Vacaciones de verano

Como cada año este Blog se va de vacaciones veraniegas para que la autora se relaje y se inspire desde la calma y pueda seguir dando la tabarra con sus historias a partir del otoño.

Muchos lectores y amigos me preguntáis por mi nueva novela de título provisional "La reina de Toledo" ¿Qué pasó con ella? Pues está donde la dejé el invierno pasado: en manos de una agencia literaria de Barcelona que aun no me ha dicho nada al respecto. Teniendo en cuenta que siempre responden al autor tanto si es que si, como si es que no y esto último conlleva un tiempo máximo de espera de seis meses y mi novela ya cumple nueve, pues eso…Posiblemente en los mundos paralelos ya se haya publicado y sea un éxito, pero claro, nunca lo sabré…Es lo que tiene la física cuántica.

Os deseo a todos muchos días felices, mucha salud y todo el amor del mundo.






Regresaré con mis detectives Aníbal y Casimiro que me mantienen la mente ágil. 

Este es un anticipo. Aun no tiene título.



__ ¿Tendría que ir al pueblo?
   __Si, claro, porque investigar desde aquí va a ser complicado.
   A Aníbal Manero no le gustaban los pueblos, del mismo modo que no le gustaba el cine, ni los toros, ni los políticos. Pero si la abuela de Isabel, a la que quería como propia, le pedía el favor no podía negárselo.
   __De acuerdo. Cuénteme lo que le dijo su prima y ya veremos si hay caso o no.
   __Hay caso, ya te lo digo yo.
  __Abuela no te extiendas, cuenta lo esencial. Aníbal te preguntará según vaya viendo.
   __Lo contaré como una película.
   __ ¡Ay Dios!
   __Pues verás, la hija de mi prima tiene a su vez una hija, que es hija del señorito del pueblo, a donde iba a servir hasta que la preñó, muy obvio ya lo sé, pero es que estas cosas continúan sucediendo…
   __Abuela…
  __Si no me interrumpieras… vale, prosigo; luego la madre del señorito, o sea la otra abuela de la niña, la echó a la calle con cajas destempladas llamándola puta y más que puta, acusándola de quedar preñada de no se sabe quien para cargar el muerto a su hijo, un santo que tiene novia formal, una señorita de buena familia y buenas costumbres y…
   __ ¡Abuela, por Dios! Te hemos dicho que abrevies.
  __Expongo los antecedentes__ la abuela, desde que habían conocido a Aníbal había desarrollado maneras de detective, con léxico y todo__ Son muy importantes para deducir el móvil. Nada es nimio en una buena investigación.
   Isabel y Aníbal se miraron.
    __Tiene razón, prosiga abuela.
   __Ya me habéis cortado el rollo. Bueno, que la echó a la calle y por supuesto no quiso saber nada del niño que resultó niña y ahora tiene quince años o dieciséis, no me acuerdo…
   __ ¿Y?
   __Que han querido matarla.
   __ ¿A la madre o la niña?__ preguntó Isabel.
   __A la niña, coño. Por eso os he hablado de ella.
   __ ¿Han intentado matarla disparándole o algo así?
  __Si. Le han disparado mientras iba en bicicleta a casa de una amiga en las afueras del pueblo. La hirieron en el brazo. No le acertaron de pleno porque el perro del pastor la atacó y ella asustada casi se cae de la bici. El disparo apenas la rozó. Ya estaba cerca de casa de su amiga y pudo ponerse a salvo.
   __ ¿Y la guardia civil?
   __Detuvo a unos gamberros del pueblo que se entretienen matando perros y gatos con las escopetas. Juran y perjuran que no han sido ellos.
   __ ¿Y?
   __Y, a los pocos días, apareció muerta de un disparo la hija del señorito.
   __ ¿Del que preñó a la Elisa?
   __Si.
   __ ¿Todas las mujeres de la casa se llaman Elisa?_ Quiso saber Aníbal, más que nada para no confundirse.
   __Si__ la abuela se había vuelto lacónica de repente.
   __No han detenido a nadie…__pensó en alta voz Aníbal.
  __No. Pero echan la culpa a un chico medio tonto que espía a las mujeres cuando van solas por los caminos escondido tras las zarzas. Alguna histérica la ha dado por decir que es un violador. El chico ha desaparecido y lo andan buscando. Pero mi prima Elisa no cree en absoluto que ese sea el criminal. Ni siquiera tiene escopeta.
   __Pudo haber cogido la de un familiar.
  __Vive con su abuela anciana. Los padres murieron hace años en un accidente de autobús. El mismo en el que murió mi hija, la madre de Isabel, al poco de enviudar. Iban de excursión a Fátima, mira tú… La abuela tiene el dinero de la indemnización en el banco con la orden de que lo administre el párroco  cuando ella no esté, para que al chico lo ingresen en un buen sitio donde lo cuiden.
   __ ¿Cuántos años tiene el chico?
   __Es de la edad de la segunda Elisa, más o menos. Treinta y muchos.
   __ ¿No cree que deberíamos esperar a ver qué pasa? Esperar a ver cómo se desarrolla la investigación e intervenir luego, si eso…
   __No. Mi prima no se fía de los guardias. Iba a venir un teniente de la UFO o algo así…
   __De la UCO. La unidad central operativa…son muy buenos.
   __Pues por eso; alguien ha movido los hilos y la investigación la va a llevar el cuartel del municipio y según mi prima andan dando palos de ciego o peor aún: andan empeñados en arrimar el muerto al tonto del pueblo. Así que hemos considerado conveniente investigar nosotros.
   __ ¿Nosotros?
  __Si, nosotros. ¿O acaso yo no colaboro? Además la niña de nuestra familia, la tercera Elisa, no quiere salir de casa, está histérica.
   __No me extraña__ dijo Isabel.
   __Es que hay algo más.
   __Pues dígalo abuela. No nos deje a medias__ apremió Aníbal.
   __Es que me cortáis. Elisa hace tiempo presenció algo…
   __ ¿Elisa su prima o la nieta?
  __La nieta, coño. Estás muy espeso, Aníbal. Presenció una violación. Uno del pueblo violó a una joven y luego el novio lo mató de un disparo. Elisa tenía seis años o por ahí y no pudo identificar al hombre, no le vio la cara.
   __Con seis años de los de antes no sabría que la estaban violando.
   __No, pero sabía que el hombre le estaba haciendo daño, mucho daño a la Irene, porque gritaba y lloraba. Se lo contó a su abuela y esta decidió que era mejor guardar silencio, por el bien de la niña. Además el novio hizo justicia rápidamente. Desde entonces es una niña rara. Yo les dije que la llevaran a un psicólogo, pero mi prima la llevó a hablar con el cura. Ya sabéis, los pueblos. Iba a hacer la primera comunión y su abuela le dijo que debería contar al padre Antonio todo lo que vio aquella tarde, que de este modo su cabeza y su alma se liberarían del peso de lo sucedido, Dios la perdonaría si había algo que perdonar y podría comulgar en paz y en gracia de Dios y todo el mundo contento. Así lo hicieron y hasta hoy. Pero Elisa, ya te digo, siempre ha sido rara.
   __Siendo del mismo pueblo ¿No tiene trato con su padre?
  __No. A pesar de que con los años al ponerse de moda lo del ADN, solicitaron una prueba de paternidad que resultó positiva en un noventa y nueve por ciento y su madre reclamó para ella la parte que le corresponde de la posible herencia, naturalmente.
   __ ¿Tiene otros hijos su padre?
  __Si, tiene dos. La niña asesinada, más joven que Elisa, que nació de su matrimonio y otro hijo que tuvo con una actriz de la capital, que también reclamó la paternidad. Este es mayorcito. A lo mejor quiere ser hijo único.
   __A lo mejor.
   __Que ¿Hay o no hay caso?
   __Desde luego que sí. ¿Hay fonda en el pueblo?
   __Llamaré e mi prima y le pediré que nos adecente un poco la casa que tenemos allí. Quisimos venderla cuando necesitamos liquidez, pero con la crisis fue imposible y ahora mira, nos puede servir. Porque ¿Irás con Casimiro, verdad?
   __Si, incluso me plantearé que venga García. Le sentaran bien unos días en el campo.
   __Vamos a ver, un momento__ preguntó Isabel__ como que nos puede servir ¿No pensarás ir tú, abuela?
   __Naturalmente que sí. Es mi prima Elisa. Pienso ir y de paso veré como está todo y trataré de vender las tierras, que me dijo Elisa que hay alguien interesado. Aunque no den mucho ¿para que las queremos?
    __No me parece bien, puede ser peligroso.
   __No lo creo__ terció Aníbal__ tu abuela no tiene nada que ver. Deja que venga. Organizará la intendencia.
   __Iré de todos modos os parezca bien o mal. La casa es mía y punto.
   __Si viene García se harán compañía.
   __Y yo estaré menos preocupada.
   __Hablaré con él.
   __Okey__ remató la abuela.
    

