El renglón torcido


Capítulo II




La casa familiar de Isabel y su abuela estaba al lado de la iglesia. Se veía diminuta, insignificante a la sombra del torreón con espadaña, que resultaba absurdamente ostentoso en su altura, casi amenazante. Cerrando la plaza por la izquierda, perpendicular a la iglesia, estaba la Rectoral. Tenía razón la abuela, parecía un palacio florentino. Desentonaba bastante del entorno de casas bajas y humildes de arquitectura típicamente rural.
   __Mi pobre casa__ suspiró la abuela__ parece una pulga.
   Sin embargo no estaba mal; era suficientemente amplia, un poco laberíntica, lo típico de las casas de pueblo a las que se van añadiendo estancias según necesidades, sin mucho orden ni concierto, pero acogedora, “con encanto”, aseveró García, al que instalaron en la única habitación de la planta baja, dado que con la silla de ruedas era complicado subir y bajar escaleras.
   __Sólo hay un aseo con ducha en esta planta__ se lamentó la abuela con el antiguo inspector__ pero por lo menos tiene la ventaja de no tener que compartirlo. Nosotros tres nos repartiremos el baño de arriba.
   __No se preocupe abuela__ terció Casimiro__ haremos turnos por la mañana y listo.
   __No hará falta conmigo, yo me bañaré una vez que vosotros os hayáis ido a investigar y mis necesidades las haré en el corral como cuando era niña. Me rejuvenecerá. Ahora vendrá un operario a instalar lo que necesite__ le dijo a García__ Mi prima ya lo avisó.
   __Perfecto doña Isabel. No se preocupe tanto por mí.
   __ Lo hago encantada, inspector.
   Habían traído suministros de comida suficientes para empezar, pero la prima Elisa les había llenado la nevera que todavía funcionaba para sorpresa de la abuela.
   __No hay máquinas como las de antes. Esta tiene, por lo menos, veinticinco años. Ahora duran dos o tres, hasta que se acaba la garantía.
   __Que razón tiene abuela__ remató Casimiro que se había puesto a catar los chorizos.


   Aníbal quiso hablar con Elisa niña en su casa, “porque será menos traumático para ella, en su entorno”. García le acompañaría, pero la abuela no, porque tanta gente extraña sería ya demasiado intimidatoria.
   __Yo soy su tía abuela.
   __Si pero la niña apenas la conoce.
   __Pero me conoce y a vosotros no. Debería interrogarla yo.
   __Lo haremos nosotros abuela, en principio. Después ya veremos __dijo Aníbal conciliador.
   Casimiro daría una vuelta por el vecindario conociendo al personal y enterándose de todo lo que pudiera con respecto al señorito y su familia y al hijo mayor del señorito y su posible coartada y sobre todo al porqué de la insistencia _según la abuela_ de cargar el muerto al tonto del pueblo.
   La casa de Elisa estaba a cien metros, más o menos, en dirección a los campos. Era algo más grande que la de la abuela y también laberíntica, aunque “con menos encanto” según García. Elisa madre fue quien abrió la puerta; era una casi cuarentona de muy buen ver en opinión de Aníbal y de García, por la cara de satisfacción que pusieron los dos y la mirada de soslayo que se dirigieron. Iba vestida un poco llamativamente, “enseñando demasiada pechuga, y muy pintada para la ocasión, lo cual no era para nada necesario”, habría dicho la abuela. “Era un interrogatorio ¡por Dios! no era el día del Patrón”.
   Elisa niña se parecía a la madre, pero mucho más tímida. Se sentó donde le indicaron, frente a ellos, mirando al suelo y casi temblando. Aníbal y García supieron de inmediato que no iba a soltar prenda. Pues va a tener que hablar con ella la abuela después de todo, pensó Aníbal. No obstante trataron de entablar conversación con naturalidad.
   __Hola Elisa, me llamo Aníbal Manero y soy el novio de tu prima Isabel, la de la capital. ¿La recuerdas?
   Elisa negó con la cabeza mirando al suelo.
   __Si la recuerdas__ terció Elisa madre__ estuvimos en su casa en la ciudad cuando la abuela tuvo que ir al especialista. Te llevó al cine y a la playa.
   La niña continuó en silencio.
   __Me gustaría que me contaras como te heriste en el brazo. Cuéntame cómo fue. ¿Ibas a casa de una amiga, verdad?
   Elisa asintió con la cabeza.
   __ ¿Escuchaste un tiro?
   Elisa volvió a asentir.
   __Y, entonces el perro del pastor te atacó….
   La niña se mantuvo en silencio un buen rato. Elisa madre iba a intervenir, pero una seña de García la detuvo. Elisa hija levantó ¡por fin! la cabeza y miró a Aníbal.
   __No, no fue el perro del pastor. El perro del pastor se llama Trosky y es un mastín muy bueno. Este era un perro de caza como los que tiene mi padre, bueno ese…
   __Al atacarte el perro te caíste…
   __No, no me caí. Me agaché para espantarlo y la bici zigzagueó__ respondió haciendo el movimiento con la mano__ fue cuando algo me  quemó el brazo. Entonces salí a toda velocidad hasta la casa de María.
   __El hermano mayor de María escucho el disparo y salió a ver y se encontró con Elisa sangrando y muerta de miedo.
   __No tenía miedo. Me quemaba el brazo.
   __¿No te habías cruzado con nadie, ni visto a nadie desconocido o sospechoso?
   La chica negó con la cabeza.
   __ ¿No habías notado que nadie te siguiera en los días anteriores?
Elisa volvió a negar.
   __ ¿Tienen relación con el cardenal. Ha venido a saludarlas?__ Preguntó García, como si lo hubiera inspirado el Espíritu Santo.
   __ ¿Nosotras? No que va…mi madre tiene mucha confianza en don Antonio, el párroco, el tío del cardenal, pero nosotras no.
   Elisa hija comenzó a sudar y se puso colorada como una amapola. Aníbal y García supieron que algo estaba pasando.
   __ ¿Tu tampoco conoces al cardenal? ¿No ha ido a veros al colegio o algo así?
   Elisa negó con la cabeza cada vez más inquieta.
   __Alejandro, el cardenal, apenas de relaciona con la gente. Dice misa el domingo temprano y eso es todo. Sale de caza y pasea con su secretario y ya…
   __ ¿Nunca has hablado con él?
   Elisa volvió a negar con la cabeza, con vehemencia.
   __ ¿Querrías acompañarnos al lugar exacto donde te dispararon?
   Elisa hija asintió otra vez mirando al suelo y Elisa madre se levanto, diligente, para acompañarles.

