La madre de la cantante transparente


El día había amanecido resplandeciente. Llegaba el verano y comenzaba otra etapa en mi vida. No sabía bien por qué, pero intuía tiempos mejores, intuía que iba a ocurrirme algo interesante. Siempre creí en las premoniciones. Así que, olvidé los malos aires, estrené vestido, lo mismo que hacía cuando niña el día del Corpus, e igual de contenta me fui dando un paseo hasta la estación del ferrocarril.
Cuando me vi allí, suspiré. Habrían transcurrido por lo menos diez años. Desde que terminé la carrera no había vuelto a la capital en el cercanías que tantas veces me había llevado y traído.
Me hubiera gustado desandar el tiempo y no haber vivido estos últimos años. No habían sido los mejores de mi vida.
Me casé, me separé. Eso los resumía.
Ni el matrimonio fue feliz, ni la separación tampoco. Mi ex se había echado una novia desde mucho antes, sin embargo no estuvo de acuerdo con el divorcio. Pretendía vivir su vida y que todo continuara igual, conmigo de sufridora en casa, aguantando. ¡Como son algunos hombres!
Fue difícil liquidar los bienes que teníamos en común. Tras muchas discusiones y reuniones con abogados, que nos comieron una pasta, llegamos a un  acuerdo. No obstante, quedó a deberme 12.000 euros.
  __Ya los viste__ decía mi hermana.
Lo peor es que tenía razón. Pero yo no estaba dispuesta a perdonádselos para que se los gastara con la pelos.

El tren silbó y se puso en marcha. Volví a sentirme joven. Y eso que en la misma estación acababa de tener un disgusto.
Ya me había ocurrido antes.
Resulta que me parezco, según la gente, a la madre de una cantante de copla muy moderna, tanto, que sale a escena con batas de cola transparentes. Totalmente transparentes. Sólo lleva debajo un tanguita minúsculo en forma de abanico.
Cantar no sé si canta, pero famosa se ha hecho un rato. Además sus romances con un futbolista brasileño y un torero de moda también contribuyeron a la fama. En este momento estaba saliendo con un actor norteamericano protagonista de una  exitosa serie de televisión.
Bien, pues yo me parezco a la madre, que es conocida por acompañar a la hija a todas partes, no sé yo para que… Unas señoras me lo hicieron ver mientras esperábamos en el andén, chafándome la alegría, porque que te vean como la madre de una treintañera,  cuando acabas de divorciarte y quieres comerte el mundo, no ayuda mucho que digamos.
La cantante transparente y su madre acababan de adquirir una vieja casona de indianos en nuestra villa costera. Era una mansión demasiado exuberante para mi gusto. De aquellas que se construían los emigrados retornados con fortuna para hacer ostentación de lo conseguido en América. La madre pensaba pasar temporadas aquí, mientras la niña vivía sus romances. Precisamente acababa de instalarse y a mí ya me habían confundido con ella, días antes, unos periodistas que se me abalanzaron, como tábanos, preguntándome donde estaba mi hija con el actor. Tuve que darle a uno un empujón para que me dejara entrar en mi coche y él amenazó con ponerme una denuncia por agresión. Fue bastante desagradable hasta que se deshizo el equívoco. Entonces se fueron corriendo hacía donde alguien dijo que se encontraba la madre verdadera sin que nadie me pidiera disculpas por el atropello y por haberme llamado de todo cuando les empujé.

Dejé atrás a las señoras y me senté en el centro del vagón junto a la ventanilla. Los trenes habían sufrido una transformación  para mucho mejor. Eran nuevos, estaban limpísimos y eran cómodos y puntuales.
Pero había algo más, alguien más.
Ya lo había visto mientras esperaba. No estaba nada mal. Era alto, atlético, con la cabeza rapada y unos ojos azul imposible, entre tímidos y tiernos. No paraba de hablar por el móvil  en un idioma parecido al ruso o quizá en ruso, que no se bien como suena.
Se sentó en el asiento contiguo en frente de mí. No dejaba de mirarme y me di cuenta que mientras hablaba me hacía fotos con la cámara del teléfono.
  __Bueno. Pues ya he ligado…Para que digan las amigas que es difícil.
El hombre no me quitaba los ojos de encima. Cuando notó que lo miraba me sonrió sin disimulo.
  __Pues he ligado. Cuando lo cuente no se lo creen. Ya decía yo que iba a ser mi día.

Llegamos a la capital; el viaje dura apenas media hora. En todo el trayecto no me perdió de vista. Se levantó y esperó a que yo saliera. Al pasar junto a él, le sonreí. El me hizo una inclinación de cabeza y se puso detrás.
Una vez en el andén, me tomó apenas del brazo y me susurró:          
  __Esperrrra…
Me volví y le miré dubitativa. El asintió y volvió a decir:
  __Esperrrra
Esperrrré encantada. Nos fuimos quedando los últimos, todo el mundo nos adelantó.
Yo iba pensando:
  __¡Qué bien! Mi primer aquí te pillo, aquí te mato. Que buen recomienzo  de soltería.
Nunca me han gustado las escaleras mecánicas y por lo visto a él tampoco. Tiró de mi brazo y me metió en el ascensor. Me empujó al fondo y cerró la puerta. Se vino decidido frente a mí.
  __Oh, por Dios, que impulsivo, pero que…… Oooh Dios…
Cerré los ojos emocionada. Por eso no pude ver a las palomas volar de derecha a izquierda.