                                                  

   Salieron de la ciudad un martes por la mañana temprano; tras casi una hora de autovía torcieron a la derecha por un desvío, para acceder a una carretera secundaria con buen firme y bien señalizada para asombro de Aníbal, por la que tras otra hora más o menos, llegaron al pueblo. Isabel se había quedado en la ciudad, no podía abandonar su trabajo en la joyería, pero se trasladaría al pueblo el próximo fin de semana. Eso fue lo acordado. Aníbal iba a echarla de menos. Seguro.
   __Que buena carretera, para variar.
   __Es por el cardenal__ dijeron a dúo la abuela y García.
   __ ¿El cardenal, que cardenal?
­­   __El que tenemos en el pueblo. Hijo de soltera también…
   __Hijo de puta…
   __ ¡Casimiro, hombre!
   __Esto es muy corriente en los pueblos.
   __Y en las ciudades abuela__ terció García a guisa de disculpa.
   __En las ciudades menos. Las chicas abortan, tienen más información.
   __No sabía lo del cardenal.
   __Si hombre. Tengo entendido que es papable.
   __Si, si. Salió muy listo el hijo de la Engracia, la sobrina del cura.
   __ ¡Ay Dios!
   __ ¡Casimiro!__ volvió a reprender Aníbal.
   __ ¡Déjalo, hombre! No va desencaminado. Cuando la Engracia quedó preñada la casaron de prisa y corriendo con un primo lejano, bastante maricón, que luego se tiró a un pozo, creo…ya no lo recuerdo bien. Nadie se creyó que ese fuera el padre, en fin…Al niño, que se llama Alejandro, lo llevaron al seminario bien pronto, yo creo que nunca tuvo vocación, pero por lo visto es un hombre inteligente y listo también. Mira si no adonde ha llegado. Anda por aquí estos días.
   __ ¿Ah sí?
  __Si, por eso está la carretera tan asfaltada y tan bien señalizada y el pueblo limpio, según me contó la Elisa y bastante revolucionado con la llegada del cardenal, que por lo visto se pasea vestido de paisano como un gañán más del pueblo.
   __Se llama como el papa Borgia__ afirmó García__ Confío en que no sea de su misma ralea.
   __Por ahí le andará__ dijo la abuela__ sobre todo si sale al padre.
   __ ¿Al maricón?
   __No hombre, Casimiro. A su verdadero padre.
   __ ¿Sabemos quién es?
   __Naturalmente. El mismo que tú estás pensando.
   __ ¿Dónde se aloja?__ quiso saber Aníbal.
  __ ¿Dónde va a ser?, en la Rectoral; hace años que está transformada en una mansión, desde que Alejandro prosperó en Roma.
   __ ¿Vive en Roma?
   __Si, pertenece a la curia vaticana. Es un…
   __ ¿Mafioso?
   __ ¡Casimiro,¡ la has tomado con el clero.
   __Iba a decir consejero papal. Pero no está mal tirado lo de mafioso.

   __Vaya par de herejes.

Continuará...

Los crímenes de las cuatro estaciones

Último capítulo

La representación




El palacio derramaba luz por las ventanas como si una estrella, la más radiante de todas, se hubiera pasado esa noche por la cena de gran gala en la que se había convertido lo que iba a ser en principio ágape para unos cuantos amigos, pero al que de improviso se sumó el nuevo rey, aun sin coronar, que era un rendido admirador de la Osorio como todos, aunque tenía difícil el coqueteo, porque Francisco Perrenot de Granvela seguía a su esposa a todas partes como un sabueso. Con Lope había habido más que suficiente.

   Elena Osorio era ciertamente muy bella, aunque Josefo prefería a Raquel. La Osorio era rubia “demasiado llamativa”, diría el escritor, que se había vuelto conservador en  lo que se refiere a la hermosura de las mujeres. Prefería la mesurada distinción de Raquel sobre el despampanante físico de la actriz. Hombre, en otros tiempos el también habría sucumbido, seguro. Pero ahora el amor de Raquel había serenado su ánimo enamoradizo para siempre, sus verdes ojos habían suturado sus antiguas heridas y sus labios habían sellado para toda la eternidad su corazón, antes volandero tras el más nimio revoloteo de faldas.
   No le gustó a la Osorio que hubiera otra mujer bella en la reunión; don Nuño se la presentó como su invitada y futura esposa de su amigo y protegido Josefo Mallo, asturiano, escritor y enamorado. Un gran muchacho, ya veréis.
   Elena se hubiera liado con el asturiano seguro, aunque estuviera su marido delante, que ya tenía experiencia en eso. Además era más guapo que Lope, aunque quizá no tuviera su ingenio. Pero bueno, que se le iba a hacer. Nada, porque Josefo sólo prestaba ojos a Raquel.
   Granvela andaba pegado al futuro rey interesándose por su política exterior, como si Hispatania pudiera hacer política exterior por su cuenta y razón sin contar con España. El príncipe trataba inútilmente de quitárselo de encima, mayormente porque estaba loco por pillar a solas a Elena Osorio, tarea que su esposo estaba convirtiendo en harto difícil.

   A las seis comenzaron a llegar el resto de invitados: el conde de Saláceres padre, que aunque no andaba muy allá de salud, el reclamo de la Osorio tenia la facultad de curar todos los males por renuentes que fueran. El conde de Picos Erizados con su hijo mayor.   El señor Corregidor don Julián del Páramo, que acudió con gusto a casa del marqués, sin imaginar lo que le esperaba y el banquero italiano de la Lombardía que fue invitado para disimular. Don Gonzalo, bruñido y reluciente, ocupaba su lugar en el comedor-una esquina- dispuesto a ser testigo de todo lo que aconteciera. En palacio se hallaban también el sargento de la guardia real y varios de sus hombres a los que acompañaba Cirilo, cenando con el resto de cómicos en otra sala dispuesta para la ocasión. Más tarde el sargento y Cirilo acudirían con los invitados de alcurnia a la breve función que la compañía de la Osorio iba a representar para deleite de los invitados, todos hombres y todos rendidos admiradores de la actriz.

   Elena Osorio apareció radiante con un traje de seda de oriente azul turquesa del mismo tono que sus ojos, con copete adornado de plumas y piedras preciosas, gorguera impoluta, mangas de punta a juego con las puntas que cerraban la falda y un broche de diamantes, perlas  y turquesas regalo del difunto Juan II de Hispatania, en el pecho.
Raquel iba de color chocolate igualmente de seda con blanca gorguera y el copete sin plumas, adornado con perlas en forma de lágrima.  Sobre el pecho el broche era de diamantes y esmeraldas rematado por una gran perla en forma de lágrima también, regalo del marqués, que lo había heredado de su madre.

   El día antes de la llegada de los cómicos, don Nuño había quemado en la chimenea, los versos que Lope de Vega le había escrito a la Osorio a la que llamaba Filis para disimular, aunque todo el mundo sabía que se refería a ella. A cuenta de unos versos como aquellos que el marqués y Josefo habían leído una mañana en la venta salmantina, Elena le había denunciado por difamación, dando origen a una pendencia entre ellos que Lope remató con un par de bofetadas a la actriz. Todo Madrid comentaba que sería desterrado, porque la Osorio no quiso retirar la demanda en modo alguno. Lope lejos de amilanarse le dedico otros versos peyorativos; éstos que don Nuño se apresuraba a hacer desaparecer no fuera ser que Elena se topara con ellos sin pretenderlo nadie y se armara una buena.
   Josefo llegó de visita para ver a Raquel y apenas tuvo tiempo de rescatarlos cuando ya las llamas iban a dar cuenta de ellos, teniendo tras la lectura que devolverlos al fuego ante la insistencia del marqués.