    Entre tanto Casimiro había entablado conversación, bajo un tilo solitario en medio de una plaza en la trasera de la iglesia, con un grupo de campesinos jubilados sin otra cosa que hacer que dar charlas sobre el crimen de la niña a cualquiera que se dejara, porque entre ellos ya estaba todo dicho y la llegada del cardenal ya andaba amortizada, con creces, a estas alturas.
   __ ¿Nadie vio nada aquella tarde?
   __ ¿Acuala tarde paisano? Porque hubo dos tardes. Una cuando casi matan a la Elisa y otra cuando mataron a la Sofía.
   __Cualquiera de las dos.
   __La primera oímos el disparo y la segunda pues lo mismo. Este es un pueblo pequeño y silencioso a no ser que pase la cosechadora del Isidro, que ahora no es el caso porque no es tiempo de cosechar. Nusotros estábamos aquí, de casualidad ¿eh vusotros? Y oímos el tiro primero y el tiro segundo. El primer día pensamos: ya están esos cabrones matando gatos y nos equivocamos, y el segundo dijimos ¿a que le han pegao otro tiro a la Elisa? Pa´ rematarla mayormente. Raro dijo este; éste que le señalo es el Honorino, y dijo esto: otro tiro no le han pegao a la Elisa, porque no sale de casa. Son los cabrones otra vez. Pero se equivocó, era otro cabrón que había matao a la Sofía. La nieta de la bruja.
   __ ¿Es bruja la abuela de la niña?
   __Es un modo de hablar. Es la dueña de medio pueblo. Ella por un lao y el cura por el otro. Don Antonio, bueno, el sobrino, el cardenal ese, han comprado todas las tierras de la herencia de los Ayalas y andan a la gresca por unas viñas que encima son malas, con mala uva quiero decir. Esta es tierra de cereal y las vides de aquí dan un vino peleón. Pero andan a la gresca como si de la uva fuera a salir vino Sabañón, de ese.
   __ ¿No pensarán que han matado a la niña por ese motivo?
   __No lo creo, porque si no, no le hubieran disparado a la Elisa.
   __Puede ser para despistar__ aseveró otro contertulio.
   __Es el Jacinto__ indicó el que hablaba desde el principio.
   __O pudo ser un aviso: disparamos a tu hija mayor y luego vamos a por la otra…__volvió a aseverar el Jacinto poniendo voz de misterio.
   __Y quien las mató entonces ¿el cura? ¿el cardenal?
   Los  cinco jubilados se encogieron de hombros a la vez.
   __Mire usted, don Antonio está en la cama malísimo de unas fiebres o algo raro que nusotros creemos le contagiaron en el lupanar de Santirso del Arroyo, porque para siempre allí cada vez que viaja a la ciudad. Aunque ya está muy viejo y yo creo que es imposible que se le levante, pero él para siempre, ya le digo…
   Casimiro estaba cada vez más asombrado y divertido. Aquellos viejos eran la hostia.
   __Continúe, cuéntemelo todo, por favor, estoy muy interesado.
   __Pues eso, que no pudo ser él y el cardenal… ¿Cuál era la cortada que no me acuerdo?
   __Estaba diciendo misa. Estaba en la iglesia rodeado de beatas, cuando mataron a la Sofía.
   “Como Michele Corleone, si” aseguró García más tarde cuando Casimiro narró la conversación con los vejetes.
   __Y ¿la tarde que dispararon  a la Elisa?
   __Don Antonio, malísimo ya en la cama y el cardenal aun no había llegado. Trascurrió casi una semana entre los dos tiros.
   __ ¿Conocen al hijo varón del señorito? ¿Cómo se llama?
   __Se llaman igual los dos: Pedro. El señorito es don Pedro de la Sierra y Sierra. Los padres eran primos segundos. En los pueblos hay mucha bigamia entre los ricos.
   __ Enogamia__ corrigió otro.
   __ ¿Eso no es lo del vino?__ pregunto el corregido con cierta suficiencia.
   __Bueno da lo mismo, les he entendido perfectamente__ terció Casimiro__ Me decían que conocen al hijo…
   __Siiii, menuda pieza. Como el padre  o peor.
   El resto de viejos aseveró a coro con la cabeza.
   __ ¿A que se refieren?
   __ ¿A qué va a ser?
   __Yo no les conozco. Díganmelo ustedes.
   __A las mujeres, carajo. El hijo es un faldero compasivo…
   __Compulsivo; nada, no me haga caso, continúe.
   __Tiene una novia aquí y otra allá, incluso casadas. Ya tuvo problemas, ya… Acordaros de lo del notario de Santirso. Menudo escándalo. Además tiene deudas de juego, creo. Vino por aquí hecho un energúmeno, para que el padre le adelantara la herencia. El padre que le va adelantar… si no maneja un duro. Su madre, la bruja, le tiene cogido por los huevos. Les tiene a raya a los dos: a él y a la mujer. Porque a ella también le gusta el gasto, uf que si le gusta, pero la vieja es una roñosa de cuidado. Debería de haberla matado a ella…quiero decir, si lo que quería era heredar… el hijo de don Pedro…Usted me ha preguntado.
   __Si, sí, yo le he preguntado, calma. ¿Dónde vive, Pedro hijo?
   __En Santirso. Es el veterinario del municipio.
   __ ¿Vive sólo?
   __ ¡Qué va! Está casado con la maestra.
   __ ¿Tienen hijos?
   __No, creo que ella es esmeril.
   __Y él tampoco tiene hijos por ahí, como el padre…
   __No, que nusotros sepamos…
   __No los tiene entonces. Y… este chico al que buscan ¿Cómo se llama?
   __ ¿El Indalecio? Buuuu, eso es un cabezonada del sargento que es una mula parda. Es buen paisano, pero anda justo de nuronas, lo dice mi nieto.
   __Eso es una orden superior, lo que yo te diga.
   __Es el Nemesio__ presentó el de siempre__ Tiene razón. Aquí hay algo raro.
   __Porque el Indalecio no es capaz ni de matar una mosca__ insistió Casimiro.
   __¡Qué va! Se ve que usted no lo conoce. Anda por ahí observando y huye cuando le hablas. Pero ese es un alma de Dios. Incapaz de matar.
   __Dicen que observa a las mujeres detrás de las zarzas…
   __Mire ¿sabe lo que pasa? Perdió  a su madre y anda esperando que regrese. No se da cuenta que ha muerto y no va a volver. Observa a las mujeres para ver si está su madre, inclusive cuando se atreve les pregunta por ella. A la Petra con la que tiene más confianza, le pregunta a menudo, aunque se erpresa con dificultad. No sé cómo se les ha ocurrido culpale a él…
   __Anda desaparecido ¿no?
   __Si desde el mismo día que mataron a la Sofía. En vez de buscarlo por si le ha ocurrido algo, no, le buscan para cargarle la muerta…Iba a venir un teniente de la USO, pero ¡quiá! ¿Pa`que? Si ya está todo dicho…Andan aun haciendo batidas buscándole como a un lobo. No hay derecho. Porque hay algo más ¿sabe usté?
   __Yo no sé nada.
   Los viejos se cerraron en corro sobre Casimiro y el que llevaba la voz desde el principio, le informó casi al oído:

