La Fundación.




I


El presidente de la Transnacional era un hombre optimista; en consecuencia, el sesgo que acababa de tomar la conducta personal de las dos pupilas enviadas por la Fundación para consortes de sendos herederos de monarquías del Norte (a quienes costaba encontrar pareja adecuada, tal vez por la vida tan frívola que llevaban últimamente los herederos y herederas), le hizo vislumbrar el filón que la nueva situación les ponía delante de las narices. ¿Al fin y al cabo, cuál era el objeto de su organización? Sustituir el estado por las finanzas. ¿Cómo lo habían conseguido? Manipulando donde y cuando conviniera; eternizando en el poder dictaduras o monarquías sangrientas para el pueblo, pero fructíferas para sus intereses, haciendo que se abrieran al mundo viejos estados autárquicos y se integraran en las finanzas mundialistas, convirtiendo los poderes estatales de antiguos países marxistas en mafias agradecidas a sus leyes, financiando golpes de estado, asesinando presidentes, promoviendo revoluciones, etc, etc. Hasta el momento, las monarquías habían sido intocables, pese a dirigir la Transnacional un estadounidense o quizá por ello, nunca se sabe, pero en este momento de globalización extrema estas instituciones estaban demasiado caducas; ya no tenían sentido; eran como trasnochadas taifas perdidas en un universo uniforme y uniformado. Esto, que en el principio del cambio, las hizo indispensables para preservar la identidad de cada estado, las convertía con el devenir de los años y de los acontecimientos, en anacrónicas e inútiles.
   Ellos ya se habían encargado de hacer que entraran en la modernidad tratando de corregir, es un decir, la endogamia típica de la realeza, buscando consorte adecuada entre los protegidos que integraban la FVI, organización antiquísima que había ido evolucionando desde su nacimiento en el siglo octavo y que ellos controlaban por completo desde finales del dieciocho. Ahora el destino se lo había servido en bandeja. Desprestigiar las instituciones monárquicas iba a ser el siguiente paso. Hasta este momento, algunas testas coronadas, con patrimonios importantísimos desde luego, habían formado parte de la Transnacional, solicitando apoyo incluso para librarse de consortes problemáticos que habían hecho peligrar seriamente la institución, y otros habían asistido como oyentes, sin voz ni voto, a las reuniones. Pero en este punto, una morena neurótica  bastarda del marido de su suegra y una pelirroja regordeta y ordinaria descendiente de reyes vikingos, habían levantado el banderín para la carrera cuesta abajo de toda la institución a nivel mundial. Lo que podría haber sido un grave problema terminó por transformarse en el punto de partida de la mejor de las soluciones.

   A fin de que no se nos tache de ignorantes o de hipócritas, debemos reconocer para que conste, que jamás las monarquías habían cumplido la misión de ejemplaridad que fue su fundamento. Nada más lejos de la realidad en todos y cada uno de los periodos históricos. Si acaso algún rey elevado a los altares en el siglo XIII, mas por su tenaz obediencia a Roma que por otros méritos.  Como todos conocemos, a través de los siglos, los reyes han asesinado, violado, matado de hambre a sus vasallos, robado, saqueado, traicionado y apostatado sin que se les cayera el cetro de las manos, y los súbditos en su inmensa mayoría, les continuaron adorando como si fuera irrefutable que se hallaran investidos de poder divino y esto les hiciera, en consecuencia, dueños absolutos de vidas y haciendas, otorgándoles patente para hacer su santa voluntad, casi siempre contraria a los intereses del pueblo, hasta que el paso de los siglos les fue encaminando a lo que son ahora, no todas, por desgracia, para sus súbditos: Monarquías Parlamentarias, habiendo perdido por el camino la mayor parte de sus privilegios y prerrogativas y habiendo contribuido muchas de ellas, motu proprio o porque a la fuerza ahorcan, a la llegada de nuevos aires de libertad a sus reinos.
   Tras haberlos jodido por los siglos, fueron al final, los redentores. Y todos tan contentos.
   Haré aquí un inciso para aclarar algo apuntado más arriba: Dirán ustedes que como una organización tan importante y seria casa a una hija bastarda del príncipe consorte con el hijo legítimo de dicho príncipe. Verán, el joven es hijo de la reina, pero no tiene por qué ser hijo  del marido de la reina ¿captan el matiz?  La Transnacional es en efecto muy seria para que se le pase por alto algo así.
   Y si, la reina puede ser algo, bastante o muy ligera de conducta (observen que he obviado, con elegancia, el termino puta, demasiado vulgar para estas esferas) y el príncipe consorte no digamos, pero los descendientes y sus cónyuges, mientras no ciñan corona más les vale observar una conducta adecuada por no decir ejemplar, dado que carecen de la inmunidad que proporciona la jefatura del estado y nadie está obligado, por ello, a mirar para otro lado. De ellos hacia arriba, sin embargo, es aconsejable, por no decir preceptivo, hacer la vista gorda.
   Privilegios que aún conserva la institución, tolerados con benevolencia por los diferentes Parlamentos y de los que se va a aprovechar la Transnacional.