     ¿Apartaste, ingrata Filis,
      del amor que me mostrabas
      para ponerlo en aquel
     que pensando en ti se enfada?
¡Plegue a Dios no te arrepientas
cuando conozcas tu falta,
mas no te conocerás,
que aun para ti eres ingrata!
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Aguardando estoy a verte
tanto cuanto ya te ensanchas,
arrepentida llorando
el bien de que ahora te apartas;
víspera suele el bien ser
del mal que ahora no te halla,
pero aguarda, que él vendrá
cuando estés más descuidada.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
¡Oh cuántas y cuántas veces
me acuerdo de las palabras,
cruel, con que me engañaste
y con que a todos engañas!
A ti te engañaste sola,
pues te he de ver engañada,
deste que tú tanto adoras
y de mí sin esperanza.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Miréte con buenos ojos,
pensando que me mirabas
como te miraba yo
por mi bien y tu desgracia;
que en esto, bien claro está,
eras tú la que ganabas,
mas a fin no mereciste
tanto bien siendo tan mala.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
   __¿Lope tiene que ser bastante más joven que Elena, verdad?__ preguntó Josefo
    __Desde luego, cuándo comenzó su relación con ella sólo tenía diecisiete años.
   __Seguro que ella le enseñó muchas cosas__ apuntó Josefo recordando su propio aprendizaje.
   La conversación se cortó porque entró Raquel. Tras la desaparición de Guzmán y sus secuaces, Raquel había resuelto irse para España cuanto antes con su hermano Ariel, pero Josefo acudió a visitarla y a presentarle sus respetos en aquel momento difícil y extraño de la desaparición de los alguaciles sin dejar rastro, a la vez que le declaraba su rendido y verdadero amor, proponiéndole permanecer en Saláceres, si es que le amaba también, hasta poder desposarse. Ella respondió que no estando casada con el alguacil no podía ocupar la casa ni disponía de dinero alguno para subsistir. Josefo le ofreció su morada y todos sus bienes, que aunque harto exiguos daban, no obstante,  para vivir. Raquel no quiso retornar a morar bajo el mismo techo con ningún hombre sin estar casada como Dios mandaba y ella creía que debía ser. Con una vez ya había tenido suficiente.
   __Me voy para mi antigua casa, si lo deseáis podéis visitarme allí. Me haríais muy feliz.
   Josefo regresó mohíno y cabizbajo a palacio. “Para una vez que me enamoro de veras. Hay que ver que difícil es esto del amor”.
   Aquí fue donde intervino el marqués ofreciendo su palacio a Raquel como invitada suya por todo el tiempo que precisara hasta tener todo dispuesto para el desposorio. Además él consideraba ya a Josefo como el hijo que nunca había tenido y le agradaría infinito que algún día sus hijos le llamaran abuelo.
   El asturiano le hizo notar a Raquel que rehusar la hospitalidad era ofender a don Nuño y si de verdad le amaba esa era la mejor solución hasta la boda. Ariel Enríquez estuvo de acuerdo. Por ello la antigua novicia, permaneció en Saláceres, en casa del marqués, mientras su hermano regresaba a España con la buena nueva de su libertad, retornando la familia al completo para  la boda.
   Pero antes había que resolver otras cosas que corrían más prisa. Por ejemplo, la detención del verdadero asesino de las cuatro estaciones.