   __A las niñas les dispararon con una pistola como las de usa el Jamesbon ese de las películas, mi nieto lo escuchó en el cuartel. No deja casquillos. Era un profesional.


Continuará...

El renglón torcido



Capítulo I





__ ¿Tendría que ir al pueblo?
   __Si, claro, porque investigar desde aquí va a ser complicado.
   A Aníbal Manero no le gustaban los pueblos, del mismo modo que no le gustaba el cine, ni los toros, ni los políticos. Pero si la abuela de Isabel, a la que quería como propia, le pedía el favor no podía negárselo.
   __De acuerdo. Cuénteme lo que le dijo su prima y ya veremos si hay caso o no.
   __Hay caso, ya te lo digo yo.
   __Abuela no te extiendas, cuenta lo esencial. Aníbal te preguntará según vaya viendo.
   __Lo contaré como una película.
   __ ¡Ay Dios!
   __Pues verás, la hija de mi prima tiene a su vez una hija, que es hija del señorito del pueblo, a donde iba a servir hasta que la preñó, muy obvio ya lo sé, pero es que estas cosas continúan sucediendo…
   __Abuela…
   __Si no me interrumpieras… vale, prosigo; luego la madre del señorito, o sea la otra abuela de la niña, la echó a la calle con cajas destempladas llamándola puta y más que puta, acusándola de quedar preñada de no se sabe quien para cargar el muerto a su hijo, un santo que tiene novia formal, una señorita de buena familia y buenas costumbres y…
   __ ¡Abuela, por Dios! Te hemos dicho que abrevies.
   __Expongo los antecedentes__ la abuela, desde que habían conocido a Aníbal había desarrollado maneras de detective, con léxico y todo__ Son muy importantes para deducir el móvil. Nada es nimio en una buena investigación.
   Isabel y Aníbal se miraron.
   __Tiene razón, prosiga abuela.
   __Ya me habéis cortado el rollo. Bueno, que la echó a la calle y por supuesto no quiso saber nada del niño que resultó niña y ahora tiene dieciséis años o diecisiete, no me acuerdo…
   __ ¿Y?
   __Que han querido matarla.
   __ ¿A la madre o la niña?__ preguntó Isabel.
   __A la niña, coño. Por eso os he hablado de ella.
   __¿Han intentado matarla disparándole o algo así?
   __Si. Le han disparado mientras iba en bicicleta a casa de una amiga en las afueras del pueblo. La hirieron en el brazo. No le acertaron de pleno porque el perro del pastor la atacó y ella asustada casi se cae de la bici. El disparo apenas la rozó. Ya estaba cerca de casa de su amiga y pudo ponerse a salvo.
   __ ¿Y la guardia civil?
   __Detuvo a unos gamberros del pueblo que se entretienen matando perros y gatos con las escopetas. Juran y perjuran que no han sido ellos.
   __ ¿Y?
   __Y, a los pocos días, apareció muerta de un disparo la hija del señorito.
   __ ¿Del que preñó a la Elisa?
   __Si.
   __ ¿Todas las mujeres de la casa se llaman Elisa?__ Quiso saber Aníbal, más que nada para no confundirse.
   __Si__ la abuela se había vuelto lacónica de repente.
   __No han detenido a nadie…__pensó en alta voz Aníbal.
   __No. Pero echan la culpa a un chico medio tonto que espía a las mujeres cuando van solas por los caminos escondido tras las zarzas. Alguna histérica la ha dado por decir que es un violador. El chico ha desaparecido y lo andan buscando. Pero mi prima Elisa no cree en absoluto que ese sea el criminal. Ni siquiera tiene escopeta.
   __Pudo haber cogido la de un familiar.
   __Vive con su abuela anciana. Los padres murieron hace años en un accidente de autobús. El mismo en el que murió mi hija, la madre de Isabel, al poco de enviudar. Iban de excursión a Fátima, mira tú… La abuela tiene el dinero de la indemnización en el banco con la orden de que lo administre el párroco  cuando ella no esté, para que al chico lo ingresen en un buen sitio donde lo cuiden.
   __ ¿Cuántos años tiene el chico?
   __Es de la edad de la segunda Elisa, más o menos. Treinta y muchos.
   __ ¿No cree que deberíamos esperar a ver qué pasa? Esperar a ver cómo se desarrolla la investigación e intervenir luego, si eso…
   __No. Mi prima no se fía de los guardias. Iba a venir un teniente de la UFO o algo así…
   __De la UCO. La unidad central operativa…son muy buenos.
   __Pues por eso; alguien ha movido los hilos y la investigación la va a llevar el cuartel del municipio y según mi prima andan dando palos de ciego o peor aún: andan empeñados en arrimar el muerto al tonto del pueblo. Así que hemos considerado conveniente investigar nosotros.
   __ ¿Nosotros?
   __Si, nosotros. ¿O acaso yo no colaboro? Además la niña de nuestra familia, la tercera Elisa, no quiere salir de casa, está histérica.
   __No me extraña__ dijo Isabel.
   __Es que hay algo más.
   __Pues dígalo abuela. No nos deje a medias__ apremió Aníbal.
   __Es que me cortáis. Elisa hace tiempo presenció algo…
   __ ¿Elisa su prima o la nieta?
   __La nieta, coño. Estás muy espeso, Aníbal. Presenció una violación. Uno del pueblo violó a una joven y luego el novio lo mató de un disparo. Elisa tenía seis años o por ahí y no pudo identificar al hombre, no le vio la cara.
   __Con seis años de los de antes no sabría que la estaban violando.
   __No, pero sabía que el hombre le estaba haciendo daño, mucho daño a la Irene, porque gritaba y lloraba. Se lo contó a su abuela y esta decidió que era mejor guardar silencio, por el bien de la niña. Además el novio hizo justicia rápidamente. Desde entonces es una niña rara. Yo les dije que la llevaran a un psicólogo, pero mi prima la llevó a hablar con el cura. Ya sabéis, los pueblos. Iba a hacer la primera comunión y su abuela le dijo que debería contar al padre Antonio todo lo que vio aquella tarde, que de este modo su cabeza y su alma se liberarían del peso de lo sucedido, Dios la perdonaría si había algo que perdonar y podría comulgar en paz y en gracia de Dios y todo el mundo contento. Así lo hicieron y hasta hoy. Pero Elisa, ya te digo, siempre ha sido rara.
   __Siendo del mismo pueblo ¿No tiene trato con su padre?
   __No. A pesar de que con los años al ponerse de moda lo del ADN, solicitaron una prueba de paternidad que resultó positiva en un noventa y nueve por ciento y su madre reclamó para ella la parte que le corresponde de la posible herencia, naturalmente.
   __ ¿Tiene otros hijos su padre?
   __Si, tiene dos. La niña asesinada, más joven que Elisa, que nació de su matrimonio y otro hijo que tuvo con una actriz de la capital, que también reclamó la paternidad. Este es mayorcito. A lo mejor quiere ser hijo único.
   __A lo mejor.
   __ ¿Qué ocurrió con el novio homicida?
   __Se ahorcó en la cárcel. No aguantó ni un año…
   __Vaya por Dios. ¿Y la chica violada?
   __ ¿La Irene? Desapareció del pueblo y nunca más volvió.
   __Que ¿Hay o no hay caso?
    __Desde luego que sí. ¿Hay fonda en el pueblo?
   __Llamaré e mi prima y le pediré que nos adecente un poco la casa que tenemos allí. Quisimos venderla cuando necesitamos liquidez, pero con la crisis fue imposible y ahora mira, nos puede servir. Porque ¿Irás con Casimiro, verdad?
   __Si, incluso me plantearé que venga García. Le sentaran bien unos días en el campo.
   __Vamos a ver, un momento__ preguntó Isabel__ como que nos puede servir ¿No pensarás ir tú, abuela?
   __Naturalmente que sí. Es mi prima Elisa. Pienso ir y de paso veré como está todo y trataré de vender las tierras, que me dijo Elisa que hay alguien interesado. Aunque no den mucho ¿para que las queremos?
   __No me parece bien, puede ser peligroso.
   __No lo creo__ terció Aníbal__ tu abuela estará en la casa. Organizará la intendencia. Estará en retaguardia, no correrá peligro.
   __Iré de todos modos os parezca bien o mal. La casa es mía y punto.
   __Si viene García se harán compañía.
   __Y yo estaré menos preocupada.
   __Hablaré con él.
   __Okey__ remató la abuela.