   El vicepresidente no era tan optimista como el señor Rainfalling. Se llevaba la mano al corazón. Otra metedura de pata más y el no lo resistiría. La nuera de la reina, madre del futuro rey,  pillada en la cama con un príncipe hindú, fotos incluidas, oscuro de piel además y la pelirroja nuera de rey, posando desnuda en Play Boy, mostrando sus excesos con absoluta desvergüenza; claro que en la época de las fotos aun era soltera pero ¿cómo se pudo pasar por alto una cosa así?. ¡Oh, my God! Luego esa escoria de periodistas buscando tres pies al gato: que si consume drogas, que si hacía streepteese de joven en un local cerca de su colegio, con los chicos metiéndole dinero por el tanga ¡mon Dieu! que bochorno. ¿Cómo hemos podido pasar por alto algo así? y una vez sabido ¿por qué no se compraron esas fotos antes de que se publicaran o se interceptó al propietario?…por Dios bendito…George. ¿Cómo hemos caído tan bajo? ¿Qué ineficacia es esta? Nos hundimos.
   —No sufras, tal vez todo esto sea en beneficio de La Fundación. Los senderos que el Señor nos muestra son, a veces, sinuosos. Pero sabemos que El nos lleva de su mano.
   Rainfalling, adoptó ademán y entonación de profeta. Había sido actor en la universidad.
   —Tal vez desacreditar las diferentes monarquías sea el camino de ahora en adelante.
   —No comprendo para que.
   —Para que desaparezcan.
   —Y ¿Por quién las vamos a sustituir?
   —Por jefes de estado de los nuestros, claro está.
   —Sigo sin comprender. Las monarquías ya son de los nuestros…
   —Sí, pero son peligrosas.
   George Rainfalling encendió un habano; tenía que reconocer que en la isla se seguían elaborando  los mejores puros del mundo. Miró por la ventana con melancolía. La mirada viajó hasta La Habana; entró por el Malecón, llegó a Jaimanitas, alcanzó el Punto Cero y tropezó con la de Castro. El presidente de la Transnacional dio un respingo. Era uno de sus mayores fracasos. Carraspeó, observo el humo del cigarro y regresó a Washington y a las monarquías. El vicepresidente guardó el habano para otro momento en el que hubiera algo que celebrar y volvió a preguntar.
   —¿Por qué son peligrosas?
   —Representan las últimas utopías. Continúan fieles a sí mismas con sus peculiaridades y su boato, ajenas por completo a la uniformidad que las rodea.  Los pueblos pueden tratar de dar marcha atrás y agarrase a ellas en un momento dado  como fórmula para recuperar su idiosincrasia. Los pueblos son volubles y se rebelan, no lo olvides. Ahora están muy acojonados por la falta de dinero y la pérdida paulatina de sus avances sociales, pero tiempo al tiempo.
   Rainfalling hizo una larga pausa.
   —Son peligrosas, te lo digo yo.
   El presidente tomó asiento con estudiada naturalidad en el Chesterfield de su despacho, saboreó el habano y prosiguió con la disertación sobre las monarquías y los pueblos, ajeno por completo al desasosiego que su elaborada manera de exponer los hechos causaba a John Oldriver, su vicepresidente.
   —Tal vez ahora mismo no es el momento John, pero cuando la sociedad pierda por completo  los privilegios de los que goza injustamente, se terminen por fin las vacas gordas y los gobiernos elegidos por los ciudadanos entre los candidatos más obsequiosos, sean sustituidos por otros de tecnócratas cicateros impuestos por nosotros; cuando de verdad les apretemos las tuercas; cuando estén al borde de la asfixia…, entonces sí, habrá llegado la hora de actuar con contundencia contra la institución, curándonos en salud. En momentos de duros sacrificios como los que les esperan,  los pueblos se sentirán defraudados y se volverán contra las monarquías si comienzan a aflorar trapos sucios y conductas poco ejemplares. No les perdonarán ni una.  Ya hay protestas por parte de quienes piensan que tienen muchos privilegios. Debemos continuar  haciendo lo de siempre, solo que procurando equivocarnos para no errar. He ahí el nuevo horizonte. ¿Me copias, John?
   —Sí, te copio, pero olvidas algo. Las monarquías son listas, en general. Conocen muy bien a los pueblos, saben rectificar y reconquistar la voluntad de sus súbditos. Es lo que vienen haciendo desde siempre. Es algo que bordan, sobre todo algunas…
   —Sabremos adelantarnos. No les dejaremos asidero. Los escándalos serán tantos y tan abrumadores que no habrá vuelta atrás. Cuando los pueblos quieran darse cuenta del complot, será tarde, como siempre, y habrán perdido definitivamente la partida.

   Para seguir contando la historia y que se comprenda, debo hacer una digresión precisamente en este punto y referirles algo que hasta ahora permanecía ignorado por la humanidad, siendo desprestigiada, machaconamente,  la fuente de referencia por muy digna y fiable que fuera, que lo era,  y por muchos avales intelectuales e institucionales con los que contara, miles, como ocurre siempre que se quiere ocultar un hecho al mundo. Investigadores de la Universidad de Hollywood dieron con la clave hace decenios, es por esa razón que fueron borrados como institución académica, los docentes dispersados, los mas rebeldes desaparecidos, el campus sembrado de sal y ocupadas las colinas, como ya se sabe, por productoras de cine al servicio de la Transnacional.
   Lo dejó sentenciado Cervantes: Cosas veredes, amigo Sancho.
   Uno de dichos investigadores, tal vez el más tesonero, fue, casualmente, uno de mis tíos bisabuelos o tatarabuelos, no lo tengo claro, esfumado sin dejar rastro en el mar de los Sargazos una mañana que salió a pescar barracudas desde el puerto de Oceanside en California. No extrañó a la familia esa divergencia dado que mi lejano familiar era un hombre muy peculiar cuando iniciaba una ruta. Influenciado por los grandes descubrimientos de la época (principios del XIX) y siendo aun muy joven se fue de la casa paterna con destino África para descubrir, por fin, el nacimiento del Nilo, ya que lo descubierto por Livingstone eran en realidad las fuentes del Congo. Tres años más tarde fue recogido por un mercante noruego, en Ushuaia. Cómo habiendo comenzado viaje en Zanzíbar, terminó en Argentina buscando el Nilo, constituyó siempre un misterio familiar. El carguero lo desembarcó en Lisboa y yo sospecho que fue durante su estancia en esta ciudad cuando descubrió, o alguien le puso en contacto, con la Crónica Lisboense, a la que volveremos más adelante ya que constituye el punto de partida de la investigación que nos ocupa. En el siguiente viaje se fue al ártico canadiense a investigar el pueblo inuit para tratar de zanjar la leyenda negra que pesaba sobre ellos al ser llamados despectiva y equivocadamente por los europeos: esquimales ( devoradores de carne cruda). No sabemos si llegó a su destino, pero lo cierto es que regresó a casa desde la isla de Pascua en el Pacifico sur, un año después. Mi bisabuela opinaba que esto era debido a un problema crónico de desorientación porque desde niño confundía la diestra con la siniestra, el septentrión con el meridión y occidente con oriente  y como a nadie se le ocurrió corregirlo, así continuó toda la vida. Por ello, todo el mundo dio por bueno que saliendo a navegar  por la costa del Pacifico se perdiera realmente en el triangulo de las Bermudas.