Cuando los volví abrir, me encontraba un poco mareada. Estaba en…¡una cama!.
  __Pero ¿cómo?, si no me acuerdo de nada.
Poco a poco me fui situando. Estaba en una cama sí, pero vestida, calzada y atada. Con los pies sujetos al piecero y las manos al cabecero y una tira de adhesivo en la boca.
  __Dios mío como en Átame de Almodóvar.
Pronto descubrí la cruda realidad. Si tuviera las manos libres me daría de hostias por tener una imaginación tan calenturienta. Aquello no tenía nada de erótico. Era más bien sórdido.
Estaba en una especie de agujero inmundo sin ventilación, sobre una cama sucia.
  __ ¿Quién me trajo aquí, el ruso?
Como si lo hubiera adivinado entró o más bien irrumpió, en ese momento.
  __ ¿Quierrres decirme quien coño errrres?__. Me daba voces mientras me desataba los pies y me empujaba fuera de la cama de mala manera y me llevaba casi  arrastras hasta una especie de salita donde había una tele en la cual se veía a la madre de la Transparente interviniendo en un programa en directo mostrando su nueva casa. Me quitó el adhesivo.
  __¿Quien errrres tú?.
Caí en la cuenta en seguida. Me había secuestrado creyendo que era la madre de la cantante de copla.
Si no fuera patético a la vez que peligroso, me habría reído.
  __¿Quien me va a pagarrrr el rrrescate eh, dime, quien?__ Hizo ademán de darme un puñetazo, pero sólo amagó.
Volvió a llevarme a la habitación y me ató otra vez los pies.
  __Piensa en algo__ me dijo señalándome con el índice.
  __ ¿Yo? Piénsalo tú.
Se volvió indignadísimo.
  __No me cabrrrrees. Te lo advierrrrto.

Tenía ganas de llorar, pero era incapaz. Entonces recordé una cosa. Mi cabeza funciona bien en situaciones límite.
  __Rusoooo.
Entró como un spútnik
  __ ¿Qué quierrrres?
  __Te pagará mi ex marido.
Había recordado que una amiga me comentó que su marido le había dicho que mi ex le había contado que estaba muy preocupado porque su chica se iba una semana a un sitio perdido en la sierra con unos orientales en plan meditación Zen o algo así. Sin teléfono ni Internet. Y él tenía un mosqueo muy,  muy grande.
Pensaba claramente en cuernos. Tenía un ataque, vaya.
Entonces se me ocurrió.