   Salieron de la ciudad un martes por la mañana temprano; tras casi una hora de autovía torcieron a la derecha por un desvío, para acceder a una carretera secundaria con buen firme y bien señalizada, para asombro de Aníbal, por la que tras otra hora más o menos, llegaron al pueblo. Isabel se había quedado en la ciudad, no podía abandonar su trabajo en la joyería, pero se trasladaría al pueblo el próximo fin de semana. Eso fue lo acordado. Aníbal iba a echarla de menos. Seguro.
   __Que buena carretera, para variar.
   __Es por el cardenal__ dijeron a dúo la abuela y García.
   __ ¿El cardenal, que cardenal?
   __El que tenemos en el pueblo. Hijo de soltera también…
   __Hijo de puta…
   __ ¡Casimiro, hombre!
   __Esto es muy corriente en los pueblos.
   __Y en las ciudades abuela__ terció García a guisa de disculpa.
   __En las ciudades menos. Las chicas tienen más información.
   __No sabía lo del cardenal.
   __Si hombre. Tengo entendido que es papable.
   __Si, si. Salió muy listo el hijo de la Engracia, la sobrina del cura.
   __ ¡Ay Dios!
   __ ¡Casimiro!__ volvió a reprender Aníbal.
   __ ¡Déjalo, hombre! No va desencaminado. Cuando la Engracia quedó preñada la casaron de prisa y corriendo con un primo lejano, bastante maricón, que luego se tiró a un pozo, creo…ya no lo recuerdo bien. Nadie se creyó que ese fuera el padre, en fin…Al niño, que se llama Alejandro, lo llevaron al seminario bien pronto, yo creo que nunca tuvo vocación, pero por lo visto es un hombre inteligente y listo también. Mira si no adonde ha llegado. Anda por aquí estos días.
   __ ¿Ah sí?
   __Si, por eso está la carretera tan asfaltada y tan bien señalizada y el pueblo limpio como una patena, según me contó la Elisa y bastante revolucionado con la llegada del cardenal, que por lo visto se pasea vestido de paisano como un gañán más del pueblo, con un lugarteniente que parece un mafioso.
   __Será su ayudante…o su guardaespaldas.
   __ ¿Para qué necesita un guardaespaldas y menos en el pueblo?
   __Nunca se sabe. Ya ve cómo se las gastan.
   __Se llama como el papa Borgia__ informó García__ Confío en que no sea de su misma ralea.
   __Por ahí le andará__ dijo la abuela__ sobre todo si sale al padre.
   __ ¿Al maricón?
   __No hombre, Casimiro. A su verdadero padre.
   __ ¿Sabemos quién es?
   __Naturalmente. El mismo que tú estás pensando.
   __ ¿Dónde se aloja?__ quiso saber Aníbal.
   __ ¿Dónde va a ser?, en la Rectoral; hace años que está transformada en una mansión, desde que Alejandro prosperó en Roma.
   __ ¿Vive en Roma?
   __Si, pertenece a la curia vaticana. Es un…
   __ ¿Mafioso?
   __ ¡Casimiro,¡ la has tomado con el clero.
   __Iba a decir consejero papal. Pero no está mal tirado lo de mafioso.
   __Vaya par de herejes.



Continuará...

  

El renglón torcido


Aqui está lo prometido: una nueva historia de mis detectives Aníbal y Casimiro. Quienes no los conozcan, sepan que hay más historias publicadas, la última el "Misterio de la Torre Sur" con fecha 5/9/2014. En el archivo del Blog las encontrareis.




Introducción





El teléfono sonó como si fuera el último día sobre la tierra y alguien a quien le importaras más que todas las cosas, sintiera la necesidad inaplazable de hacértelo  saber. Pero no era un mensaje de amor, ni la voz que escuchó al otro lado era una voz amable: su jefe trasmitía cualquier otro sentimiento menos amor precisamente.
   __Eres un inepto Giuseppe__ rugió el león como le llamaban sus subordinados en el Vaticano__ un inepto y un grandísimo hijo de puta. Te voy a hacer borrar de la faz de la tierra.
   __Señor yo… ¿Qué he hecho?
   __Dirás mejor que no has hecho, imbécil.
   __ ¿Que no he hecho, señor?
   __Has matado a la niña equivocada, ¿te parece poco? Has errado dos veces, dos veces ¿Qué voy a hacer contigo?
   __Señor…yo…no puede ser…
   __Si puede ser, imbécil. No me discutas encima…
   __No es mi intención, jefe…Es que no puede ser, la vi claramente, era ella.
   __No, no lo era. Ella, no volvió a salir de casa. Tenías que haberla matado allí, en la casa. La niña a la que disparaste era otra, casualmente era su medio hermana, estúpido…Ya te perdoné una traición, esto es demasiado…
   __Volveré, regresaré y…
   __ ¡Ni se te ocurra! No quiero verte más por aquí…
Hubo un silencio largo e incómodo. Giuseppe se levantó de la cama sin despegar el auricular de la oreja y miró por la ventana. El cielo de Roma estaba casi azul, el día parecía que iba a ser bueno, menos para él, claro, porque la voz, y sobre manera el silencio, del cardenal no auguraba un futuro dichoso, ni próximo ni lejano, porque el cardenal español no olvidaba con facilidad ni perdonaba errores así como así. En efecto ya le había perdonado una equivocación, una traición para el cardenal, que no había sido tal, solamente un error de apreciación, un error de adivinación ¿Cómo iba a saber él con absoluta certeza que el arzobispo español iba a ser designado cardenal con tan poca edad? Corría el rumor, pero todos los cardenales eran casi ancianos. Natural que quisiera irse con el ruso…todos tenemos derecho a prosperar.
   __ ¿Estás ahí cabrón?
   __Naturalmente señor…
   __Escucha…no se aun que vamos a hacer…pero estate disponible por si acaso. Y si tengo que volver a llamarte más te vale no errar esta vez…
  __Desde luego, monseñor, descuide__ respondió el sicario al aire, porque el cardenal ya había colgado desde España.