   La mesa estaba puesta de modo exquisito. Manteles de encaje holandés, vajilla de Sajonia, copas y cubiertos de plata. Flores llegadas de los invernaderos reales adornaban la mesa, el comedor y todos y cada uno de los corredores. Los manjares eran también exquisitos. El marqués había hecho venir al mejor chef de Hispatania, que había cocinado incluso para Felipe II de España, tan importante era la ocasión.  Consomé con huevos de codorniz, mero del Cantábrico traído al país por un arriero argollano y faisán asado ornamentado con su plumaje original. Todo regado por el mejor vino de la bodega del marqués. Para finalizar, el postre, la alegría de la mesa: un plato de quesos, con galletas saladas y frutas frescas y variadas.
   Charlaron todos con todos animadamente, mientras por debajo de los manteles el futuro rey acariciaba con su pie descalzo el empeine de Elena, subiendo con delicadeza y con diligencia todo lo arriba que le permitía la longitud de sus piernas y el complicado vestido de la cómica. No obstante sus intentos de verla a solas eran aguados sistemáticamente por Granvela que parecía la sombra de Elena. Tras una sobremesa no excesivamente larga por iniciativa del marqués que deseaba que sus invitados estuvieran despejados y sobrios para la función, se trasladaron al amplio salón donde todo estaba dispuesto para alzar el telón.
   Raquel excusó la asistencia. Josefo, conociéndola, le había explicado de que trataba el asunto más o menos y la muchacha prefirió no estar presente dado el fuerte componente erótico de la función.
   __¿Como escribes estas cosas?__ le había casi reprochado.
   __No escribo estas cosas, son la circunstancias. Luego te lo explicaré mejor y lo comprenderás.
   A Elena le pareció de perlas la ausencia de Raquel. Todas las miradas masculinas para ella, como debía ser. Además cada vez le gustaba más el escritor.
   El marqués hizo la presentación de la obra.
  Alteza Serenísima, señores condes, señor Corregidor, queridos amigos. Mi amigo el señor Josefo Mallo, escritor, ha elaborado una pequeña función al filo de unos hechos verídicos que yo le referí y que a mí me fueron referidos a su vez por otro amigo que los vivió de cerca. Tienen aunque no lo parezca, dado el carácter algo subido de tono, una gran importancia, en la aclaración de unos graves acontecimientos que han estado sucediendo. Tengo que agradecer a Jerónimo Velazquez y sobre todo a Elena, la gran Elena Osorio, la comprensión y el esfuerzo para aprender el papel y preparar la función en apenas unas horas. Ruego a vuestras señorías atención y por supuesto benevolencia. Cuando queráis señora.
   El telón se levantó despacio para descubrir a Elena medio recostada en un diván, (en principio debería estar sentada sin más, pero ella quiso tumbarse displicente y enseñar los tobillos y el empeine, para tentar al rey, seguro. Eso al menos fue lo que pensó Josefo). Tras ella y detrás de una cortina de tul que difuminaba las figuras, había una cama bastante alta para que todo lo que se hiciera sobre ella fuera bien visto por el público.
   La Osorio comenzó el relato:
   “En un lejano lugar existió una vez una extraña pareja de amantes. La mujer, bella y promiscua, era bastante mayor que el hombre, un muchacho en plena adolescencia”.
Granvela frunció el ceño. Los amantes podían muy bien haber sido Elena y Lope. Calma se dijo, esperemos oír más. Tras la cortina aparecieron las siluetas de una mujer y un joven.
  Ella, prosiguió Elena, siempre ávida de cuerpos masculinos, poseída por la creciente excitación que le proporcionaba la visión del cuerpo del muchacho al que espiaba cuando se bañaba desnudo en el río, se rindió al deseo una cálida tarde y se introdujo en el agua a la par que el joven, mostrándole los caminos que conducen al éxtasis,  con las caricias y los roces preparatorios seguidas por besos candentes y apasionados, continuando  hasta el  final por una vereda cálida, luminosa y sonora, llena de aromas y de sensaciones. Murmullos de placer, desde los primeros ronroneos, gemidos  y jadeos hasta los últimos gritos y estallidos. Aullando ambos, como perros a la luna llena,  tras la furia incontenible de los quince años del muchacho.
   A medida que Elena hablaba, la pareja iba ejecutando en el suelo, delante de la cama, cada caricia, cada beso y cada sonido que la actriz refería. El rey cambiaba nervioso de postura. Granvela estaba lívido, el conde de la villa atónito, Picos Erizados pensativo, el banquero sorprendido y el marqués expectante. El Corregidor no mostraba ningún signo ni de aprobación ni de disgusto, ni menos aun de reconocimiento. Don Nuño, no desesperaba, ni tampoco Josefo. Estaban seguros de haber dado en la diana. Tiempo al tiempo.
   La Osorio cada vez as a gusto en su papel de narradora erótica continuó con la historia.
  Los campesinos se acercaban a mirar tras las cañas de la orilla, entonces los amantes, madre e hijo…
   __¿Como?__ dijo el conde.
   __¡Chisssst!__ dijeron a coro los demás, excepto Granvela y el Corregidor.
    Los amantes madre e hijo, continuaron en la casa, sobre la cama, mucho más confortable.
    Los actores se subieron a la cama y la actriz se colocó sobre el actor.
  Allí protegidos de las miradas obscenas y lascivas del populacho dieron rienda suelta a su imaginación, que era mucha. Tras varias penetraciones, la mujer utilizó la mano para dar placer al joven y luego este las suyas para que ella consiguiera también el éxtasis.
   Los actores estaban entusiasmados, tanto que Josefo, que estaba en primera fila por si había que apuntar el texto a la Osorio,  notó que habían dejado de fingir hacía un rato y que precisaban tiempo, porque Elena iba más rápida narrando que ellos ejecutando, aunque el joven era todo fogosidad. Le hizo una seña de calma a la actriz con las manos y ella comprendió al momento, haciendo una breve pausa y abriendo grácilmente su mano derecha hacia los amantes para que el público disfrutara la escena. Cuando la actriz  terminó, continuó el relato.
   Los hombres del público ni parpadeaban, aunque el rey estaba comenzando a tener problemas de cintura para abajo.
  Recréense vuestras mercedes, dijo fuera de guión, dándose cuenta de que a los actores no había quien los parara. Miren como disfrutan madre e hijo, continuó en voz baja e insinuante. Que mejores amantes, que mejor mezcla que esta. Saliva, caricias, entrar y salir de lugares reconocibles. Así, así, así, despacio, con mimo, con calma.
   Josefo comprobó que Elena estaba por completo fuera de guión llevando la situación con pericia de experta; de la escena, quiero decir. Nadie había tenido la visión de prever la reacción de los actores, poco profesional, pero muy lógica.