Lo llamó. Tuve que repetirle lo que tenía que decir siete veces antes de que lo comprendiera. Así y todo no tenía mucha confianza en que fuera a hacerlo bien.
  __Tengo a tu chica. ¡Cállate y escucha! Quierrrro 42.000 eurrrros dentrrrro de una horrrra. Te vuelvo a llamarrrr y te digo como y donde.
El ruso, que era checo, sólo quería 30.000. Los necesitaba para volver a su tierra y abrir un negocio. Los otros eran los 12.000 que me debía el rata de mi ex.
  __Voy a hacerrrrte una foto. Quierrrre una prrrrueba de que estás viva.
  __¡Estas tonto! No ves que no soy yo. Dile que hablaré con él. Dame unos minutos para ensayar.
No me llevó mucho imitar la voz de la pelos. Era muy pija y hablaba de esa manera, con la voz engolada:
__Caaari. Oooye paga caaari. Te lo rueeego.
Resultó. El muy capullo tenía el dinero a punto para el rescate de la pelos y no era capaz de pagarme a mí lo que legalmente era mío...Una miseria de nada.
Le dije al ruso como debíamos hacerlo.
  __Existe una antigua gasolinera cerrada en las afueras muy afueras de la ciudad. Está en la vieja carretera por donde nadie circula ya. Hay un pequeño cerro desde el que se divisa perfectamente. Esperaremos allí.
Le dices que llegue, deposite la bolsa con el dinero en el surtidor del centro. Que continúe por la carretera cuatro kilómetros, pare y espere un cuarto de hora. Luego regresa y allí estará su mujer. Tú, te vas por donde vinimos. Cuando llegue ya estarás lejos.
Tardó media hora en aprenderlo. No podía escribírselo en un papel, porque no sabía leer en español.
  __Yo salgo y recojo la bolsa
  __No, yo salgo y la rrrrecojo, lista.
  __Bien, la recoges, me das lo mío y adiós.
Lo hicimos así. Mi rescatador llegó puntualísimo. Nos cercioramos de que nadie le seguía.
El ruso bajó del coche, cogió la bolsa y me dio el dinero y las gracias porque con mi ayuda había podido cobrar un rescate.
  __La próxima vez asegúrate de secuestrar a la persona verdadera.
  __No habrrrrá prrrróxima vez. Me marrrrcho ahorrra mismo. Me voy en coche hasta Irrrrún. Allí me rrrrecoge un amigo frrrancés.
  __Que tengas buen viaje.
Mientras esperaba a mi ex, guardé el dinero en mi ropa interior. Por si acaso.
Cuando llegó y me encontró, puso la misma cara que si hubiera visto un marciano verde.
  __ ¿Qué haces tú aquí, donde está Patricia?
  __Hombre, muchas gracias, estoy bien.
  __No entiendo nada  ¿qué es esto?... ¿Has participado en el secuestro de Patricia?
Se plantó delante de mí con cara de Stallone y los brazos en jarras.
  __ ¿Has sido capaz de mandar secuestrar a Patricia?
  __No digas tonterías. No han secuestrado a Patricia, me han secuestrado a mi__ le dije delante de su cara, bastante indignada. Luego me subí al coche.
Le conté lo que había pasado. No sabía si reírse de mí o llorar por los 42.000 euros.
  __Pero yo hablé con ella.
  __No, tú hablaste conmigo.
  __Era la voz de Patri.
  __Era mi voz. Que tú oigas la voz de Patricia por todos lados es tú problema.
  __ ¿Por qué me ha llamado a mí? Ya no soy tu marido.
  __Encontró en mi bolso tarjetas de visita en las que aún estamos los dos.
  __ ¿Por qué las llevas?
  __ Olvidé tirarlas a la basura.
  __Tenias que haberle dicho que ya no eras mi mujer.
  __Tu preferirías que me hubiera pegado un tiro ¿verdad? Con tal de no pagar te habría dado lo mismo. Yo no controlé lo que hizo. Te llamó y punto. Cada vez que trataba de protestar por algo, me metía la pistola en la boca__ Mentí con la mayor desfachatez.
  __ Me tendrás que devolver el dinero.
Yo sí que lo miré como a un marciano verde.
  __Todavía me debes 12.000 euros y pretendes que te pague el rescate. Para el coche, que me bajo ahora mismo. PARA EL COCHE.
  __No te pongas así. Vamos a denunciar el hecho y luego ya veremos.
Guardamos silencio durante un rato. Entonces volví a recordar.
  __Oye. Ahora que lo pienso. ¿Por qué creíste que habían secuestrado a la pe… a Patricia? ¿Dónde está?
  __Se ha ido a un curso de meditación….
  __ ¿No has hablado con ella?
  __NO. No hay teléfono, ni Internet, ni nada…
  __Aaaah.
Nos miramos. Ahora era yo la que tenía cara de risa. Acordamos dirigirnos a la policía.
  __A denunciar al ruso__ dijo él.
  __ ¿Qué ruso?
  __El secuestrador. Hablaba con acento de Europa del este.
  __¿Que dices? Era tan español como tú y como yo. Fingía el acento.
  __Le viste la cara, supongo.
  __Supones mal. Llevaba pasamontañas. No era un aficionado…
Volvió el silencio.
  __Claro que podría hacer memoria. A lo mejor recuerdo algo…
  __ ¿Que quieres decir?
  __Me debes 12.000 euros. Pasamos por el banco, me pagas y seguro que me vienen los recuerdos.
Discutimos airadamente un buen rato. Me llamó de todo. A punto estuvimos de tener un accidente. Al fin se convenció. Quería firmarme un talón, pero le conozco.
  __Efectivo, please.
Cuando me entregó el dinero, arrancó a toda prisa.
  __Procura hacer memoria. Vamos rápido porque ése ya estará en el  aeropuerto volando hacia Rusia con los 42.000 euros.
  __42.000. ¿Por qué le diste 42.000?
  __Lo que me pidió. ¿No lo oíste?
  __No. Yo oí que te pidió 30.000. Y es lo que voy a decir. Deberías saber que nunca miento…Y no es ruso, es polaco.
  __ ¿Pero no era español?
  __ ¿Con acento ruso?
Seguro que quiso matarme en ese instante, pero no le convenía.
En el momento en que entrábamos por la puerta de la  comisaría le dije:
  __No me empujes que no hay prisa. El polaco no va a ninguna parte. Mira, le he quitado el pasaporte.
Se lo tragó. No era el pasaporte del pobre checo, al que, a pesar de haberme hecho creer lo que no era y haberme hecho sentir tan ridícula, y haberme hecho pasar un mal rato, no pensaba delatar. Gracias a él había cobrado mi deuda con intereses. Además yo había terminado siendo su cómplice.
El pasaporte que le mostré era el mío.  Es que mi ex siempre fue un gilipoyas.

Cuando llegué a casa, tomé un larguííííísimo baño. Antes de irme a dormir_ necesitaba por lo menos 24 horas de sueño_ puse un mensaje a cada una de mis amigas y a mi hermana:

“Nena. Mañana  a las 9 en  “El Pescador”. Cena con marisco y champán francés. Invito yo. Ya te contaré. xxx.”

Mientras me metía en la cama pensé:
  __Tengo que enviarle a la madre de la Transparente una caja de bombones de los buenos, la más grande que encuentre, con una nota de bienvenida y un  deseo de feliz estancia entre nosotros.

¡Que menos!


Relato publicado con anterioridad en julio de 2010

Mi siguiente novela



No tendrá tantos capítulos, pero la imagen me sirve para decir que estoy con mi próxima novela y que esto me mantendrá alejada del Blog, aunque pondré alguna cosa para no perder contacto o repetiré algún post de los mas exitosos.
Muchas gracias para todos los lectores repartidos por el mundo. Confieso que sois mi animo para escribir.

Nacimiento en Belén, Cuento de Navidad



Aconteció, pues, que en los días aquellos, salió un edicto de César para que se empadronase todo el mundo.