   Retomando el hilo, sucede que algunas de las pertenencias de mi tío terminaron en la casa de mis abuelos, posiblemente traídas por él en sus visitas vacacionales, en cuyo desván hallé una tarde estos informes, cuando andaba buscando otra cosa, como suele suceder casi siempre. Iba a dejarlos en su sitio de nuevo, pero me llamó la atención el membrete de la Hollywood University. Pensé que se trataba de un guión cinematográfico, pero mi sorpresa fue en aumento a medida que leía.
   No daba crédito.
   ¡Hollywood había sido en origen una universidad! Las colinas fueron en otros tiempos, el asiento de importantes centros de investigación en todos los campos del saber, donde convivían docentes y estudiantes de todas las nacionalidades conocidas. En aquellos años gloriosos para la institución, se estaban produciendo de continuo hallazgos inimaginables, incluso para los mismos investigadores, quienes se topaban muchas veces con hechos o consecuencias que ni estaban previstas ni se les había ocurrido que fueran posibles. De ese modo, junto con los laureles académicos, comenzaron los conflictos con las administraciones, los grupos de poder y las sociedades más o menos secretas. El cenit de los hallazgos y los problemas lo constituyó el descubrimiento de la FVI.
   Desde luego lo hallado era infinitamente más interesante que un guión. Debo hacerles saber que soy muy aficionada a la  historia. Por ello, comprobé punto por punto cada fecha, cada personaje, cada batalla y cada dato histórico. Coincidían con una precisión milimétrica, pero lo más fascinante era la historia paralela y desconocida que se narraba, pareada con la historia conocida. Algo increíble e inquietante.
   El informe completo es farragoso al estar escrito con lenguaje académico, a veces poco inteligible y ser, además, muy minucioso y pormenorizado. Su lectura completa me ocupó años. Así que me he permitido hacer una sinopsis, para facilitar su lectura y darlo a conocer al mundo.
   Hela aquí:

Informe de la Universidad de Hollywood sobre el nacimiento, desarrollo y globalización de la FVI ( Fundación Vástagos Ilegítimos) traducido, resumido y comentado por una servidora.


Continuará...


Amistades peligrosas




La noticia llegó el día de los inocentes.
   Yo hasta me creí, en principio, que era una broma, desde luego de muy mal gusto, pero es que jamás se me hubiera pasado por la cabeza que una cosa así pudiera sucederle a alguien como Lola.
     Ni a mí ni a nadie.
  Había escuchado en la radio por la mañana noticias sobre la aparición del cadáver de una mujer asesinada de un tiro en su coche, pero solamente facilitaban las iniciales, de modo que no asocié el hecho con nadie conocido ni por lo más remoto. Otro crimen de la dichosa violencia machista, pensé. No sé cuándo va a terminar esta lacra. El tío la ejecutó de un tiro en la nuca como un terrorista, que es lo que son en realidad. Pobre mujer, no sé cuantas van ya este año…
   Me quedé de hielo cuando una de las cuñadas de Lola, que además es mi vecina, llamó a mi puerta a media tarde para ponerme al corriente.
   —Estaba en el área de descanso de la autovía del mar, dentro de un  coche que no era el suyo, con un tiro en la nuca desplomada sobre el volante. Tenía el bolso, la cartera, incluso bolsas con la compra. No parece que la mataran para robarle. La policía va a hablar contigo, quería advertirte. Parece ser que van a interrogar a todos los amigos dado lo extraño de la muerte. Siento que te vayan a molestar.
   Lola asesinada de un tiro dentro de un coche que no era el suyo. ¿Cómo ha podido ocurrir algo así? Qué extraño me parece todo.

   En efecto, a la mañana siguiente la policía habló conmigo. Vino a casa un subinspector al que conocía de vista, porque trabajo cerca de la comisaría y desayuno en el mismo bar donde lo hacen varios maderos, entre ellos éste, que me había puesto ojitos en más de una ocasión. Seguro que se sorprendió al verme, pero lo disimuló muy bien.
    —Pues no, no tengo ni idea. La verdad, el suceso me ha dejado perpleja, aparte de conmovida y triste, naturalmente. Yo le tenía afecto a Lola, aunque era difícil relacionarse bien con ella.
   —¿Y eso por qué?
   —Por nada en especial. Simplemente porque era muy suya. Muy para adentro ¿comprende?
   El policía, que tenía un aire a Lobezno, asintió.
   —Era viuda, si. Su marido falleció joven, hace tiempo. No lo recuerdo bien, creo que fue un accidente cuando regresaban de un viaje. Aquí se veía con tres amigas además de mí. Todas nacimos en el mismo barrio y aunque tenemos edades y estatus diferentes nos citamos a menudo para vernos. Nos gusta recordar cómo era nuestra vida entonces y a nuestras familias. Ya sabe.
   —¿Sabe si tenía más amigos?
   —Sí, tenía más amigos en un sitio de la costa donde, por lo visto, tiene un apartamento, pero los desconozco, porque ella era en exceso celosa de su intimidad y jamás hablaba con claridad de ellos y por supuesto nunca nos los presentó. Le gustaba referir como iba con sus otros amigos a un sitio y a otro, pero jamás coincidimos. Le repito que nadie  los vio. A mí no me importaba en absoluto, sin embargo a las otras sí; incluso les molestaba. Es que Lola tenía un extraño defecto: te hacía sentir inferior, le gustaba, se complacía en ello. Sí, me explico. Daba a entender que sus conocidos de la otra ciudad eran tan importantes, tan exigentes y tan discretos, que tu no estabas a su altura ni de lejos, por eso los ocultaba de nosotras, porque desmerecíamos. Eso es lo que daba a entender con total desparpajo.
   Ella era una mujer con pocos estudios y con una educación bastante elemental, resultaba raro que sus amigos fueran tan especiales. Tampoco su escasa familia conocía a sus amistades, ya se lo habrán dicho; lo sé porque ellos me lo han comentado en más de una ocasión.
   Curioso. Ese fue el comentario del madero.
   —Sí, dije yo, a mí siempre me pareció curioso este modo de proceder. Todas conocemos más o menos a las amistades del resto, incluso nos complace compartir a los amigos. Los de ella no aparecerían ni en su Facebook. ¿Algo que ocultar?...¿a qué se refiere? ¿a sus conocidos?, no creo, puede tener alguno extraño, pero todos.  Yo llegué a pensar que no existían tales amigos y que ella los había convertido en un misterio de los suyos. Era proclive a esas fantasías. Era una mujer que le gustaba alardear de haber tenido y tener una vida perfecta, llena de gente perfecta…las únicas excepciones éramos nosotras. Ya le digo que a las otras les sentaba mal.
                                                                                               