   El  marqués aconsejó a Josefo dar entrada al fraile, ya, porque de lo contrario el rey iba a saltar sobre la Osorio en cualquier momento. El asturiano hizo una seña a Elena, pasó a bastidores, apremió al muchacho para que saliera de escena -tarea harto difícil porque éste no quería interrumpir el guión bajo ningún concepto-. Dándose cuenta Jerónimo Velázquez de los que sucedía procedió a ordenar por señas al joven obedecer al escritor. Resultó laborioso hacer que el joven actor diera por terminado su trabajo en la representación. No había manera de lograr que abandonara la escena. Velázquez tuvo que amenazar con ensartarlo con la espada si no acataba el requerimiento de inmediato. La Osorio pudo al fin continuar.
    El amante se fue, pero ella necesitaba mucho más. Era insaciable. Por ello, se apresuró a encamar con un fraile que venía al pueblo al inicio de las estaciones del año. Era un hombre lascivo, con costumbres poco comunes. Le gustaba atarla a la cama y mientras copulaban fingía ahogarla con una almohada.
   __¡Por Dios!__ tornó a decir el conde.
   __¡Chissssst!
   Ella disfrutaba como nunca, gritaba suplicando que se lo hiciera una y otra vez, diciéndole que nunca nadie había logrado que sintiera nada igual, que jamás se había sentido mujer con ningún otro, que las fogosas y apresuradas cópulas del hijo eran ridículos intentos de hacer las cosas como solo los hombres expertos saben, que le iba a hacer sentarse a mirar mientras lo hacía con él para que aprendiera, que…
   __Puta, hija de puta, te mataré, os mataré a ambos. Grandísima perra, hija de Satanás hoy desaparecerás de la faz de la tierra. Tú y tu amante de mierda. Cerdos.
     Todos los espectadores, excepto Picos Erizados, don Nuño y Cirilo pensaron que el Corregidor se había sumado a la representación de modo espontáneo, tanto se había metido en situación. Como la mayoría.
   Tan absortos estaban escuchando las imprecaciones del Corregidor a los amantes, que no se percataron de que había irrumpido en el escenario y estaba tratando de ahogar a la actriz. El joven actor se le abalanzó y tras él, Josefo. Pero Julián del Páramo ni se inmutó.
      __Te mataré puta de mierda.
   Cirilo solucionó el asunto con facilidad, empujando a ambos y apartando por la fuerza al Corregidor, al que arrebató la almohada de las manos, tras haberle lanzado un derechazo al estómago.
     El resto de espectadores no daba crédito a lo sucedido. El rey se recompuso y tras ayudar a Elena a incorporarse del diván se dirigió a don Julián.
     __Espero un explicación.
    __Creo que debéis contarlo todo señor Corregidor __opinó don Nuño__ Es lo mejor. Es una larga historia alteza. Armaros de paciencia. Creo que todos deberíamos escucharla.
    __Sólo hablaré ante vos, señor.
    __No estáis en condiciones de elegir. Comenzad ya, os lo ruego.
    Don Julián confesó, sin tantos pormenores como su padre, aunque tampoco hacía falta, dado que la historia había sido suficientemente explícita. Confesó los crímenes desde que llegara a Hispatania y al final confesó también estar harto de matar.
    __Tengo ganas de descansar.
    __Lo haréis para toda la eternidad__ repuso el casi rey__ no tengáis duda ninguna.


    Tras la confesión, mientras los invitados se reponían del estupor y Jerónimo Velázquez reprendía a los jóvenes actores, Josefo felicitó a la Osorio por su maestría. Esta, aprovechando la momentánea ausencia de Granvela, le besó en los labios, mientras le palpaba la entrepierna, haciendo un gesto de aprobación con la cabeza.
    __Soy maestra también en otras cosas—le susurró al oído.
   Si fuera en otros tiempos, hubiera habido un nuevo problema de cuernos de consecuencias imprevisibles porque este marido era de familia muy poderosa y ni aunque se fuera huyendo al Nuevo Mundo se libraría de su  venganza. Primero Hispatania y ahora Raquel le habían salvado la vida. Debería procurar que no hubiera una tercera ocasión, porque estaba seguro de que no podría contarla.

    El nuevo rey quiso conocer como se habían enterado de los crímenes de Julián del que su padre tenía un alto concepto.
   __El rey se equivocaba a menudo, don Nuño. Vos lo sabéis mejor que nadie.
  El marqués y Picos Erizados le refirieron como el conde leonés les confió este secreto antes de morir. No quería irse al mas allá con semejante peso sobre su conciencia.


   __Con el diluvio fue imposible que viniera un médico ni un confesor. Tuvimos que cuidarle, escucharle y confortarle como mejor supimos.
    __Lo habéis hecho muy bien. Me siento orgulloso de súbditos como vosotros.
    El conde y el marqués se miraron de soslayo.
  __Por cierto. Debemos nombrar un nuevo Corregidor para esclarecer la desaparición de los alguaciles, si es que hay algo por esclarecer. ¿Podéis hacerme alguna sugerencia don Nuño?
   __Desde luego alteza serenisima, permitidme daros ya este tratamiento, sire.
   El futuro rey hizo un gesto de absoluta complacencia. Don Pedro se sorprendía de lo bien que el marqués manejaba la situación.
    __Tengo el candidato perfecto, majestad.
   __Decidme pues, don Nuño.
   __Mi fiel secretario Cirilo. Cirilo Gomes de Silva. Sargento del Tercio viejo de Sicilia. Hombre inteligente, prudente, valiente y temeroso de Dios. No hallareis en Saláceres otro más capaz para el puesto.
  __Hecho. Tras mi proclamación firmaré la orden. Mientras, que se considere Corregidor en funciones y que se vaya ocupando de los asuntos pendientes. Más adelante le daré instrucciones precisas.
   __Muchas gracias majestad. No os pesará. El nombrará sus ayudantes.
   __Don Nuño. Creo que ese muchacho, el escritor, ha tenido la idea para lograr que Julián confesara.
   __Así ha sido. Si.
  __Me gustaría recompensarle. Le daré un título…y le nombraré cronista oficial de la nación. El se ocupará de poner por escrito nuestra historia desde ahora mismo. Ya estoy harto de la Crónica Lisboense.
    __¿Habéis pensado por ventura en el titulo qué vais a otorgarle?__ preguntó el capitán receloso.
   El rey pensó un momento, paseando por la habitación con calma hasta que vio pasar a Elena. Entonces se decidió de repente.
   __Barón Enamorado.
   __Perfecto, sire. Creo que le hará ilusión__ afirmó don Nuño sonriendo.
   El rey abandonó la estancia tras la Osorio, entonces el marqués se acercó a Josefo y le tomó del brazo.
   __Señor  barón enamorado…ja, ja. Tengo muchas cosas que contaros. Venid conmigo. Dejad un momento a Raquel con don Pedro. Está en buenas manos.
    Al pasar junto a Cirilo el marqués le puso una mano en el brazo y le apretó con suavidad.
   __Hecho__ afirmó sonriendo.
    Al poco regresó el monarca con aspecto encendido y acercándose a don Pedro de Picos Erizados le deslizó al oído:
   __Os haré llegar de nuevo la llave de donde ya sabéis. Desde ese preciso momento quiero vuestro palacio para mí solo. ¿Habéis entendido? Sabré recompensaron con largueza. Y si sois capaz de llevaros a Granvela unos días lejos de Madisboa, mi gratitud no tendrá límites. Habrá un titulo para cada uno de vuestros hijos. Eso para empezar.
   __Siempre a vuestras ordenes majestad.