En casa de los marqueses de la Sierra, a los dos días del crimen, había desaparecido cualquier sentimiento de pena. Al menos visiblemente. La frialdad era absoluta en cada cara, en cada actitud, en cada habitación. Hasta el servicio andaba taciturno y silencioso. Solamente se escuchaban en la capilla los sollozos ahogados del marqués cada noche.
   __Ya está ese pusilánime plañendo como una puta. Si se hubiera cuidado de su mujer, si le hubiera puesto coto, si la hubiera puesto en la calle cuando se quedó preñada de otro…porque la niña es el vivo retrato de su verdadero padre, hay que joderse. Este inútil tuvo mucha puntería hasta que se casó, luego esa meretriz se los puso bien puestos y al final nos endosó una niña que no es de la Casa. Eso está más claro que el agua clara. Bueno ahora ya no está, con lo cual no tenemos, por lo menos, una heredera bastarda. Y este cretino la llora como si fuera suya ¿A quién querrá engañar? Salió igualito a su padre: putero y gilipollas.
   A la mañana siguiente a esa noche, la marquesa tuvo otra alegría. Su nuera había decidido irse. Verdaderamente para que quedarse allí. No podía tener más hijos “puta y estéril, que paradoja” y como no amaba a su marido, más bien todo lo contrario, la permanencia en la Casa no tenía sentido. Además no manejaban dinero. Para todo dependían de ella. Los dos. Ella y el calzonazos de su hijo. Y como no estaba dispuesta a abrir el grifo…pues eso, estaba mejor en otra parte.
  __Ponte a trabajar para variar o que te mantenga tu amante ahora que ha ascendido en el escalafón.
   __No necesito nada suyo.
   __ ¿De quién, de mi o de él?
   __De ninguno de los dos. Además no le consiento que me insulta del modo que lo hace. No soy ninguna puta.
  __Eso solamente lo dices tú. Todo el que te conoce opina lo contrario. No obstante, celebro que tengas tan buena opinión de ti misma, querida.
   __ ¡Basta! ¡Basta ya por Dios!__ suplicó el marquesito__ Madre respeta nuestro dolor, aunque tú no quisieras a la niña.
   __Esa bastarda…
   __ ¡Madre!
  __Ella la mandó matar. Estoy convencida. Ella ordenó a alguno de los criados matar a la niña.
  __No digas tonterías Ana María. Mamá no es un monstruo. No empeores las cosas.
   __Incluso pudo hacer venir un sicario.
   __ ¡Ana María!
  __Haré como que no he escuchado nada. Comprendo que estés enajenada, querida. Sin embargo tú Pedro, no comprendo por qué ese dolor ¡si no era tuya!
   __ ¡Madre! Veo que no tienes misericordia__ sollozó el marqués levantándose de la mesa.
   __Me iré de esta puta casa, señora, pero le juro por la memoria de mi pobre hija que demostraré que usted la mandó matar y conseguiré que le den lo que se merece.
   __ ¿Quién te va a ayudar tu amigo el verdadero padre?
   La pregunta se quedó sin responder, aunque para Sofía de la Sierra, la respuesta estaba clara como el agua clara, no era necesario que su nuera se molestara en descifrar el futuro próximo, cosa que, obviamente, no iba a suceder porque su nuera había abandonado el comedor dando un sonoro portazo.

   __ ¡Puta!



Continuará...

La leyenda del pueblo de los hombres mujer



Capítulo IX y último



Hoy, el mismo día del cierre de la estación,  regresaba a la casa que habían compartido para recoger el coche. Juan la vio bajarse del taxi, puntual como siempre, y llamar a la puerta. Cuando le abrió la notó entristecida, no era la misma Ana habladora y extrovertida de antes. Estaba guapa, pero diferente.
Se saludaron muy fríamente. Juan estuvo tentado de enseñarle el periódico pero pensó que quizá ya ella lo había leído. Además para que remover la historia.
   El coche, reluciente, brillaba bajo el sol de la tarde, aparcado en  el jardín. Ana que no había soltado el trolley, abrió el maletero y tras guardarlo se subió al todo terreno azul marino que había comprado dos años antes. Antes de abrir la puerta miró a Juan por última vez, con una mezcla de curiosidad y pena,  y echó un vistazo de soslayo a la casa.
   __Adiós
   __Adiós.
   Así, de ese modo tan escueto y gélido,  terminaban por completo diez años juntos. Ana contuvo las ganas de llorar. Juan no sabía cómo definir lo que sentía. Hubiera querido decirle muchas cosas, pero ya era tarde. Tuvo deseos de preguntarle si no llevaba encima la pistola con balas de plata, no fuera ser que se le apareciera la mujer mariposa, pero le pareció innecesariamente cruel.
Ana iba darle al contacto, cuando se detuvo para buscar algo en el bolso. Juan se quedó de piedra al verla sacar precisamente la pistola y guardarla en la guantera. Le invadió, entonces sí, una gran tristeza. Comprendió que ambos tenían la vida totalmente condicionada por los sucesos de aquella noche que él nunca quiso reconocer como reales. A los dos les había cambiado la existencia para siempre. El coche se alejaba y Juan se sentía cada vez peor.
   Tuvo deseos de salir corriendo tras el  todoterreno, incluso pensó subir a su propio coche e ir al puerto a despedirse de Ana como era debido, a decirle que lamentaba no haberse puesto de su parte y a disculparse por haberla  tratado tan mal intencionadamente, solo para hacerle daño, porque en el fondo le molestaba que ella tuviera razón, que fuera más inteligente y más resuelta que él y que se estuviera yendo de su vida.
   Ana continuaba con la mirada en el retrovisor, esperando inútilmente que Juan diera alguna muestra, aunque débil,  de querer detenerla, de tratar de impedir que se  fuera. Creyó percibir un amago de salir tras ella, pero fue solo eso: un amago, tal vez producto de su imaginación o de su deseo.
   Ya en la avenida de camino al puerto, mientras interrumpía  con el dedo la trayectoria de una lágrima que había decidido dar un paseo por su mejilla, Ana vio a una mujer que hacia auto stop; era raro, hoy en día ya casi nadie utiliza esta forma de viajar. Le recordó sus años de jovencita cuando hacia dedo con las amigas para moverse de un lugar a otro. Aunque supuso que, quizá, la chica hubiera preferido que parara un hombre, detuvo el coche y la invito a subir.
   __Voy al puerto ¿si te sirve?
   __Si, yo voy también al puerto.
   La muchacha subió al coche. De cerca se veía más mayor. Era una belleza rara, como antigua.
   __¿No iras a tomar el Ferry para Plymouth?
   __Pues sí, precisamente.
   Ambas se miraron divertidas.
   __¿Te conozco?__ preguntó Ana.
   __S i y yo a ti también.
   __Es que tú cara me suena de algo, por eso te lo digo.
   __Es que nos hemos visto antes.
   __ ¿Dónde?
   __ Aquí
   __ ¿Aquí?, yo falto desde hace tiempo.
   __Si aquí, Bueno no del todo…
   Ana la miro inquisitiva.
   __En realidad me has visto en la montaña, hace un año.
   Hubo un silencio. A Ana la montaña no le traía buenos recuerdos, precisamente. No se atrevía a preguntar de qué forma se habían conocido. Desde aquella noche funesta en la que se habían extraviado en la niebla, su vida había dado un giro de 180 grados y no para mejor, por cierto. Así que fueran las que fueran, las circunstancias en las que se habían conocido, serían desagradables, seguro. Volvió a mirarla. ¿Era Gloria, la cámara? No, que va, aquella chica era muy diferente. Pero lo cierto es que le recordaba a alguien. Tal vez fuera alguien de la cadena de televisión, alguien de producción o de redacción…
   __Pues la verdad ahora no caigo…
  La viajera se volvió hacia ella y la observó despacio, sus ojos azules reflejaban el rojo del atardecer, y la miraron tan profundamente que Ana notó un estremecimiento y detuvo el coche, incapaz de continuar.
   __ Hace un año, estuviste un buen rato apuntándome con un rifle__ le contestó suavemente la mujer mariposa.   