   
   
   Al día siguiente me enteré de que todas habíamos dicho lo mismo con ligeras variaciones. Sofía habló con el resto y me lo refirió punto por punto. El policía nos hizo a todas el mismo comentario: curioso.
   El día del entierro pensamos que al fin veríamos a sus importantes amistades. Estábamos expectantes. Pero para nuestra decepción solamente acudió su familia y nosotras, aparte de un par de vecinas de su calle. Gente común y corriente. Bastante corriente.
   Lo que yo digo: no existen.
   Dándole vueltas al asunto recordé varias cosas. Lola decía tener un apartamento en la costa que tampoco nadie conocía, ni siquiera su familia. Allí decía que se iba siempre que desaparecía de la circulación, que era bastante a menudo.  Cuando regresaba a la normalidad lo hacía de muy buen humor y bastante más relajada de lo que era habitualmente.
   —Tiene un maromo.
   —¿Y por qué no lo saca a la luz?, no tiene nada de extraño. Lleva años sola. Sería de lo más normal.
   —Ya sabes como es.
   —Da igual como seas, no se comprende. ¿Por qué iba a ocultar a un novio?
   — Tal vez porque sea el marido de alguna.
   —¿Qué quieres decir, que Lola se lía con nuestros maridos? No fastidies.
Las amigas casadas vivieron en alerta durante un tiempo. A veces cuando Lola desaparecía coincidía con un viaje del marido de alguna. Con el de Elisa lo hizo en más de una ocasión, tanto, que ella contrató un detective que descubrió que, en efecto, tenía una amiga, pero no era ni mucho menos Lola. Era una actriz porno de veinticinco años, rubia teñida, con las tetas de silicona y el culo operado. Patético de verdad. Mucho mejor si hubiera sido Lola. Desde ese día, descartamos que el culpable de las ausencias fuera algún  marido conocido  y dejamos de preocuparnos. Al fin y al cabo era su vida y nosotras ya teníamos bastante con las nuestras.
   —A lo mejor es espía— dijo Sofía totalmente en serio. Sofía era pura ingenuidad.
   —Sí, seguro. De la CIA.

   Una semanas después del entierro, mientras desayunaba en mi sitio habitual, entró el subinspector, se colocó a mi altura y me dijo casi al oído:
   —Ya sabemos quién mató a  tu amiga.
   —Ah sí. ¿Quién?
   —La mujer de su amante.
   —¿Queeeee?
   Giré en mi taburete y me quedé frente a él con los ojos abiertos como platos.
   —Bueno…verás. Esta mujer creyó que la persona que estaba en el coche era la amante de su marido, se acercó y le disparó en la nuca a quemarropa. Ni siquiera se dio cuenta de que no era ella.
   —Un momento. ¿Me estás diciendo que mataron a Lola por error? ¿Qué la confundieron con otra persona?
   El poli me hizo un gesto para que bajara la voz.
   —Si y no. Mira, te sugiero que nos sentemos en un sitio discreto y te lo contaré todo.
   Eso hicimos. Yo estaba llena de dudas. Amantes, esposas, errores.
   —Verás. Esta mujer, la asesina, hacía ya tiempo que siguiendo a su marido le veía entrar en casa de la mujer que tenía que ser la víctima.
  —De la dueña del coche, precisé.
  —Eso es. Entonces ella dio por supuesto que esa era la amante de su marido. Pero, sucede que esa señora era en realidad una alcahueta en cuya casa se veían diferentes personas buscando sexo discreto. Y curiosamente el marido de la asesina con quien follaba, perdón por ser tan directo, era con tu amiga Lola.
   Yo hacía rato que le miraba fijamente sin decir ni pío. ¿Acaso este elemento, guapito de cara, me está tomando el pelo? ¿Me está insultando por persona interpuesta por haberle ignorado hasta ahora? Los policías son muy retorcidos.
   —Oye, oye. Me estás diciendo que Lola era puta…y que en realidad la asesina acertó sin querer.
   —Más o menos, así es. Después de interrogar a la dueña del coche, al marido de la asesina y a todos los demás llegamos a esa certeza.
   —¿No me estarás tomando el pelo? Es que no tiene gracia.
   El hizo el mismo gesto con las manos, que  un cura cuando dice a los fieles:  dominus vobiscum.
   —No puedo entretenerme más — dije un tanto desabrida.
   —Si te parece quedamos luego cuando salgas del trabajo y te cuento el resto.
   Dudé, pero pudo más la curiosidad. Al fin y al cabo soy mujer. Y me gustan los gatos.
   —De acuerdo.