Don Pedro se fue al encuentro de don Nuño que estaba departiendo con Josefo. El conde se sentó junto a ellos cansinamente.
__¿Ocurre algo don Pedro?
__Nada nuevo don Nuño, nada nuevo. La misma historia de siempre.






Fin





Los crímenes de las cuatro estaciones


La confesión, última




El último año de estudiante en Salamanca, coincidió con el inicio de una serie de crímenes en la ciudad en el comienzo de cada estación que trajo de cabeza  a las autoridades, porque además algunos testigos afirmaban haber visto un fraile negro por los alrededores más o menos a la hora del crimen, con lo cual la fantasía y la imaginación de la gente alcanzó cimas inimaginables.
  Don Nuño se agitó sentado en su frailero y don Julián hizo un pequeño alto, sorprendido.
  __Proseguid, proseguid, no os detengáis.
   Las muertes por asfixia, la fecha y el fraile despertaron mi inquietud.
   __Tal vez sea el mismo asesino que mato a tu verdadera madre__ comenté con Julián__ Sabe Dios donde estaría hasta ahora y cuantas mujeres más habrá asesinado.
  __ Yo también pensé lo mismo, señor. No he podido evitarlo. Mi pobre padre pagó con la vida y tal vez no fuera el culpable.
  __ Oh, Julián__ suplicó la condesa__ no sufráis os lo ruego. La justicia hará su trabajo, ya veréis como esto sirve para esclarecer la muerte de la pobre Lucía y para exonerar a tu padre, nuestro pobre pastor.
   Pero no fue así.
   Los crímenes continuaron. Cuando nuestro hijo terminó los estudios manifestó su deseo de establecerse en León y prestar allí sus servicios. Nos pareció bien, porque además yo deseaba que aprendiera a llevar la hacienda y que fuera conociendo todos los entresijos de una buena administración y en la capital estaba más cerca y podía pasar más tiempo en la casa con nosotros.
  Todo fue bien hasta que sucedieron dos cosas. Mi señora la condesa, casamentera como todas las mujeres, se empeño en buscarle novia a Julián. Este le hizo notar que todavía no se consideraba preparado para el matrimonio. Como ella insistió pese a que yo se lo había prohibido y se emperró en presentarle alguna muchacha  que ya le había seleccionado, el muchacho se molestó y dejó de venir a visitarnos. Al tiempo una serie de crímenes al comienzo de las estaciones inquietó a la capital y a la provincia. Con las mismas características, fraile incluido.
   Yo me preocupé por si el asesino seguía al muchacho. Incluso me dio por pensar en alguno de los hijos legítimos de su verdadero padre, que en aquellas fechas ya se había muerto. Tomé los servicios de un  investigador para que hiciera averiguaciones sobre los hijos del agricultor. Uno de ellos, el segundo, era un joven pendenciero, de riña fácil, vengativo, cruel, mujeriego como el padre y frecuentador de los bajos fondos donde parecía desenvolverse como trucha en el río. Algunas de las jóvenes muertas se habían cruzado con él en algún momento de sus vidas, por lo menos dos de ellas. Además viajaba por varias provincias, puesto que era el encargado de cobrar los envíos de cereal. Podía haber matado en Salamanca y posiblemente en otras capitales de cuyos crímenes no teníamos noticia puesto que no las frecuentábamos. Me convencí totalmente de que era el asesino y tomé una decisión: matarle. El mismo investigador se encargó y le descerrajó un tiro entre los ojos. Era un buen tirador.
   __Ya lo veo__ asintió don Nuño, convencido de que el muerto no era el asesino. Segurísimo.
   Es otro de mis muchos pecados padre, porque los crímenes continuaron, para mi consternación. Por aquella fechas nuestro hijo, quiero decir Julián, había hecho las paces con mi esposa consintiendo que esta le presentara una candidata, una joven bondadosa, no demasiado agraciada, todo debe ser dicho, pero muy rica, de familia de cristianos viejos nobles y temerosos de Dios. Juana creo que se llamaba. Al chico no le gustó, como me hubiera pasado a mí, pero se comportó de modo caballeroso como correspondía al apellido que ahora ostentaba. Estuvimos orgullosos de él. No hubo boda, pero la condesa casi se alegró con ello. Así podía seguir seleccionando jóvenes, algo que se había convertido en su pasatiempo favorito.
   Aquel otoño fue crudísimo. El frío se había instalado en la comarca dispuesto a hacernos la vida más difícil de lo que ya era. Enfermamos mi esposa y yo. Julián abandonó sus asuntos en la capital y permaneció en el castillo, ocupándose de nuestro cuidado y de que todo marchara como debía, lo mismo que si yo estuviera al frente. Mejor aun.
   Solamente hubo un contratiempo. El inicio del invierno, el día veintiuno de diciembre, la hija de nuestra nueva costurera apareció muerta. Alguien la había estrangulado. Pensamos que sería una coincidencia. Pero yo estaba convencido de que el asesino seguía a mi hijo. Los hechos no se esclarecieron, quiero decir que no se descubrió al culpable y a mí no me habían quedado ganas de volver a investigar dado el terrible error cometido. Mi pobre esposa murió en enero y yo estaba cada vez mas desolado por los crímenes que seguían a mi hijo allí donde fuera y por la soledad que iba a acompañarme de ahora en adelante. Julián decidió permanecer conmigo hasta que me fuera sintiendo mejor. Entonces ocurrió lo que nunca hubiera imaginado.
   Don Julián tornó a llorar de nuevo y don Nuño a aquellas alturas estaba sorprendido por la  ingenuidad del conde.
    Estaba convencido de que al inicio de la primavera el asesino volvería a actuar así que procuraba no perder de vista a mi hijo, por si le ocurría alguna cosa desagradable también a él. Era veintiuno de marzo de 1585; apenas había dormido esa noche. Me levanté al alba, pasé por la habitación de mi hijo que dormía todavía. Me dirigí a la capilla a rezar un rato por todos nosotros; cuando media hora después regresaba a mis aposentos advertí con horror como un fraile con la capucha subida para ocultar el rostro, entraba a toda prisa en la alcoba de mi hijo.
    __Por fin__ pensó don Nuño.
    Llegué todo lo rápido que pude, espada en mano, porque aun era hábil con ella y al abrir la puerta de una patada, creí morir de la sorpresa. No os lo vais a creer, padre. Mi hijo, mi hijo Julián. Ese era el fraile. Mi hijo, mi hijo con el hábito de un monje, venía de…No puedo continuar, padre. Venía de…Horas más tarde se supo que la mujer de uno de mis palafreneros había sido asesinada, estrangulada. ¿Qué iba a hacer yo? ¿Qué podía yo hacer?
   Don Julián se asfixiaba. Se había sentado en la cama para lograr respirar mejor, pero el llanto le ahogaba tanto o más que el asma.
 En ese momento lo comprendí todo, todo. El había sido el asesino de su madre y del boticario. El había dejado que su padre muriera en la horca, el había continuado asesinando mujeres. ¿Cuántas, cuantas has matado, dime, cuantas?
   __Hasta el momento veintiséis__ respondió con tranquilidad__ aparte mi madre y el boticario.
  __¿Que vamos a hacer?__ le pregunté.
  __Me iré del país. Pienso ir al Nuevo Mundo.
  __¿Para continuar matando?
  No me respondió. Pensé ensartarlo con la espada, pero no tuve valor. Todo se había venido abajo. Toda mi vida se había desmoronado en ese momento. Era como si todos estos años no hubieran servido para nada. Mi casa y mi hacienda sin heredero, mi título perdido. Me arrepentí al instante horrorizado por tener pensamientos tan egoístas y no acordarme de las veintiséis mujeres  asesinadas en plena juventud. Habíamos criado un monstruo que ni siquiera sentía remordimientos. Un joven que nos había embaucado fingiendo ser quien no era en absoluto y a quien nosotros quisimos como a nuestro verdadero hijo, alguien a quien yo quise proteger asesinando a un inocente. Se iba al Nuevo Mundo a seguir matando. ¿Qué podía yo hacer? Menos mal que se ha muerto la condesa, de lo contrario esto la mataría de pena.
   __ ¿Puedo saber cómo mataste a tu madre y por qué?
   __Si os place. La maté por puta. Yo no soy como era el pastor, que ya sé que no era mi verdadero padre.
   A aquellas alturas nada me sorprendía. No sé como lo supo, tal vez se lo dijo alguien del pueblo o quizá fuera ella, no quise saberlo. Me contó que aquella tarde había llegado a la casa en el momento en el que su madre estaba atada a la cama, con los brazos en cruz y la piernas abiertas. Ella le tenía prohibido acercarse a  verla cuando estuviera el fraile de visita, pero él pasó por alto la prohibición. El hábito del monje estaba tirado en el suelo, porque éste se había desnudado y había tenido una urgencia fisiológica saliendo a toda velocidad hacia el corral. Sin dudarlo, atrancó la puerta, se puso el hábito, se subió la capucha y entró en la habitación. Sin mediar palabra tomó la almohada, se subió sobre ella como si fuera el amante y la asfixió sin miramientos. A continuación se quitó el disfraz, abrió la puerta y aguardo con un hacha en las manos a que entrara el monje. Ya os podéis imaginar lo que aconteció. Me alegro de haberlo hecho, apostilló, y yo podría jurar sobre la Biblia que era cierto.
   En medio de la desesperación tuve un minuto de lucidez y recordé mi amistad con  Juan II de Hispatania, amistad que se remontaba a nuestra niñez, y le envié una misiva rogándole un puesto en el país para mi hijo, quien había tenido un problema de faldas y era menester alejarlo de aquí durante un tiempo; mentí sin contemplaciones. El rey me respondió con rapidez proponiéndole el puesto de Corregidor en Saláceres, pues precisaba un hombre inteligente como le constaba que era Julián y de total confianza. Y lo era. Era inteligente y para asuntos legales, de entera confianza. Se lo trasmití a Julián y le pareció bien. No tengo excesivas ganas de irme allende los mares. Me iba para no incomodaros. Gracias por la oportunidad. Luego se planto delante de mí, me tomó la mano y me miró a los ojos.
   __Me gustaría prometeros que no va a volver a suceder, pero no puedo. Es algo que no puedo controlar, creedme. Si pudiera dejaría de matar ahora mismo. Pero es imposible.
Le creí. Lo que sucedió desde entonces ya no fue asunto mío, aunque pienso que habrá continuado matando mujeres en el inicio de las estaciones vestido de fraile.
  __Ya lo creo__ se dijo para si don Nuño.
  Esto es todo lo que necesitaba contar para aligerar mi conciencia, padre. Si me decís que Dios no me va a perdonar lo entenderé. Moriré aliviado de todos modos.
  __ Los pecados son gravísimos pero Dios en su infinita misericordia te perdonará, hijo. ¿Por qué no iba a hacerlo si perdonó a quienes le habían matado a El? Descansad y no os preocupéis más por esto. Estáis perdonado. Ego te absolvo peccatis tuis in nomine Patris, Filii et Spiritus Sancti. O algo así__ dijo el marqués consternado por lo que acababa de escuchar.
   Se sentó un momento porque necesitaba poner un poco de orden en el caos mental que le había producido la confesión. Era el Corregidor. Él era el asesino. Y como no se dieran tiempo en regresar y en hacer algo, iba a volver a suceder. Lo difícil era conseguir que confesara, porque sin ello iba a ser imposible culparle, siendo como era protegido del rey. Tenían que idear alguna argucia y rápido, porque el tiempo jugaba en contra.
   __Padre__ volvió a llamarle el conde tras recobrar el resuello una vez más__ ¿No me imponéis penitencia?
   __Ya habéis penitenciado suficiente hijo mío. Cuando os llegue la hora idos en paz. Dios os acogerá en su seno.
  __Sois muy generoso padre y Dios es todo misericordia. Bendito sea.
   __Amen__ respondió don Nuño saliendo de la habitación y comenzando a llamar a Josefo a voz en grito.