Para Josef supuso una contrariedad; acababa de lograr un buen empleo y trasladarse con su mujer  desde Galilea a Judea le suponía pedir un permiso de por lo menos dos días y tal como estaban las cosas en este momento de crisis, no iba a ser lo mejor. Pero el edicto era claro:”todos los palestinos, sin excepción, deben empadronarse en su lugar de origen.”
La carretera de acceso a la ciudad de David, a sea a Belén, era peligrosa. Soldados del imperio y milicianos nacionalistas se enfrentaban a todo lo largo de su trazado, atacando sin preguntar a cualquiera que se moviera, fuera de la nacionalidad que fuera, y aunque se pactara una tregua durante los días del empadronamiento, era fácil que alguno lo olvidara y actuara por su cuenta. Sería mejor viajar por caminos secundarios, pero el problema era María, su esposa, que estaba encinta ya casi a punto de dar a luz. Como no se dieran prisa el parto les sorprendería por el camino.
El hermano de Josef, Cyrino, les prestó un medio de transporte que saltaba como una cabra  con cada piedra, causando graves molestias a María que sentía dolores de parto a cada sacudida.
 _Vete más despacio Josef, por favor.
 _Es que no vamos a poder hacer el viaje en los dos días que me concedieron en la carpintería.
 _Ya lo se, pero si continuamos así, el parto se adelantará y tendré que quedarme por el camino. Yo seré la que no llegue a tiempo.
 _También que ocurrencia, un padrón ahora…
Se detuvieron un rato para comer algo y dormir un poco. Estaban cansados del traqueteo y sucios del polvo. Además se había levantado viento. Lo que faltaba. Se abrazaron y se durmieron camuflados tras unos arbustos y cobijados bajo los olivos de Judea que siempre esperan al viajero, con paciencia de siglos, para darle la bienvenida.
Les despertó un murmullo cada vez más cercano de voces y pisadas. Josef se incorporó y se acercó a un altozano cercano para echar un vistazo. Era un grupo nutrido de pastores y cabreros que avanzaban por el camino sin apariencia de miedo al ejército que patrullaba sin descanso por allí. Iban también en dirección a Belén, posiblemente a causa del edicto. Eran demasiados para pasar desapercibidos.
 _Es raro, no creo que acudan a empadronarse todos juntos. Son un blanco fácil. Ni que fueran suicidas.
Despertó a María y reanudaron la marcha. Adelantaron a los pastores que se abrieron en abanico para dejarles pasar.
Cuando ya se divisaban las luces de Belén, María no pudo más; la hora había llegado.
 _Para, para, por favor Josef.
 _Aguanta un poco mujer, ya se divisa Belén.
 _No puedo, el niño ya viene.
 _Nos cobijaremos en ese establo.
Se detuvieron y María, tras un parto fácil, asistida por su marido el carpintero Josef, parió un niño robusto y sano; llorón y tragón.
 _Mira Josef, parece un príncipe.
 _Es el hijo de Dios, que ha nacido en un pesebre.
Josef se había dejado llevar por el entusiasmo.
Los pastores, se habían detenido para recoger de un pozo vacío los explosivos. Se los colocaron alrededor del cuerpo y continuaron la marcha hacia Belén. Cuando llegaran la ciudad estaría a rebosar de soldados. El ejército se habría desplegado por todos los rincones. Morirían también civiles, pero era inevitable. Las guerras son así.
A la altura del establo escucharon el llanto de un niño y se acercaron a ver qué pasaba. El recién nacido, tan gordito y sonrosado, les alegró la jornada y se entretuvieron haciéndole carantoñas, arrodillados delante del pesebre. Antes de partir, le dieron  a la madre los alimentos que llevaban para el camino.
 _Acéptelos señora, nosotros ya estamos llegando.
 _Dios os lo premiará.
Los pastores propusieron a Josef que esperara hasta que ellos regresaran de empadronarse y así se quedarían con María y el niño, mientras él iba y volvía.
Josef consultó a María con la mirada y ella asintió. Los pastores se pusieron en marcha de nuevo.
Cuando salían del pesebre, una luz los cegó.

En el desierto de Judea, unos hombres que preparaban sus camellos para pasear a los turistas vieron un destello, como un cometa, que brillaba a lo lejos y se dirigía a las afueras de Belén. De pronto escucharon un estruendo ensordecedor, mientras una potente llamarada les cegaba. La luz se vio desde muchos kilómetros a la redonda y las gentes se sorprendieron y después se entristecieron al comprender lo que había ocurrido.
El ejército israelita había disparado un misil Nimrod 2A tierra-tierra contra el pesebre, al detectar sus sensores un grupo grande de gente, posiblemente guerrilleros palestinos, detenido allí.

Era el pan de cada día.

Evidentemente no hubo sobrevivientes.


El misterio de la Torre Sur, epílogo



Aníbal tuvo sus más y sus menos con Isabel y sobre todo con Casimiro.
 _Tú no puedes venir porque el asesino nos vio juntos en el ascensor y tiene memoria de lince.
 _De lince es la vista, jefe. La memoria es de elefante.
 _Lo que sea. Voy solo. Tú tampoco puedes venir _le dijo a Isabel_ porque es muy peligroso.
 _ ¿Cómo lo vas a encontrar?
 _No lo se. Seguro que actúa en alguna parte.
 _ ¿Y cómo se anuncia, como Gilda? No creo.
 _Lo encontraré hasta debajo de las piedras.
Antes de salir llamó a García “voy a por el” le dijo y colgó. Aníbal era muy enigmático cuando le daba la gana.
Mientras él hablaba por teléfono Isabel tuvo una idea o mejor tuvo la idea.   Luego de que se marchó, ella y Casimiro fueron a hablar con García.
 _En Cannes tengo un amigo en la prefectura. Un amigo de la infancia de cuando mi padre iba a Perpiñán a ver películas. Su padre era gendarme allí. El y mi padre se hicieron amigos y yo he pasado muchos veranos en casa de ellos y mi amigo Pierre aquí. Ahora está destinado en Cannes. Le llamaré y le pondré sobre aviso. Trazaremos un plan de apoyo. Así que Richard Gere, eh.