   Pasé el resto del día aturdida por completo. Todas creíamos que Lola era la reencarnación de Santa María Goretti. La pureza en persona. La última virgen. Incluso se había comentado en tiempos, que su marido era impotente y que ella no lo había abandonado por vergüenza, para que nada trascendiera. Con los años Lola se refería a su matrimonio como una unión perfecta. Su marido había sido ejemplar: educado, cariñoso, culto, bueno…

   —¿Era fogoso también?, le preguntaba Rosa, siempre tan directa.
   —Bueno, nena no lo estropees. No seas tan vulgar —respondía Lola que siempre se crispaba cuando salía el sexo a relucir.
   Teníamos que hacerle una seña a Rosa para que se callara o cortarla sin más, antes de que el asunto se nos fuera de las manos. Al fin y al cabo eran simples rumores. Nadie estuvo en la cama con ellos para comprobarlo.
No obstante, eran muchas voces las que  afirmaban que estaba aun por estrenar, como un auto recién salido de la cadena de montaje al que la crisis dejó olvidado en una esquina del concesionario; siempre reluciente, pero obsoleto y caduco. Y por lo visto, tenía una vida amorosa de lo más intenso. Claro, esos eran los amigos que no podía presentar. ¿Cómo iba a poder?
¡Qué hipócrita! ¿no?

   Llegué puntual a la cita. Había quedado con Lobezno en un lugar diferente, donde fuéramos menos conocidos y pasáramos más desapercibidos. El se retrasó unos minutos.
   —Para darse importancia —pensé. En el fondo no las tenía todas conmigo. Esperaba que en algún momento de la conversación el se pusiera a gritar: Inocente, inocente. Entonces, yo me levantaría muy digna y le tiraría a la cara lo que estuviera tomando. Un poco cinematográfico, lo reconozco. Pero es que me parecía imposible lo que estaba ocurriendo. Si alguno de vosotros hubiera conocido a Lola le sucedería lo mismo.
   Había tenido que tomarme un par de analgésicos porque me dolía la cabeza tras una tarde entera de darle al tarro con los asuntos de Lola.
El poli entró al fin, pidió una caña y se sentó frente a mí.
   —Bueno que ¿ya has asimilado la doble vida de tu amiga?
   —Tengo que reconocer que estoy sorprendida, muy sorprendida. Así que acudía a una casa de citas…Ese era el  gran misterio. No me explico cómo no trascendió en todo este tiempo.
   —Ten en cuenta que esto ocurría en otra ciudad donde ella tenía un apartamento en el que vivía sola y al que no llevaba a nadie. Lo hemos comprobado. Cuando acudía a sus citas era como si fuera a pasar la tarde con una amiga en una casa normal y discreta en un barrio recogido, donde se citaban un grupito de asiduos para acostarse y no todos el mismo día, como es obvio. Por lo visto tu amiga era amiga de hace tiempo de la dueña, viuda también, que es la querida  en este momento del secretario del delegado del gobierno. Los, digamos, ”clientes” son gente relacionada con la política, la judicatura, la medicina…
   —No lo comprendo Lola no era una persona culta, ni siquiera guapa…
   —No se reunían para conversar. Solamente necesitaba ser buena en la cama y discreta.
   —Discreta si lo era. Dime una cosa ¿desde cuándo follaba con el mismo, con el marido de la asesina,  desde siempre?
   —Hace dos años, más o menos. Antes tuvo otras parejas. El inmediatamente anterior había sido aquel entrenador de futbol que se mató en un accidente. ¿Recuerdas que lo arrolló el tren dentro de su coche  en un paso a nivel? Fue noticia de portada.
   —Si y ahora que lo dices, recuerdo también que comente el accidente con ella un día que pasamos por allí y no noté que se conmoviera ni nada parecido. Era la reina del disimulo…Dime otra cosa ¿cobran por esto?
   —Naturalmente. ¿Piensas acaso que la gente trabaja por amor al arte? Además consiguen buenas relaciones que siempre son útiles.
Se me quedó mirando como si no se atreviera a revelarme alguna otra cosa.
   —¿Qué? ¿QUE?
   —Ellas, de vez en cuando, también pagaban por tener sexo con jovencitos.
   —No fastidies. ¿Lola también?
   El madero asintió con la cabeza repetidas veces. ¡Qué barbaridad lo que puede engañar una persona! ¡Santa María Goretti!. Somos unas infelices. Somos tontas de remate.
   —Son jóvenes pero mayores de edad ¿eh? Tampoco pienses lo que no es. De veinte más o menos. Gigolós, ya sabes.
   —No está mal teniendo en cuenta que ellas son cincuentonas. Eso no es ningún delito —dije de pronto, defendiendo a Lola sin venir a cuento.
   —No, ni lo otro tampoco. El delito ha sido el asesinato, si no, no estaríamos aquí. Si no la hubieran matado nada de esto hubiera trascendido. Y tú y yo no estaríamos aquí charlando, dijo con suavidad, cogiéndome la mano.
   No la retiré. La verdad es que el tal Lobezno estaba muy bien y yo necesitaba compañía amable en estos momentos. Alguien para evadirme de tanto engaño y tanto disimulo.

   A la mañana siguiente, tras una noche bastante interesante, vi las cosas con más claridad. Era cierto que Lola era una farsante ladina y consumada, aunque solo fuera por el hecho de hacer sentir inferiores a las demás con sus absurdos misterios y sus evasivas tan poco afortunadas. Pero, no obstante,  pensé que nada debería de trascender. El crimen se había publicado como la crónica de un error lamentable. La victima utiliza el coche de su amiga porque al suyo le han dado un golpe y la mujer del amante de la verdadera dueña la asesina por error. ¡Qué mala suerte! ¡Qué pena! ¡Pobre Lola!, ella que era la pureza hecha mujer.
    Eso era lo que comentaba la gente en el barrio. Y así se iba a quedar. No iba a ser yo quien les enmendara la plana, ni quien desenmascarara a Lola. No me correspondía semejante honor. Además posiblemente mucha gente no lo hubiera creído y encima habría quedado como una amiga embustera y desleal a una persona tan integra como aquella santa.
Posiblemente trascendiera algo cuando se celebrara el juicio. Si ocurría así se conocería la verdad o parte de ella. Mucha gente se quedaría atónita, entonces. Pero hasta ese momento yo, tan muda como Belinda.
   —Date cuenta, me dijo Sofía —esta pobre que no hizo el amor ni de casada confundida al final con una fulana, que paradoja tan injusta. Lo que es la vida. Señor, Señor. Bueno, estará en el cielo.
   —Sí, y nosotras en el limbo, dije solo para mi, mientras continuaba asombrada por la gran capacidad de disimulo del ser humano y en especial de Lola. Cuanta hipocresía y cuanto cinismo. Después de todo hasta creo que le estuvo bien empleado, por embustera y por manipuladora;  por farsante y por hipócrita. Por soberbia y por cínica.
   Si, si y también por desviada y por sucia. Porque lo de los yogurines no terminaba de digerirlo.
Ni yo ni nadie en su sano juicio.


