojado lo mismo que los barquitos de pan que echaba en el café para desayunar. Luisa, la vieja sirvienta, lo secaba con una toalla y le tenía las zapatillas calientes cerca del fogón. Cuando estaba enfermo, también era Luisa quien se ocupaba de cuidarlo. Los padres le demostraron siempre una indiferencia absoluta. Le echaban en cara su poca salud y que fuera un niño escuchimizado y tímido. Se avergonzaban de él sin disimulo.
   Era verdad que no se parecía físicamente a ninguno de los dos, ambos corpulentos y rollizos, con una salud de hierro sobre todo el padre, en él que no hacían mella por lo menos en apariencia, los excesos de todo tipo con los que se hacía la vida más llevadera.

   Creció en la gran cocina de la casa, vigilado por la sirvienta. Allí comía, estudiaba, hacia los deberes y jugaba con los perros. Tenía pocos amigos, porque nadie quería niños por la casa. Luisa fue lo más parecido a una madre que tuvo en la niñez. Cuando enfermó él fue quien se ocupó de cuidarla con apenas quince años. La madre no apareció ni siquiera por la pequeña y mal ventilada habitación que había sido, junto con la cocina, el espacio de la vieja durante cuarenta años. Él le daba las gotas que le recetó el médico, le tomaba la fiebre y en las últimas noches, se quedó a velarla en la habitación hasta que murió. Sugirió a su madre trasladar a Luisa a otro cuarto más amplio y ventilado. Había de sobra en la casa. Ella se escandalizó:
   __¡ Como vamos a trasladar a la sirvienta a la planta de arriba donde estamos nosotros! No sabes lo que dices. Eres un patán. No hemos hecho una guerra para estar todos revueltos. Cada clase social debe estar en su sitio. Métetelo en la cabeza.
   Félix salió del salón pensando que entendería su madre por clase social. El viejo caserón y sus habitantes habían perdido la suya, si es que alguna vez la tuvieron. Con los años, el abandono traducido en desconchones, falta de pintura, muebles rotos y cortinajes sucios y raídos, se había ido apoderando de la vivienda, que no era ni sombra de lo debió haber sido en otros tiempos. Los manteles estaban rotos y deshilachados. Los platos eran todos diferentes, descascarillados y cuarteados. La olla en la que cocinaban estaba negra y grasienta, a pesar de que él, cuando Luisa ya no podía ni sostenerla en las manos, la fregaba con frecuencia frotando con todas sus fuerzas.
   Le extrañaba la limpieza de las viviendas de los otros niños, a las que acudía muy de tarde en tarde, cuando tenía que hacer con alguno las tareas del colegio. Fue en esa época cuando comenzó a sospechar y apareció el sueño.
   El caserón era frío, solamente la cocina permanecía medianamente caldeada gracias a los fogones de leña, pero el resto sobre todo en los meses de invierno, era gélido como un iceberg. Le salían sabañones en las manos y los pies e incluso en las orejas; Al templar el tiempo le picaban tanto, que se hacía sangre al rascarse.
   El agua se cansó de subir a los grifos del primer piso. A su madre se la llevaba Luisa caliente, para llenar la bañera, pero él se bañaba en un barreño en la cocina. Lo hizo durante toda su vida en la casa.
   Entre los dos hacían que todo funcionara a medias, pero cuando faltó la criada, la mugre se instaló definitivamente en la casa y pese a los esfuerzos de Félix, creció y se expandió a sus anchas; le ganó la batalla con absoluta facilidad. La suciedad era obstinada como una acémila.
   __Como la mula del sueño, cada noche igual, erre que erre.
   Cuando se marchó, la mansión se convirtió en un enorme basurero, encerrado entre blasonadas paredes de sillares, donde dos personas disminuidas mentalmente disputaban cada día el sitio a la inmundicia.