Fin

La leyenda del pueblo de los hombres mujer

Capítulo VIII



Gloria permaneció bastantes días en el hospital. Al salir corriendo a la calle se había dado un golpe contra un arcón de hierro que, obviamente, no había visto. Tenía dos huesos rotos en la rodilla y ésta visiblemente deformada. Además, padecía un fuerte shock nervioso. Ana le hizo compañía hasta que llegó su familia.
   Juan y Pedro permanecieron con ellas en el centro. Mientras, el periodista trató de convencerle  de que se uniera a ellos en un programa especial en el cual advertirían  a la gente del riesgo que entrañaba la estación, con el ser moviéndose  por allí a sus anchas. Juan no quiso colaborar bajo ningún concepto. A punto estuvieron de llegar a las manos. El escándalo fue de tal calibre que el personal del hospital les advirtió que a la próxima, llamarían a seguridad y les echarían de allí sin misericordia.

   Aunque la cámara nunca apareció, en cuando Gloria estuvo en condiciones de acudir a un plató prepararon la emisión.  Desde hacía varios días, Pedro se pasaba cada tarde por casa de Ana, para escribir el guión y revisar toda la información de modo que no quedara ningún cabo suelto. Desde los sucesos había surgido una fuerte amistad entre ambos, que a Juan no le gustaba nada, ni  las visitas tampoco y procuraba llegar a casa una vez que el periodista se hubiera ido.
   La relación entre él y Ana iba cada vez peor. No iba, para ser exactos. Ella se creía elegida por el destino para acabar con el maleficio de la montaña o dicho de otro modo más expeditivo, para pegarle un tiro a la mariposa.
   Una tarde Ana estaba enfrascada en el ordenador cuando Juan le anunció que su madre estaba al teléfono. A ella había acudido Juan a raíz de los acontecimientos, a buscar ayuda, pero la madre era para eso aun peor que la hija; era una creyente convencida en todo tipo de aparecidos: ovnis, vírgenes, licántropos, vampiros y por supuesto hombres y mujeres polilla. Faltaría más. Así que tomó partido por la niña y afeó con ella la conducta de Juan que había visto y sin embargo no había creído.
   __Eres peor que Santo Tomás.
   El harto del tono bíblico que iba tomando el asunto se había desentendido por completo de todo y no había vuelto a preguntarle a Ana nada sobre nada relacionado con el puto pueblo con su mariposa y su periodista embaucador.
   __Que les den a todos.
   Pero esa tarde, le pudo la curiosidad y se acercó para ver que estaba haciendo todo el santo día  metida en la Red. Se quedó atónito cuando comprobó que estaba en E-bay, tratando de adquirir lo que se anunciaba como “un kit para cazar licántropos y otros seres similares”. Entre varias cosas pintorescas como una botella de jugo de ajo, un rosario con caja de latón, una cruz de madera con libro de salmos, ad hoc, colmillos caninos y otras idioteces por el estilo, Juan vio algo que le inquietó bastante: una pistola y su correspondiente munición de balas de plata, especiales para matar hombres lobo y demás individuos de especies parecidas.
   Cuando Ana dejó el teléfono tuvieron una bronca monumental, la mayor de todas las que habían tenido, la mayor de las broncas jamás tenida por pareja alguna. Ella cogió las llaves del coche y se largó con un portazo, él le siguió gritando desde el umbral:
   __¿Pero cómo es posible que te creas que has sido elegida, imbécil? Piensas que eres un mesías que va a redimir al mundo de una amenaza. Y una vez que logres matar al bicho ¿Qué vas a hacer, crucificarte cabeza abajo? Ah no, la asociación de periodistas esotéricos y paranormales del mundo te dará una medalla y los esquiadores te harán un monumento y…
   __Y vete a tomar por el culo.
   Desde ese día Ana no volvió a la casa. Juan pensaba que estaba en la de Pedro, pero no, se había instalado, provisionalmente, con una amiga.
Dos días antes de la emisión del programa, la madre de Gloria llamó al director: su hija sufría, según los médicos,  un hematoma subdural  crónico como consecuencia del golpe del accidente y  presentaba un cuadro de desorientación y amnesia, además de vómitos y otros síntomas. La habían vuelto a ingresar.
   __No, no. Está en una clínica privada. No, no diré donde. Dejadla en paz. No contéis con ella.
   Sin grabación y sin testigo directo de la aparición. Sólo contaban con Ana.                  
   Si Juan quisiera colaborar…
   Volvieron a intentarlo, pero fue inútil. No quiso ni hablar con ellos. En la estación continuaban muriendo hombres de la misteriosa muerte súbita y cada vez se oían más testimonios de gente que aseguraba haber visto una mariposa enorme, pero no querían testificar ante las cámaras.
   Tenían miedo. Alguien los intimidaba, era evidente.