El Hotel Carlton Cannes estaba completo como era de esperar, pero en Le Grand Hotel también de cinco estrellas encontró habitación. La crisis hacía mella en todo y el cine no era ajeno. En el avión se enteró a través de internet de cómo el festival había sido fundado por los franceses a sugerencia de los americanos para contrarrestar la propaganda del cine italiano y alemán que impregnaba el recién creado festival de Venecia impulsado por Mussolini y apoyado por los nazis. El primer festival de Cannes se había inaugurado el primero de septiembre de 1939 para ser cancelado al día siguiente cuando comenzó la segunda guerra mundial.
“Todo es política, hasta la creación de un festival de cine. Que hartazgo.”
Una vez instalado en su habitación y tras firmar, con sorpresa, más de un autógrafo, pidió los diarios locales y se dedicó a ojear la cartelera de espectáculos, sin saber muy bien que buscar. Llamó a Isabel y se la leyó de pe a pa. Ella era más perspicaz para esas cosas del cine y estaba mejor informada. La echaba de menos y sólo acababa de llegar. Tras un buen rato diciéndose tonterías como todas las parejas, fueron al grano que es este caso era la cartelera. ¿Qué otra cosa podía ser con el Mediterráneo de por medio?
  _Sólo dime los nombres de los artistas. No hace falta que me digas en que sala.
  _Bien. Veamos…La nueva Edith Piaf…
  _Dime el nombre si lo pone, además del alias_ le interrumpió ella.
  _Brigitte Brie “la nueva Edith Piaf.” Pone foto, no es ella.
  _Recuerda que se disfraza.
  _Así y todo, no es.
  _Carmen “la belga.”Parece gitana. Tampoco.
Trascurrió un buen rato mirando todas las estrellas del cabaret y la noche de la  ciudad del festival sin ningún resultado.
 _Puede estar en alguna ciudad cerca de Cannes, Niza por ejemplo. Podemos mirar.
 _Está bien. Buscaré le información y te volveré a llamar.
 _Ten mucho cuidado.
 _Si todavía no la he encontrado.
Decepcionado y un tanto perdido decidió bajar a tomar una copa para luego darse una vuelta por la sede del festival y observar a los mirones.
Lo vio de reojo al salir del ascensor, aunque era más que probable que estuviera ahí desde el principio. Era el cartel que anunciaba la actuación estrella de la noche en el night club del hotel. No había foto, pero le sonó el nombre de algo. Llamó a Isabel.
  _ ¿De qué me suena Mar Cansino?
  _ ¡Es ella!
  _ ¿Por qué lo sabes?
  _ Así se llamaba Rita Hayword, Gilda. Era de origen español, ya te lo dije. Se llamaba Margarita Cansino. Es ella, ni lo dudes. ¿Donde la has visto?
  _No te lo vas a creer. Actúa en el hotel.
  _Ten mucho cuidado, por Dios.
Aníbal preguntó discretamente por la estrella del espectáculo de la noche. Le dijeron que era sudamericana y ¡qué casualidad! nadie sabía donde vivía ni como se llamaba en realidad “Monsieur Gere.”
“Tengo que esperar a la noche”
Isabel le contó a García lo de la Cansino y este a su amigo Pierre. En el hotel ya había un par de gendarmes, hombre y mujer, que estaban, en ese momento, en la barra justo en frente de Aníbal.


Las noticias vuelan y más en el mundo de la noche y el festival. Por eso uno de los camareros no perdió tiempo en contarle a Gilda que el “mismísimo Richard Gere, se interesó por ti. Como lo oyes.”
Isabel había tenido la idea de que dado su parecido con el actor, sería bueno que acudiera a Cannes con el look Gere. Aunque sin el pelo canoso, dado que Gilda lo había visto así en el ascensor y según todos tenía memoria. “Serás un Gere un poco más joven, aunque nadie se extrañará porque los actores van siempre con el look de su último trabajo.” El resultado era muy bueno. Todo el mundo lo confundió, incluso el mismísimo recepcionista del hotel dudó cuando vio el pasaporte.
Sin poder averiguar nada sobre el paradero de Gilda durante el día, se dedico a pasear un rato por la ciudad y los alrededores del festival. No había a esas horas apenas movimiento. Alguna estrella “de poco fuste” posando en la playa para media docena de periodistas y nada más. Pocos mirones y ninguna cara conocida entre ellos. Para no cansarse y estar despejado por la noche decidió retirarse a su habitación y esperar.