   A pesar de lo infeliz de su infancia, o quizá por ello, había sido un buen estudiante al que los profesores ponían como ejemplo. Sin embargo, su padre decidió que, una vez finalizada la enseñanza obligatoria, no siguiera estudiando. Tenía otros planes para él.
   __Te irás a trabajar con el dueño de la mueblería. Necesita un ayudante. Después de salir del trabajo, estudiarás contabilidad. Precisará un contable cuando se jubile el que tienen. Tu jefe te dejará para vivir la buhardilla de su casa. Las clases las pagarás con tu sueldo. No hace falta que vuelvas por aquí. Ya hemos cumplido contigo.

   Aunque se llevó una decepción, porque tenía deseos de ir a la Universidad, por otro lado, se sintió aliviado. Así perdería de vista a aquellos dos seres que solamente le habían odiado y se habían esforzado en hacérselo sentir cada día de su vida. ¡ Que diferentes del concepto que él tenía de unos padres! No entendía por qué personas como aquellas formaban una familia, para luego destruirla. Tampoco le cabía en la cabeza que, procediendo de gente acomodada y habiendo recibido una buena educación, se hubieran ido degradando de aquel modo.
   __Fue la guerra_ decía siempre Luisa__ La guerra cambió a tu padre.
   Físicamente, no eran muy diferentes de los indigentes que se acercaban a veces a pedir limosna, con la ropa sucia, el pelo convertido en greñas y la uñas con roña. Moralmente, habían ido perdiendo cualquier resto de dignidad, aunque el sospechaba que nunca la habían tenido. Así el padre lo mismo estafaba a quien podía, que entraba en una finca y robaba lo que se le antojaba. Siempre gozó de impunidad, lo que sorprendía a Félix. Últimamente, jugaba, bebía y traía a casa cualquier mujer que encontraba por la calle dispuesta a acompañarlo y allí la instalaba hasta que ella se largaba con viento fresco, harta de pasar hambre y vivir entre basura, sin que a su madre pareciera importarle lo más mínimo. Esta se había instalado prácticamente en su dormitorio y apenas salía de allí.

   El abandono de la hacienda corría paralelo al físico y moral. El patrimonio que habían juntado de las dos familias, se había ido agotando. Su padre dejó de cultivar las tierras, malvendió el ganado y cuando él se marchó las apreturas económicas eran más que evidentes.



Continuará...

El renglón torcido

Conclusión




Casimiro se quedó en la casa de Dolores a pasar la noche. Ya no había peligro, pero dadas las emociones del día era lo mejor. Elisa quiso quedarse también.
   __Os voy a preparar la mejor tortilla rellena de vuestras vidas.
   __Entre todas me malcrían__ protestó encantado Casimiro.
   Aníbal comprobó que en el sótano ya no hubiera rastros de la humareda, recogió los cristales rotos y cerró la puerta. Llamó a Isabel para contarle los sucesos de la tarde.
   __ ¿Estáis todos bien de verdad?
   __Claro que si mujer, no iba a mentirte en esto.
   __ ¿Cuándo volveréis?
   __Pronto. Ya te avisaré.

   Todos en casa de Dolores se fueron temprano a la cama. El día había sido largo y complicado y era bueno reposar, sobre todo la mente. Casimiro, pese al atracón de tortilla, durmió como un bendito. A la mañana siguiente, le despertó el olor a bizcocho reciente y a café colado, de la cocina. La cama era alta y le costó llegar con los pies al suelo, ya no recordaba que la noche anterior casi había trepado para poder acostarse. Se apoyó en la mesilla para lograr impulso y algo se calló al suelo.
   __Hostia, que no se rompa…
   No podía romperse. Cuando lo recogió el corazón se le disparó por la emoción: Era un cuaderno azul oscuro,  casi negro, arrugado pero impoluto, que la noche anterior no estaba sobre la mesilla. Dentro, como había supuesto, se hallaba en imágenes la vida del pueblo y marcados por una cinta, los sucesos de la violación de la Irene y de la muerte del Julián. Como un cómic sin viñetas, como una película muda. Aunque tampoco hacían falta explicaciones; los dibujos eran tan reales que lo expresaban todo con claridad meridiana.
   __ ¡Artista!
   Llamó a García.
   __Bendito sean Dios, caso de existir, y el Inda__ respondió el inspector.
   __Ahora lo entiendo García, ahora comprendo aquella frase que decía mi madre siempre. “Dios escribe derecho con renglones torcidos”, nunca supe que quería decir, pero ahora lo sé. Inda es el renglón torcido. Es el renglón torcido más luminoso que se puede encontrar. Como un rayo de sol. Es el verdadero trazo de Dios, la mano de la Providencia para que se haga justicia.
   __Amén__ respondió García sorprendido por el lenguaje cuasi poético del detective.