   Por otra parte, cada vez iba menos gente a esquiar y los que acudían procuraban no pernoctar en la estación.
   A Ignacio, el párroco que también la había visto e iba a contarlo ante las cámaras, le trasladaron fulminantemente a África. Por lo visto allí era más útil, según el arzobispado. Pedro visitó a su madre por si podía facilitarle alguna dirección u otra forma de ponerse en contacto. Pero, o era cierto que no la tenía o la habían amedrentado.
   El mismo, comenzó a tener la sensación de ser seguido por alguien. Desde los sucesos del valle estaba en guardia, pero hasta ahora todo había estado tranquilo, más o menos.
  Comenzó a tomar precauciones obvias: no ir siempre por la misma ruta, llegar a casa a horas diferentes cada día, cerrar bien, revisar cada mañana los bajos del coche. Mandó instalar una alarma. No obstante, no se sentía seguro. Aunque no quería preocuparla se lo contó a Ana y le sugirió también estar alerta. El día de la emisión del programa la cadena había decidido ponerles escolta.
   __Nunca está de más tomar precauciones. No sabemos a qué o a quien nos enfrentamos.
   Por la noche todo estaba preparado en el estudio. Ana llegó puntual con su guardaespaldas, sin embargo Pedro se retrasaba.
   __Es que cambia de ruta a diario y posiblemente la de hoy sea más larga o tenga más tráfico…
   Pasaban los minutos como cuentas de rosario y el director ya no sabía que pensar. Le llamaban al móvil con insistencia, pero una voz grabada les advertía que estaba fuera de cobertura. Lo mismo sucedía con el celular del escolta.
   __Avisa a la policía.
   __Pero…
   __Avisa, ya están advertidos.
   No obstante, tuvieron que comenzar sin él.
   El presentador leyó la exposición de los hechos preparada por Pedro y antes de abordar la entrevista con Ana, expuso el súbito y casual empeoramiento en la salud de Gloria, la mujer que había filmado el incidente de aquella noche más la desaparición no menos misteriosa de la cámara y  el sospechoso retraso de Pedro, “cosa que jamás ocurrió en los doce años que llevamos haciendo el programa”.
   __Están preparando la escenografía__ pensó Juan al escuchar todo aquello.
    Por supuesto no estaba al corriente de las sospechas de Pedro ni de que la cadena les hubiera puesto escolta. No había vuelto a hablar con Ana.
   Ella contó su historia. Esta vez no había tampoco ningún testigo que la corroborara. Parecía que todo estuviera preparado para darle misterio y credibilidad a una historia de por si poco creíble.  El programa no fue precisamente un éxito de audiencia. La estación les acusó de hacer un montaje burdo para desprestigiarlos no se sabía con que oscuras intenciones y les amenazó, por supuesto, con una demanda.
   El público se dividió entre los que creían a pies juntillas la historia de la mujer mariposa y los que pensaban en un montaje de “gente que carece de argumentos y quiere seguir en el candelero a toda costa”. Porque “salir en la tele da mucha fama y luego se venden libros a porrillo, aunque sean infumables”, decían los críticos que siempre habían sido muy intolerantes con el contenido del programa y muy envidiosos con los éxitos del presentador y de Pedro León, un periodista muy respetado entre el gremio de seguidores de lo paranormal.
   La prensa sensacionalista acosó a Ana sin piedad en las semanas siguientes. Programas basura de cadenas privadas le ofrecían dinero por aceptar careos con escépticos sobre temas esotéricos. Cuanta más violencia verbal más dinero. Si llegaban a las manos, el doble de lo acordado en principio.
   A estas alturas Ana estaba totalmente asqueada porque sabía que los hechos eran ciertos y que la gente continuaba muriendo y le dolía que prevaleciera la frivolidad de la audiencia fácil sobre la necesidad, perentoria para ella, de esclarecer los sucesos de una vez por todas. Le sorprendía y le lastimaba a la vez, la falta absoluta de ética de los medios de comunicación en general.
   Pedro no volvió a aparecer.
   Lo mismo que si se lo hubiese tragado la tierra. No dejó ni rastro tras de sí. Fue imposible hallar nada, ni el coche, ni una mínima pista. Nada.
   __Seguro que aceptó dinero por desaparecer, tonta que eres tonta__ Le decía Juan sin piedad alguna, cebándose con ella en una pobre venganza, de la que más adelante se arrepintió.
   Ella estaba segura de que no había sido así. Algo terrible y definitivo le había ocurrido. Estuvo semanas pendiente del teléfono, por si la cadena o la policía tenían alguna noticia. Luego, todo se precipitó. La televisión suprimió el programa de misterio. Los hombres continuaron muriendo en Silos. Las autoridades peinaron la zona buscando algo y Ana se cansó de todo y aceptó el trabajo en Londres.

Continuará...