La sala estaba medio llena cuando él llego. En ese momento un mago hacía desaparecer un cofre con los anillos de una pareja dentro. En la barra dos solitarios y otra pareja que juraría haberla visto antes en algún sitio.
Por fin el presentador o como se llamara, “vestido de mamarracho” anunció a la estrella de la noche. El local se había ido animando y estaba a rebosar.
La pareja conocida se había sentado detrás de él.
Cuando Gilda apareció, tras los aplausos, se hizo el silencio absoluto. Ni un silbido de admiración, ni un comentario subido de tono. Nada. La chica imponía, desde luego. Saludó a los presentes primero en francés y luego en inglés. Alguien desde la barra hizo alguna observación también en inglés que ella respondió con descaro, para regocijo del público, no exento del erotismo que desprendía por cada poro.
Comenzó a cantar en inglés mientras su cuerpo embutido en un vestido que parecía una segunda piel, se movía sensual al compás de la música. De pronto, pareció fijarse en él, descendió del escenario y se acercó meciendo sus caderas con suavidad. Sentada en el borde de la mesa le dedicó la canción, podíamos decir que se la entregó entera solo para él, como si no hubiera nadie más. Cuando terminó le acercó el rostro y le murmuró al oído “te espero en mi camerino Richard.”
Anibal no se lo podía creer. Todo había sido muy fácil. Sonriendo embobado, se dejó llevar por el ambiente desconcertante que Gilda creaba a su alrededor y disfrutó del momento. Pero enseguida regresó a la realidad.
Todo había sido muy fácil, si. Demasiado. Mar Cansino, se había vuelto a equivocar. Le había llamado Richard, pero le había hablado en español.
“Sabe quién soy. Esto se va a complicar. Si acudo a la cita me pegará un tiro en cuanto entre por la puerta. Tengo que pensar algo, rápido.” Ensimismado no se dio cuenta de que la mujer de la pareja conocida se había sentado a su lado mientras el hombre salía del local.
 _Hola Monsieur Aníbal. Soy policía. Mi compañero ha salido a decirles a los de afuera que se preparen. La caza va a comenzar. Tenemos tomado el hotel. No tiene escapatoria. No pensaría acudir a la cita ¿verdad?
Aníbal sorprendido negó con la cabeza.
 _De cualquier manera será bueno que lo vea dirigirse a los camerinos. Por el camino notará policía y ahora me voy, es posible que tenga ojos en la sala. Despídame con un beso en la mejilla como si ya nos conociéramos.
Se despidieron como viejos amigos y Aníbal salió en dirección al camerino de Gilda. Por el camino noto policía, en efecto. Tanto era así que un camarero, posiblemente los ojos de Gilda en la sala, había sido retenido contra su voluntad, esposado cuando se resistió y amordazado cuando quiso comenzar a gritar para avisar al asesino.
Cuando llegó, el hombre de la pareja conocida estaba al otro lado de la puerta con otro gendarme. En el interior sonó la sintonía de un móvil. “Mierda, alguien la está avisando.”Ambos hombres se miraron. El policía francés asintió con la cabeza y pegó una patada a la puerta que se abrió con violencia. Gilda se había vuelto de espaldas mientras hablaba; tenía una pistola en la derecha, a la vez que sujetaba el teléfono con la zurda. Perdió unas décimas de segundo vitales. Cuando se giró, el policía le disparó a la mano, mientras Aníbal y el otro gendarme la inmovilizaban.
  _Ya estás en mis manos, hijo de puta_ le susurró Aníbal.
Ella se volvió y le escupió a la cara.
  _Queda detenido. Recítale sus derechos_ dijo Pierre a su compañero, mientras pedía una ambulancia. Luego tomó a Aníbal del brazo y lo llevó al pasillo.
  _Suyo es el méggito Monsieur Maneggó. Suya es también la ggecompensa.
Aníbal se encogió de hombros. La recompensa era lo de menos en este momento.
 _Voy a llamar a mi amigo Gaggsia y poneglo al coggiente.
 _Permítame que yo se lo diga a García.
 _D´ ccord.

 Gilda, esposada a una silla y rodeada de gavachos, les insultaba en español y en francés, hasta que uno de los gendarmes le dio un puñetazo en la boca, sin contemplaciones.
Los dos hombres, detective y policía, avanzaron juntos por el pasillo en dirección  a la salida. García hubiera terminado la escena diciendo: “este va a ser el comienzo de una bonita amistad,” pero ya sabemos que Aníbal Manero no era aficionado al cine.