FIN


Cuento de Navidad








—¿Permite que me siente con usted?
   Julián levantó la cabeza sorprendido. Un hombre mayor con buen aspecto le sonreía mientras esperaba respuesta.
   —Sí, si, por supuesto, siéntese, como no.
   —Hay más asientos libres, como verá, pero uno está al lado de la puerta, otro está en el trayecto de la gente que entra y sale,  y el otro al fondo, sin ventana, y soy un poco claustrofóbico…
   —No hace falta justificación. Aquí hay sitio para ambos de sobra y así no como solo por un día.
   —¿Come siempre solo?
   —Sí. No me gusta mucho la gente. Desde que falleció mi hijo…lo llevo mal. Reconozco haberme enfadado con el mundo, que no tuvo culpa.
   —Disculpe, le he invadido y no me he presentado; me llamo  Yeshúa. Si, soy hebreo…judío, vaya.
   —Yo no…quiero decir que no me llamo Yeshúa…Me llamo Julián. Julían de la Peña…
   Ambos rieron mientras se daban la mano.
   —¿Usted también está solo?
   —Si.
   —¿Vive por aquí?
   —Viajo mucho. Ya sabe: el judío errante, ja ja ja.
   —Aquí no hay comida kosher.
   —No se preocupe, no soy ortodoxo. Como de todo. Ya le digo, voy por todo el mundo y en algunos sitios, bueno en la mayoría, sería complicado seguir un régimen kosher ¿Comprende?
   Julián asintió. El forastero le había caído bien, para variar. No era que la gente le cayera mal, era que él no quería tratos con la gente, desde el accidente de su hijo. El mundo le había decepcionado.
   —Voy a pedir pescado —dijo el anciano— tiene buena pinta.
   Hablaron animadamente mientras comían. Julián comenzó a sentirse bien por vez primera en muchos años. El judío era un hombre que trasmitía paz y confianza. El nunca había conocido ninguno, o por lo menos, no era consciente de ello. De todos modos eran personas como las demás, con un aura de leyenda negra desde los reyes católicos que ni siquiera el Holocausto pudo hacer olvidar. Era decir judío y todo el mundo se ponía alerta.
   Terminaron la comida con un buen habano,  y hablando de lo humano y lo divino se entró la tarde. Julián se había quedado sin siesta.
   —¿Qué tal si damos un buen paseo? Más que nada para bajar el tocinillo de cielo con nata, que nos hemos tomado una buena ración  —Rió Yoshúa.
   —Me parece de perlas.
   Se fueron por el paseo del río. La tarde se había mantenido serena, pese a las previsiones del tiempo, y la temperatura era la ideal para estar al aire libre.
   —Perdón Julián, me había dicho algo de un accidente— pregunto Yoshúa al ver unos jóvenes que les adelantaron haciendo running.
   —Sí. Mi hijo.
   —Si le incomoda no me hable de ello.
   —Creo que me hará bien. Llevo mucho tiempo callado.
   Julián se apoyó en la barandilla mirando el río, limpio y remansado alrededor de las rocas que sobresalían, redondas, pulidas y limpias, llenas de aves descansando al sol, apurando el ultimo calor, disfrutando  con jolgorio de lo que la vida les ofrecía. Tragó saliva y levantó la vista al horizonte tropezando con la cadena de montañas, aun sin nieve, de cumbres desgastadas por la erosión del trascurrir del tiempo, como su vida. Pensaba en su hijo y se le secaban la boca y el alma. Se volvía ausente. Su cabeza quería comenzar la historia para aquel judío amable, pero su corazón se ahogaba, le faltaba el aire, no podía articular palabra.
   —Fue una noche nefasta. Mi hijo había salido a cenar con unos amigos para despedirse. Se iba a Estados Unidos con una beca Fulbright —Julián tragó saliva, le costaba hablar de su hijo en pasado. Era como viajar a la nada, al caos, al vacío. Tardó un buen tiempo en continuar—. Luego de cenar, se fueron a tomar unas copas y por último, ya de madrugada, llevó a casa a un par de amigos que habían bebido demasiado. Uno de ellos vivía en la sierra, a unos cuantos kilómetros. Según  el informe de la Guardia Civil, el no vivió para poder contármelo, tuvo que dar un volantazo para esquivar un coche que le salió en una curva por el medio de la calzada. El coche de mi hijo se salió de la carretera, rompió el quitamiedos, bajo una pendiente, chocó violentamente contra un árbol y se incendió… mi hijo había perdido el conocimiento y no pudo salir…
   Julián no pudo impedir que los sollozos ahogaran las palabras. Una y otra vez contemplaba la escena impotente: su hijo quemándose vivo y el consumiéndose a la vez, impotente, paralizado, muerto también en vida.
   —El otro conductor, el que causó el accidente, no se detuvo. Cuando la Guardia Civil le localizó, días más tarde, dijo con el mayor cinismo,  que no había sido consciente de nada. Pero con todo, lo peor fue que, detrás de mi hijo, venía una furgoneta; una furgoneta de reparto que se dirigía al almacén a recoger la carga para la jornada. Paró, eso sí. Pero al ver estallar el coche y comenzar a arder, salió a toda prisa y ni siquiera avisó a la policía. El aviso hubiera servido de poco para mi hijo, pero es que él llevaba un extintor; un extintor, ¿comprende? Si se hubiera bajado y lo hubiera utilizado cuando comenzaba el fuego, mi hijo estaría vivo…porque murió calcinado. Solamente estaba inconsciente…Si hubieran parado los dos…Si le hubieran ayudado…Ya estaría fuera del vehículo cuando comenzó el fuego y de todos modos, con el extintor de la furgoneta… Dios, cuanta insolidaridad, cuanto egoísmo…Dios…
   Yeshúa le dejó llorar. Ni siquiera le consoló, le permitió llorar un buen rato. Julián se fue calmando y entonces el judío le tomó suavemente del brazo y le condujo hasta un banco cercano donde tomaron asiento.
   —¿Por qué Dios lo consintió? ¿Por qué consiente Dios que estas cosas ocurran?
   —Si me permite corregirle, le diré que yo creo que Dios no controla nuestro día a día. Él nos da albedrío para actuar. Conocemos las leyes y las normas y estamos dotados de inteligencia para comprender y tenemos conciencia para reaccionar y para actuar con empatía. Dios nos enseñó a ponernos en el lugar del otro. Dios no puede obligarnos a tenerlo siempre presente. Eso depende de cada uno. Su hijo no lo haría. Usted lo sabe y yo también. Su hijo era un hombre de bien, como usted. Eso debe de confortarle. Si hubiera ocurrido al revés, su hijo sería un héroe reconocido, pero, usted sabe que en el mundo existen todo tipo de gentes  y ustedes dos se han tropezado con otros dos que no son como ustedes. Esto es así.
   —Me gustaría tener su perspectiva, pero no puedo ver las cosas con esa tranquilidad…no, no puedo.
   —Es natural. Pero no se mortifique extendiendo la culpa. Ha sido un suceso de tres. Su hijo tuvo esa mala fortuna y los otros dos ya están pagando su error. Hasta ahí llega. En el mundo hay mucho canalla y mucho cobarde, pero para compensar hay muchas buenas almas. Muchas. Muchas más de las que usted se imagina. Es que lo malo se ve más…
   —Si yo pudiera hacer algo…si se me permitiera poder hacer algo… Quisiera ver a mi hijo…quisiera…
   Julián volvió a sollozar con desconsuelo. Yeshúa le abrazó esta vez y le dijo:
   —Lo verá…yo haré que se encuentren.
   Julián no lo escuchó; es que Yeshúa creyó haberlo dicho en voz alta, pero no lo hizo. Sin embargo su mente, dio la vuelta al mundo en un segundo, y encontró la solución, que por otra parte tampoco estaba tan lejos. Se hallaba en el albergue de extranjeros unas calles más abajo.