   Dolores pidió a García que fuera él quien se encargara del futuro del Inda cuando ella ya no estuviera.
   __Para irme tranquila inspector. Me equivoque con don Antonio, pero sé que he acertado con usted.
   __Desde luego, lo haré encantado. Quédese tranquila. Además estaremos en contacto. Vamos a continuar viniendo al pueblo. Ninguno de nosotros perderá de vista al Inda.
   A Elisa madre, le pareció muy buena nueva lo escuchado al inspector. La abuela de Isabel notó la cara de satisfacción y se dispuso a dejar las cosas claras.
   __ Ya lo sabes Elisa, si quieres estudiar en la universidad de nuestra ciudad, puedes vivir en casa. Tenemos una habitación para ti.
   __Lo hará, así yo podré visitarla a menudo__ respondió Elisa madre.
   __Para ti no hay cama__ le cortó la abuela y luego casi al oído le informó como advertencia:__ La de Aníbal ya está ocupada por mi nieta y tápate esa pechuga que vas a coger una pulmonía.




FIN


El renglón torcido

Capitulo IX




Por una vez, a García le falló la intuición peliculera. Durante el funeral de don Antonio, oficiado por el cardenal y concelebrado por otros ocho sacerdotes, nadie intentó secuestrar ni matar al Inda; nadie merodeó por los alrededores, ni nadie sospechoso o desconocido se acercó a la casa, que estaba casi en las afueras y aunque rodeada por otras, estaba solitaria, puesto que esas otras estaban vacías de gente en estos momentos y a través de alguna era fácil acceder a la casa de Dolores. Aníbal y Casimiro pasaron allí la tarde para nada.
   Indalecio hacía como si no estuvieran y no parecía afectado por el hecho de su presencia allí, ni por la de los guardias delante de la casa.
   __Mejor__ le dijo Aníbal a Dolores cuando se lo hizo notar.
   __Ahora que don Antonio ha muerto el cardenal se volverá a Roma__ auguró Casimiro.
   __ Sería bueno encontrar los dichosos cuadernos por si acaso.
   Apremiaron a García para que a su vez apremiara a Elisa.
 __Así no vamos a conseguir nada, esto va a requerir su tiempo y si no conseguimos los dibujos habrá que ir pensando en otra cosa, en otro modo de lograr comunicarnos con él.
   __Lo veo muy difícil.
   __También pudiera ser que el cardenal actué antes de irse. No creo que después de intentar matar a la chica, se vaya a ir así por las buenas dejando las cosas aun peor.
   __ ¿Y?
   __Podíamos tratar de actuar por ese lado, trazando un plan. Lo estuve pensando mientras hacíamos guardia en casa del Inda para nada.
   __ ¿Y?
   __¡Que poca imaginación! Démosle un motivo para actuar, hagamos algo que le lleve a confiarse.