FIN

El misterio de la Torre Sur, X



Había transcurrido un año y poco desde el incidente de la fábrica de hielo. García no volvería a caminar y Gilda se había esfumado. Manero no lo olvidaba.
Europa entera se llenó de imágenes de Gilda, pelirroja o morena más un retrato robot del llamado Gil. Se ofrecía incluso una generosa recompensa pagada por las empresas afectadas, por una pista fiable que llevara a su detención.
Aníbal tenía una relación de lo más estable con Isabel tanto que la abuela quiso mudarse de nuevo a la Residencia, “ya no pinto nada aquí.” Ni Aníbal ni menos aun Isabel se lo permitieron. Incluso Casimiro terció en el asunto. “Usted lo que quiere es que yo muera de hambre. El piso es amplio no molestamos a los tortolitos. Además usted se va a la cama nada mas cenar, no molesta, mujer.”
Isabel estaba muy a gusto con su nuevo trabajo en la joyería donde se relacionaba con un sinfín de señoras de la jet. Una tarde había entrado  la mismísima reina de Jordania, “tan guapa, tan elegante,” que se llevó un aderezo carísimo de esmeraldas. Al principio sintió un poco de resquemor al sustituir a la mujer del joyero asesinada por Gilda, pero el nuevo trabajo era tan agradable que pronto lo olvidó. “Tú no te metas en líos, ya me entiendes, con ningún cliente” le había dicho Aníbal completamente en serio “y no tendrás problemas.” Sobre todo con él.
Aquel mediodía de mayo, estaban comiendo los cuatro un cocido de garbanzos “esto es gloria señora, que Ferrán Adriá, ni que estrellas Michelin, donde esté la cocina tradicional que se quite todo lo demás,” mientras en el telediario daban imágenes del festival de cine de Cannes. Se presentaba la película “Los Mercenarios” y Antonio Banderas acudía sin Melanie de la que parecía haberse separado. El elenco de actores protagonistas posaba para la prensa, tras haber recorrido las calles a bordo de un tanque. Todo muy espectacular.
Estaba petado de periodistas. Había cámaras y micrófonos de todas las nacionalidades por doquier. Detrás de la valla de seguridad se apretujaban las fans gritando el nombre de su favorito y levantando la mano cuando el aludido se giraba, para que las pudiera localizar.
 _ ¡Qué guapo Antonio! Es el que mejor está de todo el grupo de viejas glorias de esta película_ opinó Isabel.
 _Tampoco es tan viejo_ dijo Casimiro sintiéndose aludido.
 _Yo prefiero al “Chuache.”_añadió la abuela.
 _Sayonara baby_ soltó Casimiro engolando la voz. Lo mismo hubiera dicho García.
De pronto Isabel se puso a gritar como una loca, señalando hacia la pantalla con el tenedor.
 _¡Es el, es el, ES EL!_ Es Gilda. O sea Gil. Bueno, ese. Ahí detrás de Harrison Ford. Míralo. AHÍ. Es el tipo del ascensor, sin duda. Es él. Está en Cannes.
En Internet, en el podcast del noticiario volvieron a ver las imágenes. Era él desde luego. Era Gilda. Estaba en el festival de cine ¿donde mejor?
Aníbal se levantó de un salto. Gilda se había vuelto a equivocar.
 _Iré a por él. Ahora mismo.