 
                                                    

Continuará....

Los crímenes de las cuatro estaciones

 La confesión, primera




Al palacio de  Picos Erizados, no llegaron aquella noche ni médicos ni sacerdotes, por ello, al marqués del no le quedó otra que avenirse a hacer de intermediario entre Dios y el noble leonés.
   Bastante contrariado, se sentó en un frailero al lado de la cama del moribundo, dispuesto a escuchar lo que tuviera a bien referirle.
   El conde español agarró con las pocas fuerzas de que disponía la mano de don Nuño, como si ello le mantuviera asido a la vida, y comenzó la confesión, o digamos mejor el relato, para no incomodar al marqués.
   __No se por donde comenzar.
   __Hacedlo por el principio, es lo mejor.
   El noble del Páramo inspiró aire con avaricia y comenzó a relatar entrecortadamente los hechos que tanto le atormentaban. Don Nuño atendía con resignación.
  “Ocurrió padre, que uno de nuestros pastores estaba casado con una hermosa mujer, hija de la costurera de la condesa, a la que dejó preñada un caballero leones que pasó por la casa para hacer negocios con el trigo y la cebada de sus tierras del Páramo. La condesa se empeñó en casarla a toda prisa con quien fuera para  que su criada no sufriera esa deshonra. Ella y sus damas se afanaron con ahínco en buscarle un marido lo más pronto posible porque esas cosas son difíciles de mantener en secreto ya que el tiempo navega en contra.
  Providencialmente apareció el pastor de ovejas por la casa porque el lobo había hecho estragos en el rebaño y precisaba ayuda para poder mantenerlos a raya.
   La condesa y yo nos miramos y sin mediar palabra nos entendimos. Luego de tantos años juntos es lo normal.
   El pobre rapaz venia con una herida muy seria que por poco lo transporta a la otra orilla; estuvo en la casa bastante tiempo, entre la fiebre, los delirios y los sopores del licor que le daban para poder aguantar el dolor cuando el médico le curaba las laceraciones de los dientes del animal, afilados y ponzoñosos como la lengua de las viejas putas. Perdonad padre, eso es lo que decimos por mis lares.
   __No os preocupéis hijo, me hago cargo de sobra.
   Cuando volvió en sí, se encontró casado con la muchacha y esperando un niño, lo que le llenó de  estupor al principio, pero que una vez observada  mejor la moza le pareció todo ello un regalo de los cielos, aunque no comprendía cómo había sido que no recordaba nada de nada. El médico le hizo notar que las fiebres producen graves fallos en la memoria, pero que como era bien patente había cumplido como cumplen los hombres que se visten por los pies. El pobre pastor era un alma noble y creyó de muy buena fe todo lo que le contamos, aunque hizo constar que le hubiera agradado sobremanera recordar siquiera un poco de lo que había hecho con la moza para engendrar al zagal que venía en camino.
   La gente de la aldea que conocía de sobra las andanzas de la hija de la costurera con el  triguero y antes con muchos otros, le echaban en cara su credulidad rayana en la bobería.
    ¿Cómo me va a mentir mi amo?, replicaba cuando alguien le reprochaba su candor. Tonto que eres tonto. No te consiento que insultes al señor conde, el no me mentiría jamás. Tenéis envidia de la belleza de mi esposa, eso es lo que os pasa.
   Se la llevó a vivir a la aldea, en las afueras, a la casa junto al camino del monasterio. Bastante antes de los nueve meses, contando desde la boda, nació el niño; un varón, que tenía el mismo rostro que su padre verdadero y su misma mata de pelo negro. Nunca habíamos visto, ni la comadrona tampoco, un recién nacido con tanto pelo. Es costumbre de los sietemesinos, dijo la partera que estaba en el ajo, para disimular. Todos nacen con mucho pelo. Esto constituyó una burla añadida para el padre que lo repitió por toda la aldea, para regocijo de los aldeanos.
   El bonachón del pastor me pidió permiso para llamarlo Julián como yo, a lo que accedí de buen grado; con el consentimiento le entregamos ropa para el niño y un dinero para la crianza. El buen hombre se hincó de rodillas y me besó la mano sollozando agradecido.
   El muchacho se fue criando bien. Era guapo y dicen que inteligente y listo, que no es lo mismo, aunque la gente piense que sí. Decidimos, porque ni la condesa ni yo le perdíamos la pista, aunque por razones diferentes, que fuera a estudiar con los frailes para que aprendiera a leer y a escribir y no se malograra su inteligencia.
   Estos, estaban sorprendidos de su facilidad para aprender cualquier cosa y de su destreza en el manejo de las armas. Además era trabajador y voluntarioso. Sin embargo su maestro le advertía un ligero contratiempo, algo poco aconsejable: estaba demasiado enmadrado, aunque su madre no le prestaba excesiva atención, todo hay que decirlo, dado que prefería la compañía de otros hombres antes que la del hijo y no digamos el marido.
   Mi querida condesa, si, la quería mucho  aunque le puse los cuernos en varias ocasiones. Me arrepiento, padre, es que me gusta la variedad, no fue por otro motivo. Mi querida esposa, como os decía, se enteró por otras criadas de como esta mala mujer tenía tratos con la curandera de la casa de la marca, que sabía deshacer preñeces con hierbas y malas artes acudiendo a ella en muchas ocasiones puesto que se metía en la cama con cualquier buen mozo que pasara por el pueblo. Hace no demasiado tiempo que esta bruja ardió en las hogueras del Santo Oficio, gracias sean dadas.
   Mientras el niño fue pequeño no estorbaba, pero al crecer, su presencia en la casa desagradaba a la madre, porque le quitaba albedrío para tener coyunda con los forasteros. Sin embargo el muchacho no quería separarse de ella ni con agua hirviendo. Así que la puta de la hija de la costurera de mi señora pensó en desembarazarse del niño del modo que pudiera, incluso se le pasó por la cabeza ahogarlo en el río, pero gracias a los santos, creyó más conveniente y menos trabajoso, dejarlo en el convento y habló con los frailes para llevarlo interno al cenobio, ya que así estaría más tiempo con ellos y podría aprender con más provecho, dado que cuando regresaba a la casa se distraía con cualquier cosa dejando olvidados los estudios y ella no era capaz de controlarlo, porque con ella se mostraba díscolo y desobediente, que el chico no es tan dócil como parece, reverendo padre, decía la muy puta con tanta maestría que hasta al buen fraile engatusó. A cambio puede ayudarles en los trabajos de esta santa casa. Los frailes antes de tomar cualquier decisión me lo comunicaron, porque en ello habíamos quedado. Mi esposa y yo creímos que acaso fuera bueno para el muchacho la estancia en la abadía, puesto que se iba haciendo mayor y acabaría comprendiendo como era su madre, de puta, quiero decir, con el consiguiente daño que eso podría causar en su carácter y en su comportamiento futuro.
   Su padre, el pastor, me refiero, no creyó conveniente separar al chico de la madre, así tan temprano, el infeliz, pero nosotros le hicimos ver la conveniencia que permanecer con los frailes al menos durante la semana y que los domingos, después de la Misa,  fuera a comer a la casa y a pasar el día con ellos, cosa que contentó al padre y desagradó a la madre.
   De este modo transcurrieron los años y Julián se fue transformando en adolescente.
Era muy buen estudiante y muy trabajador y los frailes le permitían acercarse a la casa de los padres siempre que lo deseara, una vez terminadas las clases y el trabajo. El chico, demostraba cada vez mas amor por su madre a la que contemplaba embobado y a la que seguía como un perrito cuando ella se movía por los alrededores de la casa hasta que, cansada de llevarlo pegado a sus faldas,  le tiraba piedras para que la dejara en paz.
No obstante, reparó una tarde en lo atractivo que era el muchacho al que sorprendió desnudo cuando se bañaba en el río. Se dio cuenta de pronto de cómo le iba cambiando el cuerpo, como iba apareciendo el vello púbico y como el muchacho salía del baño cada día con una deslumbradora erección de adolescente.
   __Que desperdicio__ comentaba la muy pervertida.
   Un mal día, se metió desnuda en el río cuando el chico se estaba bañando. El se sorprendió al verla y retrocedió azorado. Ella se acercó despacio como una sirena, le puso los brazos alrededor del cuello y le besó; primero la frente, después la nariz, luego los labios, metiendo de pronto la lengua como una serpiente dentro de la boca del muchacho.
   __ ¿Es necesario que refiráis estos pormenores?
   __Si, padre. Debo contarlo todo tal y como sucedió. De otro modo mi alma no se verá aliviada. Permitidme hacerlo a mi manera. Os lo ruego.
   __Como queráis.
    Os decía que le besó con lujuria. El chico se quedó al principio un poco perplejo, estas cosas eran nuevas para él, aunque no parecieron desagradarle. La muy pécora le tomó las manos y las puso sobre sus senos, rodeó las caderas del joven con sus muslos, mientras le pasaba la lengua por el cuello…
   Don Nuño se levantó del asiento.