    El cardenal, en efecto, pensaba ya en regresar a Roma, pero no podía dejar los cabos sueltos como estuvieron desde entonces hasta ahora. Solo que ahora estaban aun peor.
   __Si no me rodeara de inútiles como tú ya estaría todo resuelto. No debí perdonarte aquello.
   __Tengo una idea para terminar el asunto.
   __Miedo me dan tus ideas.
   __Será fácil. Escuche. La niña que debería estar muerta y no lo está, la que le vio aquella mañana…
   __Siii, la Elisa, prosigue.
   __Va todas las tardes a casa del muchacho a la misma hora. Sigue una rutina como los tontos…
   __A estas alturas dudo de que nadie en esta historia sea tonto excepto nosotros, y me refiero a ti y a mí, sobre todo a ti.
   __Vale, pues tengo ideado un plan. Es fácil, no puede fallar.
   __Eso permíteme que lo dude viniendo de ti. Explícamelo bien con todo lujo de detalles, hasta los más nimios, y yo decidiré.

   Estaba anocheciendo; había transcurrido un día más y todo continuaba igual. Los guardias vigilando en casa de Dolores, Elisa yendo todas las tardes a ver al Inda, acompañada de Aníbal y de su madre, que se había empeñado en agregarse; todos esperando y el cardenal sin irse, saliendo de caza cada mañana escoltado por su secretario o guardaespaldas o matón o lo que fuera.
   Desesperante.
  Elisa madre, después de que Isabel se hubiera vuelto a la ciudad, había reanudado sus encuentros casuales y no tanto, con Aníbal, que se dejaba encontrar sin ningún esfuerzo. Era el único aliciente para él. Para los demás, sobre todo para García, era una molestia añadida, porque no les parecía adecuado ni acertado que Aníbal se dejara querer por “esa fresca”, en opinión de la abuela.
   En la Casona, don Pedro se había quedado solo y se movía por la oficina como un autómata en opinión de quienes le observaban. No sabían bien si por la muerte de la hija o por la huida de su mujer o por las burlas de su madre o por todo, que ya era más que suficiente.
   Los viejos del tilo, bajo el tilo cada mañana y cada tarde.
   El sargento y García desesperando, Casimiro comiendo y engordando y Aníbal flirteando con la Elisa.
   Inesperadamente, aquella tarde, algo sobresaltó la rutina de todos. De pronto, una explosión muy fuerte sacudió las casas como un seísmo y una llamarada se elevó hacia el cielo, sobrepasando la torre de la iglesia.
   __ ¿Que ha sido eso?
   Cuando salieron a la calle, la gente corría hacia las afueras.
   __Ha sido en el almacén de trigo. Algo ha explotado.
   La campana de la torre tocaba a rebato y toda la gente corría en dirección al almacén como si fuera a haber un bombardeo. Eso fue lo que rememoró la memoria asociada de la abuela.
   __Dios santo, parece la guerra.
   García y Casimiro, se cruzaron con el sargento que regresaba al cuartel.
   __Ha sido una explosión en el almacén. Había gente dentro, posiblemente también don Pedro. Voy a avisar a Emergencias.
   __ Vaya a ver qué ha sucedido. Yo voy a casa de Dolores.
   __ ¿Piensa que…?
   __Seguro que sí.
   Cuando llegaron, los guardias habían dejado la vigilancia y se habían ido hacia el lugar de la catástrofe. Dolores salía apresurada para ver qué había ocurrido.
   __Mire que llamaradas.
   __Ya está todo bajo control. Métase para casa y no se separe de Elisa y del Inda. Pónganse a cubierto, enciérrense en el sótano como habíamos acordado.
  Aníbal y García cerraron la puerta en casa de Dolores, apagaron la luz  y se dispusieron a esperar. Afuera el bullicio era continuo: idas y venidas, gritos y carreras, sirenas de bomberos y de ambulancias; el crepitar del fuego era tan violento que se oía desde allí con nitidez. Dentro, el silencio flotaba por la casa suave, pero perseverante; se iba haciendo notar, orgulloso, a medida que el tiempo transcurría.
   Pasaron varios minutos interminables. Por fin, un sonido casi imperceptible les puso sobre aviso: alguien estaba abriendo la puerta que daba al corral. La puerta de la cocina. Quienquiera que fuese había saltado la tapia y había venido por la trasera de la casa obviando, lógicamente, la puerta de la calle. García apuntó con su arma hacia la puerta desde su sitio inmóvil y Aníbal desde la escalera tenía una perspectiva general.
   Una sombra se recortó en el umbral de la puerta entreabierta, insinuada apenas contra la débil luz de la tarde; mientras García afianzaba la puntería, abajo en el sótano se escucho claramente la rotura de cristales. Aníbal se sobresaltó.