   Habían transcurrido unos cuantos días, Julián confiaba en volver a ver a Jeshúa; así se lo había manifestado el judío cuando le dejó en su portal aquella tarde. Pero no había vuelto por el restaurante. Preguntó al personal si lo habían vuelto a ver y todo el mundo negó con la cabeza. La Navidad se acercaba y la gente andaba estresada porque no daba abasto para hacer las compras navideñas tras la jornada; miraban el reloj y cuando veían entrar un cliente a deshora les cambiaba la cara, fruncían el ceño y procuraban servirle a toda velocidad.
   —Así no se trata a la clientela. Luego protestarán cuando se queden sin empleo. Entonces ni compras ni nada…
   —Entonces será el llanto y el crujir de dientes…ja ja ja —respondió Jeshúa que acababa de entrar.
   Pero no estaba solo. Venía acompañado de un africano  joven.
   —Le presento a Jonasi. Es ugandés; él y su familia huyeron del país. ¿Permite que nos sentemos con usted?
   —Por supuesto. Me alegra volver a verle. Había preguntado por usted.
   —Debería haber vuelto antes, disculpe, pero estuve muy ocupado. Ahora le cuento.
   Pidieron la comida. Mientras esperaban, Jeshúa se dispuso a contarle las vicisitudes de Jonasi y su familia.
   —Resumiendo bastante para no agobiarle, le diré que tuvieron que salir huyendo de Uganda ante los crímenes de un señor de la guerra llamado Joseph Kony ¿no sé si le suena de algo? —Julián negó con la cabeza— Bien, pues este criminal lleva décadas enfrentado al ejército de Uganda, con la excusa de reclamar derechos para su etnia, los Acholi. El padre de Jonasi era un funcionario del gobierno llegado a la zona para informar de las condiciones reales de vida de los Acholi y tratar de mejorar, en lo posible, su realmente miserable existencia. Es un hombre bueno que se implicó realmente en la defensa de esta etnia y se enfrentó incluso con el gobierno que no tenía demasiado interés en ellos y simplemente le había enviado como tapadera, para frenar el descontento. Pronto se vio entre dos fuegos y fue incomprendido y perseguido por ambos. Un día los paramilitares de Kony raptaron a su mujer y a su hija, la madre y la hermana de Jonasi, a las que no volvieron a ver. Revolvieron cielo y tierra, echaron mano de todos sus conocidos y contactos, hablaron con guerrillas, con militares, con misioneros, con oenegés, con la prensa extranjera. Escribieron a gobiernos, a las naciones unidas, a la unión europea…mientras eran perseguidos, tiroteados, acosados por todos: ejército y guerrillas. Se puso precio a sus cabezas y tuvieron que huir del país. Le diré que Jonasi estudiaba medicina en la universidad de Kampala. Dejando todo atrás huyeron a pie hasta lograr cruzar la frontera y llegar a Sudán. Fue un viaje duro sin agua ni comida. Ya en Sudán fueron auxiliados en una misión francesa que les consiguió un medio de trasporte para llegar a Khartoúm. Tras un tiempo en la ciudad sobreviviendo malamente, decidieron avanzar hasta Egipto, para poder, desde allí, llegar a Europa, pero…el hombre al que entregaron hasta el último centavo que tenían les engañó y les dejó en manos de las mafias sin alma y sin escrúpulos que les trasladaron a Libia para ser vendidos como esclavos.
   —¿Esclavos? —se asombró Julián.
   —Sí, esclavos en el siglo XXI y a las puertas de Europa. Es largo y complicado el relato. Resumiendo le diré que fueron separados y que Jonasi tuvo suerte de que a su grupo le descubrieron militares de naciones unidas, que los liberaron. Su padre le había dicho que en caso de separación tratara siempre  de llegar a Europa. Desde allí podría hacer algo por él. Era el único modo de sobrevivir y de hacerse oír. Escaparon del control de los cascos azules, lo cierto es que tampoco hicieron mucho por retenerlos, Libia es un caos absoluto, y de nuevo caminando, sin comida, sin agua y sin dinero, llegaron a Túnez…
   —¿Su padre continua en Libia?
   —Sí. Puede preguntarle a él; entiende y habla español bastante bien. Sería bueno encontrarle acomodo en alguna familia que le quisiera acoger, para que pudiera terminar sus estudios y para ayudarle a proseguir la lucha para liberar a su padre.
   —Eso va a ser imposible.
   —¿El que va a ser imposible?
   —Encontrar a su padre.
   —Nada es imposible —respondió Jonasi en un buen castellano.
   —Y, aunque lo fuera, ayudaríamos a otros y haríamos publicidad para que se conozcan estas atrocidades. Yo movería todos mis contactos para saber donde se encuentra el grupo del padre de Jonasi. Quiero proponerle algo: Échenos una mano; usted tiene posibles y conoce gente y sabe moverse, implíquese en nuestra causa…tiene tiempo y le hará bien. Créame. Piénselo. Jonasi es muy buen muchacho, merece una oportunidad. Yo respondo por él.
   —Me gustaría, pero no sé como…
   —Yo le guio. No se preocupe. Va a ser Navidad es una buena época para implicarse. Le dejamos porque Jonasi tiene que regresar al CIES. Volveremos a vernos.
   Jeshúa y Jonasi se fueron después de darle las gracias por atenderlos. Cuando ya habían cruzado la calle Julián salió y les llamó.
  —Si usted responde por el chico, yo puedo acogerle en mi casa. Podemos probar…si resulta bien, yo puedo ayudarle a terminar la carrera…
   —Necesita papeles.
   —Yo me ocupo. Podemos quedar mañana en mi casa y planificar las cosas con orden.
   —Perfecto.
   Jonasi se quedó mirando a Julián con incredulidad y después en un arranque de gratitud le dio un abrazo impetuoso y torpe. Hacía mucho que no abrazaba a nadie.