  __Padre ¿Acaso os incomoda escuchar estas cosas? Perdonadme.
  __Continuad, hijo. Es que me duele la pierna, no os preocupéis.
  El deseo del muchacho despertó y respondió al estímulo de la puta con la fogosidad y el vigor  de sus quince años una primera vez dentro del agua y otras dos en la ribera del río sobre la hierba. Uno de mis criados lo presenció todo sin dar crédito. De todos modos, los gemidos y los gritos iban en progresión  a medida que los orgasmos ganaban en intensidad, por lo cual mas vecinos los oyeron,  creyendo por ello que la puta de la mujer del pastor estaba retozando con algún forastero y se apresuraron a acercarse para mirar. La gente disfruta con estas cosas. Cuando están en pleno éxtasis les tiran piedras. Pero ella se apercibió del peligro, como una loba, y se fueron a toda prisa para la casa.
No la denunciamos por respeto al pastor, porque nos daba mucha pena el hombre y porque yo me sentía culpable.
   Llegado este punto el conde casi se ahoga del sofoco. Don Nuño se apresuró a darle agua y aguardó el tiempo necesario a que se calmara para que prosiguiera. Ya le estaba interesando la historia.
  Conseguí que los frailes no dejaran salir al muchacho como antes, argumentándoles que la madre andaba con muchos hombres y no era conveniente que el chico la sorprendiera. Pero este lograba escaparse para yacer con ella como si fuera su novia. Yo no daba crédito, por eso mi criado me sugirió que me acercara para ver. Y eso hice.
  __¿Eso hicisteis?__ se escandalizó don Nuño.
  Si, cuando el chico se llegaba a la casa por las tardes, ella atrancaba la puerta y se lo llevaba al dormitorio. Todas los días igual. Ya no yacía con otros hombres, con Julián tenía más que suficiente y él acudía al tálamo como un corderito. Observamos por una rendija de las contraventanas. Al principio ella estaba sobre el muchacho. Desnudos los dos por completo…
    __Evitad estos pormenores.
  __No puedo, debo descargar mi conciencia. Tengo que referirlo como pasó. Me siento muy culpable.
  Luego, tras dos o tres penetraciones, ella le tomaba el pene firme con la mano, moviéndola arriba y abajo y, ¡no os lo vais a creer!, cuando Julián estaba nuevamente erecto…ella, ella…"
   Por suerte para don Nuño, el conde se ahogaba y tuvo que hacer un alto forzoso en el pormenorizado y descriptivo relato. El marqués salió para beber agua, mientras, entró don Pedro para acompañar al conde por si precisaba algo. Cuando reanudaron la confesión don Julián del Páramo continuó refiriendo las relaciones incestuosas que la pastora mantenía con el hijo.
  "Nos fuimos escandalizados. Decidí, sin decirle nada a la condesa porque no me atreví para no hacerla sufrir, hablar con la madre, recriminarle su conducta escandalosa y amenazarla con contarle al padre sus relaciones con el muchacho.
   No os atreveréis, me dijo. Mi marido no os creerá de todos modos y vos perderéis la oportunidad de probar alguna de las delicias que habéis presenciado. Seguro que mi señora la condesa no es capaz de satisfaceros del modo que yo lo haré, si mantenéis la boca cerrada.
   __¿Que me harías?, pregunté curioso. Todo lo que habéis visto y algo más que no tenéis ni idea de que se pueda hacer.
  __ ¿Me harías lo de la boca?
  __¡Don Pedro!__ exclamó don Nuño escandalizado.
  __Perdonadme padre. Soy un pecador y un lascivo, lo sé. Pero si vierais lo placentero que resultó. Hacía años que no sentía un goze tan…
  __¡Don Pedro!. Os prohíbo que continuéis. Ya me hago una idea bastante exacta de las artes amatorias de la mujer. Continuad con la historia, por favor.
  El conde del Páramo tuvo que resignarse a obviar lo referente al sexo y referir los hechos sin falta de ilustrarlos tan detalladamente.
  La relación con el hijo continuó durante al menos un año más. En ese tiempo hizo un par de visitas a la vieja bruja de la marca. Luego pareció irse cansando del muchacho. Prefería la variedad.
    Mientras tanto la villa fue tomando auge. Eran años de paz y los peregrinos a Santiago comenzaron a circular de nuevo en cantidad. El hospital del convento necesitó más medicinas para los muchos transeúntes que circulaban por los caminos y que traían todo tipo de males y de heridas propias de caminantes. Así que el monasterio de San Julián envió al boticario con frecuencia para traer hierbas y medicamentos que nuestro cenobio no poseía. Este hombre era buen mozo y un pecador compulsivo, que obviando el voto de castidad se entregaba a los placeres de la carne con demasiada frecuencia. Le gustó la esposa del pastor, como era de suponer y como ella no le hacía remilgos a los hombres y menos si eran atractivos, pues se convirtieron en amantes.
  El fraile, hombre duro al que le gustaban algunas cosas raras en la cama, sabedor de la promiscuidad de su amante le prohibió taxativamente tener relación carnal con ningún otro bajo amenaza de muerte, que así se las gastaba el boticario que Dios confunda. Ella pareció obedecerle y rehusó a los hombres excepto a Julián que como era el hijo no despertó el recelo del fraile. Voy a referíos algunas cosas que le vimos hacer al fraile. No os ofendáis.
   __Pero, ¿es que mirabais también?__ se escandalizó don Nuño.
  __Si padre. A estas alturas yo estaba dominado por el deseo. Ella era capaz de hacerle a un hombre cosas que nunca se habría podido imaginar.
  __Poca imaginación observo por la comarca__ pensaba don Nuño.
Por eso fuimos a ver lo que hacía con el fraile, por si había alguna novedad.
  __ ¿Húbolas?
  __Si, padre. Húbolas.
  El ya os digo era un poco especial. Disfrutaba atándola a la cama de manos y pies y lo que es peor fingía ahogarla con la almohada mientras la penetraba, con tanta fuerza, que una vez casi intervengo pues creí que la había matado sin querer, ya que ella sufrió unos espasmos muy violentos y luego se quedó quieta como si se hubiera muerto. Ya os digo que iba a irrumpir espada en mano, cuando ella abrió los ojos y dijo: hoy ha sido el mejor de todos, casi pierdo el conocimiento de placer. Luego, ella se ponía encima y le  hacía lo mismo a él. Yo quise probarlo, pero los acontecimientos se precipitaron y no pudo ser.
  __Señor, señor. Cuanta concupiscencia__ Exclamó don Nuño muy metido ya en su papel de confesor.
  Era el primer día de primavera de aquel infausto año. Había llegado lluviosa y fría. El boticario venía a la villa cada cambio de estación para traer medicinas, brebajes y ungüentos. Había tenido algún encontronazo con el muchacho a quien no le agradaba en absoluto, podéis imaginaros porqué. Este había llegado una tarde a la casa y los había visto copular por la misma ventana que nos. Seguro que le extrañó lo de la almohada, porque no creo que ella hubiera hecho eso antes con nadie. Fue también una novedad.
  Llegó la  noche y el boticario no se había presentado en el monasterio, los frailes extrañados salieron a buscarle.  La mula continuaba atada en el corral del pastor. La puerta de la casa estaba abierta. El fraile le llamó por su nombre y al no obtener respuesta, penetró en la vivienda. En medio de la cocina yacía el cadáver del boticario con un hacha clavada en medio del cráneo, sobre un charco de sangre negra como el alma del lujurioso monje. Estaba medio desnudo. Un poco más allá vio el hábito tirado en el  suelo de la habitación. Allí, en la cama, atada de pies y manos yacía la pastora. La habían ahogado con una almohada que aun tenía sobre la cara.
   El fraile salió corriendo aterrado pidiendo socorro. Todo el pueblo creyó, sin dudarlo un instante, que había sido obra del pastor; cansado de tantos cuernos, por fin había reaccionado, el hombre. Más vale tarde, decían los aldeanos, a los que pareció de perlas la venganza. A mí me resultaba imposible creer una cosa así, conociéndole como le conocía. Los frailes aseguraron que Julián, que no demostró ningún sentimiento, tan conmocionado quedó, el pobre, estaba esa tarde en el convento estudiando. Se pensó en cualquier otro amante celoso. Pero el pastor confesó.
   __He sido yo don Julián__ me dijo cuando fui a visitarle a la cárcel__ fui yo. Ya no aguantaba más. La había visto con nuestro hijo. No os vais a creer lo que le hacía. Casi me vuelvo loco.
   __El pobre pastor sollozaba con verdadero sentimiento. Daba mucha pena, padre y yo me sentía tan culpable, me sentía responsable de todo lo acontecido.
   __No debéis sentiros así. Vos no tenéis la culpa de que ella fuera tan depravada.
   El pobre pastor sólo me rogó que hiciera una cosa. Cuidad de mi hijo. Prometédmelo. Sabéis que es un muchacho inteligente y bueno, no lo abandonéis señor conde. Jurádmelo. No lo abandonéis. ¿Qué será de él solo en el mundo? Aun es muy niño. No lo abandonéis, por caridad.
   Jamás creí que mi pastor fuera el asesino. Pensé en cualquier amante de la puta que los sorprendió ese día, les mató, se largó del pueblo y nunca más volvió por aquí. Conmocionados como nos quedamos, nos ocupamos del hijo la condesa y yo porque así se lo había prometido al padre. Le instalamos en el castillo y más tarde le enviamos a Salamanca. Quería estudiar leyes. Fue tan bueno y tan agradecido con nosotros, era tan gentil y tan guapo que mi esposa y yo, ya mayores y sin hijos, decidimos adoptarle legalmente para que el titulo no se perdiera y el castillo y las tierras quedaran en buenas manos. Además de este modo pensábamos reparar de algún modo el daño que le hicimos a nuestro pastor sin mala intención. Solamente tratábamos de ayudar a la costurera de mi señora y ya veis lo que aconteció con ello. Por eso Dios nos castigó.

   Don Pedro guardó silencio un buen rato. Esta vez no le faltaba el resuello, se calló porque el llanto no le permitió continuar. Don Nuño dejó que llorara todo el tiempo que fuera preciso, para aliviar su tristeza. Cuando se recobró un poco, el noble español prosiguió su relato.


Continuará...