Capitulo diez



Después de dejar el hospital donde el médico le aseguró que el inspector García no volvería a caminar, Aníbal se fue derecho a su casa. Hacía mucho que no estaba por allí, pasaba todo el tiempo en la de Isabel. Incluso había trasladado su ropa y sus cosas más personales a casa de su novia. Olía a cerrado, por eso abrió las ventanas y dejó que el aire frío de la noche entrara a placer. Llamó a Isabel y le dijo que se quedaría en su casa “tengo mucho trabajo que necesito hacer a solas.” Ella no preguntó. Esa era una de las muchas cosas que a Aníbal le agradaban de su chica: la confianza que le demostraba y el respeto y la comprensión que tenía por su trabajo. Era una joya, desde luego. Lo mejor que le había deparado la vida y “este puto trabajo que me va a marcar.”
Fue incapaz de cenar, el hambre parecía haberse esfumado de su vida para siempre. A pesar del relente de la noche se sentó al lado de la ventana y abrió el cuaderno que había recogido en la sala de torturas. Le había producido desasosiego llevarlo encima el resto de la tarde.
Comenzó a leer. La caligrafía era cuidada y fría como los ojos del criminal que la había escrito. Aparentemente no había nada anormal. Ningún caracter sobresalía ni destacaba por tener nada discordante. Era uniforme y metódica. Probablemente, hubiera hecho las delicias de un experto en grafología que hubiera podido definir la personalidad del asesino con todo lujo de detalles. Aníbal a simple vista dedujo que esa era la letra de un hijo de puta, sin dudarlo. Meticulosa y anodina y algo femenina, “parece letra de mujer.” Era clara, eso sí, podía leerse perfectamente.
Para su asombro no comenzaba con los crímenes de la Torre, si no que se remontaba a diez años atrás. Todo parecía haber comenzado en Portugal. Jóvenes africanas de las ex colonias que llegaban a la antigua metrópoli buscando una oportunidad y se toparon con Gilda. En ese tiempo relataba trabajar en un cabaret de Lisboa donde imitaba a Barbra Streisand. “Esta me suena de algo”. La primera víctima trabajaba como camarera en el mismo local. Llegó de Cabo Verde esperando ganar dinero y poder traer a su hijo. Fue fácil ganársela. La secuestró, junto con otras cinco, para servir de juguete sexual a un grupo de depravados millonarios que tenían un yate anclado en el puerto. Luego Gilda o Barbra las asfixió y las arrojó, lastradas, al mar alejándolas de la costa a bordo de su barco particular. “El mismo quizá que tenía fondeado en la fábrica de hielo.” Le gustaba la muerte por asfixia, le producía placer. Relataba las sensaciones tan excitantes que le provocaba la resistencia de las victimas primero, la renuncia luego y después la nada. Sentir como pasaban de la lucha compulsiva y aterrorizada al abandono absoluto, era una sensación de dominio tan indescriptible y tan placentera que invitaba a probarla al que leyera esto por el motivo que fuera.  “De pantera a muñeca de trapo, confiesa el muy hijo de puta” y como si lo adivinara, Gilda había escrito a continuación: Antes de juzgarme, prueba.
Aníbal sintió ganas de vomitar. Soltó el cuaderno que cayó al suelo. Si no fuera una prueba tan importante lo quemaría ahora mismo sin leer ni una línea más.
Fue a la cocina y bebió agua del grifo. Le dolía la cabeza. Rebuscó en la sanitaria del baño algo para el dolor. Encontró paracetamol. Metió el comprimido en la boca y lo masticó. No era capaz de tragar ninguna pastilla. Era algo que le ocurría desde pequeño. Regresó a la salita, recogió el cuaderno y continuó leyendo. A pesar del analgésico, el dolor de cabeza terminó por hacerse insoportable. Vomitó varias veces, hasta que terminó los macabros relatos con el último asesinato: el del ejecutivo metrosexual, al que torturó a placer hasta la muerte. Aguantó seis horas el pobre infeliz.
Al abogado Estrada le dedicaba solamente dos líneas. “Me duró poco, no resisten nada. Traté de experimentar algo nuevo pero se ve que se me fue la mano y palmó en un tris.”
Se sorprendió de que anotara la muerte de la mujer del joyero. Lo hizo deprisa y corriendo, sabiendo que García le pisaba los talones. Sin muchos detalles. Simplemente había puesto. “Asfixié a la puta.”
Aparte de los relatos pormenorizados de los crímenes, cincuenta y seis en total, explicaba cómo al principio trabajaba solo, luego conoció al que apodaba Johnny Farrell al que contrató, era un modo de decirlo, cuando llegó a España, para que se deshiciera de los cuerpos y más tarde como ayudante necesario para poder llevar a cabo algunos de los raptos de la  Torre.
Fue un error, pensó Manero, Farrell no estuvo a la altura. El hallazgo de la pierna del primer desaparecido de la Torre, comenzó a tirar del hilo.
También relataba cómo le gustaba coleccionar objetos pertenecientes a los asesinados, “ya me extrañaba a mí que no apareciera esto” y como regresó a la Torre a buscar algo perteneciente al último raptado: el maricón de la veinticinco como ella o el o lo que fuera lo llamaba con absoluto desprecio. “Ser homosexual es un delito, ser un asesino en serie, por lo visto no. Puta ideología nazi.” Tenía que ser algo tomado en su casa o en su lugar de trabajo; no servía lo que llevara encima. “Cuanto morbo.” Cuenta como se divirtió burlando sin ningún esfuerzo los controles de la policía, entrando como un visitante más en la torre, después de que los polis ya hubieran visto las cámaras y ya hubiera probablemente descubierto que el asesino actuaba disfrazado. Así y todo se presentó como Lauren Bacall con su mismo vestido gris, ceñido, su collar de perlas y su mirada felina y retadora y ni se inmutaron. Solo llamó la atención de un gilipollas ridículo que subió con ella en el ascensor. Un don Juan de cercanías que empleaba métodos de seducción tan cursis como los zapatos italianos que llevaba junto con un traje de Emidio Tucci puro Corte Inglés. Por su culpa tuve que marcar otro piso y perder el tiempo.
Aníbal sentía cada vez más ganas de tenerlo delante y pegarle un tiro. No, sentía ganas de tenerlo delante y torturarlo hasta la muerte y terminar metiéndole el cuaderno por el culo, mas la relación completa de todos los asesinos en serie del mundo desde que se inventó el modo de dejar constancia de los crímenes.
Dejó el cuaderno sobre la mesa, se puso de pie y levantando la mano derecha, como haría un detective de cine a toda pantalla, dijo a voz en grito delante de la ventana: “Juro que te encontraré hija de puta.” El viento frío de la noche se llevó el juramento junto con las hojas de los árboles y lo dejó agazapado en cada rincón de la ciudad.
Después del desahogo y ya dentro de la habitación añadió con esperanza “volverás a cometer un error. Ese  será tu último error. Ese día desearás no haber nacido, desearás no haberte cruzado en nuestro camino. Hijo de puta. Lo juro por mis cojones.”
Se sentó en la cocina y se quedó pensativo. “No se cómo me ha salido este discurso tan raro, esto debe ser cine, claro se me ha ido pegando. Hablo como ese que camina raro en la película que me hizo ver la abuela: el autobús. No, coño: la diligencia. Eso.”
“Bueno, al fin y al cabo ¿qué es la vida? Pues eso, cine.”



Volvió a visitar a García. El inspector ya estaba en planta e iba haciéndose a la idea de que no volvería a caminar. “Seré como Ironside,” le había comentado con su ironía habitual. Aníbal desconocía el personaje, por supuesto.
 Le mostró el cuaderno.
 _Aquí está todo. Anotado con sumo cuidado sin obviar nada. Le van los  detalles.
 _Te van a matar_ sentenció García con una sonrisa. No esperaba otra cosa, en el fondo.
 _Te juro que lo atraparé.
 _ ¿Tienes un plan?
 _No, pero estoy seguro de que volverá a meter la pata y ese día será su ultimo día en libertad.
 _Será difícil de atrapar. Luchará con uñas y dientes. Cuando creas que lo tienes se te habrá escapado. Cuando le vayas a echar el guante se escabullirá.
 _Mejor. Así tendré excusa para pegarle un tiro. Me alegrará el día.
_¡Coño! Estás hablando como Harry el sucio. Acabarás aficionándote al cine.

“Lo dudo mucho” se dijo para sus adentros Aníbal Viriato Manero Jiménez.


Continuará...