   __ ¿Qué cojones…?
   Un fogonazo iluminó la cocina acompañado de un alarido gutural, seguido del golpe de un cuerpo al caer y de una serie de improperios solapados entre gritos de dolor.
   __Hostia puta…aaaaaaaah…me cago en tus muertos cabrón…
   __No pensarías que te íbamos a recibir con banderitas__ respondió García mientras recogía la escopeta del herido que se revolcaba en el suelo__ cállate, no malgastes las energías. Por cierto ¿Quién cojones eres?
   __Soy Bernardo… el de la Josefita…Dolores me conoce.
   __ ¿Has venido a saludar?
   __El italiano me contrató, me dijo que iba a ser pan comido.
   __ ¿Dónde está el?
   __Ha entrado por el sótano.
   __Por el sótano, imposible.
   __Eso me ha dicho. ¡Llame a un médico!
   __Están todos en el accidente. No te vas a morir, no te preocupes.
   Aníbal se había dirigido hacia  la puerta del sótano con precaución y con preocupación. Cuando la tenía  a la vista, se abrió con violencia y una humareda rala se extendió por el pasillo como la neblina por los valles; mientras él apuntaba al tuntún, Dolores, Elisa y el Inda aparecieron desorientados y tosiendo. Aníbal cerró con el pie, mientras los ayudaba a encontrar un sitio seguro en el jonuco de la escalera.
   __ ¿Están bien?
   __Si…no se preocupe por nosotros. ¿Qué ha ocurrido? ¿Está ardiendo también la casa?
   __Ha sido solamente una bomba de humo, manténgase aquí.
   El espacio era muy reducido. Dolores acomodó a los chicos al fondo, mientras ella permanecía mirando por detrás de la puerta entreabierta. Padecía claustrofobia, por eso Aníbal, desechó el jonuco y los llevó al sótano.
   Mientras Aníbal los ocultaba, la puerta de la calle se abrió con furia golpeando las dos hojas contra la pared y desde el umbral, a través del oscilante hueco, alguien abrió fuego repetidamente contra el detective.
   __La Walther PPK__ reconoció García__ aquí lo tenemos.
   Aníbal se dobló sobre sí mismo y cayó de rodillas antes de desplomarse inerte sobre el piso neblinoso todavía. Dolores, Elisa y el Inda protegidos bajo el hueco de las escaleras escucharon el disparo y el ruido de la caída. Dolores contempló los pies de Aníbal con sus mocasines italianos inconfundibles y se persignó, mientras protegía con su cuerpo al Inda, mudo como siempre. Elisa, pegada a la pared se había tapado los oídos y lloraba en silencio.
   __Padre nuestro que estás en el cielo…ten misericordia de nosotros…acógelo en tu seno…ten piedad de todos…piensa en mi nieto…
   García movía la silla con la izquierda mientras disparaba su Beretta con la diestra,  contra la oscuridad del recibidor. El italiano giró a su derecha para hacer lo mismo. En décimas de segundo Aníbal se incorporó y disparó su Heckler USP contra la figura que ya había comenzado a disparar, a su vez, contra García.
  __ ¡Jesús bendito! Ha resucitado como Lázaro. Gracias Señor, gracias__ exclamaba Dolores totalmente excitada. Por fin había visto un milagro. ¡Por fin!
   __ Chico listo__ pensó el Inda__ se había puesto un chaleco anti balas. Esto pinta bien.
   El sicario de la pistola a lo Jamesbon, yacía en el suelo cuan largo era, que era bastante. Aníbal pensó con acierto, que iría protegido como él, por eso le disparó a las piernas, mientras García lo mantenía entretenido por la derecha. Uno de los disparos del italiano había rozado la sien del inspector que sangraba exageradamente. “La sangre es vanidosa como una vedette. Cuando entra en escena quiere todo el protagonismo”. Fue el comentario de la abuela cuando lo vio chorreando por el cuello, como si lo hubiera mordido un vampiro.
   Aníbal, recogió la Walther y la contempló fugazmente, mientras encendía la luz, para ver los estragos de la batalla.
   __No tengo nada, solo un rasguño__ le tranquilizó García.
   __ ¿Tú qué haces aquí? Es el hijo de la Josefita__ explicaba Dolores sorprendida __ ¡Cabrón! ¿Has venido a matarnos? ¡Hijo de la gran puta! ¡Te vas a enterar! ¿Qué te hemos hecho nosotros?
   Aníbal tuvo que impedir que Dolores lo rematara con una sartén, mientras  García, conteniendo la hemorragia con un paño de cocina, apuntaba al sicario torpe que estaba tratando de incorporarse.
   __Aníbal, Aníbal, echa un ojo…
   No fue necesario. Un bastón manejado con destreza se había partido en dos sobre la cabeza del italiano.
  __¡Ca-a-a-brón!__ dijo una voz desconocida para ellos.
   __¡Inda! __exclamó la abuela soltando la sartén__ Mi niño querido.