   Fue fácil llegar a un acuerdo. Julián iba a acoger al muchacho legalmente para conseguir los permisos de residencia y que pudiera permanecer en España y  continuar los estudios.
   —Luego veremos el padre —le dijo a Jeshúa, mientras el chico se acomodaba en su cuarto.
   —Lo haremos a la vez. No debemos perder tiempo. Yo le proporciono los contactos y luego usted actúa. Vendré mañana. Le dejo un teléfono por si me necesita antes, que no creo.
   En el resto de la tarde Julián y Jonasi se contaron su vida con sus penas y sus alegrías, que también las había.
   —¿Dónde conociste a Jeshúa?
  —En Sudán. El fue nos recogió en el camino y nos llevó a la misión francesa. Luego volví a verlo en Túnez. El me encontró escondido, yo le reconocí enseguida y me llevé una gran alegría. Me inspiraba mucha confianza. El me proporcionó un pasaje en un barco que transportaba mercancías hasta Valencia y me dijo, que una vez en tierra me presentara a las autoridades. Era bueno que me llevaran a un centro de extranjeros.
  —Pero podían deportarte.
  —No, si no saben de dónde soy, porque no tengo ningún papel que me identifique. Jeshúa me dijo que él me encontraría después y así fue. Me dijo también que había alguien que me necesitaba.
  —Sí, tu padre.
   —Eso mismo le dije yo, pero él me respondió: además de tu padre, hay otra persona que te necesita. Confía.
   —¿Cuánto tiempo hace que llegaste?
   —Tres meses. Desde que salimos de Uganda ha pasado más de año y medio, y desde que Jeshúa nos encontró en Sudán ha transcurrido un año. Fue exactamente el dieciocho de diciembre del año pasado.
A Julián le dio un vuelco el corazón. Ese mismo día su hijo había tenido el accidente, a las cinco y media de la madrugada. ¿Qué hora sería en Sudán?
   —¿Recuerdas que hora sería más o menos?
  —Las siete y media de la mañana…aquí en España son dos horas menos.
   —Las cinco y media…
—Jeshúa nos dijo la hora y nos dijo también algo que no entendimos cuando le dimos las gracias por habernos salvado.
—¿Qué os dijo?
   —Hay alguien en España que os está esperando desde este mismo momento,  aunque no lo sabe.
   —Iniesta, el Barça, le respondimos.
     —Jajaja…también, también, pero no es de Barcelona. Ya le conoceréis. —Se refería a usted, me lo dijo cuando fue a buscarme al CIES.
—¿Qué te dijo exactamente?
     —Querido Jonasi. Llegó la hora de que conozcas a alguien. Aquel que te dije que te estaba esperando. Y me llevó al restaurante donde nos conocimos.
  Julián estaba emocionado, tenía una especie de júbilo, que no había sentido desde aquella noche y que pensó nunca más iba a sentir. Su vida había sido desde aquel momento, añoranza y tristeza;  impotencia y desánimo; pero ahora había una esperanza, una expectativa. Un por qué. Todo se había transformado. Su vida volvía a tener sentido.
  El sonido del teléfono le devolvió a la  realidad de su salón. Jonasi continuaba sentado y le observaba sin comprender del todo que estaba ocurriendo.
   Era Jeshúa.
   —Querido Julián, no voy a poder acudir a su casa como teníamos previsto, tengo que salir urgentemente. Le visitarán del CIES para informarle de los pasos a seguir. Me he permitido darle su teléfono a la ONG que se ocupa del asunto de los esclavos en Libia. Ellos se pondrán en contacto y hablaran con usted sobre lo que se debe hacer. Le envío mi bendición y le…
   —Sé quién es usted…me ha costado, pero lo he comprendido.
   Le respondió el silencio al otro lado de la línea.
   —Se quién es usted…aunque ya no me escuche. Usted es… Jeshúa ¿me escucha? Jeshúa…Jesús…¿No me oye? Jesús…
 Jeshúa se había vuelto a ir muy lejos. Aquí ya estaba todo resuelto.