   Casimiro había escuchado los disparos cuando venía de camino, y preocupado, comenzó a correr a todo lo que le daban sus cortas piernas y la grasa de su cuerpo, que no era demasiado. Justo en frente de la casa de Dolores, redujo la marcha. Una figura alta, escopeta en mano, se dirigía hacia el mismo sitio. Cada zancada del cardenal era una carrera esforzada de él.
   __Cuanto poderío.
   Se detuvieron uno frente a otro, y se contemplaron. Casimiro estiró el cuello como un gallo de pelea osado y desafiante, mientras al otro le bastaba mantener la compostura, para impresionar. Las diferencias entre ellos eran notables, sobre todo la estatura. Como un pigmeo congoleño y un jugador de la NBA. Pero los pigmeos son hábiles y rápidos, les va en ello la supervivencia. Por eso, Casimiro, visto y no visto, levantó la derecha con destreza, hacia la entrepierna del cardenal que, sorprendido y dolorido, se dobló sobre la cintura escorándose a la diestra, mientras el detective, esta vez con la izquierda, repetía la jugada. Alejandro cayó de rodillas y miró de frente, a la cara a su agresor.
   __David y Goliat__ le dijo el enano, mientras le partía el mentón de un culatazo.
   Los demás lo habían presenciado todo desde el interior de la casa. Cuando Casimiro se dirigía hacia ellos con cara de satisfacción, Indalecio salió corriendo y sin mediar palabra, como era su costumbre, se abrazó al detective. Se abrazó de aquella manera. Digamos que lo agarró por la cintura y apoyó la cabeza sobre su hombro. Casimiro, sorprendido sin saber muy bien qué hacer, terminó por acariciarle la cabeza. Ninguno de los dos era un experto en la materia.
   Dolores y Elisa lloraban, García y Aníbal se emocionaron también, mientras los dos heridos clamaban por un médico, aunque llegó antes el sargento de la guardia civil.
   __Todo en orden__ les dijo, mientras recogía la pistola del italiano que Aníbal le entregó.
   __ ¿Y el fuego?
  __Alguien provocó una explosión en el almacén para distraer nuestra atención. Hubo un muerto y algunos heridos de diversa consideración, entre ellos el marqués. Ya está todo controlado. Han hecho ustedes un buen trabajo.
   __ Ite missa est__ remató García, para después decirle a Elisa:__ eres libre. Por completo.






 Continuará...